Nueva política en Posen

** Colonia, 20 de junio. ¡Otra nueva vuelta en la cuestión de Posen!
[N.º 21, 21 de junio de 1848]
Neue Rheinische Zeitung.

¡Otra nueva vuelta en la cuestión de Posen! Tras la fase de sublimes promesas y entusiastas proclamas, tras la fase Willisen vino la fase Pfuel, con shrapnels, marcas a fuego y cabezas rapadas, la fase del baño de sangre y de la barbarie rusa. ¡Tras la fase Pfuel viene ahora una nueva fase de reconciliación!

El mayor Olberg, jefe del Estado Mayor en Posen y principal implicado en las matanzas y marcas a fuego, es trasladado de repente, contra su voluntad. El general Colomb es trasladado de Posen a Königsberg, asimismo contra su voluntad. El general Pfuel (alias «Piedra infernal») es llamado a Berlín, y el alto presidente Beurmann ya ha llegado allí.

Así abandona Posen, completamente, la estirpe de caballeros que llevaban la piedra infernal en su blasón y blandían las tijeras de esquilar, de esos valientes que desde seguro escondite abatían con shrapnels a los indefensos hombres de la guadaña, a 1.000 y 1.200 pasos de distancia. Los judeo-alemanes devorapolacos tiemblan; al igual que antes los polacos, ahora se ven traicionados por el gobierno.

Al ministerio Camphausen se le ha encendido de pronto una luz. El peligro de la invasión rusa le muestra ahora el enorme error que cometió al entregar a los polacos a la furia de la burocracia y de la Landwehr pomerana. ¡Ahora querría recuperar a toda costa las simpatías de los polacos, ahora, cuando ya es demasiado tarde!

Así pues, toda esa sangrienta guerra de aniquilación contra los polacos, con todas las crueldades y barbaries que quedarán adheridas como eterna ignominia al nombre alemán, el odio mortal, justo, de los polacos hacia nosotros, la ahora inevitable alianza ruso-polaca contra Alemania, una alianza que refuerza a los enemigos de la revolución con un valiente pueblo de veinte millones de almas..., ¿todo esto ha ocurrido y se ha consumado únicamente para que el señor Camphausen tenga al fin ocasión de balbucir su *pater peccavi*?

¿Cree acaso el señor Camphausen que ahora, cuando necesita a los polacos, puede recobrar sus simpatías ahogadas en sangre con frases dulzonas y concesiones? ¿Cree que las manos marcadas a fuego se batirán alguna vez por él, que las frentes rapadas se expondrán por él a los sables rusos? ¿Cree realmente que podrá conducir jamás el resto que los shrapnels prusianos han dejado contra los botes de metralla rusos?

¿Y cree el señor Camphausen que podrá permanecer en el gobierno después de haber confesado él mismo, de manera tan inequívoca, su propia incapacidad?