O LO N IAy 19 DE JULIO .
¡Mi Alemania se ha bebido una coleta.
Y tú que creías en los brindis!
¡Creías en cualquier pipa que veías,
Con sus colores negro, rojo y oro!149
Es lo mismo que te ha pasado a ti, honradote y bonachón
alemán. ¿Crees haber hecho una revolución? ¡Te has equivocado!
¿Crees haber acabado con el Estado policiaco? ¡Te has equivoca
do! ¿Crees que posees el derecho de libre reunión y asociación, la
libertad de prensa, el armamento del pueblo y otras hermosas pala
bras que te gritaron por encima de las barricadas de marzo? ¡Te
equivocas de medio a medio!
¡Pero, al disiparse la dulce embriaguez,
Amigo mío, te sientes abatido!150
Abatido, por tus llamadas asambleas nacionales, producto del
voto indirecto;151 abatido, al ver cómo se vuelve a las órdenes de
149 Tomado de Heinrich Heine, Poema a Georg Herwegh.
150 Ibid.
151 En casi todos los Estados alemanes las elecciones a la Asamblea Nacional de Francfort

expulsión de ciudadanos alemanes de su propia tierra; abatido, ante
la tiranía del sable instaurada en Maguncia, en Tréveris, en Aquisgrán, en Mannheim, en Ulma y en Praga; abatido, por las detencio
nes y los procesos políticos llevados a cabo en Berlín, Colonia, Dus
seldorf, Breslau, etcétera.
Te quedaba, a pesar de todo, una cosa, ¡oh mi honradote y bona
chón alemán! ¡Te quedaban los clubes! Podías acudir a ellos y que
jarte públicamente de las estafas y granujadas políticas de los últi
mos meses; podías volcar las penas de tu agobiado corazón ante
quienes sentían y pensaban como tú, y encontrar consuelo en las
palabras de otros patriotas igualmente angustiados.
Pero, ahora, también esto se acaba. Resulta que los clubes son,
ahora, incompatibles con la salvaguardia del “orden”. Para que
“renazca la confianza” es necesario y es urgente poner término a los
manejos subversivos de los clubes.
Informábamos ayer de cómo el gobierno de Württemberg ha
prohibido en redondo, por medio de una ordenanza real, la Asocia
ción democrática regional de Stuttgart. Las autoridades no se toman
siquiera la molestia de llevar ante los tribunales a los dirigentes de
la sociedad, sino que retornan a las viejas medidas policiacas. Más
aún, los señores Harppecht, Duvernoy y Maucler; que refrendan con
sus firmas esta real orden, van todavía más allá, y prescriben penas
extralegales contra los transgresores de la prohibición, penas que
llegan hasta a un año de cárcel. Es decir, ¡inventan leyes penales, y
además de carácter excepcional, sin consultar para nada a las cáma
ras, invocando sencillamente el artículo 89 de la Constitución!
Y otro tanto acontece en Badén. Hoy, damos cuenta de la pro
hibición de la Sociedad de estudiantes demócratas de Heidelberg.
En este caso, no se atenta, en general, de un modo tan abierto con
tra el derecho de asociación; lo que se hace es negárselo a los estufueron indirectas. Lo cual quería decir que los ciudadanos que gozaban del derecho de sufra
gio elegían a los llamados “compromisarios” quienes, a su vez, elegían a los diputados de la
Asamblea Nacional. De acuerdo con una ley del 8 de abril de 1848, este tipo de elección se
aplicaba también a los diputados a la Asamblea Nacional de Berlín.

diantes en virtud de una vieja ley de excepción de la Dieta federal152
que llevaba ya largo tiempo en desuso, amenazándoles con aplicar
les las penas establecidas en estas leyes arbitrarias.
Tal como están las cosas, hay que esperar que tampoco entre
nosotros tarden en ser prohibidos los clubes.
Y, para que los gobiernos puedan adoptar semejantes medidas
con plena seguridad sin ganarse las antipatías y los odios de la opi
nión pública, para eso, allí está la Asamblea Nacional de Francfort.
Pues no cabe duda de que esta Asamblea pasará al orden del día por
encima de semejantes medidas policiacas con la misma facilidad
con que lo ha hecho con respecto a la revolución de Maguncias
Por tanto, no porque creamos que vamos a conseguir algo de la
Asamblea, sino sencillamente para obligar una vez más a su mayo
ría a proclamar abiertamente ante Alemania entera su alianza con
la reacción, requerimos a los diputados de la extrema izquierda en
Francfort a proponer a la Asamblea lo siguiente:
Que los autores de estas medidas, y concretamente los señores
Harpprecht, Duvernoy, Maucler y Mathy sean denunciados y procesa
dos por violación de los “derechos fundamentales del pueblo alemán”.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 50, 20 de julio de 1848]
El 14 de julio de 1848, el senado de Heidelberg dio a conocer “que, por disposición de
la ley del 6 de octubre de 1833, quedaba disuelta la Asociación Democrática de Estudiantes,
con lo que queda prohibido su funcionamiento ulterior”.
a Véase supra, pp. 43-48.