CO LO N IA, 3 0 DE JU N IO . L E E R LOS SIG U IE N T E S P A SA JE S TO M Ados del London Telegraph, comparar con ellos las chácharas
alemanas de la razón social Brüggemann-Dumont-Wolfers
acerca de la revolución de Junio en París y reconoceréis que la bur
guesía inglesa, aparte de muchas otras ventajas, le lleva por lo menos
una a los filisteos alemanes: la de enjuiciar los grandes aconteci
mientos desde el punto de vista burgués, por supuesto, pero hacién
dolo en realidad como hombres adultos y no como muchachos de la
calle.
Dice el Telegraph, en su número 122:
Se esperará de nosotros que nos pronunciemos acerca del origen y las
consecuencias de este espantoso derramamiento de sangre. D esde el p r i
m er m om ento se presenta ante nuestra vista como una batalla acabada entre
dos clases [¡Mi reino por un pensamiento así!, exclaman para sus aden
tros la augusta dama “de Colonia” y su “Wolfers”]. Es el levantamiento
de los obreros contra el gobierno creado por ellos mismos y contra la
clase que ahora lo sostiene. Decir cómo surgió el conflicto resulta menos
fácil que exponer sus causas permanentes y siempre actuales. La R evo lu
ción de Febrero la hicieron principalmente las clases trabajadoras, y éstas
no se recataban para manifestar que la habían hecho en su propio benefi
cio. No era tanto una revolución política como una revolución social. Las
masas de obreros descontentos no han venido al mundo dotadas de una

vez con todas las cualidades propias del soldado. Ni su miseria y su des
contento son tampoco pura y simplemente el futuro de los acontecimien
tos de los últimos cuatro meses. El lunes citábamos los datos tal vez exa
gerados, del señor Leroux, quien, sin que nadie le contradijera, afirmó en
la Asamblea Nacional que en Francia hay 8 millones de mendigos y 4
millones de trabajadores que no cuentan con un ingreso seguro. Se refe
ría expresamente al periodo anterior a la revolución y se quejaba, precisa
mente de que de entonces acá no se hubiese hecho nada para curar esta
pavorosa enfermedad. Las teorías del socialismo y el comunismo, que
habían madurado en Francia y que ahora ejercen allí tan poderosa influen
cia sobre la opinión pública, brotaron de la situación de opresión y mise
ria espantosa en que se hallaba la gran masa del pueblo bajo el gobierno
de Luis Felipe. Lo fundamental, lo que no debe perderse de vista, es la de
sesperada situación de la m asa; a q u í reside la causa real y viva de la revolu
ción. La Asamblea Nacional acordó en seguida arrebatar a los trabajado
res las ventajas que tan precipitadamente y con tanta ligereza les habían
concedido los políticos de la revolución. Se manifestaba claramente una
fu erte reacción en el terreno social e incluso en el político. Se intimaba al
poder, apoyado por una gran parte del país, a desprenderse de aquellos
hom bres a quien dicho p oder debía su existencia. Primero halagados y nutri
dos, luego divididos y amenazados de morir por hambre, enviados más
tarde a las provincias, donde todas sus posibilidades de trabajo habían
sido destruidas, y expuestos por último al plan de acabar con el poder ins
taurado por ellos, ¿puede nadie extrañarse de que los trabajadores se enfu
recieran? A nadie, en verdad, puede sorprenderle que consideraran nece
sario desencadenar una segunda revolución más eficaz que la primera.
Y sus perspectivas de éxito frente al poder armado del gobierno parecían,
ante la larga y sostenida resistencia anterior, más grandes de lo que la
mayoría de la gente se figuraba. De todo esto, del hecho de que no se
hubiera revelado entre el pueblo ningún dirigente político y de la circuns
tancia de que volvieran a presentarse ante las barreras de la ciudad los tra
bajadores expulsados de París se desprende que la insurrección fu e la con
secuencia de un descontento general entre las clases trabajadoras, y no la
obra de agitadores políticos. Los trabajadores están convencidos de que sus

intereses han sido traicionados por su propio gobierno. Y han echado mano
de las armas, lo m ism o qu e en Febrero, para luchar contra la espantosa
m iseria de que son víctimas desde hace ya tanto tiempo.
La lucha actual no es más que la continuación de la revolución de Febre
ro. Una continuación de la lucha que en toda Europa se libra en torno a una
distribución m ás justa del producto anu al del trabajo. Esta lucha tal vez lle
gue a ser dominada en París, donde el poder que la nueva autoridad here
dó de la antigua tiene evidentemente la supremacía. Pero p o r m ucho que
se logre dom inar, esta lucha se reprodu cirá una y otra vez hasta que el
gobierno implante una distribución más justa del producto anual del tra
bajo o, viéndose en la imposibilidad de hacerlo, desista de todos estos
intentos y entregue la decisión a la libre competencia en el mercado...
La verdadera batalla se libra p o r obtener los m edios de sustento necesarios.
La misma clase media ha sido despojada de sus medios de existencia por
los políticos que han asumido el mando de la revolución. La clase m edia
se ha vuelto más bárbara que los trabajadores. En ambos lados se han infla
mado hasta conducir a actos funestos las más enconadas pasiones. Éstas
dan de lado a todo lo que sea fratern idad, para entregarse a batallas hom ici
das. El gobierno, ignorante y malvado, que ante una crisis tan extraordi
naria como ésta no parece tener el menor concepto de su deber, en prin
cipio azuza a los obreros contra la clase media y se vale ahora de ésta para
exterm inar a los obreros engañados, defraudados y encolerizados. Pero la
reprobación que estos grandes males merecen no debe afectar a la revolu
ción, a la decisión de luchar contra la opresión y la m iseria. Debe ir dirigi
da, más bien, contra quienes, llevados de su ignorancia política, empeo
ran todavía más las deplorables condiciones heredadas de Luis Felipe.
Así escribe, acerca de la revolución de Junio, un periódico bur
gués de Londres, periódico que defiende los principios de Cobden,
Bright, etc. y que es, después del Times125 y del Northern Star,126 los
125 The Times: el diario londinense más importante, de tendencia conservadora; fue fun
dado en Londres en 1785 bajo el título de Daily Universal Register. En 1788, cambió de nom
bre por el de The Times.
126 The Northern Star: semanario inglés, órgano permanente de los carlistas ingleses; fue

dos déspotas de la prensa inglesa, como los llama el Manchester
Guardian}27 el periódico más leído de Inglaterra.
Comparemos con esto lo que dice el núm. 181 de la Gaceta de
Colonia.128 Este extraño periódico convierte la lucha entre dos clases
en la lucha entre la gente honesta y los bribones. ¡Bravo periódico!
Como si estos epítetos no se los lanzasen a la cabeza, la una a la
otra, esas clases mismas. Es el mismo periódico que al principio,
cuando llegó el rumor de la insurrección de Junio, confesó su total
ignorancia acerca del carácter del movimiento, que luego hubo de
hacer que le escribieran desde París que se trataba de una importan
te revolución social cuyo alcance no podía circunscribirse a una sola
derrota y que, por último, volviendo a cobrar ánimos ante una
derrota de los obreros, sólo acierta a ver en la insurrección la lucha
de la inmensa mayoría contra una horda salvaje de caníbales, ladro
nes y asesinos.
¿Qué fue la guerra de los esclavos romanos? ¡Una guerra entre
la gente honesta y los caníbales! ¡El señor Wolfers se dedicará a escri
bir la historia de Roma y el señor Dumont-Brüggemann ilustrará a
los trabajadores, a estos “desdichados”, acerca de “sus verdaderos
derechos y deberes, los iniciará en la ciencia que conduce al orden
y forma al verdadero ciudadano!”
¡Viva la ciencia Dumont-Brüggemann-Wolfers, la ciencia secreta!
He aquí un ejemplo de esta ciencia infusa: nuestro honorable triun
virato cuenta a sus crédulos lectores a lo largo de dos números que
el general Cavaignac trata de minar el barrio de Saint Antoine. Da la
casualidad de que éste es un poco más grande que la buena ciudad
de Colonia. Pero el triunvirato científico, que recomendamos a la
Asamblea Nacional alemana para poder dominar el conocimiento
publicado de 1837 a 1852, en un principio en Leeds y, desde 1844, en la ciudad de Londres. Su
fundador y director inicial fue Feargus Edward O’Connor. Durante la década de los cuaren
ta, Geoge Julian Harney se hizo cargo de la dirección del semanario, donde Marx y Engels
colaboraron por esos mismos años.
127 The Manchester Guardian: diario inglés de tendencia burguesa, órgano de los libre
cambistas y más tarde del partido liberal; fue fundado en la ciudad de Manchester en 1821.
128 Véase supra, nota 43.

de Alemania, el triunvirato Dumont-Brüggemann-Wolfers, triunfa
sobre esta dificultad y se las arregla para hacer saltar la ciudad de
Colonia con una sola mina. A sus ideas acerca de la mina capaz
de hacer volar el barrio de Saint Antoine corresponde la idea que
ese triunvirato tiene de las potencias subterráneas que minan la
moderna sociedad, que hicieron temblar al París de Junio y que
vomitaban lava por el cráter de la revolución.
¡Oh, bendito triunvirato! ¡Oh, gran Dumont-Brüggemann-Wol
fers, del mundo de las grandezas proclamadas por los anuncian
tes! ¡Oh, anunciantes de Cavaignac! Hemos inclinado humilde
mente nuestras cabezas ante la más grande crisis histórica que
jamás haya estallado, ante la lucha de clases de la burguesía y el pro
letariado. Nosotros no hemos inventado el hecho, nos limitamos a
registrarlo. Hemos tomado nota de que una de las clases es la ven
cida,, como dice el propio Cavaignac. Y sobre la tumba de los ven
cidos hemos gritado “ ¡Ay de los vencidos!”, y el propio Cavaignac
retrocede temeroso ante su responsabilidad histórica. Y la Asam
blea Nacional acusa de cobardía a todos y cada uno de sus miem
bros que nos se atreven a asumir abiertamente una responsabili
dad histórica tan temible. ¿Hemos abierto a los alemanes el libro
de la Sibila para que lo quemen? Cuando relatamos las luchas de
los cartistas129 y la burguesía inglesa, ¿exigimos de los alemanes
que se vuelvan ingleses?
¡Pero tú, Alemania, ingrata Alemania, conoces sin duda la
Gaceta de Colonia, sus anuncios, pero no conoces a tus más gran
des hombres, no conoces a tus Wolfers, tus Brüggemanns, tus
Dumonts! ¡Cuánto sudor cerebral, cuánto sudor de la frente, cuán
to sudor de sangre se ha derramado en la lucha de clases, en las
luchas de libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores feudales y
siervos, capitalistas y obreros! Pero sólo porque no existía una
“Gaceta de Colonia” Pues, ¡oh valientísimo triunvirato!, si la socie
dad moderna ha engendrado “fascinerosos” “caníbales” “asesinos”
129 yéase supra, nota 49.

i»
y “saqueadores” en tal cantidad y dotados de tanta energía, que al
levantarse hacen temblar los fundamentos de la sociedad oficial,
¿qué sociedad es ésta? ¿Qué anarquía es ésta, clasificada por orden
alfabético? ¿Y crees que has superado la escisión, crees que has ele
vado a un plano superior a los coactores y a los espectadores del
pavoroso drama, al rebajarlos al plano de una tragedia de criados
de Kotzebue?130
Entre los guardias nacionales de los barrios de Saint Antoine,
Saint facques y Saint Marceau ¡solamente cincuenta se prestaron a
responder a los sones de la trompeta: así nos dice el Moniteur de
París, el órgano del Estado, el periódico de Luis XVI, de Robespierre,
Luis Felipe y Marrast-Cavaignacl ¡Nada más sencillo para la ciencia
que “formar” al hombre como verdadero ciudadano! ¡Se nos quiere
hacer creer que los tres barrios más grandes de París, los tres barrios
más industriales, cuyos modelos hacen palidecer la muselina de
Dacca y el terciopelo de Spitalfields, son madrigueras de “caníbales”,
“saqueadores”, “bandoleros” y “malhechores” ! Así nos lo asegura
Wolfers.
¡Y Wolfers es un hombre honorable!131 Rinde un gran homena
je a los bribones, haciéndolos artífices de más grandes batallas y
obras de arte, de hazañas más heroicas que todas las realizadas por
Carlos X, Luis Felipe, Napoleón y los tejedores de Dacca y Spital
fields.
Hablábamos más arriba del London Telegraph. Ayer escuchaban
nuestros lectores a Entile Girardin. La clase obrera, nos decía, des
pués de dar un plazo de un mes a su deudor declarado en quiebra,
la revolución de Febrero, golpeó, como acreedor exigente, con el
mosquete, con la barricada y con el propio cuerpo en las puertas
de la casa de su deudor. ¡Emile Girardin! ¿Y quién es este señor? No
130 El alemán Kotzebue escribió centenares de obras dramáticas realmente mediocres.
Los personajes principales de sus comedias, por lo demás exageradamente sentimentales,
solían ser criados y servidores domésticos, jardineros, damas de compañía, etc. Su obra más
conocida se titula Odio y arrepentimiento, publicada en 1789.
131 Variante de una frase tomada de la obra Julio César, de William Shakespeare, Acto Ter
cero, escena II: “ ... y Bruto es un hombre honorable”

es, ¡Dios nos libre!, ¡ningún anarquista! Pero es un republicano del
día siguiente, un republicano de mañana (républicain du lendemain),
y la Gaceta de Colonia, un Wolf ers, un Dumont, un Brüggemann,
todos, son republicanos de anteayer, republicanos de antes de la repú
blica, republicanos de la víspera (républicains de la vieille). ¿Puede
un Emile Girardin comparecer en el estrado de los testigos al lado
de un Dumont? Si la dama de Colonia añade a las deportaciones y a
las penas de horca el gozo maligno de deportar y de ahorcar, ¡admi
remos su patriotismo! Sólo trata de demostrar al mundo, a un mun
do incrédulo y ciego como un poste, al mundo alemán, que la repú
blica es más poderosa que la monarquía, que la república, con
Cavaignac y Marrast, ha podido lo que la Cámara de Diputados
constitucional no pudo con Thiers y Bugeaud. “ ¡Vive la répu
blique!” “ ¡Viva la república!”, grita la dama espartana, la dama de
Colonia, a la vista del París que desangra, que gime y arde. ¡Oh, la
criptorrepublicana! ¡Eso pasa por ser cobarde y pusilánime a los
ojos de un Gervinus y de una augsburguesal132 ¡La intachable! ¡La
Charlotte Corday de Colonia!
Fijaos bien en que ningún periódico parisino ni el Moniteur, el
Débats,133 134 ni el National134 nos hablan de caníbales, de saqueadores,
de bandoleros ni de asesinos. Sólo un periódico, el periódico de
Thiers, el hombre cuya inmoralidad fustigaba Jacobus Venedey en la
Gaceta de Colonia, es a quien esta dama le gritaba a voz en cuello:
'
No, no lo tendréis,
no tendréis el libre Rin alemán,135
132 Se hace referencia, a la Allgemeine Zeitung, diario aparecido desde 1798; de 1810 a 1882
fue publicada en la ciudad de Augsburgo.
133 Journal des Débats Politiques et Littéraires: diario francés fundado en París en 1789.
Bajo la monarquía de Julio fungió como el periódico gobiernista y como órgano de la bur
guesía orleanista. En 1848, durante los movimientos insurreccionales, sostuvo las ideas bur
guesas partidarias del orden y la reacción.
134 Véase supra, nota 117.
135 Tomado del poema patriótico “El Rin alemán”, del cual era autor Nicolaus Becker; al
ponérsele música, pronto se hizo la canción más popular entre los chovinistas alemanes.

es la hoja de Thiers, el Constitutionnel,136 en el que se inspiran el
Indépendance137 belga y la ciencia renana, personificada por
Dumont-Brüggemann-Wolfers.
Examinad ahora con cierto espíritu crítico esas anécdotas escan
dalosas con que escarnece a los caídos la Gaceta de Colonia, el mis
mo periódico que, al estallar la lucha, declaraba ignorar totalmente
su carácter, que durante la lucha manifestaba que estábamos ante
una importante revolución social y que ahora, después del combate,
nos dice que se trata de un refriega entre gendarmes y bribones.
¡Se nos dice que han saqueado! Pero, ¿qué han saqueado? Han
saqueado armas, municiones, vendajes y los alimentos más indispen
sables. Y estos bribones escribían en los escaparates de las tiendas:
Mort aux Voleurs! ¡Muerte a los bribones!
¡Se nos dice que han asesinado como caníbales! Pero estos caní
bales no permitían que los guardias nacionales, que se acercaban a
las barricadas detrás de las tropas de línea, hundiesen el cráneo a sus
heridos, que abatiesen a tiros a sus hombres vencidos, que apuñala
sen a sus mujeres. Eran caníbales que en una guerra de exterminio,
como la llama un periódico francés de la burguesía, ¡exterminaban!
¡Se nos dice que han incendiado! Pero la única tea encendida que
en el 8o distrito lanzaron en contra de los legítimos cohetes incen
diarios de Cavaignac, era solamente, como acredita el Moniteur, una
tea poética, una tea imaginaria.
Los unos —dice Wolfers— mantenían en alto el programa de Barbes,
Blanqui y Sobrier; los otros resucitaban a Napoleón o a Enrique V.
Y la casta virgen de Colonia, que no se deja embarazar ni por
los napoleónicos ni por los Blanquis, declaraba ya al segundo día
136 Le Constitutionnel: diario francés de tendencia burguesa, publicado entre 1815 y 1870.
Durante la década de los cuarenta, fue el órgano del ala moderada de los orleanistas; duran
te el periodo de los movimientos de 1848, mantuvo las ideas de la burguesía realista contra
rrevolucionaria, agrupada en torno a Thiers. Después del golpe de Estado bonapartista, el 2
de diciembre de 1851, se convirtió en un órgano oficial.
137 Véase supra, nota 98.

de la insurrección que se luchaba “en nombre de la República Roja”
¡A que nos habla, pues, acerca de pretendientes a la Coronal Lo que
ocurre es, como ya hemos dicho, que ella es una criptorrepublicana
empedernida y un Robespierre con faldas, que husmea pretendien
tes por todas partes y siente sublevarse su moral contra ellos.
Casi todos estaban provistos de dinero y algunos de sumas conside
rables.
Serían entre 30 000 y 40 000 obreros ¡y “casi todos estaban pro
vistos de dinero”, en estos tiempos de penuria y paralización de los
negocios! ¡El dinero probablemente escaseaba, porque lo habían
escondido los obreros!
El Moniteur ha publicado una lista muy concienzuda de todos
los casos en que se les encontró dinero a los insurrectos. Estos casos
no pasan, cuando más, de veinte. Los distintos periódicos y corres
ponsales repiten estos casos y citan sumas muy distintas cada cual
a su gusto. La Gaceta de Colonia, cuyo tacto crítico es proverbial,
considerando estos veinte relatos de veinte casos como otros tantos
casos distintos y añadiendo a ellos los que circulan como rumores,
puede llegar cuando mucho a un total de 200. Pero ello la autoriza
a afirmar que ¡casi todos, entre 30 000 y 40 000, estaban provistos
de dinero! Lo único que hasta ahora se ha comprobado es que se
habían mezclado o tratado de mezclarse entre los combatientes de
las barricadas agentes bonapartistas, legitimistas y también, tal vez,
felipistas, provistos de dinero. El señor Payer, un miembro altamen
te conservador de la Asamblea Nacional a quien los insurrectos
tuvieron doce horas detenido, declara que “la mayoría de ellos eran
obreros llevados a la desesperación por cuatro meses de miseria” y
que le habían dicho: “¡Vale más morir de un balazo que morir de
hambre!”
Muchos, muchísimos muertos, asegura Wolfers, ostentaban el infamante
signo con que la sociedad marca a los criminales.

i8o
Es ésta una de las más viles mentiras, de las calumnias repug
nantes, de las infamias que han clavado en la picota Lamennais, ene
migo de los insurrectos, en su Peuple Constituant138 y el siempre
caballeroso Larochejaquelain, el legitimista, en la Asamblea Nacio
nal.138 139 Esta mentira descansa toda ella en la afirmación de una ofi
cina de prensa, no confirmada por el Moniteur, de que se encontra
ron once cadáveres marcados con las letras T. F.a ¿En qué revolución
no se han encontrado estos once cadáveres? ¿Y qué revolución no
estampará esta marca de infamia a once multiplicados por cien?
No perdamos de vista que los periódicos, las proclamas, las ilu
minaciones de los vencedores atestiguan que han torturado a sus
enemigos por el hambre, los han empujado a la desesperación, los
han escupido, fusilado, emparedado vivos y escarnecido sus cadá
veres. Y luego, las anécdotas contra los vencidos, relatadas por un
solo periódico, el Constitutionnel, reproducidas por el Indépendance y traducidas al alemán por la Gaceta de Colonia. No hay mayor
agravio contra la verdad, ha dicho Hegel, que el querer probarla
por medio de una anécdota.
Sentadas a la puerta de sus casas de París, las mujeres hacen ven
das para los heridos, incluso para los insurrectos heridos. Los redac
tores de la Gaceta de Colonia vierten en sus heridas ácido corrosivo.
Nos denuncian a nosotros a la policía. Nosotros, en cambio,
aconsejamos a los obreros, a estos “desventurados”, que se dejen
“ilustrar acerca de sus verdaderos derechos y deberes”, que se de
jen “iniciar en la ciencia que conduce al orden y forma al verdadero
ciudadano”, en la escuela de ese inmortal triunvirato formado por
Dumont-Brüggemann-Wolfers.
[Nene Rheinische Zeitung, núm. 31,1 de julio de 1848]
138 Le Peuple Constituant: diario francés de tendencia burguesa republicana. Fue publica
do en París de febrero a julio de 1848. Fue dirigido por Lamennais.
139 Véase supra, nota 104.
a Travaux forcés, trabajos forzados, con que se identificaba a los presidiarios.