CO LO N IA, 17 d E JU N IO . EN B O H EM IA SE P R E P A R A U N A N U EVA
carnicería a la manera de la de Posen.72 La soldadesca aus
tríaca ha ahogado en sangre checa la posibilidad de que per
manezcan pacíficamente unidas Bohemia y Alemania.73
El príncipe Windischgrátz emplaza en Wyschehrad y Hradschin74 cañones apuntados sobre Praga. Se concentran tropas y se
prepara un golpe de mano contra el Congreso eslavo,75 contra los
checos.
72 Véase supra, nota 42.
Una Asamblea del pueblo celebrada en Praga en marzo de 1848 pidió que fuesen aboli
das las cargas feudales, que se otorgaran derechos constitucionales y se unieran los territo
rios de Bohemia, Moravia y Silesia. Al estallar la revolución en Viena y Budapest, cobró fuer
za el postulado de la plena equiparación de las nacionalidades, que tropezaba con la fuerte
resistencia de la burguesía en la Bohemia alemana y de la nobleza bohemia, por temor a la
emancipación campesina. Los demócratas checos rechazaban los planes pangermanistas,
pero se mostraban dispuestos a hacer causa común con los austríacos y los demás pueblos
danubianos.
Wyschehrad: parte del sur de Praga, con la vieja ciudadela del mismo nombre, en la
orilla derecha del Moldavia.
Hradschin: parte noroeste de Praga, con la vieja ciudadela que se yergue ante toda la ciudad.
75 El Congreso eslavo se reunió en Praga el 2 de junio de 1848. El Congreso puso en mani
fiesto la lucha existente entre dos tendencias del movimiento nacional de los pueblos esla
vos, reprimidas en el Imperio de los Habsburgos. La tendencia de la derecha, liberal-mode
rada, de la que formaban parte los líderes del Congreso Palacky y Safarik, trató de resolver el
problema nacional mediante el mantenimiento y la consolidación de la monarquía de Habsburgo, convirtiéndola en una federación de nacionalidades iguales en derechos. La tendencia
de la izquierda democrática (Sabina, Fric, Ribelt y otros) se manifestó resueltamente en con
tra de esto y preconizaba una acción común con el movimiento, democrático-revoluciona-

El pueblo tiene noticia de estos preparativos. Afluye ante la resi
dencia del príncipe y demanda armas. Le son negadas. La excita
ción aumenta, crecen las masas armadas e inermes. De pronto, par
te un tiro de una hostería situada frente al palacio del comandante
en jefe y la princesa Windischgrátz cae mortalmente herida. Se dan
inmediatamente órdenes de lanzarse al ataque, avanzan los grana
deros y el pueblo es rechazado. Por todas partes se levantan barri
cadas que contienen el avance de las tropas. Avanzan los cañones y
las barricadas son abatidas con granadas. La sangre corre a rauda
les. Se lucha toda la noche del 12 al 13 y todavía durante este día. Por
fin, los soldados logran adueñarse de las anchas calles y rechazan al
pueblo a los barrios más estrechos, donde no puede operar la arti
llería.
Es todo lo que sabemos, hasta ahora. Se dice que muchos miem
bros del Congreso eslavo han sido expulsados de la ciudad con fuer
te escolta. Las noticias que poseemos parecen indicar que las tropas
han triunfado, por lo menos en parte.
De cualquier modo que la insurrección termine, la única solu
ción posible parece ser, ahora, una guerra de exterminio de los ale
manes contra los checos.
Los alemanes tienen que expiar en su revolución los pecados de
todo su pasado. Los han expiado en Italia. En Posen han vuelto a
atraer sobre sí las maldiciones de toda Polonia. A todo esto se aña
de ahora Bohemia.
Los franceses han sabido cosechar respeto y simpatías incluso
allí donde se presentan como enemigos. Los alemanes no son res
rio en Alemania y en Hungría. Sin embargo, la mayoría de los congresistas, partidarios de la
teoría austro-eslava, adoptó una posición contraria al movimiento europeo revolucionario,
ya que la destrucción del Imperio reaccionario de los Habsburgos constituía uno de los prin
cipales objetivos del movimiento democrático. Marx y Engels abrazaban precisamente este
punto de vista para condenar la política de la burguesía checa, que triunfó en el primer Con
greso y que, capitaneada por Palacky, sellara una alianza abierta con la nobleza de los Habs
burgos en contra del movimiento revolucionario. Los delegados adheridos al ala democrática-radical tomaron parte activa en el levantamiento de Praga, siendo condenados a crueles
represalias. Los representantes del ala liberal-moderada que habían permanecido en Praga,
aplazaron las sesiones del Congreso por tiempo ilimitado.

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petados ni conquistan simpatías en parte alguna. Son rechazados
con befa y escarnio aun en los sitios en que se hacen pasar por mag
nánimos apóstoles de la libertad.
Y así debe ser. Una nación que se ha prestado a ser en todo el
pasado instrumento de opresión en contra de todas las otras nacio
nes tiene que empezar por demostrar que se ha operado en ella
una verdadera revolución. Tiene que demostrarlo con algo más
que con un par de revoluciones a medias cuyo único resultado es
dejar en pie bajo nuevos rostros la vieja indecisión, debilidad y des
unión; revoluciones que mantienen en sus puestos a un Radetzky
en Milán, a un Colomb y un Steinácker en Posen, a un Windischgrátz en Praga y a un Hüser en Maguncia, como si no hubiera
pasado nada.
La Alemania revolucionaria tendría que romper con todo su
pasado, sobre todo en lo que se refiere a su actitud ante los pueblos
vecinos. Tendría, al mismo tiempo, que proclamar con su propia
libertad la libertad de los pueblos a quienes hasta ahora ha venido
oprimiendo.
¿Pero, qué ha hecho, en vez de eso, la Alemania revolucionaria?
Ratificar enteramente la vieja opresión, de Italia, Polonia y ahora
de Bohemia por la soldadesca alemana. Kaunitz y Metternich se
hallan plenamente justificados.
Y, en estas condiciones, ¿exigen los alemanes que los checos con
fíen en ellos?
¿Puede echarse en cara a los checos que no quieran unirse a una
nación que, al liberarse a sí misma, oprime y maltrata a otras na
ciones?
¿Puede tomárseles a mal que no quieran enviar diputados a un
Parlamento como nuestra “Asamblea Nacional” de Francfort, triste,
lánguida y que tiembla ante su propia soberanía?
¿Puede reprochárseles que se desentiendan del impotente
gobierno austriaco, que en su perplejidad y cobardía sólo parece
existir para no impedir, o por lo menos organizar, la separación de
Austria, sino simplemente para tomar nota de ella? ¿De un gobier

no que es incluso demasiado débil para liberar a Praga de los caño
nes y los soldados de un Windischgrátz?
Pero la suerte más deplorable de todas es la de los valientes che
cos. Lo mismo si triunfan que si son derrotados, están condenados
a perecer. Los cuatro siglos de opresión bajo los alemanes, que aho
ra tiene su secuela en los combates de las calles de Praga, los echan
en brazos de los rusos. En el gran encuentro entre el Este y el Oeste
de Europa que se producirá pronto —tal vez en unas cuantas sema
nas— los checos se verán empujados por un sino fatal a luchar al
lado de los rusos, al lado del despotismo, en contra de la revolu
ción. La revolución triunfará y los checos serán los primeros en ver
se arrollados por ella.76
La culpa de este desastre que aguarda a los checos recae una vez
más sobre los alemanes, ya que son ellos quienes traidoramente los
han entregado en manos de Rusia.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 18,18 de junio de 1848]
Este juicio acerca de los checos sólo puede comprenderse teniendo en cuenta que Marx
y Engels consideraban el problema nacional desde el punto de vista de los intereses del movi
miento revolucionario total de Europa.
En el movimiento social del año 1848 en Bohemia, pueden distinguirse intrínsecamente
dos etapas fundamentales distintas. En la primera, que abarca desde el comienzo de los suce
sos de Marzo hasta el aplastamiento de la insurrección de Praga, tomaron parte participando
activamente las masas del pueblo checo, los campesinos y el proletariado en el movimiento
revolucionario contra el feudalismo y el absolutismo. Esta lucha del pueblo checo armoniza
ba con los intereses del movimiento revolucionario europeo, y era apoyada por Marx y Engels.
Después del aplastamiento de la insurrección de Praga, la burguesía liberal checa, que en
su lucha contra la revolución y la democracia, hacía causa común con la nobleza y los Habsburgos, logró oprimir a las fuerzas democráticas de la Bohemia y llevar adelante el movi
miento social bajo la dirección y en la tendencia de la lucha nacional. Este movimiento se
puso así en frente a la revolución europea, porque contaba ahora con el apoyo contrarrevo
lucionario de los Habsburgos y representaba también, indirectamente, la causa del zarismo
ruso. Los elementos democráticos del pueblo checo no lograron, en la segunda etapa, apoyar
activamente a la revolución y hacer fracasar la política contrarrevolucionaria de la burgue
sía, lo cual pone claramente de relieve el hecho de que Marx y Engels, en 1848-1849, califica
ron justamente como contrarrevolucionario el movimiento nacional checo y enjuiciaron
como reaccionaria la posición del pueblo checo en toda la etapa decisiva del movimiento.
Pero Marx y Engels subrayaban al mismo tiempo que la política nacionalista y antieslava
de la burguesía alemana era la principal responsable de que los checos se vieran empujados
al lado de la contrarrevolución.