La memoria de redención de Patow

** Colonia, 24 de junio. En la sesión de la Asamblea de Acuerdo del 20 de este mes,  
n.º 25, 25 de junio de 1848.  
Neue Rheinische Zeitung.  
aquella funesta sesión en la que se puso el sol de Camphausen y sobrevino el caos ministerial, el señor Patow presentó una memoria sobre los principios básicos según los cuales se propone regular la abolición del feudalismo en el campo.

Al leer esta memoria, no se comprende por qué en las antiguas provincias prusianas no ha estallado hace tiempo una guerra campesina. ¡Qué fárrago de prestaciones, tributos, entregas; qué caos de nombres medievales, cada cual más descabellado que el anterior! Señorío feudal, mortuorio, derecho de mejor cabeza, kurmeda, diezmo de sangre, dinero de protección, tributo de Walpurgis, tributo de abejas, renta de cera, derecho de vega, diezmos, laudemios, rentas de suplemento..., todo esto ha subsistido hasta hoy en el «Estado mejor administrado del mundo», ¡y habría subsistido por toda la eternidad si los franceses no hubieran hecho la revolución de febrero!

Sí, la mayoría de estas cargas, y justamente las más onerosas, subsistirían por toda la eternidad si se cumpliese el deseo del señor Patow. ¡Precisamente por eso se le ha confiado al señor Patow este departamento, para que, en lo posible, cubra con el manto protector a los junkers de las coles de la Marca, Pomerania y Silesia, y para que, en todo lo posible, despoje a los campesinos de los frutos de la revolución!

La revolución berlinesa había hecho imposibles para todo el futuro todas esas relaciones feudales. Los campesinos, como era natural, las habían abolido inmediatamente en la práctica. El gobierno no tenía otra cosa que hacer que revestir de forma legal la supresión, ya realmente consumada por la voluntad popular, de todas las cargas feudales.

Pero antes de que la aristocracia se decida a un cuatro de agosto, será preciso que ardan sus castillos. El gobierno, aquí encarnado en un aristócrata, se ha declarado en favor de la aristocracia; presenta a la Asamblea una memoria en la que se exhorta a los conciliadores a traicionar también ellos, en provecho de la aristocracia, la revolución campesina que estalló en toda Alemania en marzo. El gobierno es responsable de las consecuencias que la aplicación de los principios de Patow tendrá en el campo.

El señor Patow quiere, en efecto, que los campesinos paguen una indemnización por la abolición de todas las cargas feudales, incluso de los laudemios. Sólo se suprimirán sin indemnización las cargas que dimanen de la servidumbre hereditaria, del antiguo régimen tributario y de la jurisdicción patrimonial, o aquellas que para el señor feudal carecen de valor (¡cuán generoso!), es decir, precisamente las cargas que constituyen la parte más insignificante de toda la carga feudal.

En cambio, quedan firmes todas las redenciones feudales ya concertadas mediante contratos o por sentencia judicial. Es decir: los campesinos que, al amparo de las leyes reaccionarias y favorables a la nobleza promulgadas desde 1816, y sobre todo desde 1840, han redimido sus cargas —siendo en esa redención desposeídos de su propiedad en provecho de los señores feudales, primero por la ley y luego por funcionarios sobornados— no recibirán indemnización alguna.

En lugar de ello, se crearán bancos de rentas para echar arena a los ojos de los campesinos.

Si se cumpliese el deseo del señor Patow, las cargas feudales serían tan poco suprimidas bajo sus leyes como lo fueron bajo las viejas leyes de 1807.

El título correcto para el escrito del señor Patow es: *Memoria para la conservación de las cargas feudales por toda la eternidad, mediante la redención*.

El gobierno está provocando una guerra campesina. Quizá Prusia tampoco «rehuya» una «pérdida momentánea» de Silesia.