La ratificación del armisticio

** Colonia, 19 de septiembre. La Asamblea Nacional alemana ha ratificado el
Núm. 107, 20 de septiembre de 1848
Neue Rheinische Zeitung.
armisticio. No nos habíamos engañado: «el honor
de Alemania está en malas manos».
Entre la afluencia de extranjeros, diplomates, etc., hacia los escaños
de los diputados, en medio del tumulto y en completa oscuridad, se llevó a cabo
la votación. Una mayoría de dos forzó a la asamblea a votar al mismo tiempo sobre dos puntos completamente distintos. Con una mayoría de 21 votos fue aceptado el armisticio,
Schleswig-Holstein sacrificado, el «honor de Alemania» pisoteado y decidida la disolución de Alemania en Prusia.
En ninguna otra cuestión se había pronunciado la voz popular de manera tan tajante. En ninguna otra cuestión habían confesado tan abiertamente los señores de la derecha que abogaban por una causa que no se podía defender.
En ninguna otra cuestión eran los intereses de Alemania tan indudables, tan
claros, como en ésta. La Asamblea Nacional ha decidido: ha pronunciado
la sentencia de muerte sobre sí misma y sobre el llamado Poder central creado por ella. Si Alemania tuviera un Cromwell, no tardaría en
llegar: «¡No sois un parlamento! ¡En nombre de Dios, fuera de aquí!».
Se habla de que la izquierda se retirará. ¡Si tuviera valor,
esta pobre izquierda, escarnecida, atacada a puñetazos por la mayoría, y
encima llamada al orden por el noble Gagern! Jamás
ha sido una minoría maltratada con tal desvergüenza y constancia como la izquierda de Fráncfort por el noble Gagern y sus 250 héroes de la mayoría. ¡Pero si tuviera valor!
De la falta de valor perece todo el movimiento alemán. A la contrarrevolución le falta el valor para los golpes decisivos
tanto como al partido revolucionario. Toda Alemania, ya se sitúe
a la derecha o a la izquierda, sabe ahora que el movimiento actual tiene que conducir a
colisiones terribles, a luchas sangrientas, sea para
sofocarlo, sea para llevarlo a término. Y en lugar de afrontar con valor estas luchas
inevitables, en lugar de conducirlas a su fin con unos cuantos golpes rápidos y decisivos, los dos partidos, el de la contrarrevolución y el del movimiento,
establecen un complot formal para aplazarlas lo más posible. Y precisamente estos eternos pequeños expedientes, estas pequeñas concesiones
y paliativos, estos intentos de mediación, son culpables de que en todas partes lo insoportable y la incertidumbre de la situación política hayan conducido a innumerables
insurrecciones aisladas, que solo pueden eliminarse con sangre y con merma de los
derechos conquistados. Precisamente este miedo al
combate provoca miles de pequeños combates, confiere al año 1848
su carácter increíblemente sangriento y enreda la posición entera de los
partidos combatientes de tal modo que la lucha final será tanto más violenta, tanto
más devastadora. ¡Pero «la falta de valor de nuestros queridos conocidos»!
Esta lucha decisiva por la centralización y la organización democrática
de Alemania es, por lo pronto, inevitable. Pese a todos
los encubrimientos y mediaciones, se acerca cada día más. Las complicaciones
en Viena, en Berlín, en la misma Fráncfort empujan a una decisión; y si todo
llegara a fracasar por la cobardía y la indecisión alemanas, entonces Francia nos salvará. En París
maduran ahora los frutos de la victoria de junio: Cavaignac y sus «republicanos puros» son sobrepasados en la Asamblea Nacional, en la prensa, en los
clubes por los realistas; el sur legitimista amenaza
[con] un levantamiento general; Cavaignac tiene que recurrir al medio revolucionario
de Ledru-Rollin, a los comisarios departamentales con poderes extraordinarios; sólo con la mayor dificultad se abrió paso
él con su gobierno el sábado en la Cámara. Otra
votación así, y Thiers, Barrot y consortes, las gentes en cuyo interés se obtuvo la victoria de junio, tendrán la mayoría, Cavaignac
será arrojado a los brazos de la república roja y la lucha por la
existencia de la república estallará.
Si Alemania persiste en su indecisión, esta
nueva fase de la revolución francesa será al mismo tiempo la señal para el nuevo estallido del combate abierto en Alemania, de un combate
que esperamos nos lleve algo más lejos y libere a Alemania al menos de
las cadenas tradicionales del pasado.