CO LO N IA, 2 DE JU LIO . A Z U Z A R A LOS PU EBLO S E N T R E SÍ, U T Ilizando a unos para oprimir a los otros y velando así por la
persistencia del poder de los gobernantes absolutos, era has
ta ahora el arte de gobernar y la obra de gobierno de los poderosos
y sus diplomáticos. En este arte se ha destacado con notable relieve
Alemania. Para mencionar solamente los últimos setenta años, ha
alquilado a los británicos, por dinero inglés, a sus lasquenetes para
que lucharan contra los norteamericanos que peleaban por su inde
pendencia. Y cuando estalló la primera Revolución francesa, fueron
de nuevo los alemanes quienes se dejaron azuzar como una jauría
rabiosa contra el pueblo de Francia, quienes en el brutal manifiesto
del duque de Braunschweig140 amenazaron con no dejar piedra
sobre piedra en París y quienes se conjuraron con los nobles emi
grados contra el nuevo orden instaurado en Francia, recibiendo a
cambio de ello la soldada de Inglaterra, a que se daba el nombre de
subsidio. Cuando los holandeses tuvieron la única idea razonable
que se les ocurrió durante los últimos doscientos años y decidieron
poner término a los desmanes de la Casa de Orange y convertir su
país en una República,141 volvieron los alemanes a actuar como ver
140 Duque de Braunschweig: comandante en jefe del ejército austriaco-prusiano que luchó
contra la Francia revolucionaria. El 25 de julio de 1792, lanzó un manifiesto en el que amenazaba
al pueblo francés con reducir a escombros la ciudad entera de París.
141 En 1785, los holandeses se sublevaron contra la dominación de la camarilla aristocrá-

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dugos de la libertad. También Suiza podría decirnos algo acerca de
la vecindad alemana, y Hungría tardará en reponerse de los daños
que le fueron inferidos por la dinastía germánica de Austria. Hasta
Grecia fueron enviadas las hordas mercenarias alemanas encarga
das de proteger el pequeño trono del amado Otto,142 e incluso Por
tugal ha conocido los manejos de los polizontes germanos. Y los
congresos que siguieron al año 1815; las expediciones de los austría
cos contra Nápoles, Turín y la Romaña; la prisión de Ypsilanti; la
guerra de opresión de Francia contra los españoles, impuesta por
Alemania,143 el apoyo dispensado por los alemanes a don Miguel144
y a don Carlos;145 la reacción armada de Inglaterra sostenida por
tropas hanoveranas; Bélgica, desmembrada y “termidorizada”
tica, agrupada en torno al gobernador de los Países Bajos, Guillermo de Orange. Este movi
miento, encabezado por la facción republicana de la burguesía, lo expulsó de ciis territorios,
a pesar de lo cual el poder de Guillermo de Orange fue restablecido en poco tiempo, en 1787,
con ayuda de las tropas prusianas.
142 En 1832, tras un acuerdo entre Inglaterra, Francia y Rusia, fue restaurado en el trono
de Grecia el príncipe Otto de Baviera, menor de edad y que llegó al país acompañado por
tropas bávaras. Reinó en Grecia hasta el año de 1862 con el nombre de Otto I.
143 Los Congresos de la Santa Alianza celebrados en Troppau y Laibach (1820 y 1821) y en
Verona (1822) aplicaron en sus acuerdos la política reaccionaria de Austria, Prusia y Rusia.
En el primero se proclamó oficialmente el principio de la intervención de las potencias de la
Santa Alianza en los asuntos internos de otros Estados. Basándose en lo acordado en él, cru
zaron la frontera, en febrero de 1821, 60 000 soldados austríacos, para restaurar en Nápoles
el orden absolutista derrocado por el pueblo. Del mismo modo fue aplastado el movimiento
nacional y liberal de Turín, que luchaba contra las tropas del rey Víctor Manuel de Cerdeña.
En 1831, estalló en Módena y en la Romaña (territorio del Estado pontificio) una insurrec
ción encabezada por los carbonarios; este levantamiento, dirigido contra el poder temporal,
del papa y la dominación extranjera de los austríacos y a favor de la unidad y la indepen
dencia de Italia, fue sofocado por las tropas austríacas y pontificias. El Congreso de Verona,
a instigación de Austria, acordó intervenir militarmente en España para aplastar el movi
miento popular y restaurar la monarquía absoluta de Fernando II. En cumplimiento de este
acuerdo, Francia invadió la península con 100 000 hombres (los “Cien mil hijos de San Luis”,
por alusión al rey Luis XVIII), derrocando al Gobierno liberal que había iniciado una serie
de reformas, implantando así un régimen de terror.
144 Durante la década de los veinte y los treinta del siglo xix, las potentes Austria, Prusia y
Rusia apoyaron dentro de Portugal al partido reaccionario-clerical encabezado por el infan
te don Miguel de Braganza, cuyo principio central era la defensa del absolutismo.
145 El pretendiente al trono español don Carlos fue el promotor de la guerra Civil carlista
y jefe del partido monárquico-clerical. En esta lucha contó con el apoyo de las potencias
Austria, Prusia y Rusia.

por la influencia alemana; alemanes que son en la entraña misma
de Rusia los puntales del grande y de los pequeños autócratas; toda
Europa inundada de Coburgos...
¡Polonia desfalcada y Cracovia acuchillada con ayuda de la solda
desca alemana!146 La Lombardía y Venecia esclavizadas y esquilma
das con la mediación del dinero y la sangre alemanes; los movimien
tos de liberación de toda Italia ahogados directa o indirectamente
con el apoyo de Alemania por las bayonetas, la horca, la cárcel y las
galeras. El registro de las culpas es demasiado largo, no sigamos ade
lante.
La culpa de las infamias perpetradas en otros países con ayuda
de Alemania no recae solamente sobre los gobiernos, sino que, en
buena parte, gravita también sobre los hombros del pueblo alemán.
A no ser por sus extravíos, por su servilismo, por su disposición
para prestarse a servir como tropa de lansquenetes, como “sumiso”
esbirro e instrumento de los señores “por la gracia de Dios”, el nom
bre alemán sería menos odiado, maldecido y despreciado en el
extranjero y los pueblos oprimidos por Alemania habrían alcanza
do desde hace ya mucho tiempo un estado normal de libre desarro
llo. Ahora, que los alemanes sacuden su propio yugo, tendrá que
cambiar también toda su política frente al extranjero si no quere
mos que nuestra incipiente libertad apenas vislumbrada, se vea
estrangulada bajo los grilletes que ponemos a otros pueblos. Ale
mania se liberará en la misma medida en que respete la libertad de
los pueblos vecinos.
Y la verdad es que, al cabo, las cosas van mejorando. Las menti
ras y tergiversaciones que tan afanosamente difundían contra Polo
nia e Italia los viejos órganos de gobierno, los intentos encamina
dos a incubar un odio artificial, aquellos grandilocuentes discursos
pronunciados para todas estas fórmulas mágicas, han perdido su
fuerza. El patriotismo oficial solo sigue rindiendo pingües ganan
cias allí donde el interés material alberga detrás de estos arabescos
Se hace referencia a la represión que produjo de parte de los ejércitos prusiano y aus
tríaco la insurrección polaca de 1846.

patrióticos, entre una parte de la gran burguesía, que todavía hace
buenos negocios con este patrioterismo. Esto lo sabe y con ello espe
cula el partido reaccionario. Pero la gran masa de la clase media
alemana y de la clase obrera sabe o siente que en la libertad de los
pueblos vecinos se halla la garantía de su propia libertad. ¿Acaso
siguen siendo populares o se hallan ya más bien desacreditadas las
últimas ilusiones acerca de cruzadas “patrióticas”, como la guerra
de Austria contra la independencia de Italia o la de Prusia contra
Polonia?
Pero ni esta conciencia ni este sentimiento son suficientes. Si la
sangre y el dinero de Alemania no han de seguir derrochándose
contra su propio interés en oprimir a otras nacionalidades, necesi
tamos conquistar un verdadero gobierno popular y desmontar has
ta en sus cimientos el viejo edificio. Solamente así la política san
grienta y cobarde del viejo sistema, ahora renovado, cederá el puesto
a la política internacional de la democracia. Mal puede pretenderse
actuar democráticamente hacia el exterior cuando se estrangula la
democracia dentro de casa.
Hay que hacer cuanto sea preciso para allanar el camino por
todos los medios al sistema democrático, del lado de acá y del lado
de allá de los Alpes. Los italianos no dejan de manifestar en sus
declaraciones los sentimientos amistosos que los animan respecto
a Alemania. Baste recordar aquí el manifiesto al pueblo alemán del
Gobierno provisional milanés147 y los múltiples artículos de la pren
sa alemana animados por el mismo espíritu. Tenemos ahora ante
nuestros ojos un nuevo testimonio de estos mismos sentimientos,
una carta particular dirigida a la redacción de la Nueva Gaceta
Renana por el comité de administración de un periódico que se
publica en Florencia con el título de L’Alba. La carta aparece fecha
da el 20 de junio y dice, entre otras cosas:
Se hace referencia a la proclama titulada “Il Governo provvisorio alla Naziones Ger
manica”, del 6 de abril de 1848, en que el Gobierno provisional de Milán, convertido en Repú
blica, expresaba sus solidarios vínculos fraternales con el pueblo alemán y llamaba a la lucha
común contra las fuerzas de la reacción.

... Os agradecemos muy cordialmente el respeto y la simpatía que demos
tráis hacia nuestra pobre Italia. Podemos aseguraros sinceramente que
todos los italianos saben muy bien quiénes son en realidad los que atentan contra su libertad y la combaten y que su enemigo más rabioso no es
tanto el poderoso y generoso pueblo alemán como el gobierno despótico,
injusto y cruel que lo avasalla. Os aseguramos que todo verdadero italia
no suspira por que llegue el momento en que pueda tender libremente su
mano al hermano alemán, el cual, una vez establecidos sus derechos
imprescriptibles, sabrá defenderlos y respetarlos, haciendo respetar tam
bién los suyos propios por parte de todos sus hermanos. Confiando siem
pre en los principios que os habéis propuesto como misión propalar celo
samente, quedamos muy cordialmente.
vuestros sinceros amigos y hermanos
(firm.) L. Alinari.
El Alba es uno de los pocos periódicos de Italia que mantiene
resueltamente los principios democráticos.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 33,3 de julio de 1848]