Historia del armisticio

Dinamarca.
Núm. 72, 11 de agosto de 1848
Neue Rheinische Zeitung.
† Copenhague, 5 de agosto. El «Fädreland» del 2 de agosto contiene una larga historia semioficial del armisticio. De ella se desprende que Lord Palmerston ya el 18 de mayo había redactado y remitido una «base del armisticio» sumamente ventajosa para Dinamarca. Mientras que en realidad sólo Schleswig constituía el punto litigioso, este proyecto declaraba litigiosos tanto a Schleswig como a Holstein y Lauenburg; en consecuencia, los tres ducados debían ser evacuados por ambas partes. (Recuérdese cómo esto desembocó en el armisticio definitivo en la ocupación de casi todo Schleswig por los daneses, en tanto que los alemanes debían retirarse a Mecklemburgo y Hannover.) A continuación, el gobierno provisional, o como dice el «Fädreland», el «gobierno de la insurrección», debía ceder el puesto a un gobierno interino designado para Schleswig por Dinamarca, para Holstein por Alemania, etc. Prusia insistió en mantener el «gobierno de la insurrección» existente.
Las negociaciones se llevaron durante algún tiempo en Londres, hasta que por fin Suecia declaró, «dentro de ciertos límites», la causa de Dinamarca como causa de todo el Norte.
Con esto, las negociaciones entraron en su segunda fase y fueron trasladadas a Malmö. El gobierno danés presentó al gobierno sueco-noruego un nuevo proyecto de armisticio que, al parecer, era más favorable para Prusia. El gobierno sueco-noruego se adhirió a él incondicionalmente, el gobierno ruso le brindó su apoyo moral y el secretario de gabinete del rey Óscar, Manderström, viajó con dicho proyecto a Berlín. Al mismo tiempo, el gobierno británico no cesó de hacer exhortaciones a Prusia. La persistente resistencia del ejército danés (?), los armamentos y el entusiasmo del pueblo danés habrían contribuido asimismo a ablandar a Prusia.
A ello se sumó el efecto del bloqueo, la «experiencia de que la insurrección schleswig-holsteiniana no tenía verdadera raíz en el pueblo, de que en Schleswig había una población danesa sinceramente entregada a Dinamarca».
«Pero lo principal fue que la dirección de los asuntos alemanes dio un giro sumamente inesperado y amenazaba con hacer que Prusia se disolviese en Alemania, de una manera completamente distinta a la que se había proyectado. En suma, con el nuevo ministerio entró un espíritu mucho más conciliador hacia Dinamarca que hasta entonces.»
El fruto de ello fue el envío del Sr. Pourtalès a Malmö y la conclusión del conocido proyecto de armisticio. En la negociación, el ministro de Asuntos Exteriores sueco, el barón Stjerneld, representó los intereses daneses de un modo «que habría hecho todo honor a un estadista danés».
Pero durante las negociaciones, Wrangel atacó varias veces sin motivo al ejército danés, que tenía la orden de evitar un combate.
El 2 de julio el armisticio estaba ultimado y sólo necesitaba la ratificación. Esta se produjo sin dificultad con algunos agregados solicitados por Prusia y concedidos por Dinamarca. Todo el mundo daba el asunto por zanjado.
El 15 de julio, Reedtz y Pourtalès, enviado el uno a Hedemann y el otro a Wrangel para obtener la firma formalmente necesaria de estos dos generales, se encontraron cerca de Kolding. Con la mayor turbación y para la mayor sorpresa del señor Reedtz, confesó el señor Pourtalès que Wrangel no quería aceptar la disolución del ejército insurrecto ni otros varios puntos relativos a la situación provisional de los ducados. La negociación continuó al día siguiente, pero las exigencias de los prusianos se volvieron cada vez más insolentes. (Wrangel, naturalmente, estaba detrás del tímido Pourtalès.)
Finalmente, Wrangel exigió incluso que el regente imperial ratificase la convención, «¡el regente imperial, una autoridad ni siquiera constituida aún y ligada en su actuación a la Asamblea Nacional de Francfort!»
Suecia se puso ahora aún más decididamente del lado de Dinamarca. Junto con Reedtz, el general sueco Oxholm se dirigió al cuartel general prusiano «para hacer entrar en razón a Wrangel»; con ellos fueron el barón Lagerheim y Sir Henry Wynn, los ministros sueco e inglés, «que querían convencerse con sus propios ojos de cosas tan increíbles».
No consiguieron nada.
«Así, pues, la convención elaborada tras largas y difíciles negociaciones, lograda por Lord Palmerston, aceptada por Prusia tras las exhortaciones de Inglaterra, con el consejo de Rusia y bajo los apremiantes requerimientos de Suecia, ratificada por Dinamarca ante el insistente consejo de todas las potencias amigas y aliadas, ha fracasado, fracasado por las objeciones de quien únicamente debía ejecutarla: ¡por las objeciones de un general prusiano de caballería!»
¡Inaudito!
– El bloqueo del Elba, del Weser y del Jade comienza el 15 de agosto; asimismo el de Stralsund y Greifswald.