* Colonia, 24 de junio, 10 de la noche. Las cartas de París del 23 no han llegado.
Núm. 25, 25 de junio de 1848.
Neue Rheinische Zeitung.
Un correo que ha pasado por aquí cuenta que, a su partida de París, había estallado la lucha entre el pueblo y la Guardia Nacional, y que a cierta distancia de París había oído un fuerte cañoneo.

El motivo inmediato de una nueva insurrección lo ofrecen las medidas adoptadas para la supresión de los Talleres Nacionales, — censo de los obreros, expulsión de los no nacidos en París a sus lugares de origen o transporte a la Sologne para emplearlos en las obras del canal, introducción del trabajo a destajo en los talleres aún existentes, etc. — la ley sobre el restablecimiento de las cauciones para los periódicos, ataques directos (véase nuestra hoja de hoy, París, fecha 22 de junio) a la prensa popular, debates en la Asamblea Nacional que recuerdan a la Cámara de los Pares bajo Louis Philippe, como también Montalembert, el noble caballero, repitió en la sesión del 22, con algunas frases cambiadas, el discurso que poco antes de la revolución de febrero pronunció en interés de la bolsa, la ley contra las reuniones, etc.

Un giro más favorable de la lucha para el pueblo podría haber sido provocado por el decreto publicado el 20 de junio, que suscitó gran descontento en las filas de la Guardia Móvil. Según esta ley, los puestos de oficial superior ya no se proveen por elección general, como en la Guardia Nacional sedentaria; antes bien, según la misma, la Guardia Móvil es comandada por 4 coroneles destacados del ejército, que tienen enteramente la relación de un coronel del ejército permanente «frente a su regimiento». En ello se encerraba manifiestamente el intento de falsear la institución de la Guardia Móvil e incorporarla paulatinamente a las filas de las tropas «esencialmente obedientes» según el proyecto de constitución de Barrot – Dupin – Marrast.

Insertamos a continuación el informe del Journal des Débats sobre los disturbios ocurridos el 22 de junio.

«Esta mañana se presentó un grupo de unos 400 obreros en el Luxembourg y exigió hablar con la Comisión Ejecutiva. Como Marie declaró que recibiría a una comisión, cinco de los obreros se dirigieron a él. Cuando el jefe de éstos quiso arengarlo, Marie se negó a escucharlo, bajo el pretexto de que no podía reconocerlo como órgano de los obreros, por haber tomado parte en las bandas que asaltaron la Asamblea Nacional el 25 de mayo. Luego, volviéndose hacia los otros 4 obreros, dícese que les dijo: No sois los esclavos de ese hombre; vosotros mismos podéis exponer vuestras quejas.

Después de haber escuchado atentamente sus quejas, Marie trató de persuadirles de que no se dejaran extraviar por alborotadores que intentaban incitarlos a la rebelión contra el gobierno y la sociedad. Por lo demás, los tranquilizó completamente sobre las intenciones del gobierno, que se ocupaba con celo e interés de su suerte. Parece que los delegados no dieron a los obreros que se hallaban en la plaza de Saint-Sulpice un informe exacto de su entrevista con Marie, sino que desfiguraron sus palabras, diciéndoles que los había llamado esclavos. Los obreros prorrumpieron en gritos de: ¡Abajo Marie! ¡Abajo la Comisión Ejecutiva! ¡Abajo la Asamblea Nacional! Algunos de ellos se precipitaron a la torre de la iglesia de Saint-Sulpice, probablemente con la intención de tocar a rebato, pero se tuvo tiempo de cerrar las puertas de la escalera, que no lograron echar abajo. De aquí se dirigieron hacia los muelles por las calles Vieux-Colombier, Saint-Dominique y Bac. Siguiendo la melodía del conocido grito de: ‘¡Iluminad, iluminad!’, gritaron durante su marcha: ‘¡Nos quedaremos aquí, nos quedaremos!’

Esta columna recorrió los faubourgs Saint-Antoine, Saint-Marceau y otros varios barrios. Aumentó durante la marcha con algunos centenares de holgazanes. Por la tarde estacionaron en la plaza de la Bastilla y en la barrera del Trono. Los comisarios de policía recibieron la orden de trasladarse al lugar de las reuniones para disolverlas.

¡Viva Napoleón! ¡Viva el Emperador! ¡Abajo Marie! ¡Nos quedaremos aquí! Tales fueron los únicos gritos de los individuos que tomaron parte en esta manifestación. El gobierno, temiendo que los alborotadores intentaran lanzarse sobre el palacio de la Asamblea Nacional, hizo venir un batallón de infantería y dos escuadrones de dragones, que tomaron posiciones ante la Asamblea Nacional. El general Nègrier asumió inmediatamente el mando supremo de todas estas tropas destinadas a mantener la seguridad de la Asamblea.»

«– Medianoche. Las manifestaciones iniciadas esta mañana por una parte de los obreros de los Talleres Nacionales mantuvieron esta noche una viva agitación en todos los puntos de París. Los accesos del Hôtel-de-Ville estuvieron incesantemente sitiados; lo mismo los accesos del Palacio de Luxembourg. Los bulevares estaban sembrados de tropas; las calles Saint-Martin, Saint-Denis, del Temple eran el escenario de las reuniones.

Esta tarde, a las 8, la plaza del Panteón se cubrió de varios miles de obreros. A las 8 y media, una columna de 4 a 5.000 individuos abandonó el faubourg y, con una bandera a la cabeza, bajó hacia el muelle del Hôtel-de-Ville y se dirigió al faubourg du Temple, donde, según se dice, debía reunirse con los obreros de los barrios del Temple y de Saint-Antoine. Este desfile causó cierta inquietud; la plaza del Hôtel-de-Ville fue cerrada a la circulación después del paso de la columna; el Pont d’Arcole fue ocupado militarmente.

Durante la tarde se tomaron medidas de precaución. Los guardias nacionales recibieron en sus casas, en parte, la orden de presentarse. Considerables destacamentos de tropas están reunidos en el Luxembourg. A las 10, un escuadrón de dragones y varias compañías de tropas de línea, guardias móviles y guardias nacionales vinieron a acampar en la plaza del Hôtel-de-Ville. A las 11, un batallón de tropas de línea ocupó el patio de la Prefectura de Policía. El peristilo del Palacio de Justicia está custodiado por guardias móviles. La Asamblea Nacional está repleta de tropas; se ejerce un servicio de vigilancia muy activo en los accesos al palacio. En todas partes la fuerza armada es numerosa, y en todas las alcaldías hay un fuerte piquete permanente.»

Al leer el informe del Journal des Débats no hay que olvidar que es la vieja hoja cortesana la que escribe, y que Marie es el defensor de la ley sobre las reuniones y un hombre del National.