Debates de la Asamblea de Acuerdo sobre los estamentos provinciales

** Colonia, 25 de julio. (Sesión de la Asamblea de Acuerdo del 18.) Entre los numerosos documentos y negociaciones confusos, sin objeto y puramente personales que aparecen al comienzo de cada sesión, destacamos hoy dos puntos.

El primero es la declaración, presentada por escrito al presidente y repetida desde la tribuna, del exministro Rodbertus: si bien se había inscrito como orador en contra de la propuesta Jacoby, su intención había sido, no obstante, hablar únicamente contra la primera parte de la misma –la que desaprobaba la resolución de Fráncfort– y, al mismo tiempo, contra la correspondiente declaración del ministerio emitida el 4 de julio. Como es sabido, el debate fue interrumpido antes de que el Sr. Rodbertus tomara la palabra.

El segundo es una declaración del Sr. Brodowski en nombre de todos los diputados polacos, con ocasión de una declaración discrecional de los diputados germano-polacos: él no reconoce en absoluto como legalmente válida la incorporación de una parte de Posen a la Confederación Alemana; basándose en los tratados de 1815 y en la declaración de los estamentos provinciales contra la incorporación a la Confederación, provocada por el rey. «No conozco ninguna vía legal posterior, pues aún no se ha consultado a la nación al respecto.»

Sigue la deliberación final sobre el mensaje. El mensaje fue, como es sabido, rechazado, bajo el grito de la izquierda: ¡Dos veces la cuestión de gabinete!, y la risa general.

Ahora llegó el turno del informe de la comisión sobre la propuesta de 94 diputados de despojar a los estamentos provinciales de la facultad de imponer contribuciones.

Nos ocupamos intencionadamente de este asunto. Nos recuerda una vez más una pieza de la auténtica y vieja legislación prusiana, y la creciente reacción nos presenta esta legislación cada vez más como modelo incorregible, mientras que el ministerio de la acción, que no quiere representar al ministerio de la transición, se erige cada día más desembozadamente en panegirista del ministerio Bodelschwingh.

Los estamentos provinciales han recibido, mediante una serie de leyes, todas ellas de fecha posterior a 1840, la facultad de acordar contribuciones con efecto obligatorio para los habitantes del distrito.

Estos estamentos provinciales son un magnífico modelo de la vieja «representación» prusiana. Todos los grandes campesinos terratenientes del distrito envían tres diputados; cada ciudad envía por regla general uno; pero cada propietario de un señorío territorial es miembro nato del estamento provincial. En las ciudades no están representados en absoluto los obreros ni una parte de la pequeña burguesía; en el campo, los pequeños propietarios y los habitantes no avecindados, juntos, la inmensa mayoría. Pero estas clases no representadas son, no obstante, gravadas con contribuciones por los representantes, y en particular por los señores «miembros natos del estamento provincial», y cómo y con qué fines, lo veremos enseguida.

Estos estamentos provinciales, que además pueden disponer del patrimonio provincial con total autonomía, están sujetos, en sus acuerdos sobre contribuciones, a la aprobación, ya del presidente superior, ya del rey, y además, cuando se han dividido en secciones y un estamento ha emitido un voto separado, a la decisión del ministro del Interior. Se ve cuán astutamente la vieja Prusia sabía salvaguardar los «derechos bien adquiridos» de los grandes terratenientes, pero al mismo tiempo también el derecho de suprema inspección de la burocracia.

Pero que este derecho de suprema inspección de la burocracia sólo existe para prevenir eventuales intromisiones de los estamentos provinciales en los derechos de la mesa verde, pero no para proteger a los habitantes del distrito, y en particular a los no representados, de las intromisiones de los señores del estamento provincial, es algo que el informe de la comisión central reconoce expresamente.

El informe termina con la propuesta de derogar las leyes que confieren a los estamentos provinciales el derecho de imposición.

El Sr. Bucher, ponente, desarrolló la propuesta. Precisamente los acuerdos de los estamentos provinciales que más oprimían e irritaban a los no representados han sido de preferencia confirmados por los gobiernos. «Es precisamente una maldición del Estado policial, que en principio ha caído, pero que lamentablemente de hecho subsiste aún hasta esta hora, que un funcionario o una autoridad, cuanto más alto se sitúan en el mandarinato, tanto mejor creen entenderlo todo, incluso tales medidas de detalle, aunque estén igualmente tanto más alejados de las necesidades locales.» – La propuesta es tanto más recomendable cuanto que no es constructiva, sino meramente destructiva; «no se puede negar que la asamblea no ha tenido hasta ahora fortuna en los intentos de actividad productiva ... por lo tanto, sería aconsejable entregarnos provisionalmente más a una actividad destructiva». El orador aconseja, en consecuencia, derogar sobre todo las leyes reaccionarias promulgadas desde 1815.

Esto fue demasiado. No sólo la vieja Prusia, la burocracia y los estamentos provinciales habían sido declarados censurables por el ponente, sino que incluso había lanzado una mirada lateral e irónica sobre los productos hasta ahora resultantes de los debates de la Asamblea de Acuerdo. La ocasión era favorable para el ministerio. De todas formas, por consideraciones cortesanas no podía permitir que se derogaran precisamente sólo las leyes promulgadas bajo el actual rey.

El Sr. Kühlwetter toma, pues, la palabra. «Los estamentos provinciales están compuestos de tal modo que, sin duda, su constitución será modificada, puesto que» – ¿puesto que toda la economía estamental contradice la igualdad ante la ley? ¡Al contrario! Sólo «puesto que ahora todavía cada propietario de un señorío territorial es miembro nato del estamento provincial, mientras que una ciudad, por muchos señoríos territoriales que albergue en su interior, sólo está autorizada a enviar un solo miembro del estamento provincial, y las comunidades campesinas son representadas únicamente por tres diputados.»

Echamos una mirada a los planes ocultos del ministerio de la acción. El sistema estamental debía ser abolido en la representación popular central; eso no se podía cambiar. Pero en los distritos más pequeños de representación, en los distritos provinciales (¿quizás también en las provincias?), se intentará conservar la representación estamental, extirpando sólo las más groseras pretericiones de los burgueses y campesinos por parte de la nobleza terrateniente. Que la declaración del Sr. Kühlwetter no puede entenderse de otro modo se deduce del hecho de que el informe de la comisión central provocaba directamente la aplicación de la igualdad ante la ley en la representación provincial. Pero el Sr. Kühlwetter pasa por alto este punto con el más profundo silencio.

Contra el contenido de la propuesta, el Sr. Kühlwetter no tiene nada que objetar; sólo pregunta si es necesario hacer valer esta propuesta por la «vía de la legislación». «El peligro de que los estamentos provinciales puedan abusar del derecho impositivo no es probablemente tan grande ... El derecho de inspección del gobierno no es en modo alguno tan ilusorio como se ha presentado; el mismo ha sido ejercido siempre con escrupulosidad y, en particular, se ha eximido de contribuciones en lo posible al nivel más bajo del impuesto de clases.»

¡Naturalmente! El Sr. Kühlwetter era burócrata bajo Bodelschwingh, e incluso a riesgo de comprometer a todo el ministerio de la acción, es preciso defender las pasadas gestas de la burocracia de Bodelschwingh. Hacemos notar que el Sr. Hansemann se hallaba ausente cuando su colega Kühlwetter le hizo fraternizar de tal modo con el Sr. Bodelschwingh.

El Sr. Kühlwetter declara que ya ha dado instrucciones a todos los gobiernos para que, hasta nuevo aviso, no confirmen más contribuciones de los estamentos provinciales, y con ello se ha alcanzado ya el objetivo.

El Sr. Jentzsch le estropea el juego al Sr. Ministro, al observar que está de moda entre los estamentos provinciales repartir las contribuciones para carreteras, que en su mayoría benefician precisamente a los señoríos territoriales, según el impuesto de clases, del cual los señoríos territoriales están completamente exentos.

El Sr. Kühlwetter y el Sr. von Wangenheim, un interesado, tratan de defender a los estamentos provinciales; en particular, el Sr. Consejero del Tribunal Superior Territorial von Wangenheim, miembro del estamento provincial de Sazig, pronuncia un gran panegírico de esta loable institución.

Pero el diputado Moritz vuelve a malograr el efecto. ¿De qué sirve la disposición del Sr. Kühlwetter? Si el ministerio llegase a dimitir, los gobiernos harían caso omiso de la disposición. Si tenemos leyes tan malas como éstas, no veo por qué no habríamos de derogarlas. Y en cuanto a los abusos negados: «no sólo han abusado los estamentos provinciales de la facultad que les corresponde de imponer gravámenes, de tal modo que hicieron prevalecer favores personales, que acordaron gastos que no redundaban en la utilidad común del distrito, sino que también han decidido construcciones de carreteras en interés de particulares, de un estamento privilegiado. La ciudad distrital de Ruppin debe ser unida al ferrocarril Hamburgo-Berlín. En lugar de trazar la carretera por la ciudad de Wusterhausen, a pesar de que esta ciudad se ha declarado dispuesta a sufragar los costes adicionales con sus propios medios, el gobierno ha denegado el paso de la carretera a esta pequeña ciudad carente de medios de subsistencia y, en cambio, ¡la carretera ha sido trazada por tres posesiones de uno y el mismo propietario de señoríos territoriales!».

El Sr. Reichenbach hace notar que la disposición ministerial no ejerce influencia alguna sobre la disposición, dejada enteramente libre a los estamentos provinciales, sobre el patrimonio provincial.

El ministro responde con algunas frases cojas.

El Sr. Bucher declara que considera al ministro en absoluto facultado para emitir órdenes que supriman de hecho leyes existentes. Sólo mediante la legislación puede mejorarse aquí la situación.

El Sr. Kühlwetter tartamudea aún algunas palabras inconexas para defenderse y luego se procede a la votación.

La asamblea adopta la propuesta de la comisión central: que sean derogadas las leyes por las cuales se confiere a los estamentos provinciales el derecho impositivo y la disposición sobre el patrimonio provincial, con el aditamento: «sin perjuicio de los acuerdos estamentales provinciales adoptados sobre la base de estas ordenanzas».

Se ve: las «acciones» del ministerio de la acción consisten en intentos policiales de reacción y en derrotas parlamentarias.

(Continúa.)