ese vicio francés —sincero, liso y llano— a esta hipócrita virtud británica. { ]

[Traducido del original inglés según Friedrich Engels/Paul et Laura Lafargue, Correspondanee, ed. cit. t. III, p. 241.]

IVIII]

De Engels a August Bebel Londres, 22 de. diciembre de 1892 [ . ] Lo de Panamá se vuelve día a día más maravilloso. El asunto adopta por entero un giro dramáticamente crítico, tal como suele ocurrir en Francia. A cada momento parece como si pudieran cuajar los esfuerzos por enterrar el caso, pero entonces éste salta de nuevo por un lugar inesperado, con más violencia que antes, y sucede ahora que no hay ocultamiento que valga. Primero había que echarle tierra al asunto por medio de la justicia, pero las nuevas revelaciones obligaron a designar la comisión investigadora; luego se debía neutralizar a ésta, pero la intentona no arrojó más que un resultado parcial, y ello sólo porque se incoó un segundo proceso judicial, más riguroso. Y ahora hay la mar de' revelaciones y demandas judiciales contra diputados y senadores. Éntre bastidores están: 1) Constans5, consciente de que su papel ha terminado y que quiere vengarse; 2) Rochefort9, y los bulangistas, que también saben mucho; 3) los Orleans, que desean que toda la comedia lleve agua al molino de su procurada restauración. Toda esa gente sabe mucho y dispone de la mayor parte de los elementos de prueba. Y aunque todos ellos se abstuvieran de actuar, Ch[arles] de Lesseps y Rouvieri0 se vengarían, empujando al pantano a la mayor cantidad posible de personas y complicándolas en su caso. La frase que mejor describe la situación la ha pronuncia-