Y DE LA IZQUIERDA, EN FRANCFORT
OLO N IA, 6 DE JUNIO. AYER DÁBAMOS A CONOCER A NUESTROS
lectores el “Manifiesto motivado del partido demócrataradical en la Asamblea Nacional constituyente de Francfort
d. M.” Bajo la rúbrica de “Francfort” encontrarán ustedes hoy el
manifiesto de la izquierda.30 Los dos manifiestos parecen, a prime
ra vista, no distinguirse más que por la forma, puesto que el parti
do demócrata-radical tiene como redactor a una persona torpe y el
de la izquierda es hombre hábil. Un examen más atento pone de
manifiesto las diferencias fundamentales. El manifiesto radical exi
ge una Asamblea nacional fruto de “elecciones directas y no sujetas a
censo”, el de la izquierda pide una Asamblea nacional nacida del
“libre sufragio de todos” El libre sufragio de todos excluye el censo,
pero en modo alguno el sufragio indirecto. ¿Por qué, en términos
generales, esta vaga expresión, de sentido múltiple?
Volvemos a encontrarnos aquí, una vez más, con esta mayor
extensión y flexibilidad de reivindicaciones de la izquierda, en con
traste con las del partido radical. La izquierda exige “un poder eje
cutivo central elegido para un lapso de tiempo determinado por la
Asamblea nacional y responsable ante ésta”. No se precisa si este
En la Asamblea Nacional de Francfort, la izquierda incluía dos facciones. El dirigente
más destacado de la izquierda propiamente dicha era Robert Blum. La extrema izquierda,
llamada partido demócrata-radical, contaba entre sus diputados a Arnold Ruge, Zitz, Simon,
Schöffel y Trützschler. La Nueva Gaceta Renana sostenía a este partido, aun fustigando su
indecisión y sus vacilaciones.

poder central debe emanar del seno de la Asamblea Nacional, como
expresamente lo define el manifiesto radical.
El manifiesto de la izquierda pide, por último, que queden
inmediatamente establecidos, proclamados y garantizados los dere
chos fundamentales del pueblo alemán frente a toda posible viola
ción por los diversos gobiernos. El manifiesto radical no se atiene a
esto, sino que declara que
la Asamblea sigue reteniendo la totalidad de los poderes del Estado, que
debe hacer entrar en vigor inmediatamente los diferentes poderes y for
mas de vida política que está llamada a reunir y que debe tomar en sus
manos la política interior y exterior de todo el Estado.
Los dos manifiestos están de acuerdo en un "punto: en pedir que
“la redacción de la Constitución de Alemania se encomiende a la
Asamblea Nacional por sí sola5 y en eliminar la participación de los
gobiernos. Animos coinciden en dejar a cada Estado, “sin perjuicio
de los derechos del pueblo que la Asamblea Nacional deba procla
mar”, la libre elección de su régimen, ya se trate de una República o
de una monarquía constitucional. Y ambos coinciden, por último,
en pretender que Alemania se transforme en un Estado federal o
federativo.
El manifiesto radical expresa, por lo menos, el carácter revolu
cionario de la Asamblea Nacional. Apela a una actividad revolucio
naria adecuada. ¿Acaso el mero hecho de que exista una Asamblea
Nacional constituyente demuestra que ya no existe Constitución?
Y, no existiendo Constitución, no existe tampoco gobierno. Y, al no
existir gobierno, es la misma Asamblea Nacional la que debe gober
nar. De allí que su primer signo de vida tendría que ser, necesaria
mente, un decreto que dijera, en siete palabras: “La Dieta federal31
queda disuelta para siempre”
Una Asamblea Nacional constituyente debe ser, ante todo, una
31 Véase supra, nota 24.

asamblea activa, es decir, activa en un sentido revolucionario. La
Asamblea de Francfort se dedica a desarrollar tareas parlamenta
rias escolares, dejando actuar a los gobiernos. Supongamos que este
sabio concilio lograse, tras maduras reflexiones, redactar el mejor
orden del día y la mejor Constitución. ¿De qué servirían ambas
cosas, si entre tanto los gobiernos pusieran a la orden del día las
bayonetas?
La Asamblea Nacional alemana, prescindiendo de que ha surgi
do del sufragio indirectoy padece de una enfermedad típicamente
germánica. Reside en Francfort d. M., y Francfort no es más que
una capital ideal; corresponde a la unidad alemana ideal hasta
entonces, es decir, puramente imaginaria. Francfort d. M. no es ya
tampoco una gran ciudad dotada de una fuerte población revolu
cionaria que se mantenga detrás de la Asamblea Nacional, prote
giéndola, de una parte y de otra empujándola. Por primera vez en
la historia del mundo reside en una pequeña ciudad la Asamblea
Constituyente de una gran nación. Ello es consecuencia de toda la
evolución que Alemania ha seguido hasta hoy. Mientras que las
asambleas nacionales de Francia e Inglaterra se reunían sobre un
volcán — en París y en Londres— la Asamblea Nacional ha podido
considerarse feliz al encontrar un terreno neutral, en el cual puede
pararse a meditar serenamente acerca de la mejor Constitución y
del mejor orden del día. Sin embargo, el estado actual de Alemania
le brindaba la ocasión de triunfar sobre esta situación material des
favorable. Para conquistar en la opinión popular un poder que
habría hecho saltar en pedazos todas las bayonetas y todas las cula
tas de los fusiles, le habría bastado con dictar en todas partes medi
das dictatoriales contra las injerencias reaccionarias de gobiernos
anticuados. Pero, en vez de esto, lo que hace es abandonar a Magun
cia a la arbitrariedad de la soldadesca y de los extranjeros alemanes32
Se hace aquí referencia a Esslen, Pelz y Lowenstein, expulsados de Francfort. En aquel
entonces no existía la nacionalidad alemana; había tan sólo ciudadanos prusianos, sajones,
de la ciudad libre de Francfort, etc. Las tres personas expulsadas, al no ser ciudadanos de
Francfort, se consideraban extranjeros, pero no por ello dejaban de ser alemanes.

y a las mortificaciones causadas por los pequeños burgueses de
Francfort. Aburre al pueblo alemán, en vez de arrastrarlo con ella o
de dejarse arrastrar. Es cierto que cuenta con un público que aún
contempla con humorismo apacible las gesticulaciones burlescas
del fantasma reaparecido de la Dieta del Sacro Imperio RomanoGermánico, pero no existe para ella un pueblo que pueda encontrar
en su seno. Lejos de ser el órgano central del movimiento revolu
cionario, no ha acertado a ser hasta ahora ni siquiera el eco de él.
Si la Asamblea Nacional pone en pie un poder central cuyos
hombres se elijan entre sus miembros, teniendo en cuenta su actual
composición y el hecho de que ha dejado pasar el momento favo
rable sin valerse de él, nada bueno podrá esperarse de este Gobier
no provisional. Si no constituye un poder central, habrá firmado
entonces su propia abdicación y al menor soplo revolucionario se
dispersará, arrastrada por todos los vientos.
El programa de la izquierda, como el del grupo radical, tiene el
mérito de haber comprendido esta necesidad. Ambos programas
dicen con Heine:
Cuanto más reflexiono, más me convenzo de que podemos arreglárnos
las sin un emperador;33
y la dificultad de saber “quién debe ser el emperador” teniendo en
cuenta todas las buenas razones a favor de un emperador elegido y
las razones no menos buenas en pro de un emperador hereditario,
obligarán a la mayoría conservadora de la Asamblea a cortar el nudo
gordiano,34 no eligiendo ningún emperador.
No es posible concebir cómo el partido llamado demócrataradical ha podido proclamar que la Constitución definitiva de Ale
mania sería una Federación de monarquías constitucionales, de
33 Del poema de Heine, Alemania. Cuento de invierno, cap. vi.
34 Nudo gordiano: muy complicado y muy difícil de desenredar y que figuraba en el carro
del rey Gordio, en el templo de Júpiter de una ciudad frigia y del que el oráculo decía que
quien supiera deshacerlo se haría dueño del Asia. Se dice que Alejandro Magno lo cortó de
un golpe de espada en su campaña contra los persas, en el año 333 a. n. e.

fragmentos de principados y repúblicas, un Estado federal forma
do por elementos tan heterogéneos y con un gobierno republicano
a la cabeza, pues no se trata de otra cosa, en el fondo, que del Comi
té central aceptado por la izquierda.
No cabe duda. Es necesario, que el gobierno central de Alema
nia, elegido por la Asamblea Nacional, se levante al lado de los
gobiernos que aún subsisten de hecho. Pero, con su existencia,
comienza ya su lucha contra los gobiernos de cada Estado y, en esta
lucha, o bien caerán el gobierno común a toda Alemania y la uni
dad de la Alemania misma, o bien se derrumbarán los gobiernos
de cada Estado, con sus príncipes constitucionales y sus minúscu
las repúblicas.
No pedimos, pues sería utópico, que se proclame de antemano
la República alemana una e indivisible, pero pedimos al partido lla
mado demócrata-radical que no confunda el punto de partida de
la lucha y del movimiento revolucionario con su punto de llegada.
La unidad alemana, al igual que su Constitución, no puede ser otra
cosa que el resultado de un movimiento en que los conflictos inter
nos y las guerras con el Oriente empujen a tomar una decisión. La
organización definitiva no puede ser obra de un decreto, sino que
discurre paralelamente con el movimiento que tenemos que reco
rrer. No se trata de poner en práctica tal o cual opinión, tal o cual
idea política, sino de comprender la marcha de los acontecimien
tos. La Asamblea Nacional tiene por única tarea la de dar inmedia
tamente los pasos prácticamente posibles.
Aunque se nos asegure que “todos se sienten felices al salir de la
confusión en que se encuentran”, nada más confuso que la idea sus
tentada por el redactor del manifiesto demócrata cuando pretende
cortar la Constitución alemana a la medida del Estado federal de
Norteamérica.
Los Estados UnidosLle Norteamérica, aun sin tener en cuenta
que se hallan todos constituidos del mismo modo, se extienden
sobre un territorio tan grande como la Europa civilizada. Sólo
podríamos encontrar una analogía en una Federación europea.

»
Y para que Alemania pueda federarse con otros países, hace falta
ante todo que ella se convierta en un país. En Alemania, la lucha
por la centralización contra un sistema federativo es la lucha entre
la civilización moderna y el feudalismo. Alemania caía en un feu
dalismo aburguesado en el momento mismo, en que se creaban las
grandes monarquías de Occidente, pero se ha visto también exclui
da del mercado mundial en el mismo momento en que éste se abría
a la Europa occidental. Alemania se empobreció, mientras los otros
se enriquecían. Siguió siendo un Estado agrícola, mientras los otros se
cubrían de grandes ciudades. Si Rusia no ejerciera una presión a las
puertas de Alemania, las condiciones económicas por sí solas obli
garían a la centralización más extrema. Aunque enfocada solamen
te desde el punto de vista de la burguesía, la unidad de Alemania
es, sin disputa, la condición primordial para salvarla de la miseria
en que se ha venido debatiendo hasta aquí y para crear la riqueza
nacional. Pero, ¿cómo resolver los problemas sociales de nuestro
tiempo, en un territorio desperdiciado en treinta y nueve pequeños
países?
El redactor del programa demócrata no necesita, por lo demás,
tratar en detalle las condiciones económicas y materiales secunda
rias. Se atiene en su exposición de motivos al concepto de la Fede
ración. La Federación es la unión de copartícipes libres e iguales. Ale
mania debe convertirse, por tanto, en un Estado federativo ¿Y acaso
los alemanes no pueden llegar a federarse en un solo gran Estado
sin atentar contra el concepto de una unión de copartícipes libres e
iguales?
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 7, 7 de junio de 1848]