Karl Marx
La «Frankfurter Oberpostamts-Zeitung»
y la revolución vienesa
* Colonia, 18 de octubre. «Un destino singular se cierne sobre Alemania.
Núm. 120, 19 de octubre de 1848
Nueva Gaceta Renana.
Cuando se cree haber llegado al punto en que estaría permitido
poner manos a la obra de la reconstrucción de la patria común,
cuando por ello se eleva la mirada agradecida al cielo, entonces descargan
los nubarrones que aún envuelven a Europa en nuevos y violentos
golpes y hacen temblar las manos que se habían consagrado a la obra
constitucional de Alemania. Un trueno semejante acabamos
de experimentar nuevamente en Viena.»
Así se lamenta el Moniteur de la regencia imperial, la Frankfurter Oberpostamtszeitung. Este probo periódico, cuyo último redactor figuraba en la lista
de criaturas pagadas por Guizot, se tomó en serio su posición por un instante. El poder central, con su marco parlamentario,
el concilio de Fráncfort, se le aparecía como un poder serio.
En vez de distribuir directamente sus órdenes contrarrevolucionarias a sus súbditos,
los 38 gobiernos alemanes se hacían impartir la orden
por el poder central en Fráncfort de ejecutar sus propias resoluciones.
Todo marchaba sobre ruedas, como en los tiempos de la
comisión inmediata de Maguncia. El poder central podía imaginarse que era un poder,
y su Moniteur podía imaginarse que era un Moniteur.
«Ahora, dad todos gracias a Dios», cantaba, «elevando las manos al cielo».
Y ahora «experimentamos» desde Viena un trueno. Las
«manos» de nuestros Licurgos «tiemblan», pese al ejército de cascos puntiagudos
que otros tantos pararrayos son de la revolución; pese a los decretos en los que
la crítica de las personas y gestas negro-rojo-doradas es decretada
como un caso altamente criminoso; pese a las bravatas de aquellas
figuras gigantescas, Schmerling, Mohl y Gagern. De nuevo ruge
el monstruo revolucionario – y se «tiembla» en Fráncfort. La
Frankfurter Ober-Post-Amts-Zeitung es sobresaltada en su plegaria
de agradecimiento. – Trágicamente ruge contra el férreo destino.

La «Frankfurter Oberpostamts-Zeitung» y la revolución vienesa
En París, el partido de Thiers en la cima; en Berlín, el ministerio Pfuel
con Wrangel en todas las provincias; en Fráncfort, una gendarmería central;
en toda Alemania, un estado de sitio más o menos encubierto;
Italia, pacificada por el clemente Fernando y Radetzky; Jellachich,
comandante de Hungría, proclamando, tras el aniquilamiento de los magiares, junto
con Windisch-Grätz la «libertad y el orden croatas» en Viena;
en Bucarest, la revolución ahogada en sangre, los principados
del Danubio agraciados con las benévolas del régimen ruso; en Inglaterra,
todos los líderes de los cartistas arrestados y deportados; Irlanda
demasiado hambreada para poder moverse – di, ¿qué más quieres?
La revolución vienesa aún no ha vencido. Pero su primer relámpago
bastó para poner en evidencia todas las posiciones de la contrarrevolución ante Europa
y para hacer inevitable una lucha universal a vida o muerte.
La contrarrevolución aún no está aniquilada, pero se ha vuelto
ridícula. En el héroe Jellachich, todos sus héroes se han transformado en
figuras cómicas, y en la proclama de Fuad Effendi tras el baño
de sangre de Bucarest, todas las proclamas de los amigos de la
«libertad y el orden constitucionales» quedan parodiadas hasta la muerte, desde las proclamas
del parlamento hasta la más diminuta de las alocuciones lloronas.
Mañana hablaremos detalladamente de la situación inmediata de Viena
y de las condiciones austríacas en general.