Londres, 16 de marzo de 1895

Querido Victor:

Adjunta te envío en seguida la información solicitada. El artículo de Sombart[1] es bastante bueno, sólo que su concepción de la ley del valor adolece de cierta decepción en lo tocante a la solución del problema de la tasa de ganancia. Evidentemente, había contado con un milagro y, en su lugar, se encuentra con lo simplemente racional, que es todo menos milagroso. De ahí su reducción de la importancia de la ley del valor a la imposición de la fuerza productiva del trabajo como poder económico decisivo. Esto es demasiado general e impreciso. — Muy bueno es el artículo del pequeño Conrad Schmidt en el »Sozialpolitisches Centralblatt«. Los artículos de E. Bernstein[2] eran muy confusos; el hombre sigue aún neurasténico y, además, vergonzosamente agobiado de trabajo, tiene demasiadas cosas entre manos, dejó estar el asunto y, de pronto, K. K[autsky] lo acosó para que entregara el artículo.

Ya que quieres empollar en el »agujero«[3] el »Capital« II y III, quiero darte algunas indicaciones para facilitártelo.

Libro II. Sección 1. Lee a fondo el cap. 1, luego puedes tomar más a la ligera los caps. 2 y 3; el cap. 4, de nuevo, como resumen, con más detenimiento; 5 y 6 son fáciles, y particularmente el 6 trata cuestiones secundarias.

Sección II. Caps. 7-9 importantes. Especialmente importantes 10 y 11. Igualmente 12, 13, 14. En cambio, 15, 16, 17, por de pronto, sólo para lectura cursiva.

Sección III. Es una exposición absolutamente excelente del ciclo global de mercancías y dinero en la sociedad capitalista, tratado aquí por primera vez desde los fisiócratas — excelente por el contenido, pero terriblemente pesada por la forma, porque 1. está remendada a partir de dos elaboraciones que proceden según dos métodos distintos, y 2. porque la elaboración nº 2 fue llevada a término a la fuerza, en un estado de enfermedad en que el cerebro padecía de insomnio crónico. Esto me lo reservaría para el final del todo, tras un primer trabajo a fondo del libro III. Es también lo más prescindible para tu trabajo.

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Luego el tercer libro. Aquí es importante: en la Sección I, caps. 1-4, en cambio menos importantes para la conexión general, por tanto, de momento, no dedicarles mucho tiempo. Caps. 5, 6, 7.

Sección II. Muy importantes caps. 8, 9, 10. Tratar de forma cursiva 11 y 12.

Sección III. Muy importante, todo, 13-15.

Sección IV. Igualmente muy importante, pero también de fácil lectura 16 a 20.

Sección V. Muy importantes caps. 21-27. Menos el cap. 28. Importante cap. 29. En conjunto sin importancia para tus fines caps. 30-32; importantes, tan pronto como se trate de papel moneda, etc., 33 y 34; sobre el cambio internacional, importante 35; muy interesante para ti y de fácil lectura 36.

Sección VI. Renta del suelo. 37 y 38 importantes. Menos, pero aun así hay que tomarlos en cuenta, 39 y 40. Más descuidables 41-43. (Renta diferencial II, casos particulares.) 44-47 importantes de nuevo y, en su mayor parte, también de fácil lectura.

Sección VII muy hermosa, lastimosamente torso y, además, también con fuertes huellas de insomnio.

Así, si conforme a esto estudias a fondo lo principal y al principio superficialmente lo menos importante (lo mejor es leer de nuevo antes los asuntos principales del tomo 1), obtendrás una visión de conjunto del todo y, después, podrás elaborar también más fácilmente los pasajes descuidados.

Tus noticias sobre el periódico nos han alegrado mucho. El efecto político es lo principal, lo financiero viene ya por sí solo y se verá muy facilitado y acelerado tan pronto como aquél esté asegurado. Veo con placer tu mano en las notas sobre la reforma electoral[4] de la primera página — ahí está el fulcrum [la base] para el efecto decisivo.

Estoy de nuevo un poco cojo a causa de la vieja historia, que periódicamente, sobre todo en primavera, me atormenta un tanto, aunque es menos que antes y más leve; en unas 2 semanas, creo, habrá pasado, sin que necesite, como en el 93 y el 94, aires de mar.

El movimiento de aquí se resume en esto: en las masas, el progreso instintivo sigue su curso, la tendencia se mantiene; pero tan pronto como se llega a dar expresión consciente a este instinto y a esta tendencia impulsiva, ello ocurre a través de los jefes de secta de una manera tan estúpida y limitada, que a uno le entran ganas de repartir bofetadas a diestro y siniestro. Mas éste es, de una vez por todas, el auténtico mét|438>odo anglosajón.

Muchos saludos.

Tuyo

F. E.