La detención de Valdenaire - Sebaldt

*Trier. La Asamblea de Conciliación de Berlín ha, como es sabido, aplazado la moción de Wencelius relativa a la detención de Victor Valdenaire, diputado del distrito de Tréveris. ¡Y por qué razón! Porque en los archivos de la vieja legislación prusiana no se encuentra ninguna ley sobre la inviolabilidad de los representantes del pueblo, tan naturalmente como no se encuentran representantes del pueblo en el viejo trastero de la historia prusiana. ¡Nada más fácil que, sobre esta base, destruir después todas las conquistas de la revolución en interés del fisco estatal! Las exigencias, necesidades y derechos de la revolución que se entienden por sí mismos no están, naturalmente, sancionados por una legislación cuya base ha sido volada por los aires por esa misma revolución. Desde el momento en que existen representantes del pueblo prusianos, existe la inviolabilidad de los representantes del pueblo prusianos. ¿O es que la subsistencia de toda la Asamblea de Conciliación ha de quedar a merced del capricho de un presidente de policía o de un tribunal? ¡Desde luego! Zweiffel, Reichensperger y los demás juristas renanos, que convierten toda cuestión política en una disputa de procedimiento, y que no podían dejar pasar el caso de Valdenaire sin exhibir una mezquina sutileza y un gigantesco servilismo, están completamente garantizados contra semejante eventualidad.

Aprovechando la ocasión, una pregunta al Sr. Reichensperger II: ¿No está acaso destinado el Sr. Reichensperger a asumir la presidencia de la Cámara en Colonia tras la jubilación del Sr. Schauberg, que tendrá lugar, según se dice, el 1 de julio de 1848?

Valdenaire fue detenido justo cuando subía a la diligencia con destino a Merzig, donde debía celebrarse la elección del diputado para Fráncfort. Valdenaire tenía asegurada la gran mayoría de los votos. ¡No hay medio más cómodo de frustrar una elección molesta que detener al candidato! Y el gobierno, para ser consecuente, no convoca a su suplente Gräff a pesar de su reclamación, y deja así sin representación a una población hostil de 60 000 almas. Aconsejamos al Sr. Gräff que, por su propia autoridad, se traslade a Berlín.

Por último, no podemos caracterizar mejor la situación en Tréveris que mediante la reproducción, a continuación, de una amonestación del acaudalado Sr. Sebaldt, regio Landrath y alcalde mayor de la ciudad de Tréveris.

Amonestación.

En algunas noches consecutivas se han mostrado en las plazas y calles públicas de la ciudad aglomeraciones de personas desacostumbradamente numerosas, que en muchos temerosos han infundido la creencia en próximas manifestaciones contrarias al orden. No pertenezco a los temerosos y me parece bien que el tráfico callejero se mueva con desenvoltura. Pero si, contra lo esperado, a algunas cabezas inmaduras se les ocurriera abusar de ese tráfico para cometer insolencias o vejaciones insultantes, me vería obligado a rogar encarecidamente a la mejor parte del público que se separe de inmediato de tales elementos, pues a las perturbaciones graves del orden se les opondrá la gravedad, y me dolería que en un conflicto que pudiera producirse el imprudente saliera perjudicado en lugar del culpable.

Tréveris, a 16 de junio de 1848.

El regio Landrath y alcalde mayor, consejero de regencia Sebaldt.

¡Con qué campechanía escribe el encumbrado varón, qué patriarcal! «Me parece bien que el tráfico callejero se mueva con desenvoltura.» ¡Agradable pasión la del señor Sebaldt!

Los temerosos temen una manifestación. El dictador de Tréveris tiene la cualidad de no ser temeroso. Pero tiene que mostrar su autoridad, tiene que convertir los desvaríos de los temerosos en una conjetura oficial, para poder amenazar las perturbaciones graves con una gravedad opuesta.

¡Con qué sorprendente maestría une el gran hombre la gravedad y la campechanía! Bajo el amparo de esta providencia grave y campechana, los mejores de Tréveris pueden dormitar tranquilos.