Caída del ministerio de la acción

Suplemento extraordinario

¡Caída del ministerio de la acción!
Nr. 98, 9 de septiembre de 1848.
Neue Rheinische Zeitung.

* Colonia, 8 de septiembre, 10 de la noche. El ministerio de la acción ha sido derribado. Después de haber «tropezado» varias veces, se mantenía únicamente por su desvergüenza. Por fin, las exigencias cada vez mayores del ministerio han mostrado a la Asamblea cuál era el secreto de su existencia.

En la sesión de ayer de la Asamblea de Acuerdo, se puso a debate la proposición Stein. La proposición reza como sigue:
«Es deber urgente del ministerio de Estado hacer publicar sin demora el decreto aprobado el 9 de agosto, tanto para tranquilizar al país como para evitar una ruptura con la Asamblea.»

El ministerio había declarado que no se prestaría a ningún disimulo, a ninguna mediación.
La izquierda había declarado que se retiraría si la Asamblea abandonaba su resolución del 9 de agosto.

En la sesión de ayer, después de un discurso insignificante del presidente del ministerio, el diputado Unruh presentó la siguiente enmienda:

«Considerando que las resoluciones del 9 de agosto no tienen por objeto ninguna investigación de las convicciones ni coacción de conciencia, sino únicamente hacer posible la concordancia entre el pueblo y el ejército, indispensable en el Estado constitucional, y evitar las aspiraciones reaccionarias, así como ulteriores conflictos entre los ciudadanos que pertenecen al ejército y aquellos que pertenecen al estado civil,
la Asamblea declara:
que el ministerio no goza de la confianza del país si sigue vacilando en hacer dirigir al ejército un decreto que corresponda a la resolución del 9 de agosto.»

A esta enmienda del centro izquierdo se le opuso una segunda del centro derecho, presentada por el diputado Tamnau. Reza así:
«La Asamblea Nacional quiere declarar lo siguiente: con su resolución del 9 de agosto del presente año, la Asamblea Nacional ha tenido la intención de llevar a los comandantes del ejército un decreto semejante al que los ministerios de Hacienda e Interior dirigieron el 15 de julio a los presidentes de gobierno. No se propone obligar a los oficiales del ejército a exponer su opinión política ni prescribir al ministro de la Guerra el texto literal del decreto. Considera necesario un decreto de este género, en el cual los oficiales del ejército sean advertidos contra las aspiraciones reaccionarias y republicanas, en interés de la paz civil y para fomento del nuevo sistema estatal constitucional.»

Después de debatir durante un tiempo de aquí para allá, el «noble» Schreckenstein se declara en nombre del ministerio de acuerdo con la enmienda Tamnau. ¡Después de haberse jactado tan orgullosamente de no aceptar mediación alguna!

Después de que el debate prosiguiera aún un tiempo, después incluso de que el señor Milde advirtiese a la Asamblea que no se convirtiese en una Convención Nacional revolucionaria (¡el miedo del Sr. Milde es completamente superfluo!), se vota bajo una enorme afluencia de pueblo hacia la sala de sesiones:

Votación nominal:
La enmienda Unruh, rechazada por 320 votos contra 38.
La enmienda Tamnau, rechazada por 210 votos contra 156.
La proposición Stein, aceptada por 219 votos contra 152. Mayoría contra los ministros:
67 votos.

Uno de nuestros corresponsales berlineses informa:
La agitación era hoy grande en la ciudad; miles de personas rodeaban el edificio de sesiones de la Asamblea, de manera que cuando el presidente leyó la por completo leal alocución de la guardia cívica, el señor Reichensperger presentó la moción de que la Asamblea trasladase sus sesiones a otra ciudad, por considerar que Berlín corría peligro.

Cuando la noticia de la derrota del ministerio se dio a conocer al pueblo reunido, estalló un júbilo inenarrable, y al salir los diputados de la izquierda, fueron acompañados con incesantes vivas hasta los Tilos. Pero cuando fue avistado el diputado Stein (el proponente de la votación de hoy), el entusiasmo alcanzó su grado máximo. Unos hombres del pueblo lo subieron inmediatamente sobre sus hombros y así lo llevaron en procesión triunfal hasta su hotel de la Taubenstraße. Miles de personas se sumaron a este cortejo, y entre incesantes gritos de hurra las masas se desbordaron por la plaza del Teatro de la Ópera. Nunca se había visto aquí semejante expresión de alegría. Cuanto mayor era la preocupación por el resultado, tanto más sorprendente es la brillante victoria.

Votaron contra el ministerio: la izquierda, el centro izquierdo (el partido Rodbertus-Berg) y el centro (Unruh, Duncker, Kosch). El presidente votó en las tres cuestiones a favor del ministerio. Un ministerio Waldeck-Rodbertus disfrutaría, por tanto, de una mayoría completa.

Así pues, tendremos el placer de ver a quien urdió el empréstito forzoso, al ministro de la acción, el señor Hansemann «Excelencia», pasearse por aquí dentro de unos días, reanudar con su «pasado burgués» y reflexionar sobre Duchâtel y Pinto.

Camphausen ha caído de manera decorosa. El señor Hansemann, que lo derribó con sus intrigas, ¡el señor Hansemann ha tenido un final bien triste! ¡Pobre Hansemann-Pinto!