[F. E n g e l s ]
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a C A SA DE BO R BÓ N NO H A LLEG A D O A Ú N A LA M ETA DE SU
gloriosa carrera. Es cierto que, en estos últimos tiempos, su
blanca bandera se ha visto bastante cubierta de lodo y que los
marchitos liriosa que la adornan doblan tristemente sus cabezas.
Carlos Luis de Borbón convirtió en dinero un ducado y se ha visto
obligado a abandonar ignominiosamente el segundo; Fernando de
Borbón ha perdido Sicilia y no ha tenido más remedio que conce
der, en Nápoles, una Constitución a los revolucionarios; Luis Feli
pe, a pesar de no ser más que un cripto-Borbón, ha tenido que
correr la suerte de todos los Borbones de Francia, cruzando el canal
hacia Inglaterra. Pero el Borbón napolitano ha salvado brillante
mente el honor de su familia.
Son convocadas en Nápoles las Cámaras. El día de la apertura
del Parlamento daría la señal para la batalla decisiva contra la revo
lución. Se hace regresar de Malta, silenciosamente, a Campobasso,
uno de los principales jefes de policía del tristemente célebre Del
Carreto; los esbirros, con sus viejos jefes a la cabeza, vuelven a pa
searse por vez primera desde hace mucho tiempo por la calle de
Toledo, armados y en tropel; desarman a los ciudadanos, los despo
jan de sus ropas, los obligan a cortarse el bigote. Se acerca el 14 de
mayo, el día de la apertura del Parlamento. El rey exige que las Cáma
ras se comprometan bajo juramento a no modificar la Constitución
a Escudo de la casa de Borbón.

otorgada por él. Las Cámaras se niegan. La Guardia Nacional se
manifiesta a favor de los diputados. Se abren negociaciones; el
monarca cede, los ministros dimiten. Los diputados piden que el
rey proclame por medio de un ordenanza la concesión que ha
hecho. El rey promete emitir esta ordenanza al día siguiente. Pero,
en el curso de la noche, entran en Nápoles todas las tropas aposta
das en los alrededores de la ciudad. La Guardia Nacional se da cuen
ta de que ha sido traicionada; levanta barricadas y tras ellas se para
petan de 5 ooo a 6 ooo hombres. Tienen enfrente, sin embargo, a
20 ooo soldados, napolitanos y suizos, con 18 cañones. En el medio,
en actitud aún expectante, los 20 ooo lazzaroni de Nápoles.
Todavía el día 15 por la mañana declaran los suizos que no ata
carán al pueblo. Pero uno de los agentes de la policía, mezclado
entre la gente, dispara contra los soldados, en la Strada de Toledo.
Se iza inmediatamente la bandera roja en el fuerte de San Telmo; es
la señal convenida para que los soldados se lancen contra las barri
cadas. Comienza una espantosa carnicería; los guardias nacionales
se defienden heroicamente contra un enemigo cuatro veces supe
rior en número y contra el cañoneo de los soldados. La lucha dura
desde las diez de la mañana hasta la medianoche. Y, pese a la supe
rioridad de la soldadesca, el pueblo habría triunfado, a no ser por
la miserable conducta del almirante francés Baudin, que fue la que
movió a los lazzaroni a sumarse al partido del rey.
El almirante Baudin mandaba una flota bastante importante
fondeada en la bahía de Nápoles. La simple, pero oportuna, conmi
nación a bombardear el palacio y los fuertes habría obligado al rey
Fernando a ceder. Pero Baudin, viejo servidor de Luis Felipe, habi
tuado a su condición anterior, simplemente tolerada, de la flota
francesa en los tiempos de la Entente cordiaíe,8 permaneció quieto
Entente cordiaíe: nombre que se daba a las buenas relaciones existentes entre Francia e
Inglaterra bajo la monarquía de Julio (1830-1848). Servía de base a este “entendimiento cor
dial” la política de transacción mantenida permanentemente ante Inglaterra por la burgue
sía industrial y financiera imperante bajo el rey Luis Felipe de Orleáns. En un principio, esta
política tropezaba con grandes resistencias por parte de la burguesía francesa. Pero más tar-
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y, con ello, ordenó a los lazzaroni, que ya se inclinaban hacia el pue
blo, a pasarse al lado de las tropas.
Este paso del lumpenproletariado napolitano decidió la derrota
de la revolución. Se lanzaron unidos contra los defensores de las
barricadas la Guardia suiza, los soldados de línea napolitanos y los
lazzaroni. Los palacios de la Strada de Toledo, previamente despeja
dos por las granadas incendiarias, se abatieron bajo el cañoneo de
los soldados. Las bandas vesánicas de los vencedores irrumpieron
en las casas, apuñalaron a los hombres, mataron a los niños, viola
ron a las mujeres antes de quitarles la vida, lo saquearon todo y
entregaron las viviendas asoladas a las llamas. Los más avariciosos
de todos fueron los lazzaroni, los más brutales los suizos. Imposi
ble describir las infamias y los actos de barbarie desencadenados
contra la Guardia Nacional de Nápoles, ya casi aplastada por la vic
toria de los mercenarios de la casa de Borbón, cuatro veces supe
riores en número, y los lazzaroni, afiliados desde siempre a los gru
pos santafedistas.9
Por último, hasta el almirante Baudin vio colmada su pacien
cia. Constantemente llegaban a sus barcos fugitivos que relataban
lo que estaba ocurriendo en la ciudad. Hervía en las venas la sangre
francesa de los marinos. Por fin, cuando ya la victoria del monarca
estaba sellada, pensó en bombardear. Lúe cesando poco a poco el
derramamiento de sangre; ya no se asesinaba en las calles, los ven
cedores limitábanse a robar y violar; pero los prisioneros eran con
ducidos a los fuertes, donde los fusilaban sin más contemplaciones.
Hacia medianoche todo había terminado, se había restaurado, de
hecho, el poder absoluto de la Casa del rey Fernando y el honor de la
Casa de Borbón había sido lavado en sangre italiana.
He ahí la última hazaña de la Casa de Borbón. Y, como siem
pre, han sido los suizos quienes han impuesto, peleando, la causa
de, después de los movimientos de 1848, fue apoyada por ella, para afianzar su poder en el
interior del país.
Sanfedistas: partidarios de la “Santa Fe”, miembros de grupos terroristas manejados a
comienzos del siglo xix por las fuerzas del Vaticano, reclutados principalmente entre los ele
mentos del lumpenproletariado y que actuaban contra el movimiento de liberación de Italia.

de los Borbones contra el pueblo. El 10 de agosto de 1792, el 29 de
julio de 1830, en los combates napolitanos de 182o,10 en todas partes
encontramos a los nietos de Guillermo Tell y de Winkelried con
vertidos en lansquenetes a sueldo de esa familia cuyo nombre es en
toda Europa, desde hace años, sinónimo de monarquía absoluta.
Claro está que pronto va terminar esto. Los cantones suizos al civi
lizarse, han decretado, tras muchas vacilaciones, la prohibición de
que su gente se contrate como soldados al servicio de potencias
extranjeras.11 En lo sucesivo, los recios hijos de la libre Suiza ten
drán que renunciar a pisotear a las mujeres de Nápoles, a vivir a
cuerpo de rey con lo que robaban en las ciudades sublevadas y, en
caso de derrota, a que su memoria sea perpetuada por los leones
de Thorwaldsen,12 como la de los caídos del 10 de agosto.
Pero, entre tanto, la Casa de Borbón puede volver a respirar. La
reacción, que ha vuelto a entronizarse desde el 24 de febrero,13 no
ha logrado en ninguna parte una victoria tan decisiva como en
Nápoles; y ha sido precisamente de Nápoles y Sicilia de donde par
tió la primera de las revoluciones de 1848. Pero la oleada revolucio
naria desatada sobre la vieja Europa no podrá contenerse con cons
piraciones absolutistas ni golpes de Estado. Con la contrarrevolución
1010 de agosto de 1792: fecha en que fue derrocada en Francia la monarquía mediante la
sublevación popular.
29 de julio de 1830: día en que el pueblo de París triunfó sobre las tropas reales, derrocan
do en Francia a la dinastía de los Borbones.
1820: en este año se encendió en Nápoles un movimiento, revolucionario, acaudillado
por los carbonarios. Mediante la injerencia de las potencias de la Santa Alianza, este movi
miento revolucionario fue reprinjido.
11 Los cantones suizos se servían de una organización mediante la cual pactaban con los
Estados europeos (desde el siglo xv hasta mediados del siglo xix) a fin de movilizar, para sus
ejércitos contingentes de mercenarios suizos. En una serie de revoluciones burguesas duran
te los siglos x v iii y xix, los suizos mercenarios actuaban como instrumento de la contrarre
volución monárquica.
12 La figura del escultor danés Thorwaldsen a que se hace referencia representa a un león
moribundo y se exhibe en Lucerna para recordar a los mercenarios suizos que, el 10 de agos
to de 1792, murieron en la defensa del Palacio real de París, en lucha contra el pueblo suble
vado.
13 24 de febrero de 1848: fecha en que fue derrocada la monarquía de Luis Felipe de
Orleáns.

del 15 de mayo, Fernando de Borbón ha puesto la primera piedra
para lo que será la República italiana. Calabria está en llamas, en
Palermo se ha instaurado un gobierno provisional; también los
Abruzzos se levantarán, los habitantes de todas las provincias esquil
madas marcharán sobre Nápoles y, unidos al pueblo de esta ciudad,
tomarán venganza del rey felón y de sus brutales lansquenetes.
Y cuando Fernando caiga, morirá por lo menos con la satisfacción
de haber vivido y haber muerto como un auténtico Borbón.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. i, i de junio de 1848]