La guerra (Schleswig-Holstein)

** Schleswig-Holstein, 30 de mayo. Los daneses, después de completada su incursión, se habían retirado de nuevo ante la superioridad prusiana que avanzaba, cruzando el Sund de Alsen; pero parece que han vuelto a desembarcar. Los prusianos continúan su retirada, los daneses presionan desde Jutlandia y ya han vuelto a pisar suelo de Schleswig. Los habitantes alemanes de Schleswig están indignados por el comportamiento de los gobiernos alemanes. La mayoría huye de los inevitables excesos del ejército danés. «Cartas particulares de Hadersleben y Apenrade —dice el *Weser-Ztg.*— describen con los colores más tristes la situación de sus moradores. Cuarenta familias, se lee en una carta de Apenrade, han huido esta noche y hoy. Esta noche permaneceremos aquí con otros muchos; quizá mañana sepamos más acerca de la desdichada Hadersleben. Los daneses están allí en gran número; los cuerpos francos han mantenido hasta el último momento el orden en la ciudad, ya sublevada; enviaron aquí en busca de auxilio. Nadie sabe si los prusianos avanzarán de nuevo; esta noche se espera aquí a los daneses; pero aquí hay tropas y no tantos chusmas daneses, a los que tememos más que a las tropas danesas. Dos cañoneras y un vapor se hallaban en el puerto de Apenrade y esta mañana han cañoneado la ciudad. En Alsen también ha habido matanza al desembarcar los daneses. Se dice que Wrangel quiere ahora llevar la guerra con mayor seriedad.»

Muchos de esos prófugos han llegado ya a Rendsburg. Entretanto, los daneses parecen tener muy buen ánimo; príncipes y buques de guerra rusos y suecos llegan a Copenhague, los barcos alemanes apresados son condenados, y los periódicos se muestran más belicosos y audaces que nunca. Periódicos alemanes «bien informados» saben, por supuesto, «de la fuente más fidedigna», que la paz está más cerca de lo que parece; mientras tanto, los armadores de Stettin se arruinan, y Schleswig-Holstein, ceñido por el mar, «alta guardia de la costumbre alemana», ve con sangrante corazón retirarse hacia el sur la querida tricolor. El guardia pomerano suspira, estrechando con dolor la mano del campesino de Apenrade, el consuelo de despedida:
Schleswig-Holstein, estirpe hermana,
¡permanece fiel, patria mía!
y con eso lo abandona a la magnanimidad danesa.