Arrivabene – Die Presse – Detalles sobre la rendición de Peschiera y sobre la insurrección

Turín, 31 de mayo. El conocido economista Arrivabene, de Mantua, que hasta ahora había residido como refugiado político en Bélgica, ha pasado por aquí en su viaje de regreso a casa. Se pondrá a disposición del gobierno provisional de Milán. (Concordia.)

* La prensa piamontesa ofrece ahora las frases más lisonjeras para mover a los lombardos a la anexión al Piamonte. Mientras se abalanza sobre los republicanos con suspicacias y acusaciones de todo género, emplea a su vez todos los tópicos republicanos para presentar la monarquía de Karl Albert como la mejor de las repúblicas. Óigase a la Concordia de Turín:
«Los derechos cuya garantía reclamáis, oh lombardos, se resumen en la soberanía nacional. Pero el principio de esa soberanía triunfa plenamente entre nosotros. Karl Albert, al acudir en auxilio de Lombardía, ha reconocido tácita y expresamente la soberanía de la nación. Nuestros valientes, que combaten junto a los vuestros y a todos los italianos bajo aquel magnánimo, luchan por la plenitud de los mismos derechos que vosotros reivindicáis.
¿Qué teméis, pues? Dejad a la asamblea constituyente la manera y forma de realizar esos derechos. No hay otro camino que éste para alcanzar la igualdad y la fraternidad, esos elementos necesarios de nuestra fusión. La asamblea constituyente ha de ser la meta de nuestros deseos, nuestra consigna, nuestro grito de unión. Más allá de ella están el caos, la discordia, la anarquía, la desgracia…
¡Oh lombardos, creednos! ¡Sólo nuestra ilimitada simpatía por vosotros nos hace hablar así! La confianza es ahora la base de nuestra cooperación mutua. Confían los fuertes piamonteses, confían los ardientes ligures; ¡confiad, pues, también vosotros, oh libres lombardos! Si nuestros enemigos internos alzaran la cabeza con orgullo, si llegara el momento de desconfiar y de estar alerta, os juramos, hermanos, que con la misma franqueza os gritaríamos: ¡No tengáis confianza! ¡Estad alerta!»

* Milán. Sobre la insurrección del 29 ofrece la Concordia un largo informe que atribuye el hecho, mitad a los republicanos, mitad a un partido austro‑jesuita. Según este informe, el levantamiento se asemejó mucho al de París del 15 de mayo. Se había congregado al pueblo con el pretexto de realizar una manifestación en pro de las garantías de los derechos populares que Karl Albert había de otorgar antes de la anexión. Un tal Urbino encabezaba a los insurgentes propiamente dichos, armados con garrotes, estoques de bastón, puñales y pistolas. Se pretendía obligar al gobierno a firmar un acta de abdicación y proclamar a continuación un nuevo gobierno compuesto por Urbino, Cernuschi, Cattaneo, Romani, Angelo y Bressanini. Una vez sorprendido el gobierno, Urbino gritó desde el balcón: ¡El gobierno ha abdicado! Pero el pueblo clamó: ¡No, no! Los pocos guardias cívicos de la guardia intentaron entonces proteger al gobierno, y cuando la multitud vio que se la quería llevar más lejos de lo que se había propuesto en un principio, se fue dispersando poco a poco. Varios revoltosos fueron detenidos en el acto; otros, entre ellos Urbino, ya entrada la noche. Tras tres horas de tumulto quedaron despejados la plaza de San Fedele y el edificio del gobierno allí situado, y sólo entonces comparecieron 10 000 hombres de la guardia nacional para testimoniar su confianza al gobierno mediante un desfile.
La Concordia es, por lo demás, parcial en este asunto, si bien su informe está escrito por un testigo ocular que precisamente prestaba guardia en el palacio del gobierno. Sostiene que detrás de todo el asunto se oculta Mazzini, quien, sin embargo, se ha mantenido prudentemente al margen. Mazzini, no obstante, ha negado rotundamente en su Libero Italiano toda participación en la empresa.