Asamblea popular y comité de seguridad

* Colonia, 14 de septiembre. Volvemos sobre la asamblea popular de ayer  
Núm. 103, 15 de septiembre de 1848  
Neue Rheinische Zeitung.  
y sus resultados, ya que éstos han causado bastante revuelo en nuestra ciudad.

La asamblea popular fue abierta poco después de las doce en la Frankenplatz por el señor W. Wolff, quien expuso brevemente el objeto de la convocatoria y propuso como presidente al señor H. Bürgers. Aceptado por aclamación el señor Bürgers, subió a la tribuna y cedió de nuevo la palabra al señor Wolff, quien propuso entonces la formación de un comité de seguridad, como representación de los sectores de la población de Colonia no representados en las autoridades legales existentes. El señor F. Engels apoyó la propuesta, y asimismo los señores H. Becker y E. Dronke. La propuesta fue aprobada por la asamblea, integrada por no menos de 5.000 a 6.000 personas, entre estruendosos aplausos y con todos los votos a favor, excepto cinco en contra, después de que, pese a reiteradas invitaciones, no se hubiera presentado ningún adversario a impugnarla. Se fijó luego el número de miembros del comité en 30, y se eligió a esos 30. Como entre ellos se encontraban también los dos detenidos, Gottschalk y Anneke, se eligió para ellos dos suplentes.

El señor F. Engels propuso a continuación la siguiente alocución a la asamblea de Berlín:

A la Asamblea para la concertación de la Constitución prusiana en Berlín.

Los ciudadanos de Colonia abajo firmantes,  
Considerando:  
que la Asamblea para la concertación de la Constitución prusiana ha impuesto al ministerio el deber de hacer publicar sin dilación el decreto aprobado el 9 de agosto, relativo a las maquinaciones reaccionarias de los oficiales, para tranquilizar al país y evitar una ruptura con la Asamblea;  
que, a consecuencia de dicho acuerdo, el ministerio Auerswald-Hansemann ha presentado su dimisión, y el rey ha encargado la formación de un nuevo ministerio al ex ministro del Reich, Beckerath, que acaba de ser derribado;  
que el señor Beckerath no ofrece de ninguna manera las garantías necesarias para ejecutar el acuerdo de la Asamblea, y que, antes bien, dados los conocidos sentimientos contrarrevolucionarios de ese hombre, es incluso de esperar que se intente disolver la Asamblea;  
que una Asamblea elegida por el pueblo para concertar la Constitución entre el rey y el pueblo no puede ser disuelta unilateralmente, porque de lo contrario la Corona no estaría al lado de la Asamblea, sino por encima de ella;  
que la disolución de la Asamblea sería, por tanto, un golpe de Estado:  
exhortan a la Asamblea a cumplir con su deber, en caso de que se intente disolverla, y a mantenerse en sus puestos aun frente a la fuerza de las bayonetas.

Esta alocución fue aprobada por unanimidad, y a continuación se levantó la sesión.

Aunque en las partes más altas de la plaza se hallaban numerosos delegados de la Asociación de ciudadanos, y aunque se afirma que varios conocidos «plañideros» hicieron todo lo posible por ganar, con dinero y buenas palabras, a alborotadores, y aunque, además, la policía de paisano estaba bastante bien representada, la asamblea tuvo el tacto suficiente para sofocar cualquier perturbación del orden.

Entretanto, los señores comandantes de la milicia ciudadana estaban reunidos en el ayuntamiento deliberando sobre lo que debía hacerse, pues, según opinaban algunos, de todos modos se producirían disturbios. En medio de la deliberación, se abrió la puerta e irrumpieron los dirigentes de la Asociación de ciudadanos, declarando que el comité de seguridad era el primer paso hacia la revolución, que Colonia estaba en peligro, que la república roja estaba a punto de ser proclamada y que, si la milicia ciudadana no bastaba por sí sola para mantener el orden, ¡la Asociación de ciudadanos se ponía a disposición del señor von Wittgenstein con sus vidas y haciendas! El señor von Wittgenstein tuvo la prudencia de rechazar ese ofrecimiento, así como de no llamar a las armas a la milicia ciudadana. Las consecuencias demostraron cuánta razón tuvo esta vez la milicia ciudadana.

No satisfechos con esto, los señores de la Asociación de ciudadanos hicieron fijar, aún durante la asamblea popular, una «protesta» que reproducimos más abajo. La protesta, que no llevaba firma, desapareció de todas las esquinas sin dejar rastro en menos de cinco minutos. Al anochecer reapareció como hoja volante impresa en gruesos caracteres, salida de la imprenta de la Kölnische Zeitung y distribuida a los abonados de ese periódico. Esta vez llevaba la siguiente divertida introducción:

Colonia, 13 de septiembre de 1848. Los llamados demócratas quieren explotar la agitación provocada por los recientes acuerdos de las asambleas de Fráncfort y Berlín para recuperar el terreno cada vez más perdido y provocar a toda costa un conflicto. Con ese fin, el roce ocurrido en esta ciudad de Colonia el 11 del corriente entre militares y ciudadanos se presenta exagerando de modo desmedido su importancia y peligrosidad, con exageración sistemática, y se abusa de él con fines delictivos. Esta mañana, incluso, mediante un cartel mural, se ha convocado una asamblea popular al aire libre a las 12, y dicha asamblea ha elegido realmente, por aclamación, a las personas previamente propuestas y concertadas en una lista presentada, para formar un comité de seguridad. No cabe duda alguna de que nadie puede reconocer a una autoridad así surgida de una masa popular accidentalmente reunida, proclamada eludiendo a la autoridad existente, y que los miembros de ese comité, en caso de que se arrogasen actuar como tales, incurrirían de inmediato en las penas de la ley. Entre tanto, es mejor prevenir los crímenes que castigarlos, sobre todo si han sido consumados tal vez con grandes sacrificios. Por eso es un deber advertir a todos los ciudadanos y llamar su atención sobre el peligro existente. A tal fin, se ha emitido la siguiente protesta junto con una exhortación:

Protesta.  
La formación de un comité de seguridad es el primer paso hacia la revolución. Los que quieran verdadera libertad y orden son exhortados a apoyar con todas sus fuerzas a las autoridades existentes, a oponerse a las criminales maquinaciones de una minoría y a protestar contra la formación de un comité de seguridad. En particular, se exhorta a todos los miembros de la milicia ciudadana a cumplir con su deber y a proteger con energía la ley y el orden. El peligro fingido por parte de los militares está conjurado, y el peligro real es provocado por la formación de un comité de seguridad.  
Varios miembros de la junta directiva de la Asociación de ciudadanos de Colonia.

El comité de seguridad se constituyó anoche y, ante todo, archivó esta divertida protesta, con lo cual los señores de la Asociación de ciudadanos quedarán probablemente tranquilos. Ha elegido un presidente, un secretario y tres miembros de una comisión ejecutiva; asimismo, ha aprobado una comunicación al presidente del gobierno, a la comandancia, al ayuntamiento y al mando de la milicia ciudadana, en la que notifica a estas autoridades su constitución y les declara que perseguirá, con todos los medios legales, la tarea de mantener el orden en la medida de lo posible de acuerdo con las autoridades, vigilando al mismo tiempo por la salvaguarda de los derechos del pueblo. Acordó, además, hacer público esto en un cartel mural dirigido a los habitantes de Colonia. Mañana publicaremos ambos documentos.

Esta mañana, los ánimos ya se han calmado un tanto. Se ríe uno del miedo de ayer, que veía en el comité un gobierno provisional, un comité de salut public, una conspiración en favor de la república roja, en suma, todo lo imaginable, menos lo que realmente es: un comité elegido directa y públicamente por el pueblo, que se plantea como tarea la representación de los intereses del sector de la población no representado en las autoridades legales, que procede únicamente por vía legal y al que ni se le ocurre querer usurpar otra autoridad que la influencia moral que le confieren el derecho de libre asociación, las leyes y la confianza de sus electores.