Con tu habitual perspicacia has adivinado acertadamente que te envío la presente por medio de la Bruja [01]. Ante todo, pues, mi agradecimiento por el Reichskursbuch imperial y real y mi promesa de esforzarme por ajustar mi «nuevo curso» según Su Majestad Imperial y Real. Algunos de los signos y prodigios misteriosos que en él aparecen ya los he descifrado y espero, en los próximos 14 días, haberles llegado completamente al fondo y, en consecuencia, no quedarme encallado en ningún sitio.

Mis planes son, pues, los siguientes. El próximo miércoles [02] voy a casa de Pumps [03] a Ryde [04], adonde se me remitirán todas las cartas. Me quedaré allí hasta hacia el 10 o 15 de agosto, según las circunstancias. Espero aún una carta de Barmen [05], de la que dependerá el día de mi partida. A Barmen no voy, pues tengo tantos sobrinos y sobrinas que no acabaría con las visitas de cortesía ni en 14 días. Pero a Engelskirchen, donde mis hermanos veranean alternándose, iré un par de días. De allí, hacia el 18 o 19, a Zúrich, donde debo hacer una visita a mi prima, la señora Beust y familia, prometida desde hace años. Te comunicaré mi llegada en cuanto pueda y luego iré el 24 o 25 a St. Gallen; si me vienes a buscar, tanto mejor. Luego nos pondremos en marcha hacia Stuckert, a orillas del Neckar, recogeremos al tío Georg, y seguiremos hacia Múnich y —a ser posible atravesando los Alpes— hacia Viena, etc. Lo demás te lo contará de palabra (no la señora Beust, que es el sujeto gramatical, sino la Bruja, que de todos modos es un sujeto muy poco gramatical).

Como dice Tussy, las elecciones [06] aquí en el Ostend han provocado un entusiasmo furioso. Los obreros han visto por fin que pueden algo, con solo que quieran. El hechizo liberal está roto, y también en la «Workman's Times» se proclama desde todos los rincones la Independent Labour Party [07] como lo único necesario. Al testarudo John Bull no lo impresiona nada salvo los hechos, pero éstos sí que lo hacen, y con seguridad.

La vollmariada demuestra una vez más que el hombre ha perdido todo contacto con el partido [08]. Probablemente este año o el próximo habrá que llegar a la ruptura con él; parece querer imponer a la fuerza al partido las simplezas socialistas de Estado. Pero como es un intrigante redomado, y como yo tengo experiencia de sobra en luchas con esta clase de gente —M[arx] y yo hemos cometido a menudo errores de táctica frente a esta calaña y hemos tenido que pagar el correspondiente aprendizaje—, me tomo la libertad de darte aquí algunas advertencias.

Ante todo, esta gente se las arregla para ponernos formalmente en falta, y eso hay que evitarlo. De lo contrario, se explayan sobre ese punto secundario para oscurecer el punto principal, cuya debilidad sienten. Así pues, precaución en las expresiones, tanto en público como en privado. Ya ves con qué habilidad utiliza el tipo tu observación sobre L[ie]bk[necht] para crear camorra entre él y tú —¡cuando conoce muy bien vuestra posición recíproca!— y ponerte así entre dos sillas. [09]

En segundo lugar, como lo que les importa es oscurecer la cuestión principal, hay que evitar todo pretexto para ello; despachar todos los puntos secundarios que susciten con la mayor brevedad y contundencia posibles, para que desaparezcan de una vez para siempre; pero uno mismo debe eludir, en la medida de lo posible, toda vía lateral o punto secundario que se presente, pese a toda tentación. De lo contrario, el campo del debate se amplía sin cesar y el punto de litigio originario desaparece cada vez más del horizonte. Entonces ya no es posible una victoria decisiva, y eso para el camorrista ya es un éxito suficiente, y para nosotros, al menos, un revés moral.

En tercer lugar, de 1. y 2. se sigue que, frente a esta gente, la pura defensiva es la mejor táctica hasta que ellos mismos se hayan metido convenientemente en el atolladero… entonces, breve y demoledor fuego de artillería y decisivo ataque a la bayoneta. Aquí, como en ninguna otra parte, se trata de ahorrar la munición y las reservas hasta el último momento.

Cada vez que nos hemos apartado de estas reglas en la lucha contra los bakuninistas, los proudhonianos, los profesores alemanes y demás gentuza semejante, hemos tenido que pagar las consecuencias, y por eso te las pongo de nuevo a tu disposición.

Un cordial saludo también a la señora Julie de parte de tu

General

A petición de Siegel, adjunto su última carta.

[01] La Bruja es Louise Kautsky, de soltera Strasser (1860-1950). Louise fue la primera esposa de Karl Kautsky hasta 1889 (no confundir con Luise K. —sin «o»—, de soltera Ronsperger, segunda esposa de Kautsky desde 1890); desde 1894, casada con Ludwig Freyberger. Desde 1890 fue secretaria de Engels.

[02] Miércoles, 27 de julio de 1892.

[03] «Pumps» era el apodo de Mary Ellen Rosher, nacida hacia 1860 como Mary Ellen Burns. Sobrina de las esposas de Engels.

[04] Engels escribió el 12 de julio de 1892 a su hermano Hermann en Barmen que, en el viaje que proyectaba al continente hacia el 10 y 12 de agosto, deseaba visitar a los parientes en Engelskirchen.

[05] A causa de una enfermedad, Engels permaneció en Ryde hasta el 6 de septiembre de 1892.

[06] Vencedores en las elecciones a la Cámara de los Comunes en el verano de 1892 fueron los liberales, pero de los numerosos candidatos de las organizaciones socialistas y obreras, tres habían ganado su circunscripción: James Keir Hardie, John Burns y John Havelock Wilson.

[07] La Independent Labour Party fue fundada en enero de 1893 con la participación de miembros de los viejos y nuevos trade unions, de la Fabian Society, de la Social Democratic Federation y de otras asociaciones socialistas.

[08] Georg von Vollmar, en su artículo «Le socialisme de M. de Bismarck et le socialisme de l'empereur Guillaume», publicado en la revista parisina «Revue bleue. Revue politique et littéraire» de junio de 1892, había afirmado que el Programa de Erfurt se aproximaba en varias reivindicaciones al «socialismo de Estado» de Bismarck y del emperador Guillermo II. Ello desencadenó una viva polémica en la prensa socialdemócrata.

[09] Vollmar había reprochado a Bebel una injerencia en la redacción del periódico del partido «Vorwärts», lo cual Bebel rechazó en una carta a Vollmar añadiendo que no había visto a Liebknecht desde hacía dos semanas. Vollmar reprodujo entonces, en un artículo del 19.7.1892 en la «Münchener Post», esta carta de forma tan tergiversada como si Bebel hubiera reprochado a Liebknecht la negligencia en sus deberes como redactor del «Vorwärts».