Escrita a principios de enero de 1894.

Tomado de: «Escritos internacionales del "Volksstaat" (1871-75)», Berlín 1894.

Para facilitar la comprensión de la siguiente
Memoria
pueden servir un par de indicaciones cronológicas.

El 9 de febrero de 1873, el rey Amadeo se había hartado de su monarquía española; él —el primer rey que se declaró en huelga— abdicó. El 12 fue proclamada la república; acto seguido estalló en las provincias vascongadas una nueva sublevación carlista.

El 10 de abril fue elegida una asamblea constituyente, que se reunió a principios de junio y el 8 de junio proclamó la república federal. El 11 se constituyó un nuevo ministerio bajo Pi y Margall. Al mismo tiempo se eligió una comisión para redactar la nueva constitución, de la cual, no obstante, fueron excluidos los republicanos extremados, los llamados intransigentes. Cuando, pues, el 3 de julio fue proclamada esta nueva constitución, a los intransigentes no les pareció que fuera lo bastante lejos en el despedazamiento de España en «cantones independientes»; los intransigentes organizaron entonces de inmediato levantamientos en las provincias; en Sevilla, Córdoba, Granada, Málaga, Cádiz, Alcoy, Murcia, Cartagena, Valencia, etc., resultaron victoriosos en todas partes en los días del 5 al 11 de julio y erigieron en cada una de estas ciudades un gobierno cantonal independiente. El 18 de julio Pi y Margall presentó su dimisión y fue sustituido por Salmerón, quien inmediatamente hizo marchar tropas contra los insurrectos. Éstos sucumbieron en pocos días tras escasa resistencia; ya el 26 de julio quedó restablecida en toda Andalucía, con la caída de Cádiz, la autoridad del gobierno, mientras que aproximadamente por el mismo tiempo Murcia y Valencia fueron sometidas; sólo Valencia combatió con alguna energía.

Únicamente Cartagena resistió. Este puerto de guerra, el mayor de España, que había caído en manos de los sublevados junto con la flota, poseía por el lado de tierra, además de la muralla de la fortaleza, 13 fuertes destacados y, por tanto, no era fácil de tomar. Y puesto que el gobierno se guardaba de destruir su

propia base naval, el «cantón soberano de Cartagena» se mantuvo con vida hasta el 11 de enero de 1874, fecha en que por fin capituló, porque en realidad ya para absolutamente nada servía en el mundo.

En toda esta innoble insurrección, lo único que aquí nos interesa son las acciones, todavía más innobles, de los anarquistas bakuninistas; sólo éstas se describen aquí con algún detalle, como ejemplo admonitorio para la época contemporánea.