París pasó la noche bajo la ocupación militar. Fuertes destacamen
tos de tropa se hallaban en las plazas y los bulevares.
A las cuatro de la mañana tocaron diana las trompetas. Un ofi
cial y varios infantes de la Guardia Nacional recorrían las casas,
sacando de ellas a los hombres de su compañía que no se habían
presentado voluntariamente.
Hacia la misma hora comenzaron a tronar los cañones. El caño
neo más violento se escuchaba en la zona del puente de Saint Michel,
punto de contacto de los insurrectos de la orilla izquierda y los de la
Cité. El general Cavaignac, nombrado dictador hoy en la mañana,
arde en deseos de ejercer su nuevo cargo contra la revuelta.
Ayer sólo se había empleado la artillería en casos excepcionales;
casi todo el fuego era de fusilería; hoy, en cambio, en todas partes
ha entrado en acción la artillería no sólo contra las barricadas sino
también contra los edificios, disparando cartuchos, balas de cañón,
e incluso granadas y cohetes incendiarios.
En la parte alta del Faubourg Saint Denis comenzó por la maña
na un violento combate. Los insurrectos habían ocupado en las cer
canías del ferrocarril del Norte una casa en construcción y varias
barricadas. La primera legión de la Guardia Nacional se lanzó al
ataque, pero sin conseguir ventaja alguna. Agotó sus municiones y
tuvo alrededor de cincuenta muertos y heridos. Apenas pudo soste
ner su posición hasta que (hacia las diez de la mañana) avanzó la
artillería, que barrió a cañonazos la casa en construcción y las barri
cadas. Las tropas volvieron a ocupar la vía del ferrocarril. Sin embar
go, la lucha en toda esta zona (llamada Clos Saint Lazare)a duró toda
vía largo tiempo y se mantuvo con gran furia. “Es una verdadera
carnicería”, escribe el corresponsal de un periódico belga.98 Delante
de las barreras de Rochechouart y Poissonnière se construyeron
a Véase infra, p. 150.
98 Se trata del diario VIndépendance Belge, de tendencia burguesa y que se publicaba en

Í*
fuertes barricadas; y volvió a levantarse el parapeto de la avenida
Lafayette, que sólo en el transcurso de la tarde cedió al cañoneo.
También en las calles de Saint Martin, Rambuteau y Grand
Chantier fue necesario recurrir a la artillería para abatir las barri
cadas.
El Café Cuisinier, frente al puente de Saint Michel, ha sido
demolido por las balas de cañón.
Pero el combate principal se libró hacia las tres de la tarde en el
muelle de las Flores, donde el famoso almacén de ropa llamado
“A la Belle Jardiniere” había sido ocupado por 600 insurrectos y
convertido en una fortaleza. El edificio fue asaltado por la artillería
y la infantería de línea. Una esquina del edificio fue demolida por
las granadas. Cavaignac, que dirigía personalmente las operaciones
en este lugar, intimó a los insurrectos a rendirse, amenazándolos
con pasarlos a todos a cuchillo, si no lo hacían. Los insurrectos
rechazaron la intimación. Se reanudó el cañoneo, disparándose por
último cohetes incendiarios y granadas. El edificio quedó totalmen
te destruido y entre los escombros se encontraron los cadáveres de
ochenta insurrectos.
También en el Faubourg Saint Jacques y en el barrio del Pan
teón se habían parapetado los obreros en todas las direcciones. Fue
necesario asediar y tomar por asalto casa por casa, como en Zara
goza." Pero los esfuerzos del dictador Cavaignac para apoderarse
de estos edificios resultaron tan infructuosos, que el bestial solda
dote de Argel declaró que les pegaría fuego si sus ocupantes no se
rendían.
En la Cité, las muchachas disparaban desde las ventanas contra
los soldados y la Guardia Nacional. También aquí fue necesario
emplazar los obuses, para poder obtener algún resultado.
El 11o batallón de la Guardia Móvil, dispuesto a pelear al lado
la ciudad de Bruselas. En la época de los años cuarenta del siglo pasado fue el órgano de los
liberales belgas.
Se hace referencia a la heroica defensa de la ciudad española de Zaragoza contra el ase
dio de las tropas napoleónicas.

de los insurrectos, fue ametrallado por las tropas y por la Guardia
Nacional. Por lo menos, así nos lo han relatado.
Hacia mediodía, la insurrección iba logrando resueltamente
ventajas. Estaban en sus manos todas las barricadas exteriores, los
suburbios de Les Batignolles, Montmartre, La Chapelle y la Villette,
en una palabra, todo el cinturón exterior de París, desde Batignolles
hasta el Sena y más de la mitad de la orilla izquierda del río. Los
insurrectos se habían apoderado en esta zona de trece cañones, que
no llegaron a emplear. Por el centro, penetraron en la Cité y en la
parte baja de la calle de Saint Martin hasta el Ayuntamiento, don
de se hallaban apostados grandes contingentes de tropa. Sin embar
go, según declaró Bastide en la Cámara, en una hora más el Ayun
tamiento podría ser tomado por los insurrectos, y, en medio del
aturdimiento causado por esta noticia, se proclamaron la dictadura
y el estado de sitio.100 Apenas investido de plenos poderes, Cavaignac recurrió a las medidas más brutales y más extremas, como
jamás hasta ahora se habían puesto en práctica en un Estado civili
zado y como el propio Radetzky titubeó en emplear en Milán. El
pueblo volvió a demostrar una vez más su magnanimidad. Si hubie
se respondido a los cohetes incendiarios y a los obuses con la que
ma de edificios, no cabe duda de que aquella noche habría resulta
do vencedor. Pero no quiso recurrir a las mismas armas que sus
adversarios.
La munición de los insurrectos era casi exclusivamente el algo
dón-pólvora, que se fabricaba en grandes cantidades en el Faubourg
Saint Jacques y en el Marais. En la plaza Maubert se instaló una fun
dición de balas.
El gobierno recibía constantemente refuerzos. Toda la noche
estuvieron llegando tropas a París: la Guardia Nacional de Pontoise,
Rouen, Meulan, Nantes, Amiens y el Havre; llegaron tropas de Orleáns y artillería e infantería enviadas de Arras y Douai; de Orleáns
enviaron un regimiento. El 24 por la mañana se recibieron en la ciuMedida tomada durante la sesión de la Asamblea Nacional francesa, celebrada el 24
de junio de 1848.

dad 500 000 cartuchos y 12 cañones. Hay que señalar que los obreros
ferroviarios de la línea del Norte habían levantado los rieles entre
París y Saint Denis para impedir la llegada de más refuerzos.
Todas estas fuerzas reunidas y esta inaudita brutalidad lograron
rechazar a los insurrectos en la tarde del día 24.
El hecho de que no sólo Cavaignac sino también la Guardia
Nacional quisiera pegar fuego a todo el barrio del Panteón revela
con cuánta furia se batía la Guardia Nacional, convencida de que
estaba luchando por su propia existencia.
Como puntos de concentración de las tropas atacantes se habían
señalado tres lugares: la Puerta Saint Denis, donde ostentaba el
mando el general Lamoriciére, el Ayuntamiento, en el que se halla
ba emplazado el general Duvivier, con 14 batallones, y la plaza de la
Sorbona, desde la que el general Damesme dirigía el combate con
tra el Faubourg Saint Jacques.
Hacia el mediodía se tomaron las entradas a la plaza Maubert y
se cercó la plaza. Ésta cayó hacia la una; ¡en el combate hubo cin
cuenta bajas de la Guardia Móvil! Hacia la misma hora y tras un
violento y sostenido cañoneo, fue tomado o, mejor dicho, entrega
do el Panteón. Los mil quinientos insurgentes allí parapetados
hubieron de capitular, probablemente ante la amenaza del señor
Cavaignac y de los burgueses, espumeantes de rabia, de pegar fue
go a todo el barrio.
Al mismo tiempo, los “defensores del orden” fueron avanzando
por los bulevares, tomando las barricadas de las calles adyacentes. En
la calle del Temple, los obreros fueron rechazados hasta la esquina
de la calle de la Corderie; en la calle Boucherat seguía peleándose, y
también al otro lado del bulevar, en el Faubourg del Temple. En la
calle de Saint Martin se escuchaban todavía disparos aislados de fusil;
en la punta de Saint Eustache se sostenía aún una barricada.
Hacia las siete de la noche, le fueron asignados al general Lamo
riciére dos batallones de la Guardia Nacional de Amiens, que desti
nó inmediatamente a cercar las barricadas levantadas detrás del
Château d’Eau. Para aquel entonces, ya el Faubourg Saint Denis se

hallaba libre y tranquilo, lo mismo que casi toda la orilla izquierda,
del Sena. Los insurrectos habían quedado cercados en una parte del
Marais y en el Faubourg Saint Antoine. Pero estos dos barrios se
hallan separados por el bulevar Baumarchais y el canal de Saint
Martin situado a sus espaldas, y este camino quedaba libre para la
tropa.
El general Damesme, comandante de la Guardia Móvil, fue heri
do de bala en un muslo, cerca de la barricada de la calle de l’Estrapade. La herida no es peligrosa. Tampoco los representantes Bixio
y Dornés han sido heridos de gravedad, como en un principio se
creyó.
La herida del general Bedeau es también leve.
Hacia las nueve casi habían sido tomados por asalto el Faubourg
Saint Jacques y el Faubourg Saint Marceau. La lucha había sido
extraordinariamente violenta. El mando de este sector estaba ahora
a cargo del general Bréa.
El general Duvivier, en el sector del Ayuntamiento, había tenido
poco éxito. Sin embargo, también aquí habían sido rechazados los
insurrectos.
El general Lamoriciére logró tomar, tras enconada resistencia,
los faubourgs Poissoniére, Saint Denis y Saint Martin, hasta las
barreras. Los obreros se sostenían todavía en el Clos Saint Lazare y
habían logrado atrincherarse en el Hospital Louis-Phillippe.
Esta misma noticia fue comunicada hacia las diez de la noche
por el presidenteb de la Asamblea Nacional. Pero hubo de desmen
tirse a sí mismo varias veces. Reconoció que en el Faubourg Saint
Martin persistía un intenso tiroteo.101
El estado en que se hallaban las cosas en la noche del día 24 era,
en resumen, el siguiente:
Los insurrectos defendían todavía la mitad del terreno que te
nían en su poder en la mañana del 23. Formaban esta zona la parte
este de París, los faubourgs de Saint Antoine, del Temple, de Saint
b Antoine-Marie-Jules Senard.
101 Véase supra, nota anterior.

Martin y el Marais. Sus puestos avanzados eran el Clos Saint Laza
re y algunas barricadas cercanas al Jardín Botánico.
El resto de París se hallaba en manos del gobierno.
Lo que más llama la atención en esta desesperada lucha, es la
furia con que pelean los “defensores del orden”. Estos burgueses,
que antes mostraban unos nervios tan delicados por cada gota de
“sangre burguesa” vertida y que el 24 de febrero se habían dejado
llevar de arrebatos sentimentales ante la muerte de los miembros
de la Guardia Municipal,102 abatían ahora a los obreros como a bes
tias salvajes. No salía de las filas de la Guardia Nacional ni de los
bancos de la Asamblea Nacional una sola palabra de compasión o
de reconciliación, ni un solo rasgo de sentimentalismo sino, por el
contrario, las explosiones violentas de un odio feroz y una fría rabia
en contra de los obreros sublevados. La burguesía, con clara con
ciencia de lo que se ventila, libra en contra de ellos una guerra a
muerte. Ya triunfe momentáneamente, ya sucumba, los obreros se
vengarán de ella de un modo espantoso. Después de una lucha
como la de las tres jornadas de junio, sólo cabe esperar una oleada
de terror ejercido por una u otra de las partes.
Citaremos, para terminar, algunos párrafos de la carta de un
capitán de la Guardia Republicana acerca de los acontecimientos
del 23 y el 24:
Os escribo entre el tiroteo de los mosquetes y el tronar de los cañones.
Hacia las 2, tomamos tres barricadas levantadas al extremo del puente de
Nótre-Dame; después, avanzamos hasta la calle de Saint Martin y la cor
tamos a todo lo largo. Al llegar al bulevar, vimos que estaba abandonado
y desierto, como si fuesen las 2 de la mañana. Subimos por el faubourg
del Temple; antes de llegar al cuartel, hicimos alto. Doscientos pasos
más allá se levantaba una formidable barricada, protegida por algunas
otras y defendida por unos 2 000 hombres. Parlamentamos con ellos
Guardia Municipal de París: fuerza militar creada después de la revolución de lulio
(1830), bajo el mando del prefecto de Policía de la ciudad de París. Fue disuelta después de la
revolución de Febrero.

por espacio de dos horas. Inútilmente. Por fin, hacia las 6, avanzó la
artillería; los insurrectos fueron los primeros en abrir fuego.
Los cañones repelieron el fuego y hasta las 9 saltaron los cristales
y las tejas bajo las explosiones de la artillería; es un cañoneo espanto
so. Corre a raudales la sangre, al tiempo que se descarga una pavorosa
tormenta. Hasta donde alcanza la vista, el pavimento se halla enroje
cido por la sangre. Mi gente cae bajo las balas de los insurrectos; se
defienden como leones. Veinte veces nos lanzamos al asalto y otras
tantas somos rechazados. El número de muertos es enorme y el de
heridos mayor todavía. Hacia las 9 conseguimos tomar la barricada
en un asalto a bayoneta. Hoy (día 24 de junio) hacia las 3 de la maña
na, estamos todavía de pie. El cañón truena incesantemente. El centro
es el Panteón. Me encuentro en el cuartel. Vigilamos a los p risio n ero s
que son conducidos a cada momento. Hay entre ellos muchos heri
dos. A algu n os se les fu s ila in m ed ia ta m en te. De ciento doce hombres
que mandaba, he perdido cincuenta y tres.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 28, 28 de junio de 1848]