El Sr. Forstmann sobre el crédito del Estado

** Colonia, 13 de julio.  
Núm. 44, 14 de julio de 1848. Neue Rheinische Zeitung.

En la sesión de la Asamblea de Acuerdo del 7 del corriente, el Sr. Forstmann derribó todas las dudas de la desaprensiva izquierda acerca de la solidez del crédito del Estado prusiano con el siguiente argumento victorioso: «¡Ruego que se decida si la confianza en las finanzas prusianas ha caído a cero, cuando en la bolsa de ayer un papel del Estado del 3½ por ciento se situaba a 72, con un descuento del 5½ por ciento!»

Se ve que el Sr. Forstmann es tan poco especulador bursátil como economista. Si el supuesto del Sr. Forstmann fuera correcto, a saber, que el precio de los papeles del Estado se halla siempre en proporción inversa al precio del dinero, entonces los títulos prusianos del 3½ por ciento estarían, ciertamente, a un nivel notablemente favorable. Pues en tal caso, con un descuento del 5½ por ciento, no deberían situarse a 72, sino tan solo a 63 7/11. Pero ¿quién le ha dicho al Sr. Forstmann que esta relación inversa —no en el promedio de 5 a 10 años, sino en el momento singular del estancamiento comercial— existe?

¿De qué depende el precio del dinero? De la relación que en cada caso existe entre la oferta y la demanda, de la escasez o abundancia de dinero justamente reinantes. ¿De qué dependen la escasez o la abundancia de dinero? Del estado en que en cada caso se halla la industria, del estancamiento o la prosperidad del tráfico en general y en gran escala.

¿De qué depende el precio de los papeles del Estado? Asimismo, de la relación que en cada caso existe entre la oferta y la demanda. Pero ¿de qué depende esta relación? De muchísimas circunstancias, sumamente intrincadas, sobre todo en Alemania.

En Francia, Inglaterra, España, en todos los países cuyos papeles del Estado salen al mercado mundial, el crédito del Estado es el factor decisivo. En Prusia y en los Estados alemanes más pequeños, cuyos títulos solo tienen curso en pequeñas bolsas locales, el crédito del Estado solo decide en segunda instancia. Aquí, la gran masa de los papeles del Estado no sirve para la especulación, sino para la colocación segura de capital, para asegurarse una renta fija. Solo una parte desproporcionadamente pequeña llega a las bolsas y al comercio. Casi toda la masa de la deuda pública está en manos de pequeños rentistas, viudas y huérfanos, consejos tutelares, etc. Si los cursos bajan por la merma del crédito del Estado, esa es una razón más para que esta clase de acreedores del Estado no venda sus fondos. Para ellos, su renta alcanza precisamente para subsistir; si la venden con fuerte pérdida, quedan arruinados. La reducida cantidad de papeles que circula en las pocas y pequeñas bolsas locales no puede, naturalmente, estar expuesta a las enormes y rápidas oscilaciones de la oferta y la demanda, de las bajas y las alzas, como la enorme masa de papeles franceses, españoles, etc., que sirven principalmente a la especulación y se revenden en grandes lotes en todos los grandes mercados de fondos del mundo.

El caso de que capitalistas, por escasez de dinero, se vean forzados a deshacerse de sus fondos a cualquier precio y con ello deprimir los cursos, se da por tanto en Prusia solo rara vez, mientras que en París, Ámsterdam, etc. está a la orden del día e influyó, en particular después de la revolución de febrero, mucho más en la caída inusitadamente rápida de los papeles del Estado franceses que el propio descenso del crédito del Estado.

A esto se añade que en Prusia están prohibidas las compras ficticias (marchés à terme), que en París, Ámsterdam, etc. constituyen la masa de las operaciones bursátiles.

Por esta posición comercial enteramente diferente de los fondos prusianos de los mercados locales y de los papeles franceses, ingleses, españoles, etc., del mercado mundial, se explica que los cursos de los papeles prusianos no reflejen en modo alguno las más pequeñas complicaciones políticas de su Estado en la medida en que tal es el caso con los papeles franceses, etc.; que el crédito del Estado no ejerza ni de lejos sobre los cursos de los fondos prusianos la influencia decisiva y rápida que ejerce sobre los papeles de otros Estados.

En la misma medida en que Prusia y los pequeños Estados alemanes se ven arrastrados a las oscilaciones de la política europea, en que se desarrolla la dominación de la burguesía, en esa misma medida también los papeles del Estado, al igual que la propiedad territorial, perderán este carácter patriarcal, inalienable, para verse arrastrados al tráfico, convertirse en un artículo comercial ordinario, a menudo revendido, y acaso incluso reclamar una modesta existencia en el mercado mundial.

Deduzcamos de estos hechos:

Primero. No se discute que, en el promedio de una época más larga y con un crédito del Estado invariable, el curso de los papeles del Estado sube en todas partes en la misma proporción en que baja el tipo de interés, y a la inversa.

Segundo. En Francia, Inglaterra, etc., esta relación se da incluso en épocas más cortas, porque aquí los especuladores tienen en sus manos la mayor parte de los papeles del Estado y porque con frecuencia se producen ventas forzosas por escasez de dinero que regulan la relación entre el curso y el tipo de interés cada día. Por ello, aquí esta relación existe a menudo incluso en el momento singular.

Tercero. En Prusia, por el contrario, esta relación solo se da en el promedio de épocas más largas, porque la cantidad de papeles del Estado disponibles es reducida y la actividad bursátil está restringida; porque las ventas por escasez de dinero, que son los auténticos reguladores de la relación, solo rara vez se producen; porque en estas bolsas locales los cursos de los fondos se determinan en primera instancia por influencias locales, mientras que los precios del dinero lo son por la influencia del mercado mundial.

Cuarto. Si, pues, el Sr. Forstmann pretende inferir el crédito del Estado prusiano de la relación entre el precio del dinero y el curso de los papeles del Estado, lo que demuestra es un completo desconocimiento de las circunstancias. El curso de 72 para los títulos del 3½ por ciento, con un descuento del 5½ por ciento, no prueba nada a favor del crédito del Estado prusiano; el empréstito forzoso lo prueba todo en su contra.