mos, los periódicos franceses que me llegan, me encuentro de nuevo totalmente inmerso en el año de 1847. También entonces esperábamos cada mañana una nueva revelación escandalosa, y raras eran las veces que se experimentaba un desengaño. El asunto panameño supera todo lo que ocurrió, en materia de corrupción, tanto en los tiempos de Luis Felipe como bajo el tercer Bonaparte. Se han desembolsado 83 millones de francos en gastos de instalación, incluyendo en estos la prensa y el parlamento. El asunto desnuca a la república burguesa, ya que los radicales se hallan tan metidos en el baile como los oportunistas. Desde luego, los implicados procuran echar tierra sobre el asunto, pero cuanto más se esmeran, tanto peor. Una vez abierta la compuerta de las revelaciones, y hallándose algunos irremediablemente enredados en el escándalo, éstos tienen que cubrirse y para ello traicionan ? sus compinches y alegan que todo su delito fue dejarse llevar por la corriente. Ya en estos momentos la comisión ha escuchado declaraciones tan tremendamente comprometedoras que no hay manera de enterrar el asunto; unos pocos podrán escurrir el bulto, pero hay una gran cantidad de identificados nominalmente, y además, cuantos menos sean los nombres, quedarán tanto más asociados a la república burguesa. Cualquier cosa puede sobrevenir aún, pero es el comienzo del fin...Por fortuna todos los partidos monárquicos están absolutamente desprestigiados, y no es tan fácil encontrar un segundo Boulanger-5 [ ]

[MEW, t. XXXVIII, p. 537.]

ÍV]

De Engels a Laura Lafargüe Londres, 5 de diciembre] del 92 [ ] Ah, le Panama! Puedo decirte que tengo cua-