* Rendsburg, 5 de septiembre. La edición de hoy del *Schleswig-Holsteinische Zeitung* (n.º 97, 8 de septiembre de 1848) [*Neue Rheinische Zeitung*] da a conocer la indignación general del país por el armisticio. En Rendsburg, Flensburg, Glücksstadt reina la mayor excitación; se convocan asambleas populares para deliberar sobre los medios para derribar la ignominiosa convención. En un artículo de un oficial alemán se dice:
«Para sangrar por la patria, por la libertad de un pueblo alemán, vinimos aquí y desenvainamos nuestras espadas unidos a este valeroso pueblo; no transcurrieron catorce días y el enemigo nos entregó su propio país. Entonces Dios, en su cólera, nos envió a esos diplomáticos alemanes, esa banda de traficantes de almas, a quienes creíamos exterminados por nuestras revoluciones. Con peso de quintales se cuelgan de nuestros talones, ¡y de ejército victorioso nos convertimos en guardianes de fronteras y costas! – Pero, no contentos con esto, esos héroes de pluma llevan dos meses elaborando un brebajillo que aún dentro de siglos habría de subir la sangre a la frente de nuestros descendientes por la vergüenza, y se atreven, con la mayor desfachatez, a acercar a la boca de nosotros los alemanes ese mejunje compuesto de cobardía, servilismo y traición al pueblo. ¡Vergüenza sobre aquellos que a eso se atreven, pero mil veces vergüenza sobre un pueblo alemán, sobre un pueblo soberano que lo tolera!
No es en las fronteras donde están nuestros enemigos más peligrosos, ¡no!; están entre nosotros y, paseando con banderas alemanas, llevando en la boca frases de libertad sobre Alemania, etc., siempre están dispuestos a traicionar y vender la libertad de los pueblos.
Por tanto, alerta vosotros los alemanes, vosotros los schleswig-holsteinenses, y resistid con audacia. Pero nosotros, los guerreros alemanes, que no somos mercenarios, queremos mantener la mano en la espada y preguntar a esos fabricantes de paz: ¿por qué hemos luchado, sangrado y vencido? ¿con qué derecho ultrajaban el honor de nuestras armas y nuestro honor?»
En la propia Rendsburg, ayer, numerosas tropas de soldados —prusianos, hannoverianos, schleswig-holsteinenses mezclados confusamente— desfilaron por las calles con una cinta roja en el ojal y al grito de «¡Viva la república!». La traición prusiana puede dar sus frutos.