Friedrich Engels

[A la redacción del "Berliner Volks-Tribüne"]

["Berliner Volks-Tribüne" Nº 47 del 19 de noviembre de 1892]

La serie de artículos que aparece en la "Volks-Tribüne" sobre "La Federación del Jura y Mijaíl Bakunin" me obliga a una breve réplica.

Aunque el autor parece esforzarse por tratar su tema de manera objetiva e imparcial, en realidad lo presenta tal como los señores anarquistas mismos lo presentaron y deseaban que se presentara. Dispone, en efecto, de un material bakuninista muy amplio; de las publicaciones del partido contrario ginebrino utiliza muy poco, y nada en absoluto de las del Consejo General de Londres.

De un solo artículo (X, del 12 de nov.) destaco las falsedades más llamativas.

No es cierto que el Consejo General convocara en 1871 una conferencia "secreta" en Londres, de la cual

"sólo se había dejado de dar conocimiento a las secciones anarquistas de Suiza; éstas, sin embargo, se enteraron del proyecto", etc.

La conferencia fue exactamente tan pública y tan secreta como cualquier reunión de la directiva de cualquier partido socialdemócrata; no se pregonó en los periódicos ni se invitó a reportero alguno al local.

Las secciones del Jura estaban en abierta rebelión contra el Consejo General y al margen de todo trato oficial con él. En cambio, en el Consejo General tenían asiento
dos anarquistas bakuninistas
y miembros de la sociedad secreta bakuninista, elegidos a propuesta del "dictador" Marx: Robin y Bastelica. Precisamente Robin mediaba en el trato con los jurásicos, propuso en su nombre ya en marzo de 1871 la misma conferencia que más tarde renegaron, y les informó también de la convocatoria efectuada. Todo lo demás es mentira anarquista.

La conferencia,

"que debía reunirse en casa de Marx, ... tuvo lugar ... en la vivienda de Marx".

Mentira estúpida; tuvo lugar en los "Blue Posts", un restaurante cerca de Tottenham Court Road, en pleno llamado barrio francés.

La composición de la conferencia se indica también falsamente, lo mismo que el punto de diferencia a propósito del párrafo, no de los estatutos, sino de su introducción motivadora. El primer comité local parisino (proudhonista) había tergiversado en su traducción francesa el pasaje en cuestión: "La emancipación económica de la clase obrera es el gran fin al que todo movimiento político debe subordinarse como medio", convirtiéndolo en:

"el gran fin ante el cual todo movimiento político debe retroceder".

Mientras las actas del congreso de Ginebra fueron confiscadas, al pasar por Francia, por la policía bonapartista y no quedaron por fin libres hasta la intervención del Ministerio de Asuntos Exteriores inglés, en Ginebra se había vuelto a imprimir sin más la vieja traducción de París, y sobre esa base los anarquistas posteriores pudieron afirmar que el congreso de Ginebra así lo acordó. A este embuste se puso fin —ciertamente para gran pesar de los bakuninistas— mediante la publicación de un texto auténtico de los estatutos en inglés, francés y alemán, ya encomendada al Consejo General por aquel mismo congreso de Ginebra y llevada a cabo ahora, en 1871. Tengo ante mí el ejemplar de los estatutos en el que Marx anotó las modificaciones acordadas por el congreso de Ginebra; éstas se limitan únicamente a los artículos mismos de los estatutos y no afectan en absoluto a la introducción fundacional.

Tampoco es cierto que la conferencia de Londres acordara poner

"el movimiento anarquista del Jura bajo el mando del comité de Ginebra".

Y aquí se me despiertan serias dudas sobre la honesta intención del autor. O sabe leer o no sabe. Si sabe leer, del acuerdo de la conferencia sólo puede extraer: 1º, que al comité del Jura se le retira el nombre (por él usurpado) de
Comité romand
y este nombre se asigna al viejo comité de Ginebra; 2º, que se exhorta a los jurásicos a avenirse con los ginebrinos; 3º, que en caso de no ser ello posible, deben formar una federación propia bajo el título de Federación del Jura. La conferencia, pues, no hizo sino dejar tanto a los ginebrinos como a los jurásicos completamente entregados a su propia autonomía.

Basta. El autor es, o se hace, el niño inocente que cree al pie de la letra todo lo que dice la pobre ovejita anarquista calumniada. De lo que estos señores juzgaron oportuno no decir, nuestro informante no sabe una palabra, y tampoco, por tanto, de lo que sirvió de trasfondo a toda la disputa. Tras la alianza
pública
de la "Alianza de la Socialdemocracia", fundada por Bakunin, se ocultaba una alianza
secreta
con el fin de poner la dominación sobre toda la Internacional en manos de los anarquistas. Esta alianza secreta estaba muy extendida en el Jura, en Italia y en España. De España recibió primero el Consejo General pruebas de ello, y luego, de Ginebra, los estatutos y muchos otros documentos de este inocente complot contra el movimiento obrero europeo. Sobre estos documentos fue sobre los que el congreso de La Haya de 1872 ejerció de tribunal al expulsar de la Internacional a Bakunin y a Guillaume. Y todo esto, y un buen trecho más para la rectificación de las falsificaciones anarquistas de la historia ahora recalentadas, puede leerse en el escrito publicado por encargo del congreso de La Haya:
"L'alliance de la Démocratie Socialiste et l'association Internationale des Travailleurs",
Londres & Hamburgo 1873, en alemán por Kokosky: "Ein Komplott gegen die Internationale", Braunschweig, Bracke 1874.

Londres, 15 de noviembre de 1892

Friedrich Engels