COLONIA, 9 DE JUNIO. SEGÚN INFORMAN PERIÓDICOS ALEMANES,
el señor Camphausen ha pronunciado ante sus pactistas, el
6 del corriente, un discurso en el que se vuelca su corazón
rebosante.
Este discurso, más que brillante, era un desbordam iento de lo m ás profundo
de su corazón, y en él recuerda a San Pablo allí donde dice: “Y al hablar en
lenguaje de hombres y de ángeles, si no me moviera el amor no sería más
que un bronce resonante”. Su discurso estaba lleno de aquel movimiento
sagrado a que llamamos amor... era un entusiasta hablando a gente entu
siasmada. .. la ovación parecía interminable... y fue necesario que mediara
una larga pausa para poder entregarse al entusiasmo y asimilarlo.43
¿Quién era el héroe exaltado en este discurso rebosante y amo
roso? ¿Cuál era el tema que tanto exaltaba al señor Camphausen,
hablando como un entusiasta a gente entusiasmada? ¿Quién era el
Eneas de esta Eneida44 del 6 de junio?
43 Kölnische Zeitung, núm. 161, del 9 de junio de 1848.
Kölnische Zeitung: diario que con este título se publicó en la ciudad de Colonia desde
1802. Durante la década del treinta y comienzos de la del cuarenta, se postulaba como defen
sor de la Iglesia católica contra el protestantismo imperante en los territorios prusianos. En
1848-1849 reflejaba la cobarde y traidora política de la burguesía liberal prusiana y proclama
ba, además, una lucha a muerte contra la Nueva Gaceta Renana.
44 De acuerdo con la mitología griega, uno de los defensores de Troya, hijo de Anquises y

¿Quién podía ser sino el príncipe de Prusia?
Leamos en la versión taquigráfica45 cómo este poeta, que es el
presidente del Consejo, describe los viajes y aventuras del moderno
hijo de Anquises; cómo, al llegar el día
en que la sagrada Ilion se hundió,
Y con él Príamo, rey del pueblo diestro con la lanza,46
cómo, después de caer la noble Troya, tras largos devaneos por tie
rra y por mar, hasta llegar por último a las playas de la moderna
Cartago y ser amistosamente recibido por la reina Dido, y cómo le
fue mejor que a Eneas I, al encontrar a un Camphausen, quien se
encargó de restaurar lo mejor posible a Troya y de descubrir de nue
vo el sagrado “terreno jurídico”; de cómo Camphausen devolvió
por fin a Eneas a sus penates y de cómo de nuevo reina la paz en
los campos de Troya.47 Todo esto, adornado con incontables galas
poéticas, hay que leerlo para darse cuenta de lo que significa el
hecho de que un entusiasta hable a gente entusiasmada.
Por lo demás, toda la epopeya sirve al señor Camphausen sola
mente como pretexto para entonar un ditirambo a su propia per
sona y a sus ministros.
Sí —exclama—, hemos creído que corresponde al espíritu del régimen
constitucional el que nosotros ocupemos el lugar de una alta personali
dad, el que nosotros nos erijamos en el lugar de las personalidades contra
de la diosa Afrodita. Fue puesto a salvo durante la conquista y el saqueo de Troya por los
dioses. La Eneida es el relato de las peregrinaciones de Eneas, poema heroico de Virgilio.
45 Véase supra, nota 19.
46 De la Ilíada, de Homero.
47 El príncipe de Prusia era uno de los dirigentes de la camarilla reaccionaria de la corte,
principal responsable de los excesos cometidos por la tropa contra la población de Berlín
antes del 18 de marzo de 1848; por miedo al pueblo, huyó hacia Inglaterra. Su palacio fue
declarado propiedad nacional. Sin embargo, el ministerio Camphausen abogó ya a comien
zos de mayo en favor de la restitución de dicho bien, sin preocuparse para nada de las pro
testas de la indignada población de Berlín. El 8 de junio, el “príncipe de los cartuchos” apa
reció ante la Asamblea Nacional prusiana como diputado del círculo de Wirsitz.

las que van dirigidos todos los ataques... así ha acontecido. ¡Nos hemos
convertido en el escudo de la dinastía, atrayendo sobre nosotros todos los
peligros y todos los ataques!
¡Magnífico homenaje a la “alta personalidad” y a la “dinastía” !
Sin el señor Camphausen y sus seis paladines, estaría perdida la
dinastía. ¡El señor Camphausen, para hablar así, tiene que conside
rar a la casa de los Hohenzollern como una “dinastía vigorosa y pro
fundamente arraigada en el pueblo”! ¡No cabe duda de que el señor
Camphausen hablaría “con menos entusiasmo a gente entusiasta”
si no “se sintiera rico de ese sagrado movimiento que llamamos
amor” o si se hubiera limitado simplemente a dejar hablar a su Hansemann, quien se contenta con ser un “bronce resonante”, y a la
dinastía le habría ido mucho mejor con ello!
¡Pero yo, señores, no digo esto con retador orgullo, sino con la humildad
nacida de la conciencia de que la alta misión que nos habéis asignado sólo
podrá cumplirse si el espíritu de la G racia y de la Conciliación desciende
también sobre esta asamblea, si además de vuestra justicia nos favorecéis
con vuestra indulgencia!
El señor Camphausen tiene razón en invocar para sí de la Asam
blea la gracia y la indulgencia que tanto necesita él mismo de su
público.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 10,10 de junio de 1848]