Y LOS ÜLTIMOS ACONTECIMIENTOS DE PRAGA
C
O LO N IA, 11 DE JU LIO . P E SE A LOS B R A M ID O S Y R E D O B LES DE
tambor patrióticos de casi toda la prensa alemana, la Nueva
Gaceta Renana ha tomado partido, desde el primer momen
to, en Posen, por los polacos, en Italia por los italianos y en Bohe
mia por los checos. Hemos sabido descubrir desde el primer
momento la política maquiavélica que, dentro de Alemania, desli
zándose en las mismas fortalezas, trata de paralizar las energías
democráticas, de desviar la atención hacia otro lado, de encauzar
por un canal de desagüe la ardiente lava revolucionaria, de forjar
las armas de la opresión interior, conjurando para ello un odio de
raza que repugna al carácter cosmopolita de los alemanes y que en
guerras raciales de una crueldad sin precedentes y una barbarie sin
nombre ha criado una soldadesca como no llegó a existir ni siquiera
en la guerra de los Treinta Años.
En el mismo momento en que los alemanes luchan por la liber
tad interior en contra de sus gobiernos, hacerlos emprender bajo el
mando de estos mismos gobiernos una cruzada contra la libertad
de Polonia, Bohemia e Italia, ¡vaya combinación! ¡Vaya paradoja
histórica! Alemania, sacudida por la revolución, abre una válvula
de escape hacia el exterior con una guerra de restauración, con una
campaña militar encaminada a afianzar el viejo poder contra el cual
precisamente hace la revolución. No; sólo la guerra contra Rusia148
148 Es evidente que el Imperio ruso despertaba un especial recelo y hasta odio en Marx,
18 6

es una gran guerra en que Alemania puede redimirse de los peca
dos del pasado, de la que puede salir crecida, en la que puede derro
tar a sus propios autócratas, en la que puede, como cumple a un
pueblo que sacude las cadenas de una larga y perezosa esclavitud,
pagar la propaganda de la civilización con el sacrificio de sus hijos
y liberarse dentro de su casa liberándose al exterior. Cuanto más
recaiga la luz diaria de la publicidad sobre los más recientes acon
tecimientos, haciéndolos resaltar en nítido relieve, más se encarga
rán los hechos de corroborar nuestra concepción acerca de las gue
rras raciales con que Alemania ha deshonrado su nueva era. Esto es
lo que nos mueve a publicar aquí, aunque llegue con retraso, el
siguiente informe de un alemán de Praga.
Praga, 24 de junio de 1848 (retrasado)
La G a ceta G e n e ra l A le m a n a del 22 [del corriente] publica un artículo
acerca de una asamblea de alemanes celebrada el día 18 en Aussig, en la
que se pronunciaron discursos reveladores de un desconocimiento tal de
los últimos sucesos de nuestro país y que muestran, para decirlo suave
mente, una tal presteza a colmar de insultantes reproches a nuestra pren
sa independiente, que el informante se cree en la obligación de aclarar
estos errores, hasta donde ahora es posible, y de salir con la firmeza de la
verdad al paso de la malignidad y la imprudencia. Es realmente pasmoso
el que personas como “el fundador de la Liga para la defensa de los inte
reses alemanes en el Este” puedan declarar ante toda una asamblea lo
siguiente: “Mientras siga la lucha en Praga, no se puede hablar de perdón,
y si la victoria es nuestra, debemos aprovecharnos de ella en lo futuro”.
Pues bien; ¿qué clase de victoria tratan de hacer suya los alemanes y qué
conspiración ha sido aplastada? Es evidente que jamás podrá formarse
una idea clara acerca de las condiciones aquí existentes quien insinúa al
corresponsal de la G aceta G en eral A lem a n a —que, a lo que parece, se
pues representaba uno de los más serios obstáculos para el desarrollo de los movimientos
democráticos en toda Europa debido a sus constantes injerencias gracias a sus alianzas con
los gobiernos reaccionarios, particularmente Prusia, Austria e Inglaterra.

informa siempre de un modo muy superficial— las frases patéticas de un
“pequeño devorador de polacos y franceses” o los artículos del pérfido
D ia rio de F ra n cfo rt, que, lo mismo que con motivo de los sucesos de
Badenus trataba de azuzar a unos alemanes contra otros, intenta ahora
azuzar a los alemanes contra los bohemios. Parece que en Alemania todo
el mundo piensa que la lucha librada en las calles de Praga iba dirigida
solamente al aplastamiento del elemento germano y a la fundación de una
República eslava. De lo segundo no queremos hablar, pues se trata de
una idea demasiado simplista; en cuanto a lo primero, nadie podría des
cubrir en los combates de las barricadas ni el menor rastro de rivalidad
entre nacionalidades; alemanes y checos aparecían unidos en la defensa, y
yo mismo he pedido más de una vez a un orador que hablaba checo que
repitiese sus palabras en alemán, como lo hizo, en efecto, en todas las oca
siones, sin la menor observación de su parte. Hemos oído objetar que la
revolución estalló dos días antes de tiempo, pero que, a pesar de ello, debió
de contar ya con cierta organización y cuidarse, por lo menos, de haber
dispuesto de municiones; pero tampoco encontraremos ni rastro de esto.
Las barricadas brotaron del suelo, a la buena de Dios, donde se juntaban
diez o doce personas; por lo demás difícilmente habrían podido levantar
se en mayor número, pues hasta las callejuelas más estrechas aparecían
cortadas por barricadas en tres y cuatro puntos. Las municiones escasea
ban enormemente, y los combatientes hacían intercambio de ellas en las
calles. No se veía por ninguna parte el alto mando, ni en general mando
alguno; los defensores se mantenían en los puntos en que eran atacados y
tiraban sin órdenes y sin mandos desde las casas y detrás de las barrica
das. En estas condiciones, ante una resistencia como ésta, sin dirección ni
organización de ninguna suerte, no se ve en qué puede basarse la idea de
una conspiración, a menos que se haga una investigación oficial y se publi
quen sus resultados; sin embargo, el gobierno no parece considerar opor
tuno hacerlo, pues desde palacio no se trasluce nada que pueda dar luz a
Praga acerca de sus sangrientas jornadas de junio. Los miembros del Swornost presos han sido puestos en libertad, salvo algunos cuantos; lo mismo
se hará con otros; sólo siguen en prisión el conde Buquoy, Villány y algu
nos más, hasta que tal vez una buena mañana aparezca en las esquinas de

Praga un bando anunciando a la población que todo se ha debido a un
malentendido. Tampoco las operaciones del comandante general permi
ten inferir que se trataba de amparar los intereses de los alemanes en con
tra de los checos, ya que, en vez de atraerse a la población alemana
mediante una explicación de las cosas, asaltar las barricadas y proteger la
vida y los bienes de la población “leal”, lo que hizo fue evacuar la ciudad
vieja, retirarse a la orilla izquierda del Moldava y bombardear por igual a
checos y alemanes, pues las bombas y las balas que caían sobre la ciudad
vieja no distinguían para estallar solamente sobre el blanco de los checos,
sino que caían sin fijarse en los colores de la escarapela. ¿Qué es, pues, lo
que razonablemente permite inferir la existencia de una conspiración esla
va, cuando el propio gobierno, por lo menos hasta ahora, no quiere o no
puede suministrar ninguna aclaración?
El ciudadano Dr. Göschen, de Leipzig, ha dirigido al príncipe de Windischgrätz un agradecido memorial al que esperamos que el general no
conceda demasiada importancia como expresión de la voz del pueblo. El
ciudadano Göschen es uno de esos cautelosos liberales que se revelaron
de pronto como liberales después de los sucesos de febrero; fue él quien
presentó la propuesta de un mensaje de confianza al ministerio de Sajonia
con respecto a la ley electoral mientras toda Sajonia prorrumpía en gritos
de desaprobación, ya que aquella ley privaba de su derecho cívico más
importante, del derecho de sufragio, a la sexta parte de la población, inclu
yendo en ella precisamente a muchas de las cabezas más capacitadas; fue
uno de los que más enérgicamente se manifestaron en la Liga alemana en
contra de la concesión del derecho de voto en Sajonia a los alemanes no
sajones, sin perjuicio de prometer poco después —¡véase qué doblez!— a
la asociación de los ciudadanos del Estado alemán no sajones residentes
en Sajonia, en nombre de su club, toda su colaboración para la elección y
el envío a Francfort de un diputado propio; en suma, para caracterizarlo
con una sola palabra, es el fundador de la Liga alemana. Este hombre diri
ge su memorial al general austriaco y le da las gracias por la protección
que ha dispensado a toda la patria alemana. Creo haber puesto de mani
fiesto que, por lo ocurrido, no hay todavía razones para saber o deducir
hasta dónde haya contraído méritos para con la patria alemana el prínci

pe de Windischgrátz; si ello es así sólo los resultados de la investigación
podrán demostrarlo. Dejemos, pues, que sea la historia la que se encargue
de enjuiciar “la alta bravura, la intrépida energía y la firme tenacidad” del
general y, por lo que se refiere a la calificación de “vil asesinato” aplicada
a la muerte de la princesa diremos solamente que no está, ni mucho
menos, probado que aquella bala fuese disparada contra esta dama, res
petada por toda la población de Praga sin distinción; pero si ese es el caso,
no cabe duda de que el asesino recibirá el merecido castigo, y bien pode
mos asegurar que el dolor del príncipe no será mayor que el de aquella
madre que vio cómo llevaban con la cabeza destrozada por una bala a su
hija de diecinueve años, otra víctima inocente. En lo que sí estoy de acuer
do con el ciudadano Góschen es con aquel pasaje del memorial en que se
habla de “las valerosas huestes que pelearon con tanto arrojo bajo la direc
ción de Vuestra Excelencia”, y no cabe duda de que aún habría encontra
do poco enérgicas sus expresiones si hubiese visto, como yo, con qué ím
petu tan guerrero aquellas “valerosas huestes” se lanzaban el lunes a
mediodía, en el callejón de Zelten, contra la inerme multitud. Yo mismo
debo confesar, por más que ello deje muy mal parada mi apostura belico
sa, que, encontrándose cerca del templo, como pacífico paseante, mezcla
do con un grupo de mujeres y niños, emprendí la fuga ante el ataque de
unos treinta o cuarenta granaderos de Su Majestad, de modo tan vergon
zoso que hubo de dejar en manos del enemigo vencedor todo mi bagaje,
que se reducía a mi sombrero, por no considerar prudente a que cayesen
también sobre mi persona los mandobles que menudeaban sobre el tro
pel de gente que corría a mi espalda. Pero, seis horas más tarde, tuve oca
sión de observar cómo en la barricada del callejón de Zelten los mismos
granaderos de Su Majestad tuvieron a bien bombardear durante media
hora con granadas y cañones de seis libras una barricada defendida, cuan
do mucho, por veinte hombres, pero sin lograr tomarla —si así puede lla
marse— y hacia media noche fue abandonada por sus defensores. No se
llegó al cuerpo a cuerpo más que en algunos casos aislados, en que los
granaderos tenían una superioridad de fuerzas evidente. Los fosos y la
nueva avenida han sido, a juzgar por las devastaciones de las casas, objeto
de una cuidadosa operación de limpieza por parte de la artillería, y no

entraré a discutir si hace falta un gran desprecio a la muerte para despe
jar, a fuerza de granadas, una ancha calle guardada por unos cien defen
sores casi desarmados.
Por lo que se refiere ahora al último discurso del señor Dr. Stradal, de
Teplitz, según el cual “los periódicos de Praga actuaron en favor de fines
extraños”, queriendo con ello, sin duda, aludir a Rusia, debo declarar, en
nombre de la prensa independiente de Praga, que esta manifestación sólo
puede responder a un exceso de ignorancia o a una infame calumnia, cuyo
absurdo se ha demostrado y puede demostrarse cumplidamente a la luz
de la posición adoptada por nuestros periódicos. La prensa libre de Praga
no ha mostrado nunca otra tendencia que la de defender el mantenimien
to de la independencia de Bohemia y la igualdad de derechos de ambas
nacionalidades. Pero sabe muy bien que, lo mismo que en Posen y que en
Italia, la reacción alemana trata de provocar un estrecho nacionalismo,
persiguiendo con ello dos finalidades: sofocar la revolución dentro de A le
m ania y prepa rar a la soldadesca para la guerra c iv il
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 42,12 de julio de 1848]