Escrito el 8 de abril de 1893.
Según el borrador manuscrito.

Karl Marx se encontró entonces en Viena con el librero praguense Borrosch, jefe de la fracción germano-bohemia en la Asamblea Nacional austriaca.

Borrosch se quejaba amargamente de la discordia nacional en Bohemia y de las supuestas hostilidades fanáticas de los germano-bohemios por parte de los checos. Marx le preguntó cómo estaban allí las cosas con los obreros bohemios. «Sí», respondió Borrosch, «eso es un asunto muy singular; en cuanto los obreros entran en el movimiento, eso cesa; ya no se habla de checos o alemanes, todos se mantienen unidos.»

Lo que los obreros bohemios de ambas nacionalidades [entonces] sólo _sentían_, eso lo _saben_ hoy: que toda aquella discordia nacional sólo es posible bajo el dominio de los grandes terratenientes feudales y de los capitalistas; que sólo sirve para perpetuar ese dominio; que los obreros checos y alemanes tienen los mismos intereses comunes y que, tan pronto como la clase obrera llegue al poder político, todo pretexto para la discordia nacional queda eliminado. Pues la clase obrera es internacional por su naturaleza más íntima, y eso lo demostrará de nuevo en este primero de mayo.

Londres

F. E.