Friedrich Engels

Un caso recién descubierto de matrimonio por grupos

Frente a la negación del matrimonio por grupos que recientemente se ha puesto de moda entre ciertos etnógrafos racionalistas, reviste interés el siguiente informe, que traduzco de los “Russkija Vjedomosti” (Gaceta Rusa) de Moscú, del 14 de octubre de 1892 del estilo antiguo. No sólo se constata aquí expresamente la vigencia plena del matrimonio por grupos, es decir, el derecho al comercio sexual recíproco entre una serie de hombres y una serie de mujeres, sino también una forma del mismo que se vincula estrechamente con el matrimonio punalúa de los hawaianos, por tanto con la fase más desarrollada y clásica del matrimonio por grupos. Mientras que el tipo de la familia punalúa consiste en una serie de hermanos (carnales y más lejanos) casados con una serie de hermanas carnales y más lejanas, encontramos aquí, en la isla de Sajalín, que un hombre está casado con todas las mujeres de sus hermanos y con todas las hermanas de su mujer, lo cual, visto desde el lado femenino, significa que su mujer está autorizada a comerciar sexualmente de manera libre con los hermanos de su marido y con los maridos de sus hermanas. La diferencia con respecto a la forma típica del matrimonio punalúa consiste, pues, únicamente en que los hermanos del marido y los maridos de las hermanas no son necesariamente las mismas personas.

Hay que señalar, además, que también aquí se confirma lo que dije en “El origen de la familia”, 4.ª ed., págs. 28-29: que el matrimonio por grupos no tiene, en modo alguno, el aspecto que se imagina la fantasía de burdel de nuestro filisteo; que los cónyuges del matrimonio por grupos no llevan públicamente la misma vida lujuriosa que él practica en secreto, sino que esta forma de matrimonio, al menos en los ejemplos que aún hoy se nos presentan, sólo se distingue en la práctica de un matrimonio sindiásmico laxo, o incluso de la poligamia, por el hecho de que una serie de casos de comercio sexual permitidos por la costumbre están exentos de los castigos severos que, de otro modo, les corresponderían.

Que el ejercicio práctico de estos derechos se extinga paulatinamente sólo demuestra que esta misma forma de matrimonio está sentenciada a desaparecer, cosa que también confirma su escasa presencia.

Por lo demás, toda la descripción es interesante porque prueba una vez más cuán semejantes, y hasta idénticas en sus rasgos fundamentales, son las instituciones sociales de semejantes pueblos primitivos que se hallan en un nivel de desarrollo bastante similar. La mayor parte de lo dicho sobre estos mongoloides de Sajalín es aplicable a las tribus dravídicas de la India, a los isleños del mar del Sur en la época de su descubrimiento, a los pieles rojas americanos. El informe reza así:

“En la sesión del 10 de octubre (del estilo antiguo; 22 de octubre del estilo nuevo) de la sección de antropología de la Sociedad de Amigos de las Ciencias Naturales de Moscú, el señor N. A. Yantschuk leyó una interesante comunicación del señor Sternberg sobre los guiliacos, una tribu poco investigada de la isla de Sajalín, que se halla en el estadio cultural del salvajismo. Los guiliacos no conocen ni la agricultura ni la alfarería, se alimentan principalmente de la caza y la pesca, calientan el agua en artesas de madera arrojando piedras incandescentes, etc. Particularmente interesantes son sus instituciones relativas a la familia y a la gens. El guiliaco llama padre no sólo a su padre carnal, sino también a todos los hermanos de su padre; a las mujeres de estos hermanos, así como a las hermanas de su madre, las llama a todas sus madres; a los hijos de todos estos 'padres' y 'madres' {1} los llama sus hermanos y hermanas. Este sistema de denominación existe, como es sabido, también entre los iroqueses y otras tribus indias de Norteamérica, así como entre algunas tribus de la India. Pero mientras que entre éstos hace ya mucho tiempo que no corresponde a las relaciones reales, entre los guiliacos sirve para designar un estado de cosas que aún hoy está vigente. Todavía hoy, cada guiliaco tiene derecho conyugal sobre las mujeres de sus hermanos y sobre las hermanas de su mujer; al menos, el ejercicio de tales derechos no se considera como algo ilícito. Estos restos del matrimonio por grupos sobre la base de la gens recuerdan el conocido matrimonio punalúa, que aún existía en las islas Sandwich en la primera mitad de nuestro siglo. Esta forma de las relaciones familiares y gentilicias constituye la base de toda la ordenación gentilicia y de la constitución social de los guiliacos.

La gens de un guiliaco se compone de todos los hermanos de su padre – próximos y lejanos, reales y nominales – {2}, de los padres y madres de éstos (?), de los hijos de sus hermanos y de sus propios hijos. Es comprensible que una gens así constituida pueda abarcar una cantidad enorme de personas. La vida en la gens transcurre según los siguientes principios. El matrimonio dentro de la gens está terminantemente prohibido. La mujer de un guiliaco fallecido pasa, por decisión de la gens, a uno de sus hermanos carnales o nominales {3}. La gens cuida del sustento de todos sus miembros incapacitados para trabajar. ‘Entre nosotros no hay pobres’, dijo al ponente un guiliaco, ‘a quien está necesitado lo alimenta el chal (gens).’ Los miembros de la gens están unidos, además, por comunes ceremonias sacrificiales y fiestas, un cementerio común, etc.

La gens garantiza a cada uno de sus miembros vida y seguridad contra los ataques de quienes no pertenecen a ella; como medio de represión rige la venganza de sangre, cuyo ejercicio, sin embargo, ha disminuido mucho bajo el dominio ruso. Las mujeres están enteramente excluidas de la venganza de sangre gentilicia. – En casos aislados, por lo demás muy raros, la gens adopta también a miembros de otras gentes. Como regla general rige que el patrimonio de un difunto no puede salir de la gens; a este respecto, prevalece literalmente entre los guiliacos la conocida prescripción de las Doce Tablas: Si suos heredes non habet, gentiles familiam habento – si no tiene herederos propios, heredarán los miembros de la gens. Ningún acontecimiento importante en la vida del guiliaco se realiza sin la participación de la gens. Hace no mucho tiempo, una o dos generaciones atrás, el miembro más viejo de la gens era el jefe de la comunidad, el 'stárosta' de la gens; hoy en día, el papel del anciano de la gens se limita casi exclusivamente a la dirección de ceremonias religiosas. Las gentes están a menudo diseminadas por lugares muy alejados unos de otros, mas incluso en la separación los miembros continúan acordándose unos de otros, visitándose mutuamente, prestándose ayuda y protección, etc. Sin la más extrema necesidad, el guiliaco nunca abandona a sus compañeros de gens ni las tumbas de su gens. El régimen gentilicio ha impreso un sello muy determinado a toda la vida espiritual, al carácter, a las costumbres, a las instituciones de los guiliacos. La costumbre de debatirlo todo en común, la necesidad de intervenir constantemente en los intereses de los miembros de la gens, la solidaridad en la venganza de sangre, la obligación y el hábito de convivir con diez o más de sus semejantes en grandes tiendas-yurtas, en suma, el hallarse en cierto modo siempre entre el pueblo, todo ello ha dado al guiliaco un carácter sociable y locuaz. El guiliaco es extraordinariamente hospitalario, le gusta agasajar a los huéspedes y ser él mismo huésped. La hermosa costumbre de la hospitalidad se manifiesta de manera particularmente destacada en los tiempos malos. En un año de desgracia, cuando el guiliaco no tiene nada que comer, ni para él ni para sus perros, no tiende la mano para pedir limosna, se va sin desaliento a casa de otro como huésped y allí es alimentado, a menudo por un tiempo bastante largo.

Entre los guiliacos de Sajalín casi no se dan crímenes por afán de lucro. Sus objetos preciosos los guarda el guiliaco en un almacén que nunca se cierra con llave. El guiliaco es tan sensible a la vergüenza que, tan pronto como se le descubre un acto deshonroso, se interna en el bosque y se ahorca. El homicidio es muy raro y casi sólo se produce en arrebatos de cólera; en ningún caso, sin embargo, por intención lucrativa. En el trato con los demás, el guiliaco muestra rectitud, fiabilidad y escrupulosidad.

A pesar de su larga sumisión a los manchúes convertidos en chinos, a pesar de la perniciosa influencia de la colonización {4} de la región del Amur, los guiliacos han conservado en el aspecto moral muchas virtudes de una tribu primitiva. Pero el destino de su orden social es ineluctable. Una o dos generaciones más, y los guiliacos del continente se habrán convertido completamente en rusos, apropiándose, junto con los beneficios de la cultura, también sus lacras. Los guiliacos de Sajalín, más o menos alejados de los centros de colonización rusa, tienen perspectivas de conservarse sin falsear algo más de tiempo. Pero también entre ellos empieza a hacerse sentir la influencia de la vecindad rusa. Acuden a las aldeas por causa del comercio, van a Nikoláievsk a trabajar, y cada guiliaco que regresa de tal trabajo a su lugar natal trae consigo la misma atmósfera que el obrero se lleva de la ciudad a su aldea rusa. Y, además, el trabajo en la ciudad, con sus cambiantes golpes de fortuna, aniquila cada vez más aquella igualdad originaria que constituye un rasgo predominante en la vida económica, simple y sin artificios, de estos pueblos.

El artículo del señor Sternberg, que contiene también noticias sobre las representaciones y costumbres religiosas y sobre sus instituciones jurídicas, se publicará íntegramente en la 'Revista Etnográfica' ('Etnografítscheskoje obosrenie').”

Variantes del texto

{1} En “Russkije Wedomosti”: de todos los parientes enumerados.

{2} En “Russkije Wedomosti”: todos los hermanos de su padre (de todos los grados) (en lugar de: todos los hermanos de su padre – próximos y lejanos, reales y nominales).

{3} En “Russkije Wedomosti”: hermanos (de cualquier grado) (en lugar de: hermanos carnales o nominales).

{4} En “Russkije Wedomosti”: de la población nómada (en lugar de: de la colonización).