Friedrich Engels

En el caso de Brentano contra Marx por supuesta falsificación de cita

Narración histórica y documentos

Escrito entre diciembre de 1890 y febrero de 1891.

Según la primera edición, Hamburgo 1891.

Contenido:

I

II

III

IV

V

VI

VII

Documentos

Los pasajes incriminados

El Manifiesto Inaugural

"El Capital". Marx, "El Capital", tomo I, 3.ª ed., pp. 670-672

Brentano y Marx

La acusación. "Concordia", núm. 10, 7 de marzo de 1872

Respuesta de Marx. "Volksstaat", núm. 44, sábado 1 de junio de 1872.

Réplica del anónimo. "Concordia", núm. 27, 4 de julio de 1872

Segunda respuesta de Marx. "Volksstaat", núm. 63, 7 de agosto de 1872

Dúplica del anónimo. "Concordia", núm. 34, 22 de agosto de 1872

Sedley Taylor y Eleanor Marx

Ataque de S. Taylor. "Times", 29 de noviembre de 1883

Respuesta de Eleanor Marx. "To-Day", febrero de 1884

Réplica de S. Taylor. "To-Day", marzo de 1884

Segunda respuesta de Eleanor Marx. "To-Day", marzo de 1884

Engels y Brentano

Del prefacio de Engels a la 4.ª edición de "El Capital" de Marx, tomo I

Respuesta de Brentano. "Mi polémica con Karl Marx", Berlín 1890, pp. 3-5

De los apéndices a la respuesta de Brentano

De los informes parlamentarios de la prensa londinense del 17 de abril de 1863

Gladstone a Brentano. "Deutsches Wochenblatt", núm. 49, 4 de diciembre de 1890

Respuesta de Engels al núm. 16. "Neue Zeit", núm. 13, 1891, p. 425

En el
prefacio a la 4.ª edición
del primer tomo de "El Capital" de Marx

me vi en la necesidad de volver sobre una polémica contra Marx urdida en 1872 por un anónimo en la "Concordia" berlinesa y reanudada en 1883 por el señor Sedley Taylor, de Cambridge, en el "Times". El anónimo, desenmascarado por el señor Taylor como el señor Lujo Brentano, había acusado a Marx de falsificación de una cita. El breve informe que di acerca del asunto en aquel prefacio (está reproducido entre los documentos adjuntos,
núm. 12
) no tenía en modo alguno el propósito de resultar grato al señor Brentano; ¿qué había de más natural que me respondiera? Y así lo hizo, en efecto, mediante un folleto: "
Mi polémica con Karl Marx
. A la vez, una contribución a la cuestión del progreso de la clase obrera y de sus causas." De
Lujo Brentano
. Berlín, Walther & Apolant, 1890.

Este folleto nos da demasiado y demasiado poco. Demasiado, porque nos comunica "a la vez", y por extenso, las opiniones del señor Brentano sobre "el progreso de la clase obrera y sus causas". Estas no incumben en absoluto al punto en litigio. Sólo observo lo siguiente: la reiterada declaración del señor Brentano de que la legislación protectora del trabajo y las organizaciones sindicales son capaces de mejorar la situación de la clase obrera no es, en modo alguno, descubrimiento propio suyo. Desde "La situación de la clase obrera en Inglaterra" y la "Misère de la Philosophie" hasta "El Capital" y mis más recientes escritos, Marx y yo lo hemos dicho cien veces, pero con muy fuertes restricciones. En primer lugar, los efectos favorables, sobre todo los de los sindicatos de resistencia, se limitan a las épocas de actividad mercantil mediana y boyante; en los períodos de estancamiento y de crisis fallan por regla general; la afirmación del señor Brentano de que "pueden paralizar los funestos

efectos del ejército de reserva" es una jactancia ridícula. Y en segundo lugar —prescindiendo de otras restricciones menos importantes—, ni la protección de la legislación ni la resistencia de los sindicatos eliminan lo principal que ha de ser eliminado: la relación de capital, que reproduce constantemente el antagonismo entre la clase capitalista y la clase de los asalariados. La masa de los asalariados sigue condenada a trabajo asalariado de por vida, la sima que los separa de los capitalistas se hace cada vez más profunda y más ancha, a medida que la gran industria moderna se apodera de todos los ramos de la producción. Mas como el señor Brentano quiere gustosamente convertir al esclavo del salario en un esclavo del salario
contento
, por eso tiene que exagerar colosalmente los efectos ventajosos de la protección obrera, de la resistencia sindical, de la legislación remendona social, etc., y porque nosotros somos capaces de oponer a estas exageraciones los hechos sencillos, de ahí su cólera.

Demasiado poco da aquel folleto, porque de los documentos de aquella polémica comunica sólo las actas intercambiadas entre el señor Brentano y Marx, mas no las aparecidas desde entonces en relación con la cuestión. Así pues, a fin de poner al lector en condiciones de formarse un juicio global, doy en el anexo 1. los pasajes incriminados del Manifiesto Inaugural del Consejo General de la Internacional y de "El Capital"; 2. la polémica entre el señor Brentano y Marx; 3. la sostenida entre el señor Sedley Taylor y Eleanor Marx; 4. mi prefacio a la 4.ª edición de "El Capital" y la réplica del señor Brentano al mismo; y 5. lo relativo a las cartas de Gladstone al señor Brentano. Queda entendido que omito aquí todos aquellos pasajes de las dilucidaciones de Brentano que no tocan a la cuestión de la falsificación de la cita, sino que constituyen únicamente su "contribución a la cuestión del progreso", etc.

I

En el núm. 10 de la "Concordia" berlinesa, del 7 de marzo de 1872, se produjo un violento ataque anónimo contra Marx en cuanto autor del
Manifiesto Inaugural del Consejo General de la Internacional
del año 1864. En este Manifiesto, se decía, Marx había falsificado una cita del discurso presupuestario del entonces canciller del Tesoro inglés, Gladstone, del 16 de abril de 1863.

El pasaje del Manifiesto Inaugural está reproducido en el anexo,
Documentos, núm. 1
. El artículo de la "Concordia", en el mismo lugar,
Documento núm. 3
. En este último se formula ahora la acusación como sigue:

«¿En qué relación se halla, pues, el contenido de ese discurso con la cita de Marx? Gladstone constata, en primer lugar, que ha tenido lugar, indudablemente, un colosal aumento de la renta del país. A Gladstone se lo demuestra el impuesto sobre la renta. Pero el impuesto sobre la renta sólo toma nota de las rentas de 150 libras esterlinas en adelante. Las personas con rentas inferiores no pagan impuesto sobre la renta en Inglaterra. El hecho de que Gladstone mencione esto simplemente para la correcta apreciación de su criterio lo utiliza Marx para hacer decir a Gladstone:
'Ese embriagador aumento de riqueza y de poder está limitado por entero a las clases poseedoras.'
¡Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. Justo lo contrario se dice en el mismo.
¡Marx ha añadido mendazmente la frase, tanto en la forma como en el contenido!
»

Ésta es la acusación, y nótese bien, la única acusación que el anónimo, quien ahora declaradamente se llama Lujo Brentano, levanta contra Marx.

El núm. 10 de la "Concordia" le fue enviado a Marx desde Alemania en mayo de 1872. En el ejemplar, que aún conservo, está la anotación: "Órgano de la Liga de los Fabricantes Alemanes". Marx, que jamás había oído hablar de ese periodicucho, tomó, pues, al autor por un fabricante metido a escritor y lo trató en consonancia.

En su respuesta en el "Volksstaat" (
Documentos, núm. 4
), Marx demostró que la frase en cuestión no sólo había sido citada de igual manera por el profesor Beesly en 1870 en la "Fortnightly Review", sino ya antes de aparecer el Manifiesto Inaugural en la "Theory of the Exchanges", Londres 1864, y, finalmente, que también el informe del "Times" del 17 de abril de 1863 contenía la frase, formal y materialmente, tal como él la cita: "El aumento que acabo de describir" (a saber, como "ese embriagador aumento de riqueza y de poder") "está enteramente limitado a las clases poseedoras." Si ese pasaje, ciertamente comprometedor en boca de un canciller del Tesoro inglés, no se encuentra en Hansard, es sólo porque el señor Gladstone fue lo bastante astuto para escamotearlo, según el consabido uso parlamentario inglés.

En todo caso, quedaba aportada aquí la prueba de que la frase supuestamente añadida de manera mendaz se halla
textualmente
en el informe del "Times" del 17 de abril de 1863 sobre el discurso pronunciado por el señor Gladstone la noche anterior. Y el "Times" era entonces órgano gladstoniano.

¿Qué responde ahora el señor Brentano, que florece en lo oculto como una violeta? ("Concordia", 4 de julio de 1872,
Documentos, núm. 5
.)

Con un descaro que jamás se ha permitido bajo su propio nombre, repite la acusación: Marx ha añadido mendazmente la frase; esta acusación, añade, es

"grave y, unida al contundente material probatorio aducido, simplemente aniquiladora".

El material probatorio no era nada más que el pasaje de Hansard en el que falta la frase. De modo que lo "aniquilador" podía serlo, a lo sumo, para esa misma desdichada frase que estaba en el "Times" y no en Hansard.

Empero, este cacareo triunfante del gallo no había de servir sino para superar ese mismo hecho desagradable: que la frase "añadida de manera mendaz" resultaba confirmada como veraz por el informe del "Times". Y en la intuición de que este material probatorio para la acusación ya era bastante "contundente" y con el tiempo podía volverse "simplemente aniquilador", nuestro anónimo futuro catedrático se lanza ahora afanosísimo sobre la cita en Beesly y en la "Theory of the Exchanges", levanta polvo de toda clase, afirma que Beesly ha citado según el Manifiesto Inaugural y Marx según la "Theory of the Exchanges", etcétera. Todo son puntos secundarios. Aun cuando fueran ciertos, no probarían nada en cuanto a la cuestión de si Gladstone pronunció la frase o Marx la inventó. Pero, por su naturaleza, no pueden ser decididos con absoluta contundencia ni por el señor

Brentano entonces, ni ahora por mí. En cambio, sirven para desviar la atención de lo principal, a saber, del fatal informe del "Times".

Antes de atreverse con éste, el anónimo se fortalece mediante el uso de diversos términos enérgicos, tales como: "una ligereza que raya en lo criminal", "esa cita mendaz", etc., y luego arremete decididamente, como sigue:

«Pero aquí llegamos, por supuesto, al tercer medio de defensa de Marx, y
en descarada mendacidad
éste supera con mucho a todo lo ofrecido hasta ahora. Marx, en efecto, no tiene empacho en remitirse al 'Times' del 17 de abril de 1863 para probar la exactitud de su cita. El 'Times' del 17 de abril de 1863, p. 7, página» [debe decir columna] «5, línea 17 y ss.,
informa empero
sobre ese discurso como sigue...»

Y a continuación sigue el informe del "Times", en el que se dice:

"El aumento que he descrito" (a saber, como "ese embriagador aumento de riqueza y de poder") "y cuya cifra, tal como creo, se basa en datos precisos,
es un aumento limitado exclusivamente a las clases que poseen propiedad
."

¡Y ahora asómbrese uno ante la "descarada mendacidad" de Marx, que aún se atreve a afirmar que el informe del "Times" contiene la frase: "Ese embriagador aumento, etc., está enteramente limitado a las clases poseedoras"!

El Manifiesto Inaugural dice: "This intoxicating augmentation of wealth and power is
entirely confined to classes of property
."

El "Times" dice: "The augmentation there described"

(aumento respecto del cual ni siquiera el señor Brentano, anónimo o no, ha negado hasta ahora que sea el "aumento" previamente calificado de "this intoxicating augmentation of wealth and power") "and which is founded, I think, upon accurate returns,
is an augmentation entirely confined to classes of property
."

Y ahora, después de que el señor Brentano ha señalado con su propio índice, en el informe del "Times", la frase supuestamente añadida de manera mendaz por Marx, porque falta en Hansard, y con ello se ha apropiado él mismo la supuesta descarada mendacidad de Marx, declara triunfante que

"ambos informes" —"Times" y Hansard— "coinciden materialmente por completo. El informe del 'Times' sólo da, en forma más condensada, lo que el

Ofrecemos en primer lugar el informe que Hansard reproduce al pie de la letra. Pero a pesar de que incluso el informe del *Times* contiene lo directamente contrario de ese
infame pasaje
del Manifiesto Inaugural, a pesar de que también según el informe del *Times* Gladstone dijo que él no creía que aquel embriagador aumento de riqueza y poder estuviera limitado a las clases acomodadas, Marx tiene el descaro de escribir en el *Volksstaat* del 1 de junio: «Tanto formal como materialmente, el señor Gladstone declaró, pues, el 16 de abril de 1863 en la Cámara de los Comunes, según el informe de su propio órgano, el *Times*, del 17 de abril de 1863, que este embriagador aumento de riqueza y poder está entera y absolutamente limitado a las clases poseedoras.»

Si duo faciunt idem, non est idem. Cuando dos hacen lo mismo, no es lo mismo.

Cuando Marx hace decir a Gladstone: Este embriagador aumento de riqueza y poder está entera y absolutamente limitado a las clases que poseen propiedad, eso es una «mentira añadida», un «pasaje infame», «completamente falseado». Cuando el informe del *Times* hace decir a Gladstone:

«Este aumento que acabo de describir como un embriagador aumento de poder y riqueza está entera y absolutamente limitado a las clases que poseen propiedad»,

eso no es más que «formalmente más condensado» que el informe de Hansard, en el que falta esa frase, y «lo directamente contrario de ese» (a saber, de este mismo) «infame pasaje del Manifiesto Inaugural». Y cuando Marx, para confirmarlo, se remite a este pasaje del informe del *Times*, dice el señor Brentano:

«... y, por último, tiene el
descaro
de remitirse a informes periodísticos que le
contradicen directamente
.»

Para ello hace falta, en verdad, un «descaro» muy especial. Ciertamente, Marx llevaba el suyo en la cara y no en otra parte.

Con ayuda de un «descaro» que, en verdad, hay que distinguir bien del de Marx, el anónimo, alias Lujo Brentano, logra luego también hacer decir a Gladstone que él «
cree
que ese embriagador aumento de riqueza y poder
no
está limitado a las clases acomodadas». En realidad, Gladstone dice, según el *Times* y Hansard, que él vería con dolor y preocupación este embriagador aumento de riqueza y poder si creyera que estaba limitado a las clases acomodadas, y añade, según el *Times*, que, en efecto, está «limitado a las clases que poseen propiedad».

«En verdad —exclama por último el anónimo, virtuosamente indignado—, no sabríamos cómo designar estas prácticas más que con una palabra que el propio Marx conoce muy bien (véase *El Capital*, pág. 257): son simplemente “infames”.»

¿Las prácticas de quién, señor Lujo Brentano?

II

La respuesta de Marx (*Volksstaat*, 7 de agosto de 1872, Documentos,
núm. 6
) es lo bastante bonachona para entrar en todo ese polvo levantado por el señor Brentano acerca del profesor Beesly, la «Theory of the Exchanges», etc.; dejamos eso de lado como secundario. Al final, sin embargo, aporta dos hechos directamente decisivos para la cuestión principal. El pasaje «mentirosamente añadido» se encuentra, además de en el informe del *Times*, también en los de otros dos diarios matutinos de Londres del 17 de abril de 1863. Según el *Morning Star*, Gladstone dijo:

«Este aumento» —el que acaba de describirse como un embriagador aumento de riqueza y poder— «es un aumento limitado entera y absolutamente a las clases que poseen propiedad.»

Según el *Morning Advertiser*:

«El aumento mencionado» —ese embriagador aumento de riqueza y poder— «es un aumento limitado entera y absolutamente a las clases que poseen propiedad.»

Para cualquier otro adversario, esta demostración habría sido «sencillamente aplastante». Pero no para el anónimo Brentano. Su respuesta (*Concordia*, 22 de agosto de 1872, Documentos,
núm. 7
), que da testimonio de una desvergüenza no disminuida, nunca llegó a manos de Marx, pues ya no se le remitieron los números de la *Concordia* posteriores al del 11 de julio. Yo mismo he leído esta respuesta solo en la reimpresión de Brentano (*Mi polémica, etc.*, 1890) y debo, por tanto, bien o mal, tomar nota de ella aquí.

«La
porfiada mendacidad
con la que él (Marx) se aferra a la cita falseada... es asombrosa incluso en alguien para quien, con tal de servir a sus planes subversivos, ningún medio es demasiado vil.»

La cita sigue siendo «falsa», y el informe del *Times* «muestra precisamente lo contrario, ya que el *Times* y Hansard concuerdan plenamente». Pero esta seguridad en la afirmación es un puro juego de niños frente al «descaro» con que el señor Brentano nos comunica de repente lo siguiente:

«El segundo recurso para oscurecer el informe del *Times* consistió en que Marx, en su traducción alemana, simplemente suprimió la oración de relativo de la que se desprendía que Gladstone solo había dicho que el aumento de riqueza que se desprende de las estadísticas del impuesto sobre la renta
estaba limitado a las clases poseedoras
, porque las clases trabajadoras no están sujetas a ese impuesto, y que, por tanto, de las estadísticas del impuesto sobre la renta no puede inferirse nada sobre el aumento del bienestar de las clases trabajadoras, pero no que las clases trabajadoras hubieran quedado efectivamente excluidas del extraordinario aumento de la riqueza nacional.»

Así pues, cuando el *Times* dice que el tan traído y llevado aumento está limitado a las clases poseedoras, dice lo contrario de la frase «mentirosamente añadida», que dice lo mismo. En cuanto a la «oración de relativo simplemente suprimida», no se le regalará al señor Brentano en modo alguno, si tiene la paciencia de aguardar un momento. Y después de haber superado felizmente el primer audaz salto, la afirmación de que lo negro es blanco y lo blanco es negro ya le sale con mayor soltura. Una vez que ha despachado al *Times*, el *Morning Star* y el *Morning Advertiser* le darán poco quebradero de cabeza.

«Pues esos periódicos, incluso tal como él (Marx) los cita, hablan a nuestro favor. Después de que, según ambos periódicos, Gladstone ha dicho que él
no
cree (esto lo afirma, como es sabido, el señor Brentano) que
ese
embriagador aumento de riqueza y poder esté limitado a las clases que se hallan en circunstancias holgadas, continúa: “
Este
gran incremento de riqueza
no hace ningún caso
de la situación de la población trabajadora.
El aumento mencionado es un aumento limitado, entera y absolutamente, a las clases que poseen propiedad.
” La conexión y el empleo de la palabra “hacer caso” muestran claramente que por este incremento y por el aumento mencionado se entienden el incremento y la mención»
(¡sic!)
«que se dejan reconocer a partir de las estadísticas del impuesto sobre la renta.»

El jesuita que inventó el Si duo faciunt idem, non est idem era un chapucero comparado con el anónimo Brentano. Cuando el *Times*, el *Morning Star* y el *Morning Advertiser* declaran unánimemente que la frase «mentirosamente añadida» por Marx según Brentano fue realmente pronunciada por Gladstone, entonces estos periódicos hablan unánimemente «a favor» del señor Brentano. Y cuando Marx cita luego esta misma frase literalmente, eso es una «cita

mentirosa», una «desvergonzada mendacidad», «completamente falseado», «mentira», etc. Y si Marx no puede comprenderlo, entonces a nuestro anónimo, llamado Lujo Brentano, se le para el entendimiento, y encuentra que eso es «sencillamente infame».

Ajustemos, sin embargo, cuentas de una vez por todas con la pretendida «mentira añadida», trayendo a colación los informes de todos los diarios matutinos de Londres del 17 de abril de 1863 acerca de nuestro pasaje.

El *Times*, el *Morning Star* y el *Morning Advertiser* ya los hemos visto.

*Daily Telegraph*:

«Yo, por mi parte, bien puedo decir que casi con inquietud y temor contemplaría
este embriagador aumento de riqueza y poder
si creyera que está limitado a las clases que se encuentran en circunstancias acomodadas. Esta cuestión de la riqueza no tiene absolutamente en cuenta la situación de la población trabajadora.
El aumento señalado es un aumento enteramente limitado a las clases poseedoras.
»

*Morning Herald*:

«Puedo decir que, por mi parte, contemplaría con temor e inquietud
este embriagador aumento de riqueza
si creyera que está limitado a las clases en circunstancias acomodadas.
Este gran aumento de riqueza
, que he descrito y que se basa en estadísticas exactas,
está limitado exclusivamente al aumento del capital
y no toma conocimiento de las clases más pobres.»

*Morning Post*:

«Puedo decir que, por mi parte, contemplaría con temor e inquietud este gran aumento de riqueza si creyera que sus beneficios estuvieran limitados a las clases en circunstancias acomodadas.
Este aumento de riqueza
, que he descrito y que se basa en estadísticas exactas,
está enteramente limitado al aumento del capital
y no toma conocimiento del aumento de riqueza de las clases más pobres.»

*Daily News*:

«Puedo decir que, por mi parte, contemplaría con temor e inquietud al examinar
este gran aumento de riqueza
si creyera que sus beneficios estuvieran limitados a las clases en circunstancias acomodadas. Este
aumento de riqueza
, que he descrito y que se basa en estadísticas exactas,
está enteramente limitado al aumento del capital
y no tiene en cuenta el aumento de riqueza de las clases más pobres.»

*Standard*:

«Puedo decir que, por mi parte, contemplaría con temor e inquietud
este embriagador aumento de riqueza
si creyera que estuviera limitado

a las clases en circunstancias acomodadas.
Este gran aumento de riqueza
, que he descrito y que se basa en estadísticas exactas,
está enteramente limitado al aumento del capital
y no toma en cuenta a las otras clases.»

Los ocho periódicos aquí citados son, que yo sepa, los únicos diarios matutinos que se publicaban entonces en Londres. Su testimonio es «aplastante». Cuatro de ellos —*Times*, *Morning Star*, *Morning Advertiser*, *Daily Telegraph*— dan la frase exactamente en la versión en que Marx la «inventó mentirosamente». Este aumento, que acaba de ser descrito como un embriagador aumento de riqueza y poder,
«está limitado entera y absolutamente a las clases poseedoras»
. Los otros cuatro —*Morning Herald*, *Morning Post*, *Daily News* y *Standard*— la dan en una versión «solo formalmente más condensada», con lo que queda aún reforzada; ese mismo aumento
«está enteramente limitado al aumento del capital»
.

Los ocho periódicos mencionados tienen cada uno su propia plantilla completa de cronistas parlamentarios. Son, por tanto, otros tantos testigos enteramente independientes unos de otros. Son, además, imparciales en su conjunto, porque pertenecen a las más diversas tendencias partidistas. Y por cada una de las dos versiones anteriores de la incontenible frase responden tanto *tories* como *whigs* y radicales. Según cuatro de ellos, Gladstone dijo: enteramente limitado a las clases poseedoras. Según otros cuatro, dijo: enteramente limitado al aumento del capital. Ocho testigos irreprochables atestiguan, pues, que Gladstone pronunció realmente la frase. Solo cabe preguntarse si en la versión más suave empleada por Marx o en la más fuerte dada por cuatro de los informes.

Frente a todos ellos se alza, en solitaria grandeza: Hansard. Pero Hansard no es irreprochable como los diarios matutinos. Los informes de Hansard están sometidos a la censura, a la censura de los propios oradores. Y precisamente por eso «es costumbre» citar según Hansard.

Ocho testigos insospechables contra uno sospechoso. Pero ¿qué le importa eso a nuestro anónimo, seguro de su victoria? Precisamente
porque
los informes de los ocho diarios matutinos ponen «ese infame pasaje» en boca de Gladstone, precisamente
por eso
«hablan a favor» del anónimo, precisamente
con eso
demuestran con mayor razón que Marx lo «inventó mentirosamente».

En verdad, no hay nada que supere al «descaro» del anónimo Brentano.

III

En realidad, sin embargo, la llamativa osadía que tuvimos que admirar en el señor Brentano no es más que una maniobra táctica. Ha descubierto que el ataque contra la frase "añadida falsamente" ha fracasado y que tiene que buscarse una posición defensiva. La ha encontrado; ahora se trata tan solo de consumar la retirada hacia esa nueva posición.

Ya en su primera respuesta a Marx (Documentos, n.º 5) el señor Brentano da a entender este propósito suyo, aunque aún con pudor. El fatal informe del "Times" le fuerza a ello. Este informe contiene ciertamente el pasaje "infame", "añadido falsamente", pero eso es en realidad lo accesorio. Pues, dado que coincide "materialmente por completo" con Hansard, dice "lo directamente contrario de aquel pasaje infame", aunque lo contiene literalmente. Así, pues, ya no es el tenor literal del "pasaje infame" lo que importa, sino su sentido. Ya no se trata de negarlo, sino de afirmar que significa lo contrario de lo que dice.

Y después de que Marx, en su segunda respuesta, declarara que la falta de tiempo le obliga a romper para siempre su grato trato con su contrincante anónimo, este puede abordar con tanta mayor confianza este tema asimismo nada limpio. Esto sucede en su dúplica, reproducida aquí bajo el n.º 7 de los Documentos.

Aquí afirma que Marx busca oscurecer el informe del "Times", que coincide materialmente por completo con Hansard, y ello de tres maneras. En primer lugar, mediante una traducción incorrecta de la expresión classes who are in easy circumstances. Este punto lo dejo yo de lado por absolutamente accesorio. Es de todos sabido que Marx dominaba la lengua inglesa de manera muy distinta que el señor Brentano. Pero lo que el señor Gladstone pensó exactamente al emplear aquella expresión en aquel entonces –y si acaso pensó algo–, eso es imposible de decir hoy, después de 27 años, incluso para él mismo.

El segundo punto es que Marx, en el informe del "Times", "sencillamente suprimió" una cierta "oración de relativo". El pasaje en cuestión está citado por extenso en la sección anterior II, pág. 7. Mediante la supresión de esta oración de relativo, Marx habría querido ocultar a sus lectores el hecho de que el aumento de la riqueza que se desprendía de las indagaciones sobre el impuesto sobre la renta estaba limitado a las clases poseedoras, porque las clases trabajadoras no están sujetas al impuesto sobre la renta, y de que de ahí no puede deducirse nada acerca del aumento del bienestar entre los obreros; mas no que las clases trabajadoras hubieran quedado en realidad excluidas del extraordinario aumento de la riqueza nacional.

La frase del informe del "Times" reza, en la propia traducción del señor Brentano:

"El aumento que he descrito y cuya indicación, según creo, se basa en indagaciones exactas, está limitado únicamente a clases que poseen propiedad."

La oración de relativo tan maliciosamente "suprimida" por Marx consiste en las palabras: "y cuya indicación, según creo, se basa en indagaciones exactas". Mediante la supresión, reiterada con obstinación dos veces, de estas palabras de suma importancia, Marx habría querido ocultar a sus lectores que el mencionado aumento era un aumento solo de la renta sometida al impuesto sobre la renta, en otras palabras, de la renta de las "clases que poseen propiedad".

¿La indignación moral por haberse obstinado en el "embuste" ciega al señor Brentano? ¿O piensa que puede lanzarse alegremente a afirmar, puesto que Marx ya no responde? El hecho es que la cita incriminada en Marx, tanto en el Manifiesto Inaugural como en "El Capital", comienza con las palabras: "De 1842 a 1852 aumentó la renta imponible (the taxable income) de este país un 6%...; en los 8 años de 1853 a 1861 aumentó, si nosotros", etc.

¿Conoce el señor Brentano en Inglaterra otra "renta imponible" que la sometida al impuesto sobre la renta? ¿Y añadía la importantísima "oración de relativo" lo más mínimo a esta clara declaración de que aquí se trata únicamente de la renta sometida al impuesto sobre la renta? ¿O es de la opinión, como casi parece, de que se "falsean" los discursos presupuestarios de Gladstone, se les "añade falsamente" algo o se "suprime" algo de ellos, cuando se los cita sin dar al lector a la vez, à la Brentano, un tratado sobre el impuesto sobre la renta inglés y encima "falsear" en él el impuesto sobre la renta, como Marx (Documentos, n.º 6) ha demostrado y como el propio señor Brentano reconoce a la fuerza (Documentos, n.º 7)? ¿Y si la frase "añadida falsamente" dice simplemente que ese aumento, del que el señor Gladstone precisamente hablaba, está limitado a las clases con propiedad, no dice en lo esencial exactamente lo mismo, puesto que solo las clases con propiedad pagan impuesto sobre la renta? Mas, desde luego, mientras el señor Brentano, de frente, en primera línea, arma un estruendo ensordecedor sobre esta frase como falsificación marxiana y descarado embuste, él mismo la deja deslizarse quedamente por la puerta trasera.

El señor Brentano sabía perfectamente que Marx hace hablar al señor Gladstone de la "renta imponible" y de ninguna otra. Pues en su primer ataque (Documentos, n.º 3) cita el pasaje del Manifiesto Inaugural e incluso traduce taxable por "sujeto a impuesto". Si ahora, en su dúplica, "suprime" esto y si de ahora en adelante, hasta su folleto de 1890, jura y perjura una y otra vez que Marx oculta intencionada y maliciosamente el hecho de que Gladstone habla aquí únicamente de la renta sometida al impuesto sobre la renta, ¿debemos arrojarle a la cabeza sus propias expresiones: "mendaz", "falsificación", "descarado embuste", "sencillamente infame", etcétera?

Sigamos adelante.

"En tercer lugar, Marx buscaba finalmente ocultar la concordancia del informe del 'Times' con el informe de Hansard, al no citar las frases en las que, también según el 'Times', Gladstone atestiguaba directa y expresamente la elevación de la clase obrera británica."

En su segunda respuesta al anónimo Brentano, Marx tenía que demostrar que él no había "añadido falsamente" la "infame" frase, y tenía además que rechazar la osada afirmación del anónimo: en relación con este, el único punto en debate, el informe del "Times" y el informe de Hansard coincidían "materialmente por completo", aunque el primero contiene literalmente la frase en cuestión y el segundo la omite literalmente. Para este, el único punto en litigio, era absolutamente indiferente qué otras manifestaciones hubiera hecho el señor Gladstone en relación con la elevación de la clase obrera británica.

En cambio, en el Manifiesto Inaugural –y este es ciertamente el documento acusado por Brentano de falsificación de citas– se dice en la pág. 4, solo unas líneas antes de la "infame" frase, expresamente, que el Canciller del Tesoro (Gladstone), durante el reino milenario del librecambio, dijo a la Cámara de los Comunes:

"La situación media del obrero británico se ha elevado en un grado que sabemos es extraordinario y sin ejemplo en la historia de todos los países y de todos los tiempos."

Y esas son precisamente, según el señor Brentano, las palabras maliciosamente suprimidas por Marx.

En toda la polémica, desde su primera réplica a Marx en 1872 (Documentos, n.º 5) hasta la introducción y el apéndice de "Mi polémica, etc.", 1890, el señor Brentano suprime, con una destreza digital que no nos está permitido calificar en modo alguno de "descarado embuste", el hecho de que Marx cita expresamente en el Manifiesto Inaugural estas afirmaciones de Gladstone sobre la elevación sin ejemplo de la situación de los obreros. Y en esta dúplica, que, como se ha dicho, permaneció desconocida para Marx hasta su muerte y para mí hasta la aparición del folleto "Mi polémica, etc.", en 1890, donde la acusación por la frase añadida falsamente solo se mantiene en apariencia, pero en realidad se abandona y la frase añadida falsamente no solo se admite con pudor como auténtica propiedad de Gladstone, sino que también se la reclama como "algo que habla a favor nuestro", es decir, a favor de Brentano, —en esta dúplica se efectúa la retirada a la nueva línea defensiva: Marx habría mutilado y tergiversado el discurso de Gladstone; Marx hace decir a Gladstone que las riquezas de los ricos habían crecido colosalmente, pero los pobres, la población obrera, a lo sumo se habían vuelto menos pobres. Y, sin embargo, Gladstone dice con palabras claras que la situación de los obreros se había elevado en un grado sin precedente.

Esta segunda línea defensiva es reventada por el hecho irresistible de que, precisamente en el documento incriminado, en el Manifiesto Inaugural, esas mismas palabras de Gladstone están citadas expresamente. Y el señor Brentano lo sabía. "¿Pero qué importa? ¡Los lectores" de la "Concordia" "no pueden controlarlo!"

Por lo demás, en lo que atañe a lo que el señor Gladstone realmente dijo, sobre ello dejaremos caer próximamente todavía una palabrita.

Para concluir, el señor Brentano se permite entonces, seguro en primer lugar bajo su anonimato y en segundo lugar por la declaración de Marx de no querer ocuparse más de él, el siguiente placer privado:

"Cuando el señor Marx, para terminar, prorrumpe por último en insultos, podemos asegurarle que a su contrincante nada puede resultarle más grato que la confesión de su debilidad implícita en ello. El denuesto es el arma de aquel cuyos restantes medios de defensa han llegado a su fin."

Ahora puede el lector comprobar por sí mismo hasta qué punto Marx "prorrumpe en insultos" en su dúplica. Mas, por lo que respecta al señor Brentano, ya hemos ofrecido nosotros una antología de sus muestras de cortesía. Las "mentiras", los "descarados embustes", las "citas mendaces", lo "sencillamente infame", etc., lanzados masivamente a la cabeza de Marx, constituyen ciertamente una edificante "confesión de debilidad" y un signo inequívoco de que "los restantes medios de defensa" del señor Brentano "han llegado a su fin".

IV

Con esto concluye el primer acto de nuestra acción principal y de Estado. El misterioso, aunque todavía no consejero secreto, señor Brentano ha alcanzado lo que apenas podía esperar alcanzar. Ciertamente, le había ido bastante mal con la frase supuestamente "añadida falsamente"; esta acusación original la había abandonado de hecho. Pero se había buscado una nueva línea defensiva, y en esta había –conservado la última palabra, y con ello se puede decir en el mundo de los docentes alemanes que uno ha mantenido el campo de batalla. Con ello podía jactarse, al menos ante sus iguales, de haber rechazado victoriosamente los ataques de Marx y de haber liquidado literariamente a este mismo. El infortunado Marx, empero, no supo ni una palabra de esta su liquidación en la "Concordia"; por el contrario, tuvo la "osadía" de seguir viviendo once años más, once años de éxitos siempre crecientes para él, once años de ininterrumpido crecimiento del número de sus partidarios en todos los países, once años de reconocimiento cada vez más general de sus méritos.

El señor Brentano y consortes se guardaron prudentemente de arrancar al cegado Marx de este autoengaño o de hacerle comprender que más bien era desde hacía tiempo un hombre muerto. Pero después de que en 1883 murió realmente, no aguantaron más; les escocía demasiado en los dedos. Y entonces apareció en escena el señor Sedley Taylor, en una carta al "Times" (Documentos, n.º 8).

La ocasión la toma por los pelos, si es que él o su amigo Brentano no la habían amañado directamente con el señor Emile de Laveleye, como casi parece. Con el estilo afectado que delata una cierta conciencia de la podredumbre de su causa, le parece

"sumamente singular que estuviera reservado al profesor Brentano, ocho años más tarde, desvelar la mala fides" (de Marx).

Y ahora comienza la jactancia sobre los ataques magistralmente dirigidos del divino Brentano, sobre las agonías mortales que con la mayor rapidez sobrevienen al malvado Marx, etc. Cómo era esto en realidad, lo han visto nuestros lectores. En agonías mortales sólo cayó la afirmación de Brentano acerca de la añadidura mentirosa de la frase en cuestión.

Por último, para concluir:

«Cuando Brentano, mediante una comparación de textos pormenorizada, demostró que los informes del *Times* y de Hansard coincidían en la absoluta exclusión del sentido que una cita astutamente aislada había atribuido subrepticiamente a las palabras de Gladstone, ¡Marx se retiró bajo el pretexto de falta de tiempo!»

La «comparación de textos pormenorizada» es harto burlesca. El anónimo Brentano sólo cita a Hansard. Marx le suministra el informe del *Times*, que contiene literalmente la frase controvertida, que falta en Hansard. Ahora, el señor Brentano cita también el informe del *Times*, y tres líneas más de lo que Marx lo había citado. Estas tres líneas pretenden demostrar que el *Times* y Hansard concuerdan plenamente, que, por lo tanto, la frase supuestamente «añadida mentirosamente» por Marx no está en el informe del *Times*, aunque está en él literalmente; o, al menos, que si está, significa lo contrario de lo que dice con palabras claras. Esta operación temeraria la llama el señor Taylor una «comparación de textos pormenorizada».

Además. Simplemente no es cierto que Marx se retirara entonces bajo el pretexto de falta de tiempo. Y el señor Sedley Taylor lo sabía o estaba obligado a saberlo. Hemos visto que Marx todavía suministró al anónimo y divino Brentano la prueba de que los informes del *Morning Star* y del *Morning Advertiser* también contienen la frase «añadida mentirosamente». Y sólo entonces declaró no poder sacrificar más tiempo al anónimo.

La ulterior polémica entre él y Eleanor Marx (Documentos, núm. 9, 10 y 11) demostró, ante todo, que el señor Sedley Taylor no intentó ni por un momento mantener en pie la acusación original de haber añadido mentirosamente una frase. Esto, se permite afirmar, fue «de muy subordinada importancia». Otra vez una negativa directa de un hecho que le era conocido o que debía serle conocido.

En todo caso, tomamos nota de su confesión de que esta acusación no puede sostenerse, y felicitamos por ello a su amigo Brentano.

¿Cuál es, pues, ahora la acusación? Sencillamente la de la segunda línea de defensa del señor Brentano: que Marx habría querido desvirtuar el sentido del discurso de Gladstone; una nueva acusación de la que, como se ha dicho, Marx jamás tuvo conocimiento. En todo caso, con esto se nos ha llevado a un terreno completamente distinto. Al principio se trataba de un hecho determinado: ¿ha añadido Marx mentirosamente esta frase o no? Ya no se niega que Marx rechazó victoriosamente esta acusación. Pero la nueva acusación de citar desvirtuando el sentido nos conduce al terreno de las opiniones subjetivas, que son necesariamente divergentes. *De gustibus non est disputandum*.

Lo que uno considera carente de importancia —en sí y para sí o para el fin de la cita—, otro lo declarará importante y decisivo. El conservador nunca citará a gusto del liberal, el liberal nunca a gusto del conservador, el socialista nunca a gusto de ninguno de los dos o de ambos. El hombre de partido, cuyos propios correligionarios son citados por el adversario contra él, encuentra por regla general que en la cita se ha omitido el pasaje más esencial, el que determina el verdadero sentido. Esto es algo tan cotidiano y que admite tantas opiniones individuales, que ningún ser humano concede el menor peso a semejantes acusaciones. Si el señor Brentano hubiera utilizado su anonimato para lanzar contra Marx ésta y sólo ésta acusación, difícilmente habría éste considerado que valiera la pena responder una palabra.

Para llevar a cabo este nuevo giro con la elegancia que le es propia, el señor Sedley Taylor se ve en la necesidad de renegar tres veces de su amigo y compañero Brentano. Reniega de él, en primer lugar, al dejar caer su acusación original y única de «añadidura mentirosa» e incluso al negar su existencia como acusación original y única. Reniega de él, además, al apartar sin más al infalible Hansard, citar exclusivamente el cual es «costumbre» del moral Brentano, y al utilizar el informe del *Times*, que según ese mismo Brentano es «necesariamente chapucero». Reniega de él, en tercer lugar, y de su propia primera carta al *Times* por añadidura, al no buscar ya la «cita en cuestión» en el Discurso inaugural, sino en *El Capital*. Y ello simplemente porque el Discurso inaugural, al que en la carta al *Times* tuvo «la osadía» de remitirse, ¡no lo ha tenido jamás en la mano!

Poco después de su controversia con Eleanor Marx, buscó en vano este discurso en el Museo Británico y allí fue presentado a ésta su adversaria con la pregunta de si no podría proporcionarle un ejemplar; ante lo cual yo busqué uno entre mis papeles, que Eleanor le hizo llegar. La «comparación de textos pormenorizada» que de este modo se le hizo posible parece haberle convencido de que callar es la mejor respuesta.

Y en efecto, sería superfluo añadir una sola palabra a la réplica (Documentos, núm. 11) de Eleanor Marx.

V

Tercer acto. Mi Prólogo a la 4ª edición del primer tomo de *El Capital* de Marx, reproducido entre los Documentos, núm. 12, hasta donde era necesario, explica por qué tuve que volver en él sobre las polémicas, largo tiempo pasadas, de los señores Brentano y Sedley Taylor. Este prólogo obligó al señor Brentano a responder; la respuesta se produjo en el folleto: *Mi polémica con Karl Marx, etc.*, de Lujo Brentano, Berlín 1890. Aquí hace reimprimir sus artículos anónimos, ahora por fin legitimados, de la *Concordia*, y las respuestas de Marx en el *Volksstaat*, acompañados de una introducción y dos apéndices sobre los que, de grado o por fuerza, nos vemos obligados a entrar.

Ante todo, constatamos que tampoco aquí se habla ya de la frase «añadida mentirosamente». Ya en la primera página se cita la frase del Discurso inaugural y luego se afirma que Gladstone dijo «en directa oposición a la afirmación de Karl Marx» que estas cifras se refieren únicamente a los que pagan impuesto sobre la renta (cosa que Marx también hace decir a Gladstone, ya que expresamente limita aquellas cifras a los *ingresos imponibles*), pero que la situación de la clase obrera había mejorado al mismo tiempo de forma sin precedente (cosa que Marx también hace decir a Gladstone, sólo nueve líneas antes de la cita impugnada). Pido al lector que compare por sí mismo el Discurso inaugural (Documentos, núm. 1) con la afirmación del señor Brentano (Documentos, núm. 13), para ver cómo el señor Brentano o bien «añade mentirosamente» un contraste o lo fabrica de algún otro modo, donde no hay absolutamente ninguno. Pero como la acusación de la frase añadida mentirosamente ha fracasado vergonzosamente, el señor Brentano tiene que intentar hacer creer a sus lectores, contra lo que mejor sabe, que Marx quiso escamotear el hecho de que Gladstone habla aquí únicamente de los «ingresos imponibles» o de los ingresos de las clases que poseen propiedad. Y el señor Brentano ni siquiera se da cuenta de que con esto su primera acusación queda convertida en su contrario, pues esta segunda es una bofetada directa a la primera.

Después de haber llevado felizmente a cabo esta «falsificación», se siente impulsado a llamar la atención de la *Concordia* sobre la «falsificación» supuestamente cometida por Marx, la cual le pide entonces que le envíe un artículo contra Marx. Lo que sigue es demasiado delicioso para no ser reproducido al pie de la letra:

«El artículo no fue firmado por mí; esto ocurrió, por una parte, a petición de la redacción *en interés del prestigio de su periódico*; por otra parte, yo tenía tanto menos que objetar cuanto que, según las polémicas llevadas anteriormente por Marx, era de esperar que cubriera de injurias personales a su adversario, y por ello *sólo podía resultar divertido* dejarle a oscuras en cuanto a la persona de su adversario.»

¡O sea que la redacción de la *Concordia* deseaba, «en interés del prestigio de su periódico», que el señor Brentano callase su nombre! ¡Qué reputación del señor Brentano presupone esto entre sus propios correligionarios! Le creemos de buena gana que esto le haya ocurrido, pero que él mismo lo ponga a los cuatro vientos, eso es realmente colosal por parte del señor. Sea como fuere, que lo arregle consigo mismo y con la redacción de la *Concordia*.

Puesto que «era de esperar que Marx cubriera de injurias personales a su adversario», naturalmente «sólo podía resultar divertido dejarle a oscuras sobre la persona de su adversario». Cómo se las compone uno para cubrir de injurias *personales* a una persona que no se conoce, ha sido hasta ahora un misterio. Sólo se puede uno volver personal si sabe algo de la persona en cuestión. Pero entonces el señor Brentano, vuelto anónimo en interés del prestigio del periódico, ahorró a su adversario este esfuerzo. Él mismo empezó alegremente a «injuriarlo» a su vez, primero con la «añadidura mentirosa» impresa en negrita, luego con la «descarada mendacidad», «sencillamente infame», etc. El señor Brentano, el no anónimo, ha incurrido aquí visiblemente en un lapsus. No para que el conocido Marx pudiera «cubrir de injurias personales» al desconocido Brentano, sino para que el escondido Brentano pudiera «cubrir de injurias personales» al conocido Marx, por eso tenía el señor Brentano «por otra parte tanto menos que objetar» contra el anonimato que le era dictado.

¡Y se suponía que esto «resultaría divertido»! En efecto, eso es lo que ha resultado, pero no por voluntad del señor Brentano. Marx, como más tarde su hija y ahora yo, todos nos esforzamos por sacar de esta polémica un lado divertido. Pero el éxito que en ello tenemos, grande o pequeño, lo tenemos a costa del señor Brentano. Sus artículos son cualquier cosa, menos «divertidos». Lo que de divertido resulta se debe únicamente a los golpes que Marx hace caer sobre el lado oscuro de su «persona dejada en la oscuridad», golpes sobre los que el afectado quisiera ahora pasar por alto retrospectivamente como sobre «las procacidades de su polémica chocarrera». «Procacidades de polémica chocarrera» llamaban los adversarios junkers, clericales, jurídicos y de otras calañas gremiales a las agudas polémicas de Voltaire, Beaumarchais, Paul-Louis Courier, lo que no ha impedido que estas «procacidades» sean hoy reconocidas como modelos y obras maestras. Y nosotros hemos gozado demasiado de aquellos y otros modelos de «polémica chocarrera» como para que cien Brentanos consigan arrastrarnos hasta el terreno de la polémica universitaria alemana, donde no reina nada más que la impotente maldad de la pálida envidia y el más árido tedio.

El señor Brentano, entretanto, considera ahora a sus lectores de nuevo tan enjabonados que puede ofrecerles, con desfachatez, un fuerte rapé:

«Y cuando se demostró que también el *Times*... había reproducido este» (el de Gladstone) «discurso en un sentido coincidente con el informe taquigráfico, él» (Marx) «hizo, como escribió la redacción de la *Concordia*, igual que el calamar que enturbia el agua con un líquido negro para dificultar la persecución a su adversario, es decir, intentó con todas sus fuerzas oscurecer el objeto del litigio aferrándose a detalles secundarios por completo indiferentes.»

Cuando el informe del "Times", que contiene textualmente la frase "añadida mintiendo", coincide en el sentido con el "estenográfico" —léase con Hansard—, que la suprime textualmente, y cuando el señor Brentano vuelve a jactarse de haberlo demostrado, ¿qué otra cosa significa esto sino que la acusación referente a la frase "añadida mintiendo" se abandona por completo, aunque con vergüenza y en silencio, y que el señor Brentano, empujado de la ofensiva a la defensiva, se repliega a su segunda línea de defensa? Nos limitamos a constatarlo; creemos, además, haber volado totalmente por el centro y arrollado por ambas alas esta segunda posición en los apartados III y IV.

Pero entonces aparece el genuino polemista universitario. Cuando el victorioso Brentano acorraló de tal modo a su adversario, éste hizo lo que el calamar: ennegreció el agua y oscureció el objeto de la disputa poniendo de relieve cosas accesorias por completo indiferentes.

Dicen los jesuitas: *Si fecisti, nega*. Si has cometido algo, niégalo. El polemista universitario alemán va más lejos y dice: Si has cometido una mala triquiñuela de abogado, cárgasela al adversario. Apenas Marx cita la *Theory of the Exchanges* y al profesor Beesly, y por cierto sólo porque ellos citaban el pasaje en disputa exactamente igual que él, el calamar Brentano "se aferra" a ellos con todas las ventosas de sus diez patas y esparce a su alrededor tal efusión de su "líquido negro" que hay que mirar con agudeza y asir con firmeza si no se quiere perder de vista y de la mano el verdadero "objeto de la disputa", a saber, la frase supuestamente añadida mintiendo. En su dúplica, exactamente el mismo método. Primero se enreda con Marx en una nueva camorra a propósito del significado de la expresión *classes in easy circumstances*, una camorra de la que, en el mejor de los casos, no podía resultar otra cosa que precisamente ese "oscurecimiento" deseado por el señor Brentano. Luego vuelve a derramar líquido negro con ocasión de la famosa oración relativa que Marx habría suprimido maliciosamente y que, según hemos demostrado, podía omitirse sin problema, porque el hecho al que indirectamente aludía ya estaba dicho clara y directamente en una frase anterior del discurso citada por Marx. Y en tercer lugar, a nuestro calamar le queda aún bastante salsa negra para oscurecer de nuevo el objeto de la disputa, afirmando que Marx, en la cita del *Times*, habría suprimido nuevamente algunas frases —frases que no tenían absolutamente nada que ver con el único punto entonces en litigio entre ambos, la frase supuestamente añadida mintiendo.

El mismo derroche de sepia en la presente autoapología. Primero, naturalmente, tiene que volver a servir de pantalla la *Theory of the Exchanges*. Luego, de improviso, se nos esgrime en contra la "ley de bronce del salario" de Lassalle, con la cual, como es sabido, Marx tenía tanto que ver como el señor Brentano con la invención de la pólvora, y aunque el señor Brentano debe saber que Marx, en el
primer tomo de *El Capital*
, se ha precavido expresamente contra toda y cualquier responsabilidad por cualesquiera conclusiones de Lassalle, y que la ley del salario es presentada en el mismo libro de Marx como una función de diversas variables y como muy elástica, es decir, nada de bronce sino todo lo contrario. Y una vez que los derrames de tinta están en marcha, ya no hay quien los detenga; el Congreso de Halle, Liebknecht y Bebel, el discurso presupuestario de Gladstone de 1843, los sindicatos ingleses, todo lo posible es traído por los pelos para cubrir la

defensa contra el adversario, ahora pasado a la ofensiva, mediante una autoapología del señor Brentano y de sus nobles principios, filantrópicos, tan burlonamente tratados por los malvados socialistas. Se diría que una docena entera de calamares ayudan aquí en el "encubrimiento".

Y todo esto porque el señor Brentano mismo sabe que está irremediablemente atascado con la afirmación de la frase "añadida mintiendo" y no tiene el valor de retirar abierta y honestamente esa afirmación. Para usar sus propias palabras:

"Si entonces" Brentano "hubiera simplemente confesado que aquel libro", Hansard, "lo había inducido a error... se habría uno sorprendido, ciertamente, de que se hubiera fiado de tales fuentes" como incondicionalmente fiables, "pero el error habría sido al menos subsanado. Pero de eso nada se dijo por su parte."

En lugar de ello, se vierte tinta a litros para oscurecer, y si yo tengo que extenderme tanto aquí, es sólo porque primero tengo que apartar todas esas cosas accesorias arrastradas por los pelos y disipar la tinta de oscurecimiento para conservar el verdadero objeto de la disputa a la vista y en la mano.

Entretanto, el señor Brentano tiene aún una comunicación *in petto* para nosotros que, en verdad, "sólo puede resultar divertida". Se la ha jugado, ciertamente, tan de lamentar, que no halla reposo ni descanso hasta habernos lamentado toda su desgracia. Primero la *Concordia* suprime su nombre en aras del prestigio de su periódico. El señor Brentano es lo bastante magnánimo para dejarse imponer este sacrificio en interés de la buena causa. Luego Marx hace caer sobre él las groserías de su escabrosa polémica. También éstas las traga. Sólo que quería "responder con la reproducción literal de toda la polémica". Pero ¡ay!

"Las redacciones tienen a menudo un juicio propio; la revista especializada que yo había considerado, más que ninguna otra, apropiada para ello, rechazó la impresión declarando que la disputa carecía de interés general."

Así le va al noble en este mundo pecador: sus mejores intenciones fracasan ante la maldad o la indiferencia de los hombres. Y para compensar a nuestro incomprendido buen hombre por este inmerecido infortunio, y puesto que seguramente pasará algún tiempo hasta que encuentre una redacción que no "tenga a menudo un juicio propio", le entregamos por la presente "la reproducción literal de toda la polémica".

VI

Además de la autoapología introductoria, el pequeño folleto del señor Brentano contiene aún dos apéndices. El primero contiene extractos de la *Theory of the Exchanges* que pretenden demostrar que este libro fue una de las fuentes principales con las que Marx confeccionó *El Capital*. No voy a entrar en este repetido derroche de sepia. No tengo que habérmelas más que con la vieja acusación de la *Concordia*. Marx, en toda su vida, no ha podido hacerle las cosas a gusto al señor Brentano ni ha querido hacérselas a gusto. El señor Brentano tiene, pues, con seguridad, un saco sin fondo lleno de quejas contra Marx, y yo sería un necio si entrara en eso. Eso equivaldría a jugar para complacerlo al tornillo sin fin.

Sólo es ingenuo que aquí, al final de las citas, se le exija a Marx "la reproducción del verdadero discurso presupuestario". Así que eso es lo que el señor Brentano entiende por citar correctamente. En efecto, si ha de reproducirse siempre el discurso entero real, jamás se ha citado discurso alguno sin "falsificación".

En el segundo apéndice, el señor Brentano se me echa encima. En la 4ª edición de *El Capital*, tomo primero, he añadido a la cita supuestamente falsa la referencia al *Morning Star*. Y esto lo aprovecha el señor Brentano para oscurecer de nuevo por completo, mediante una efusión de sepia, el punto original de la disputa, el pasaje de la alocución inaugural, y en lugar de él, tomar como blanco el pasaje de *El Capital* ya citado por el señor S. Taylor. Para demostrar que esta indicación mía de la fuente es falsa y que Marx sólo pudo tomar la "cita falsa" de la *Theory of the Exchanges*, el señor Brentano imprime los informes del *Times*, del *Morning Star* y la cita según *El Capital* en columnas paralelas una junto a otra. Este segundo apéndice está reproducido aquí entre los documentos,
nº 14b
.

El señor Brentano hace que el *Morning Star* comience su informe con las palabras: "Por mi parte" etc. (*I must say for one* etc.). Con eso afirma, pues, que en el *Morning Star* faltan las frases precedentes sobre el crecimiento de la renta imponible de 1842 a 1852 y de 1853 a 1861; de donde se sigue naturalmente que Marx no ha utilizado el *Morning Star*, sino la *Theory of the Exchanges*.

"¡Los lectores" de su folleto, "a los que se dirige, no pueden controlarlo!" Pero otras personas sí pueden, y encuentran entonces que este pasaje figura ciertamente en el *Morning Star*. Lo reproducimos aquí, y el pasaje de *El Capital* al lado, en inglés y en alemán, para edificación del señor Brentano y de sus lectores.

"Morning Star", 17 de abril de 1863

"El Capital", tomo 1, 1ª ed., p. 639; 2ª ed., p. 678; 3ª ed., p. 671; 4ª ed., p. 617, nota 103

"*In ten years, from 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent, as nearly as I can make out – a very considerable increase in ten years. But in eight years from 1853 to 1861 the income of the country again increased from the basis taken in 1853 by 20 per cent. The fact is so astonishing as to be almost incredible.*"

"*From 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent ...*

*... In the 8 years from 1853 to 1861 ... ... it had increased*

*from the basis taken in 1853, 20 per cent! The fact is so astonishing as to be almost incredible.*"

En alemán:

"En diez años, de 1842 a 1852, la renta imponible del país creció un 6%, según puedo determinarlo con tanta aproximación – un incremento muy considerable en diez años. Pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país volvió a crecer, si partimos de la base de 1853, un 20%. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble."

"De 1842 a 1852 la renta imponible de este país creció un

6%...

... En los 8 años de 1853 a 1861 ... creció, si partimos de la base de 1853, un 20%. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble."

La ausencia de esta frase en su cita del *Morning Star* es el principal triunfo del señor Brentano en su afirmación de que Marx citó según la *Theory of the Exchanges* y no según el *Morning

Star*. A la indicación de que la cita se hizo según el *Morning Star*, él opone, en la columna paralela, esa laguna probatoria. Y he aquí que la frase se encuentra no obstante en el *Morning Star*, y justo tal como en Marx, y la laguna probatoria es fabricación propia del señor Brentano. Si eso no es "supresión fraudulenta" y "falsificación" además, entonces estas palabras carecen por completo de sentido.

Pero si al
comienzo
de la cita el señor Brentano "falsifica", y si ahora también se guarda mucho de afirmar que en el medio de esa misma cita Marx "añadió mintiendo" una frase, eso no le impide en absoluto aseverar continuamente que al
final
de la cita Marx suprime.

La cita se interrumpe en *El Capital* con el pasaje:

"No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza hayan cambiado."

Ahora bien, con esto no concluye la frase en el informe del *Times* y del *Morning Star*; separadas sólo por una coma, siguen a continuación las palabras:

"pero la condición media del trabajador británico —saber eso es algo de lo que somos tan dichosos— es tan extraordinaria" (según el *Times*: ha mejorado en los últimos 20 años en un grado que sabemos que es extraordinario), "que casi podemos calificarla de inaudita en la historia de todos los países y de todos los tiempos".

Aquí, pues, Marx interrumpe en medio de la frase, "hace que Gladstone termine en medio de la frase", "con lo cual esta frase se vuelve por completo sin sentido". Y ya en la dúplica (
Documentos, nº 7
), el señor Brentano llama a esto una "lectura absolutamente sin sentido".

La afirmación de Gladstone: «No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza se hayan modificado», es un enunciado muy preciso, concluso en sí mismo. Si tiene algún sentido, lo tiene tomada por sí sola, aisladamente. Si no tiene sentido, no puede dárselo ninguna coletilla por larga que sea que se le añada mediante un «pero». Si la oración es «completamente sinsentido» en la cita de Marx, la culpa no es de Marx, que la cita, sino del señor Gladstone, que la pronunció.

Volvámonos ahora, para ahondar más en este importante caso, a la única fuente que, según la «costumbre» del señor Brentano, es lícito citar, al Hansard, libre de todo pecado original. En él se dice, según la propia traducción del señor Brentano:

«No me aventuraré a determinar si la amplia sima que separa los extremos de la riqueza y la pobreza se ha vuelto menos o más ancha que en tiempos anteriores»
—Punto.

Y sólo después de este punto comienza la nueva oración: «Pero si consideramos la situación media del trabajador británico», etc. Si Marx, pues, pone aquí igualmente un punto final, hace lo mismo que el Hansard de costumbres puras, y si el señor Brentano hace de este punto final un nuevo crimen de Marx y afirma que Marx hace terminar a Gladstone en mitad de la oración, es que se fía precisamente «de los informes periodísticos, que necesariamente no pasan de ser unos chapuceros borradores», y a sí mismo ha de atribuir las consecuencias. Con esto se viene abajo también la afirmación de que Marx, mediante este punto final, convirtió la oración en algo completamente sinsentido; dicho punto no le pertenece a él, sino al señor Gladstone, y con éste puede ahora entenderse el señor Brentano acerca del sentido o sinsentido de la oración; a nosotros no nos incumbe más.

Pues el señor Brentano, de todos modos, está en correspondencia con el señor Gladstone. Lo que le ha escrito a éste, no llegamos a saberlo, ciertamente, y lo que el señor Gladstone le ha escrito a él, tampoco lo sabemos más que en muy pequeña parte. En cualquier caso, el señor Brentano ha publicado de las cartas de Gladstone dos frases insignificantes (
Documentos, n.º 16
), de las que yo he demostrado en mi respuesta (
Documentos, n.º 17
) que «este mosaico arbitrario de frases arrancadas de su contexto» no prueba nada en favor del señor Brentano, mientras que el hecho de que se preste a este género de publicación mutilada, en vez de mandar imprimir la correspondencia entera, dice volúmenes enteros
en contra
suya.

Pero supongamos por un momento que estas dos frases insignificantes sólo admitieran la interpretación más favorable para el señor Brentano. ¿Qué se sigue de ahí?

«Usted tiene toda la razón y Marx está completamente equivocado.» «Yo no he introducido modificación alguna.» Tales son las presuntas —pues el señor Gladstone, según creo, no acostumbra escribir en alemán— palabras del ex ministro. 

¿Quiere esto decir: Yo no he pronunciado la frase «infamante» y Marx la ha «añadido mintiendo»? Seguro que no. Los ocho periódicos matutinos de Londres del 17 de abril de 1863 desmentirían unánimemente semejante afirmación. Que la frase fue pronunciada lo prueban ellos fuera de toda duda. Así pues, si el señor Gladstone no ha introducido modificación alguna en el informe del Hansard —yo, aunque soy doce años más joven que él, no quisiera fiarme tan rotundamente de mi memoria en minucias tales, ocurridas hace 27 años—, la ausencia de la frase en el Hansard no prueba nada en favor del señor Brentano y muchísimo en contra del Hansard.

Dejando a un lado este único punto relativo a la frase «añadida mintiendo», la opinión del señor Gladstone carece aquí por completo de autoridad. Pues, tan pronto como dejamos de lado este punto, nos hallamos exclusivamente en el terreno de las opiniones no autorizadas, en el que, tras años de disputa, cada cual se obstina en su parecer. Que el señor Gladstone, cuando haya que citarlo, prefiera el método de citación del señor Brentano, un partidario que lo admira, al de Marx, un adversario que lo critica acerbamente, es algo que se comprende de suyo y es su indiscutible derecho. Pero para nosotros, y para la cuestión de si Marx ha citado de buena o de mala fe, su opinión al respecto no vale ni siquiera tanto como la del primer tercero imparcial que se presente. Pues aquí el señor Gladstone no es ya testigo, sino parte.

VII

Pasemos ahora, para concluir, a examinar brevemente lo que el señor Gladstone dijo en aquel pasaje de su discurso presupuestario de 1863, vuelto efectivamente «infamante» por el señor Brentano, y lo que Marx cita de lo dicho, o, respectivamente, «ha añadido mintiendo» o «ha suprimido». Para salir al paso al señor Brentano en todo lo posible, tomamos como base el inmaculado Hansard, y precisamente en su propia traducción.

«En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, la renta imponible del país, hasta donde hemos podido averiguarlo con exactitud, ha aumentado en un 6%; pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país, sobre la base adoptada, ha aumentado de nuevo en un 20%. Es éste un hecho tan extraordinario y asombroso que resulta casi increíble.»

Contra la cita que Marx hace de esta frase nada tiene que objetar el propio señor Brentano, excepto que está presuntamente tomada de la «Theory of the Exchanges». Pero sobre la cita del señor Brentano hay que decir aquí que también él está muy lejos de ofrecer «el verdadero discurso presupuestario». Elimina la siguiente digresión del señor Gladstone sobre las causas de este asombroso aumento, sin indicar siquiera la omisión mediante puntos suspensivos. — Prosigamos:

«Así, señor Presidente, se presentan las cosas en cuanto al aumento general de la acumulación. Mas, por lo que a mí respecta, debo decir que vería con dolor y con gran preocupación este extraordinario y casi embriagador crecimiento, si creyese que estaba limitado a la clase de personas que cabe calificar como acomodadas. Las cifras que he mencionado toman poco o ningún conocimiento de la situación de quienes no pagan impuesto sobre la renta, o, en otras palabras: aunque son suficientemente exactas para el conocimiento de la verdad en general, no toman conocimiento de la propiedad de la población trabajadora ni del aumento de su renta.»

Aquí sigue ahora la frase que, según el señor Brentano, Marx «añadió mintiendo», pero que, según el testimonio de los ocho periódicos matutinos del 17 de abril, fue pronunciada por el señor Gladstone sin lugar a dudas:

«El aumento que he descrito y que, según pienso, se basa en investigaciones exactas, es un aumento enteramente limitado a las clases que poseen propiedad.» («Times», «Morning Star», «Morning Advertiser», «Daily Telegraph».) «... está enteramente limitado al aumento del capital.» («Morning Herald», «Standard», «Daily News», «Morning Post».) 

Hansard, después de «renta», continúa en seguida con las palabras:

«Sin embargo, indirectamente, el
mero aumento del capital
es de la mayor ventaja para la clase obrera, porque este aumento abarata la mercancía que, dentro de todo el proceso de producción, entra en competencia directa con el trabajo.»

Hansard, pese a omitir la frase «infamante», dice en sustancia exactamente lo mismo que los demás periódicos: Para el orador sería muy fatal que este embriagador aumento estuviese limitado a las classes in easy circumstances [clases en circunstancias acomodadas], pero, aun doliéndole mucho, este aumento por él descrito está limitado a personas que no pertenecen a la clase obrera y que son lo bastante ricas para pagar impuesto sobre la renta, y aun es, de hecho, ¡un «mero aumento del capital»!

Y aquí se revela finalmente el secreto de la ira del señor Brentano. Lee la frase en el Manifiesto Inaugural, encuentra en ella una fatal concesión, se procura la versión del Hansard, no encuentra en ella la fatal frase, y escribe ahora apresuradamente a los cuatro vientos: ¡Marx ha añadido mintiendo la frase, formal y materialmente! — Marx le demuestra la frase en el «Times», el «Morning Star», el «Morning Advertiser». Ahora, por fin, el señor Brentano tiene que acometer, al menos en apariencia, una «concienzuda comparación de textos», y descubre, ahora... ¿qué? ¡Que «Times», «Morning Star», «Morning Advertiser» «concuerdan materialmente por completo» con Hansard! Por desgracia, pasa por alto que entonces también la frase «añadida mintiendo» tiene que concordar materialmente por completo con Hansard, y que entonces, a fin de cuentas, bien podría resultar la concordancia material de Hansard con el Manifiesto Inaugural.

Así pues, todo el escándalo se debe únicamente a que el señor Brentano había omitido hacer la concienzuda comparación de textos que le atribuyó falsamente el señor Sedley Taylor, y a que, de hecho, ni él mismo había entendido lo que el señor Gladstone dijo según Hansard. Ciertamente, esto no era del todo fácil, pues

aunque el señor Brentano afirma que este discurso «suscitó la sensación y la admiración del mundo culto entero..., y en particular por... su claridad», los lectores han podido convencerse de que, según Hansard, está redactado en un lenguaje sumamente afectado, enrevesado y lleno de cláusulas, encasquillado en sus propias repeticiones. En particular, la frase de que el aumento del capital es de la mayor ventaja para los obreros, porque abarata la mercancía que dentro del proceso de producción
entra en competencia directa con el trabajo
, es puro desatino. Cuando una mercancía entra en competencia con el trabajo y esta mercancía (p. ej., maquinaria) se abarata, el primer e inmediato resultado es: caída de los salarios, ¡y esto sería, según el señor Gladstone, «de la mayor ventaja para la clase obrera»! ¡Con cuánta filantropía obraron algunos periódicos matutinos de Londres, como el «Morning Star», al sustituir en sus informes «necesariamente chapuceros», en el lugar de la precedente e incomprensible frase, aquello que el señor Gladstone probablemente había
querido
decir, a saber, ¡que el aumento del capital beneficia al obrero mediante el abaratamiento de los principales artículos de consumo!

Si el señor Gladstone, cuando dijo que tendría que ver con dolor y gran preocupación este embriagador crecimiento si hubiera de creer que estaba limitado a las clases en circunstancias acomodadas —si Gladstone pensaba entonces en otro crecimiento de la riqueza
distinto
de aquel del que
estaba hablando
, a saber, en la situación, según su opinión considerablemente mejorada, de toda la nación; si
olvidó
momentáneamente que hablaba del aumento de la renta de las clases que pagan impuesto sobre la renta y de ninguna otra, eso no podemos saberlo. Marx está acusado de falsificación, y aquí se trata del tenor literal y de su sentido gramatical, de lo que el señor Gladstone
ha dicho
, no de lo que posiblemente haya
querido
decir. Esto último no lo sabe el señor Brentano tampoco, y el señor Gladstone, después de 27 años, ya no es una autoridad competente para ello. Y en ningún caso nos incumbe.

Así pues, el sentido de las palabras, meridiano como el sol, es éste: La renta imponible ha experimentado un aumento embriagador. Mucho me dolería que este aumento que acabo de describir estuviera limitado a las clases acomodadas, pero está limitado a éstas, puesto que los obreros no tienen renta imponible; ¡es, por tanto, un mero aumento del capital! Pero incluso éste es de ventaja para los obreros, porque, etc.

Y ahora Marx:

«Este embriagador aumento de riqueza y poder... está entera y completamente limitado a las clases poseedoras.»

Así reza la frase en el Manifiesto Inaugural, donde dio ocasión a toda esta curiosa disputa. Pero desde que el señor Brentano no se atreve ya a afirmar que Marx la añadió mintiendo, ya no se habla más del Manifiesto Inaugural, y todos los ataques se dirigen contra la cita de aquel pasaje en «El Capital». Allí añade Marx la siguiente frase:

«pero... pero tiene que ser de ventaja indirecta para la población obrera, porque abarata los artículos del consumo general».

El "mosaico de frases arbitrariamente amalgamadas y arrancadas de contexto" en Marx dice, pues, "materialmente", "sólo formalmente más compendiado", exactamente lo que el inmaculado Hansard hace decir al señor Gladstone. El único reproche que puede hacérsele a Marx es que, al utilizar el Morning Star y no Hansard, puso en boca del señor Gladstone en la frase final un sentido donde el susodicho había dicho un sinsentido.

Sigue según Hansard:

"Pero, además, puede afirmarse con seguridad que a la masa del pueblo le han tocado en suerte ventajas más directas y mayores. Es un motivo de profundo e inestimable consuelo considerar que, mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres. No me aventuraré a determinar si la amplia sima que separa los extremos de riqueza y pobreza se ha vuelto menos o más ancha que en épocas anteriores."

En Marx:

"... mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres por lo menos se han hecho menos pobres. Que los extremos de la pobreza se hayan modificado, no me atrevo a decirlo."

Marx no da más que las dos escuálidas afirmaciones positivas que en Hansard flotan en toda una sopera de locuciones tan insustanciales como untuosas. Que con ello no pierden nada, sino que más bien ganan, puede afirmarse con seguridad.

Finalmente, según Hansard:

"Pero si consideramos la situación media del obrero británico, sea campesino o minero, obrero no cualificado o cualificado, sabemos por testimonios múltiples e indudables que en los últimos veinte años ha tenido lugar tal aumento de sus medios de vida, que casi podemos declararlo sin parangón en la historia de cualquier país y de cualquier época."

Esta frase está citada en el Manifiesto Inaugural unas líneas antes de la "notoria" arriba mencionada. Allí dice:

"Tales son los datos oficiales, publicados por orden del Parlamento en el año 1864, durante el reinado milenario del librecambio, en una época en que el Canciller del Exchequer decía a la Cámara de los Comunes:

'La situación media del obrero británico se ha elevado en un grado del que sabemos que es extraordinario y sin ejemplo en la historia de todos los países y todos los tiempos.'"

Con lo cual está aducido todo lo esencial. Pero que esto se lee en el Manifiesto Inaugural, edición original, pág. 4, es un hecho que el señor Brentano oculta pertinazmente a sus lectores, los cuales, por cierto, no pueden verificarlo, pues no podemos regalar a cada uno de ellos un ejemplar del Manifiesto, como sucedió con el señor Sedley Taylor.

Notabene: En su segunda respuesta (Documentos, nº 6), Marx no tenía que defender más que el Manifiesto Inaugural, pues hasta ese momento el señor Brentano ni siquiera había incluido el pasaje de El Capital en el ámbito de sus quisquillosidades. También en la dúplica que siguió (Documentos, nº 7) el ataque del señor Brentano sigue dirigiéndose contra el Manifiesto Inaugural y la defensa que del mismo hizo Marx.

Sólo después de la muerte de Marx se produce el nuevo giro, y no por obra del señor Brentano, sino por la de su escudero de Cambridge. Sólo entonces se descubre que Marx, en El Capital, suprimió las rimbombantes protestas del señor Gladstone acerca de la elevación sin ejemplo de la situación de los obreros británicos y con ello tergiversó en lo contrario el sentido del señor Gladstone.

Y aquí hemos de constatar que Marx se dejó escapar un brillante giro retórico. Todo el párrafo en cuya introducción se cita este discurso de Gladstone tiene por finalidad suministrar pruebas de que la situación de la gran mayoría de la clase obrera británica, precisamente en la época de ese embriagador aumento de la riqueza, era oprimida e indigna. ¡Qué magnífico contraste con esas pruebas de miseria de las masas, extraídas de las propias publicaciones oficiales del Parlamento, habrían proporcionado precisamente esas pomposas palabras de Gladstone sobre la feliz situación, sin ejemplo en la historia de todos los países y de todos los tiempos, de la clase obrera británica!

Pero si Marx quiso renunciar a este efecto retórico, no tenía entonces motivo alguno para citar esas palabras de Gladstone. En primer lugar, no son más que la frase estereotipada que, en épocas de negocios buenos e incluso pasables, todo Canciller del Exchequer británico tiene por deber de decoro repetir; por tanto, carecen de significado. En segundo lugar, el propio Gladstone las revocó en el lapso de un año, al hablar, en su siguiente discurso presupuestario del 7 de abril de 1864, en una época de prosperidad industrial aún más intensificada, de masas "al borde del pauperismo" y de los ramos de negocio "en los cuales el salario no ha subido", y exclamar —según Hansard—:

"Y una y otra vez, y más aún en general, ¿qué es la vida humana en la mayoría de los casos sino una lucha por la existencia?" (1)

Pero Marx cita este ulterior discurso presupuestario de Gladstone inmediatamente después del de 1863, y si de este modo el propio señor Gladstone, el 7 de abril de 1864, declaraba inexistentes las bendiciones sin ejemplo de cuya existencia tenía él, el 16 de abril de 1863, "testimonios múltiples e indudables", para Marx desaparecía también la última sombra de motivo para citar esas enfáticas, pero por desgracia —incluso para el señor Gladstone— sólo efímeras, protestas. Podía darse por satisfecho con las concesiones del orador de que, mientras los ingresos de 150 libras esterlinas y superiores aumentaban de manera embriagadora, los pobres por lo menos se habían hecho menos pobres y la sima entre la riqueza extrema y la pobreza extrema difícilmente había disminuido.

No queremos hablar siquiera de que es la manera de los economistas oficiales alemanes citar a Marx con frases arrancadas de contexto. Si Marx, en cada una de esas citas, hubiera querido armar el mismo escándalo que el señor Brentano aquí, jamás habría terminado con ello.

Examinemos, no obstante, algo más de cerca el aumento sin ejemplo de los medios de vida del que entonces disfrutaba el obrero británico, campesino o minero, obrero cualificado o no cualificado.

El campesino no es en Inglaterra y la mayor parte de Escocia más que jornalero agrícola. De éstos había en 1861 en total 1.098.261, de los cuales 204.962 residían como criados en la heredad arrendada.(2) De 1849 a 1859, su salario monetario había subido 1 chelín, en algunos casos 2 chelines, a la semana; pero esto, en última instancia, no fue en la mayoría de los casos más que aumento nominal. Cómo era su situación en 1863, en qué condiciones de vivienda verdaderamente perrunas vivía, lo ha descrito el Dr. Hunter ("Public Health, VII. Report, 1864"):

"Los costes que origina el obrero agrícola están fijados en la cuantía más baja con la que puede vivir."

Según el mismo informe, el suministro de víveres de una parte de las familias de jornaleros (particularmente en ocho condados nombrados expresamente) está por debajo del mínimo absolutamente necesario para prevenir las enfermedades del hambre. Y el profesor Thorold Rogers, partidario político de Gladstone, declara en 1866 ("History of Agriculture and Prices") que el jornalero agrícola ha vuelto a convertirse en un siervo, y por cierto, como demuestra detalladamente, un siervo mal nutrido y alojado, en mucha peor situación que su antecesor en tiempos de Arthur Young (1770 a 1780), e incomparablemente mucho peor que el jornalero en los siglos XIV y XV. —Con el "campesino", pues, Gladstone no tiene decididamente suerte.

¿Qué hay del "minero"? Para eso tenemos el informe parlamentario de 1866. De obreros mineros trabajaban en 1861 en el Reino Unido 565.875, de ellos en minas de hulla 246.613. En estas últimas, el salario de los hombres se ha elevado un poco, y además tienen en su mayoría la jornada de ocho horas, mientras que los mozos tienen que trabajar de 14 a 15 horas. La inspección de minas es una pura farsa: ¡para 3.217 minas hay 12 inspectores! La consecuencia es que la vida de los mineros se sacrifica en masa en explosiones, en gran parte evitables; por el poco aumento de salario, los propietarios de minas se resarcen generalmente mediante descuentos salariales por medio de falsas medidas y pesos. En las minas metalíferas, según informe de la Royal Commission de 1864, las condiciones son aún peores.

Pero ¿el obrero "cualificado"? Tomemos a los obreros metalúrgicos, en total 396.998. Entre ellos puede haber de 70.000 a 80.000 ajustadores de máquinas, y su situación era en efecto buena gracias a la capacidad de resistencia de su antiguo, fuerte y rico sindicato de oficio. También entre los demás obreros metalúrgicos, en la medida en que tenían que poseer fuerza corporal y destreza, se había producido una cierta mejora, como era natural en la época de negocios que había vuelto a mejorar desde 1859 y 1860. En cambio, la situación de las mujeres y los niños ocupados en esta industria (sólo en Birmingham y alrededores 10.000 mujeres y 30.000 menores de 18 años) era bastante miserable, y la de los forjadores de clavos (26.130) y de cadenas, extremadamente miserable.

En la industria textil, los 456.646 hilanderos y tejedores de algodón, a los que se suman 12.556 estampadores de percal, son los que marcan la pauta. Y éstos tuvieron que asombrarse mucho de oír hablar de su felicidad sin ejemplo —en abril de 1863, en la cima de la escasez algodonera y de la Guerra de Secesión estadounidense, por la época en que (octubre de 1862) el 60% de los husos y el 58% de los telares estaban parados y los restantes sólo trabajaban 2-3 días a la semana; en que más de 50.000 obreros algodoneros, solos o con sus familias, eran socorridos por la administración de pobres o por el comité de socorro, y (marzo de 1863) 135.625 del mismo comité estaban ocupados en trabajos públicos o en escuelas de costura por un salario de hambre! (Watts, "The Facts of the Cotton Famine", 1866, p. 211.) —A los demás obreros textiles, especialmente los de los ramos de la lana y el lino, les iba relativamente bien; la falta de algodón hizo aumentar su ocupación.

Y de cómo andaban las cosas en una serie de ramos de negocio más pequeños, nos dan la mejor información los informes de la Children's Employment Commission: géneros de punto —120.000 obreros, de ellos sólo 4.000 protegidos por la ley fabril, entre los restantes muchos niños muy jóvenes, colosal exceso de trabajo; encajería y apresto, en su mayoría industria a domicilio —de 150.000 obreros, sólo 10.000 protegidos por la ley fabril, colosal exceso de trabajo de niños y muchachas; trenzado de paja y confección de sombreros de paja —40.000, casi exclusivamente niños, vergonzosamente reventados a trabajar; finalmente, la confección de ropa y calzado, que ocupa 370.218 obreras de prendas exteriores y adorno, 380.716 ídem de ropa interior y —sólo en Inglaterra y Gales— 573.380 obreros varones, de los cuales 273.223 zapateros y 146.042 sastres, de éstos 1/5–1/4 menores de 20 años. De estos 1 1/4 millones, a lo sumo el 30% de los hombres, como ocupados para clientela privada, estaban en situación soportable. El resto, como todos los ramos de negocio mencionados en este párrafo, caía presa de la explotación por intermediarios, factores, comisionistas, sweaters, como se los llama en Inglaterra, y esto por sí solo caracteriza su situación: gigantesco exceso de trabajo con el salario más miserable.

No presentaba mejor aspecto, en lo que a la felicidad "sin ejemplo" de los obreros se refiere, la fabricación de papel (100.000 obreros, la mitad mujeres), alfarería (29.000), sombrerería (15.000 sólo en Inglaterra), industria del vidrio (15.000), imprenta (35.000), confección de flores artificiales (11.000), etc., etc.

En suma, la Children's Employment Commission exigía que nada menos que 1.400.000 mujeres, jóvenes y niños empleados en la industria fueran puestos bajo la protección de la ley fabril para protegerlos de un exceso de trabajo en gran parte ruinoso.

Finalmente, el número de paupérrimos dependientes de la asistencia pública con fondos públicos ascendía en 1863 a 1.079.382.

De aquí en adelante podemos hacer un recuento aproximado de aquellos trabajadores a los que en 1863 les iba indudablemente muy mal: jornaleros agrícolas, en números redondos, 1.100.000; obreros del algodón, 469.000; costureras y modistas, 751.000; sastres y zapateros, descontando un 30%, 401.000; manufactura de encajes, 150.000; fabricación de papel, 100.000; tejeduría de medias, 120.000; ramos menores investigados por la Ch. Empl. Comm., 189.000; por último, paupers, 1.079.000. En total, 4.549.000 trabajadores, a los que en muchos casos hay que añadir aún los miembros de sus familias.

Y el año 1863 fue un buen año de negocios. La crisis de 1857 estaba plenamente superada, la demanda crecía rápidamente y, con excepción de la industria algodonera, casi todos los ramos de actividad tenían abundante ocupación. ¿Dónde está entonces la «inaudita» elevación del nivel de vida?

La legislación fabril de la década de los cuarenta había elevado de manera decidida a los obreros sometidos a ella. Pero en 1863 esto benefició solamente a los trabajadores ocupados en la lana, el lino y la seda, en total unos 270.000, mientras los obreros del algodón mordían el hambre. En las blanqueadoras y tintorerías la protección legal solo existía sobre el papel. Además, en los ramos donde la plena fuerza viril y, a veces, la destreza son indispensables, la resistencia organizada en sindicatos de oficio había arrancado a los obreros una participación en los rendimientos del período favorable de negocios, en forma de salarios más altos, y puede decirse que, en promedio, en estos ramos de trabajo masculino pesado, el nivel de vida de los obreros se había elevado de manera decidida, por más que siga siendo ridículo presentar semejante elevación como «inaudita». Pero mientras la gran masa del trabajo productivo es arrojada sobre máquinas atendidas por hombres débiles, por mujeres y por trabajadores inmaduros, los políticos se complacen aún en tratar a los hombres fuertes, ocupados en labores pesadas, como los únicos obreros y en juzgar la situación de toda la clase obrera por la de ellos.

Frente a los 4 millones y medio de obreros y paupers malparados que acabamos de enumerar, tenemos como bienparados a 270.000 obreros textiles de la lana, el lino y la seda. Además, podemos suponer que, de los 376.000 obreros metalúrgicos, un tercio estaba bien, un segundo tercio medianamente y solo el último tercio,

entre los que se cuentan los obreros menores de 18 años, los fabricantes de clavos, los forjadores de cadenas y las mujeres, estaba mal. La posición de los 566.000 mineros la podemos dejar pasar como medianamente buena. Como buena puede considerarse la situación de los obreros de la construcción, descontando los de los distritos algodoneros. De los ebanistas, a lo sumo un tercio estaba bien; la gran masa trabajaba para explotadores que daban trabajo a domicilio (sweaters). Entre los empleados de los ferrocarriles reinaba ya entonces el colosal exceso de trabajo que solo en los últimos veinte años ha suscitado una resistencia organizada. En resumen, sumando y restando, apenas podremos entresacar un millón del que podamos decir que su situación se ha elevado en proporción a la elevación de los negocios y de las ganancias de los capitalistas; lo que aún queda se halla en una posición intermedia, ha obtenido algunas ventajas, en conjunto insignificantes, de la mejor coyuntura comercial, o está compuesto por fuerzas de trabajo tan mezcladas por sexo y edad que la mejora de la posición de los hombres queda compensada de nuevo por el exceso de trabajo de las mujeres y de los obreros juveniles. Y si esto aún no basta, compárense los «Reports on Public Health», que se hicieron necesarios precisamente porque la elevación «inaudita» de la clase obrera en los veinte años hasta 1863 se manifestó en tifus, cólera y otras amables epidemias, que finalmente irrumpieron también desde los barrios obreros en los barrios elegantes de las ciudades. En esos informes se investiga el «incremento de los medios de vida» del obrero británico, sin precedentes, en materia de vivienda y alimentación, y se encuentra que en innumerables casos su vivienda es un puro foco de epidemias y su alimentación está apenas en el límite o incluso por debajo del límite bajo el cual se engendran necesariamente enfermedades del hambre.

Tal era, pues, la situación real de la clase obrera británica a comienzos del año 1863. Así se presentaba la elevación «inaudita» de la clase obrera de la que el señor Gladstone se jacta. Y si algo puede reprochársele a Marx, es el haberle hecho al señor Gladstone un favor inmerecido, al omitir aquella fanfarronada.

—————

Conclusión: En primer lugar, Marx no ha «añadido ninguna mentira».

En segundo lugar, no ha «suprimido» nada de lo que el señor Gladstone tuviera derecho a quejarse.

Y en tercer lugar, el tenaz aferrarse del señor Brentano y sus compinches, como lapas, a esta única cita entre los miles de citas de los escritos de Marx, demuestra que saben muy bien «cómo cita Karl Marx» —a saber: correctamente.

Documentos

I

Las citas incriminadas

N.° 1. El Manifiesto inaugural

La edición original se titula: «Address and Provisional Rules of the Working Men's International Association, established Septbr. 28, 1864, at a Public Meeting held at St. Martin's Hall, Long Acre, London». Price one penny. Printed at the «Bee-Hive» Newspaper Office, 10, Bolt Court, Fleet Street, 1864. El Manifiesto comienza: «Es un hecho grandioso que la miseria de las masas trabajadoras no ha disminuido de 1848 a 1864, y sin embargo este período no tiene precedentes en cuanto al desarrollo de la industria y al crecimiento del comercio.» Como prueba se aducen hechos de los «Reports on Public Health» sobre la alimentación deficiente de diversos grupos de obreros urbanos y de los jornaleros agrícolas. Luego se prosigue:

«Such are the official Statements published by order of Parliament in 1864, during the millennium of free trade, at a time when the Chancellor of the Exchequer told the House of Commons that

 ‘the average condition of the British labourer has improved in a degree we know to be extraordinary and unexampled in the history of any country or any age’,

Upon these official congratulations jars the dry remark of the official ‘Public Health Report’:

 ‘The public health of a country means the health of its masses, and the masses will scarcely be healthy unless, to their very base, they be at least moderately prosperous.’

Dazzled by the ‘Progress of the Nation’, statistics dancing before his eyes, the Chancellor of the Exchequer exclaims in wild ecstacy:

 ‘From 1842 to 1852 the taxable income of the country increased by 6 per cent; in the eight years from 1853 to 1861, it has increased from the basis taken in 1853, 20 per cent!

 The fact is so astonishing as to be almost incredible! … This intoxicating augmentation of wealth and power’, adds Mr. Gladstone, ‘is entirely confined to classes of property.’»

En traducción alemana:

«Solcherart sind die offiziellen Angaben, veröffentlicht auf Befehl des Parlaments im Jahr 1864, während des Tausendjährigen Reichs des Freihandels, zu einer Zeit, als der Schatzkanzler dem Unterhaus sagte:

 „Die Durchschnittslage des britischen Arbeiters hat sich gehoben in einem Grad, von dem wir wissen, daß er außerordentlich ist und beispiellos in der Geschichte aller Länder und aller Zeiten.“

In diese amtlichen Beglückwünschungen wirft einen grellen Mißton die trockne Bemerkung des amtlichen „Public Health Report“ (Bericht über öffentliche Gesundheit):

 „Die öffentliche Gesundheit eines Landes heißt die Gesundheit seiner Massen, und die Massen werden schwerlich gesund sein, sie seien denn, bis auf ihre letzte Grundlage hinab, mindestens in mäßiger Prosperität.“

Geblendet durch den „Fortschritt der Nation“, umgaukelt von den Zahlen der Statistik, ruft der Schatzkanzler in wilder Verzückung aus:

 „In den Jahren 1842-1852 hat sich das steuerpflichtige Einkommen des Landes um 6% vermehrt; in den acht Jahren 1853-1861 hat es im Verhältnis zum Einkommen des Jahres 1853 um 20% zugenommen! Diese Tatsache ist so staunenswert, daß sie beinah unglaublich ist! … Diese berauschende Vermehrung von Reichtum und Macht“, fügt Herr Gladstone hinzu, „ist ganz und gar auf die besitzenden Klassen beschränkt.“»

N.° 2. «El Capital»

Marx, «El Capital», tomo I, 3.ª edición, pp. 670-672

Después de estos pocos datos se comprende el grito de triunfo del registrador general del pueblo británico:

«Por rápido que haya crecido la población, no ha mantenido el paso con el progreso de la industria y de la riqueza.»
(-101-)

Volvámonos ahora hacia los agentes inmediatos de esta industria, o sea los productores de esta riqueza, hacia la clase obrera.

«Es uno de los rasgos más melancólicos de la condición social del país —dice Gladstone— que, al mismo tiempo que una disminución del poder de consumo del pueblo y un aumento de las privaciones y de la miseria de la clase trabajadora, tenga lugar una constante acumulación de riqueza en las clases superiores y un constante incremento del capital.»
(-102-)

Así habló este untuoso ministro en la Cámara de los Comunes el 13 de febrero de 1843. El 16 de abril de 1863, veinte años después, en el discurso en que expone su presupuesto:

«De 1842 a 1852 la renta imponible de este país creció en un 6% … En los 8 años de 1853 a 1861 creció, tomando como base la de 1853, en un 20%. ¡El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble … Ese embriagador incremento de riqueza y de poder… está entera y totalmente limitado a las clases poseedoras
{-1-}
, pero… pero debe redundar en ventaja indirecta para la población obrera, porque abarata los artículos de consumo general; mientras los ricos se hacen más ricos, los pobres se han tornado en todo caso menos pobres. Yo no me atrevería a decir que los extremos de la pobreza se hayan modificado[-]»
{-2-}
(-103-)

¡Qué flojo anticlímax! Si la clase obrera ha seguido siendo «pobre», solo «menos pobre» en la proporción en que producía «un embriagador incremento de riqueza y de poder» para la clase poseedora, entonces ha seguido siendo igualmente pobre en términos relativos. Si los extremos de la pobreza no han disminuido, han aumentado, porque han aumentado los extremos de la riqueza. En cuanto al abaratamiento de los medios de vida, la estadística oficial muestra, por ejemplo los datos del London Orphan Asylum [orfanato de Londres], un

encarecimiento del 20% en el promedio de los tres años 1860-1862, comparado con 1851-1853. En los tres años siguientes, 1863-1865, encarecimiento progresivo de la carne, la mantequilla, la leche, el azúcar, la sal, el carbón y una masa de otros medios de vida necesarios.
(-104-)
El siguiente discurso presupuestario de Gladstone, del 7 de abril de 1864, es un ditirambo pindárico sobre el progreso de la fabricación de plusvalía y la dicha del pueblo, atenuada por la «pobreza». Habla de masas «al borde del pauperismo», de los ramos de negocios «en los que el salario no ha subido», y finalmente resume la felicidad de la clase obrera en estas palabras:

«La vida humana es, en nueve de cada diez casos, una mera lucha por la existencia.»
(-105-)

El profesor Fawcett, no atado como Gladstone por miramientos oficiales, declara sin tapujos:

«No niego, desde luego, que el salario en dinero haya subido con este aumento del capital» (en los últimos decenios) «, pero esta aparente ventaja se pierde de nuevo en gran medida porque muchos artículos de primera necesidad se encarecen constantemente» (cree que por la desvalorización de los metales preciosos) «… Los ricos se hacen rápidamente más ricos (the rich grow rapidly richer), mientras que no es perceptible aumento alguno en el bienestar de las clases trabajadoras… Los obreros se convierten casi en esclavos de los tenderos, de quienes son deudores.»
(-106-)

Notas a pie de página de Marx en El Capital

(-101
-)
«Census etc.», l.p.c. 11.

(-102
-)
Gladstone en la Cámara de los Comunes, 13 de febrero de 1843: «Es uno de los rasgos más melancólicos del estado social del país que, mientras disminuye la capacidad de consumo del pueblo y aumentan las privaciones y la miseria de la clase trabajadora y de los obreros, haya al mismo tiempo una constante acumulación de riqueza en las clases altas y un constante incremento del capital.»

(-103
-)
«De 1842 a 1852, la renta imponible del país aumentó en un 6 por ciento... En los 8 años de 1853 a 1861, ¡había aumentado, sobre la base tomada en 1853, un 20 por ciento! El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble... este embriagador aumento de riqueza y poder... enteramente limitado a las clases poseedoras... ha de beneficiar indirectamente a la población trabajadora, porque abarata las mercancías de consumo general — ¡mientras los ricos se han vuelto más ricos, los pobres han disminuido su pobreza! En todo caso, no me atrevo a afirmar si los extremos de la pobreza son menores.» (Gladstone en la Cámara de los Comunes, 16 de abril de 1863.)

(-104
-)
Véanse los datos oficiales en el Libro Azul: «Miscellaneous Statistics of the Un. Kingdom. Part VI», Londres, 1866, pp. 260-273 passim.

Adición a la 2ª ed. En lugar de la estadística de los orfanatos, etc., también podrían servir de prueba las declamaciones de los periódicos ministeriales en apoyo de la dote de los hijos de la casa real. El encarecimiento de los víveres nunca se olvida en ellas.

(-105
-)
«Pensad en aquellos que están en el límite de esa región» (pauperismo), «salarios... en otros no aumentados... la vida humana no es, en nueve de cada diez casos, más que una lucha por la existencia.» (Gladstone, Cámara de los Comunes, 7 de abril de 1864.) Las continuas, flagrantes contradicciones en los discursos presupuestarios de Gladstone de 1863-1864 las caracteriza un escritor inglés con la siguiente cita de Molière:

«He ahí al hombre, en efecto. Va de lo blanco a lo negro.
Condena por la mañana sus sentimientos de la noche.
Molesto para todos los demás, incómodo para sí mismo,
Cambia a cada instante de espíritu como de moda.»

([Citado en H. Roy,] «The Theory of the Exchanges etc.», Londres, 1864, p. 135.)

(-106
-)
H. Fawcett, loc. cit., pp. 67, 82. En cuanto a la creciente dependencia de los obreros respecto al tendero, es consecuencia de las crecientes fluctuaciones e interrupciones de su ocupación.

Textvarianten im Kapital

{-1-}
3ª edición de «El Capital»: clases poseedoras (en lugar de: clases de propiedad)

{-2-}
1ª edición de «El Capital»: disminuido

II

Brentano y Marx

Nº 3. La acusación

«Concordia», nº 10, 7 de marzo de 1872

Cómo cita Karl Marx

En la Inaugural Address redactada por Karl Marx
(-1-)
de la Asociación Internacional de los Trabajadores se halla el siguiente pasaje:

«Cegado por el “progreso de la nación”, engañado por las cifras de la estadística, el Canciller del Exchequer exclama con salvaje arrebato: “De 1842 a 1852, la renta imponible del país aumentó en un 6 por ciento; en los ocho años de 1853 a 1861, aumentó, en proporción a la renta de 1853, un 20 por ciento. Este hecho es tan asombroso que resulta casi increíble...
Este embriagador aumento de riqueza y poder
”,
añade Mr. Gladstone,

“está total y exclusivamente circunscrito a las clases poseedoras.”
»

Esta cita de Marx se ha hecho célebre. La hemos vuelto a encontrar en un gran número de escritos. Ciertamente, los autores rara vez indicaban la Inaugural Address de la Internacional como la fuente de la que bebían. Dejaban suponer que ellos mismos habían leído el discurso presupuestario de Gladstone. Hasta qué punto era éste el caso puede mostrarlo la siguiente confrontación con el discurso de Gladstone (cfr. Hansard, «Parliamentary Debates», 3ª serie, vol. 170, pp. 243 y ss.):

«El impuesto sobre la renta, a 7 peniques por libra en los años 1842-1843, que sólo regía para Gran Bretaña y en Gran Bretaña únicamente para las rentas de 150 libras esterlinas y más, estaba liquidado en las cédulas que he citado por un importe total de renta que alcanzaba las 156.000.000 de libras esterlinas. Sobre la misma base y con las mismas restricciones, la renta estimada en 1860-1861 fue de 221.000.000 de libras esterlinas. Y no tengo noticia de que haya tenido lugar cambio alguno en la organización del impuesto ni mejora alguna en la forma de su exacción que pueda explicar en modo alguno la diferencia. Al contrario; de tiempo en tiempo se han otorgado por las legislaciones concesiones y alivios que, en la medida en que ejercen influjo, obrarían más bien en sentido opuesto. La diferencia asciende, sin embargo, a no menos de 65.000.000 de libras esterlinas de renta anual, o dos séptimas partes de la renta anual imponible total del país sobre la base indicada. Éste es un resultado sumamente notable; pero hay un rasgo de este resultado que, considerado con atención, es aún más notable; y es el ritmo acelerado de aumento en la última parte de este período. Reclamo otra vez la atención de la Comisión por unos instantes. Comparo dos períodos – uno anterior a 1853 y otro desde 1853, año en que se modificó la base. En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, la renta imponible del país, en la medida en que podemos determinarlo con exactitud, aumentó en un 6 por ciento; pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país, sobre la base adoptada, ha aumentado nuevamente en un 20 por ciento. Éste es un hecho tan extraordinario y asombroso que parece casi increíble.

Así, señor Presidente, es la cosa por lo que se refiere al aumento general de la acumulación. Pero por lo que a mí respecta,
debo decir que miraría con dolor y con gran preocupación este crecimiento extraordinario y casi embriagador si tuviera que creer que se halla limitado a aquella clase de personas que cabe calificar como en situación desahogada.
Las cifras que he rozado toman poco o ningún conocimiento de la situación de aquellos que no pagan impuesto sobre la renta; o, en otras palabras, aunque son suficientemente exactas para conocer la verdad en general, no toman conocimiento de la propiedad de la población trabajadora ni del aumento de la renta de ésta. Indirectamente, es cierto, el mero aumento del capital es de la mayor ventaja para la clase trabajadora, porque este aumento abarata la mercancía que, en todo el proceso de producción, compite directamente con el trabajo.
Pero, además, puede afirmarse con certeza que a la masa del pueblo le han tocado ventajas más inmediatas y mayores. Es cosa de profundo e inestimable consuelo considerar que, mientras los ricos se han vuelto más ricos, los pobres se han vuelto menos pobres.
No pretendo determinar si la amplia sima que separa los extremos de la riqueza y de la pobreza se ha hecho menos o más ancha que en tiempos pasados.
Pero si consideramos la situación media del trabajador británico
, sea campesino o minero, obrero no cualificado o cualificado,
sabemos por múltiples e indudables testimonios que en los últimos veinte años ha tenido lugar un tal aumento de sus medios de vida que casi podemos declararlo sin parangón en la historia de ningún país ni de ninguna época
.»

¿Cuál es ahora la relación entre el contenido de este discurso y la cita de Marx? Gladstone constata, en primer lugar, que indudablemente ha tenido lugar un aumento colosal de la renta del país. Así se lo prueba el impuesto sobre la renta. Pero el impuesto sobre la renta sólo toma nota de las rentas de 150 libras esterlinas y más. Las personas con rentas inferiores no pagan impuesto sobre la renta en Inglaterra. El hecho de que Gladstone aduzca esto simplemente para la correcta apreciación de su criterio, lo utiliza Marx para hacer decir a Gladstone:
«Este embriagador aumento de riqueza y poder está total y exclusivamente circunscrito a las clases poseedoras».
Pero esta frase
no se halla en ninguna parte del discurso de Gladstone. Precisamente lo contrario se dice en él.
¡Marx ha añadido la frase, formal y materialmente, mintiendo!

Notas a pie de página de Brentano en la Concordia

(-1-)
Reimpreso en el «Volksstaat», nº 5 del 17 de enero de 1872.

Nº 4. Respuesta de Marx

«Volksstaat», nº 44, sábado, 1 de junio de 1872

Un amigo me envía desde Alemania el nº 10 de la «Concordia. Zeitschrift für die Arbeiterfrage», del 7 de marzo, en el que este «Órgano de la Liga de los Fabricantes Alemanes» publica un artículo de fondo con el título:
«Cómo cita Karl Marx»
.

En la Inaugural Address de la Asociación Internacional de los Trabajadores cito, entre otros, un pasaje del discurso presupuestario de Gladstone del 16 de abril de 1863 que no se halla en la edición semioficial de Hansard de los Debates Parlamentarios. De ahí la cómoda lógica fabril de la «Concordia» concluye sin más: «Esta frase no se halla en ninguna parte del discurso de Gladstone», y regocija su bella alma con el alemán de fabricante impreso en negritas maliciosas:

«¡Marx ha añadido la frase, formal y materialmente, mintiendo!»

Sería en verdad sumamente extraño que la Inaugural Address, originalmente impresa en inglés en Londres bajo los ojos de Gladstone, pusiera en su boca una frase interpolada por mí, que durante siete años y medio ha circulado sin objeción por toda la prensa londinense, para ser, por fin, descubierta por los «eruditos» de la Liga de los Fabricantes Alemanes en Berlín.

La frase en cuestión de la Inaugural Address reza como sigue:

«This intoxicating augmentation of wealth and power is entirely confined to classes of property» (pág. 6 de la Inaugural Address, etc.). (En español, literalmente:
«Este embriagador aumento de riqueza y poder se halla
enteramente
limitado a las clases poseedoras.»
)

En un artículo de la «Fortnightly Review» (noviembre de 1870), que causó gran sensación y fue comentado por toda la prensa de Londres, el señor Beesly, profesor de historia en la universidad de esta ciudad, cita en la pág. 518:

«An intoxicating augmentation of wealth and power, as Mr. Gladstone observed, entirely confined to classes of property.» (En español:
«Un embriagador aumento de riqueza y poder, como observó el señor Gladstone, enteramente limitado a las clases poseedoras.»
)

Pero ¡el artículo del profesor Beesly apareció seis años después de la Inaugural Address! ¡Bien! Recurramos a una publicación especializada, destinada exclusivamente a la City de Londres, que no sólo apareció antes de la
Inaugural Address
, sino ya antes de la
fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores
. Se titula: «The Theory of Exchanges. The Bank Charter Act of 1844», Londres, 1864, editado por T. Cautley Newby, 30, Welbeck Street. El discurso presupuestario de Gladstone es aquí criticado detalladamente, y en la pág. 134 se cita de él:

«This intoxicating augmentation of wealth and power is entirely confined to classes of property.» (En español: «Este embriagador aumento de riqueza y poder se halla enteramente limitado a las clases poseedoras.»)

Literalmente, como yo cito.

Con esto queda ya irrefutablemente probado que la Liga de los Fabricantes Alemanes
«ha mentido formal y materialmente»
al calificar esta «frase» de ¡fabricación «mía»!

Dicho sea de paso: la cándida «Concordia» reproduce en negritas otro pasaje en el que Gladstone desvaría acerca de la «extraordinaria y sin parangón en todos los países y en todos los tiempos» elevación de la clase obrera inglesa durante los últimos 20 años. Las negritas pretenden dar a entender que yo he suprimido ese pasaje. ¡Todo lo contrario! En la Inaugural Address pongo precisamente el mayor énfasis en el estridente contraste entre esa frase desvergonzada y la, como la califica certeramente el profesor Beesly, «estadística espantosa» («appalling statistics») de los informes oficiales ingleses sobre la misma época.(-1-)

El autor de la "Theory of Exchanges" no ha citado, como yo, por Hansard, sino por un periódico londinense que publicó el discurso del presupuesto del 16 de abril en su edición del 17 de abril. Sin embargo, en mis colecciones de 1863 he buscado en vano el extracto correspondiente y, por tanto, también el nombre del periódico del que fue tomado. Pero esto no viene al caso. Aunque las crónicas parlamentarias de los periódicos londinenses siempre divergen entre sí, yo estaba seguro de que ninguno de ellos podía suprimir por completo una declaración tan chocante de Gladstone. Recurro, pues, al "Times" del 17 de abril de 1863 —era entonces, como

ahora, órgano gladstoniano—, y encuentro allí, pág. 7, columna 5, en la crónica del discurso del presupuesto:

"That is the state of the case as regards the
wealth of this country
. I must say for one, I should look almost with apprehension and with pain upon
this intoxicating augmentation of wealth and power
, if it were my belief that it was confined to
classes who are in easy circumstances
. This takes no cognizance at all of the condition of the labouring population.
The augmentation I have described,
and which is founded, I think, upon accurate returns,
is an augmentation entirely confined to classes of property."

En alemán:

"Así están las cosas con la
riqueza de este país
. Por mi parte, contemplaría casi con inquietud y con pena
este embriagador aumento de riqueza y de poder
, si creyera que está limitado a las clases acomodadas.
(-2-)
Aquí no se toma nota alguna de la población obrera.
El aumento que he descrito
" (el que acababa de caracterizar precisamente como
"este embriagador aumento de riqueza y de poder"
),
"está limitado entera y exclusivamente a las clases propietarias."

"Formal y
materialmente"
, pues, el señor Gladstone declaró el 16 de abril de 1863 en la Cámara de los Comunes, según la crónica de su propio órgano, el "Times" del 17 de abril de 1863, que
"este embriagador aumento de riqueza y de poder está limitado entera y exclusivamente a las clases propietarias"
, y en cierto modo sólo se estremece al considerar que tal vez haya beneficiado únicamente a una parte de esta clase, a su parte verdaderamente acomodada.

¡Italiam, Italiam! Por fin hemos llegado a
Hansard
. En su edición, remendada con posterioridad, el señor Gladstone fue tan hábil de eliminar chapuceramente el pasaje, ciertamente comprometedor en boca de un canciller del Exchequer inglés. Esto es, por lo demás, una práctica parlamentaria inglesa tradicional, y en modo alguno invención del pequeño Lasker contra Bebel. Una comparación exacta entre el discurso realmente pronunciado por Gladstone, tal como figura en el "Times", y su forma, posteriormente deformada por el mismo Gladstone, brindaría una contribución regocijante a la caracterización de este héroe burgués untuoso, anegado en frases, sutilizador de palabras, estrictamente eclesiástico, ansiosamente ostentador de su piedad y de sus liberales "attitudes of mind" |estados de ánimo|.

Una de las cosas más irritantes de mi obra
"El capital"
son las abundantes pruebas oficiales para la descripción de la economía fabril,

a las que ningún erudito ha sabido encontrar hasta ahora error. Esto había llegado, por rumores, incluso a oídos de los señores de la Liga de los Fabricantes Alemanes. Pero, pensaron:

"Lo que no ve el entendimiento de los entendidos,

Lo practica en su inocencia un ánimo infantil."

Dicho y hecho. Para informarse sobre la cita del Manifiesto Inaugural, que les resultaba sospechosa, se dirigen a un amigo de negocios en Londres, al primer Mundella que se les cruza, el cual, fabricante él mismo, se apresura a enviar por mar, negro sobre blanco, el extracto de los debates parlamentarios de Hansard. Ahora tenían mi secreto de fábrica. Yo no sólo fabrico el texto, sino, además, ¡también las citas! Y ellos gritaron ebrios de triunfo a los cuatro vientos:
"¡Cómo cita Karl Marx!"
Y así mi mercancía quedó desacreditada de una vez por todas, y ello, como conviene a fabricantes, por la vía del bajo negocio, sin el menor gasto de erudición.

El enojoso epílogo tal vez ilustre a los liguistas de los fabricantes acerca de que, por muy diestros que sean por lo demás en la falsificación de mercancías, para el examen de la mercancía literaria sirven como el asno para tocar el laúd.

Londres, 23 de mayo de 1872

Karl Marx

Notas a pie de página de Marx en el "Volksstaat"

(-1-)
Otras pamplinas apologéticas del mismo discurso quedan despachadas en mi escrito:
"El capital" (págs. 638, 639)

(-2-)
Las palabras: "easy classes", "classes in easy circumstances" fueron probablemente introducidas por primera vez
por Wakefield
para designar a la parte realmente rica de la clase poseedora.

Núm. 5. Réplica, del Anónimo

"Concordia", núm. 27, 4 de julio de 1872

Cómo se defiende Karl Marx

Tal vez recuerden nuestros lectores el artículo "Cómo cita Karl Marx", en el núm. 10 de este periódico, del 7 de marzo del presente año. En él nos ocupábamos de un pasaje del Manifiesto Inaugural de la Internacional, redactado por Marx, que ha alcanzado cierta celebridad y al que la socialdemocracia, en particular, destaca con frecuencia como prueba contundente de la irremediable decadencia de la clase obrera bajo la persistencia de las actuales condiciones estatales y sociales. Marx cita allí, en efecto, el discurso del presupuesto de Gladstone del 16 de abril de 1863. En este discurso, Gladstone constata, para empezar, que se ha producido un "crecimiento extraordinario y casi embriagador" de la renta del país, y lo demuestra mediante el aumento del impuesto sobre la renta. Pero las cifras que aduce a este fin "toman poco o ningún conocimiento de la situación de quienes

no pagan impuesto sobre la renta"; "no toman conocimiento alguno de la renta de la población obrera ni del incremento de la misma". Las personas con una renta inferior a 150 libras esterlinas no pagan, en efecto, impuesto sobre la renta en Inglaterra. Pues bien, el hecho de que Gladstone hubiera señalado esto para una correcta apreciación de su criterio, lo había utilizado Marx para hacer decir a Gladstone: " Este embriagador aumento de riqueza y de poder está entera y exclusivamente limitado a las clases poseedoras." Pero esta frase no se encuentra en parte alguna del discurso de Gladstone. Muy al contrario, Gladstone había dicho que no creía que ese aumento "estuviera limitado a aquella clase de personas que cabe calificar como de posición holgada". E indignados por la desfachatez con que Marx citaba desfigurando de este modo, exclamamos: "¡Marx ha añadido, formal y materialmente, la frase de su cosecha mintiendo!"

Esta acusación era grave y, unida al contundente material probatorio adjunto, sencillamente aniquiladora para la fe, rampante en nuestra socialdemocracia, en la insuperable, minuciosa erudición, veracidad e infalibilidad del oráculo londinense. No debía, por tanto, quedar sin una refutación o, al menos, sin algo que lo pareciera. En el núm. 44 del "Volksstaat" del 1 de junio
(-1-)
ha intentado Marx, ciertamente, dar una refutación. Pero de la acusación de mala fe al citar no ha sabido blanquearse en absoluto nuestro adversario. Antes bien, si algo hay, la manera de su defensa es idónea para probar esa mala fe. Porque el descaro con que abusa de nuevo de la imposibilidad de control de sus afirmaciones, en la que se encuentran los lectores del "Volksstaat", supera todavía su frivolidad al citar.

Naturalmente, Marx no llega al extremo de negar la exactitud de nuestra cita extraída de la crónica estenográfica del Parlamento. Para él se trata, ante todo, de probar su buena fe al citar, y con este fin se remite a que otros han citado igual que él. Escribe:

"En un artículo de la 'Fortnightly Review' (número de noviembre de 1870), que causó gran sensación y fue comentado por toda la prensa londinense, el señor Beesly, profesor de historia en la universidad de aquí, cita en la pág. 518: 'Un embriagador aumento de riqueza y de poder, como observó el señor Gladstone, entera y exclusivamente

limitado a las clases propietarias.' — ¡Pero el artículo del profesor Beesly apareció seis años después que el Manifiesto Inaugural!"

¡Muy exacto! Sólo que se ha olvidado añadir un "pero" más. Pues aquel artículo del prof. Beesly trata de la historia de la Internacional y está escrito, como el autor mismo dice a todo el que pregunta, basándose en material que Marx le ha suministrado. ¡Es más! En ese pasaje no es en modo alguno Beesly quien cita a Gladstone, sino que se limita a mencionar que el Manifiesto Inaugural de la Internacional contiene esa cita: "De esta estadística espantosa", escribe Beesly, "se vuelve el
Manifiesto
a los datos oficiales sobre el impuesto sobre la renta, de los cuales resultaba que la renta imponible del país había aumentado en un 20% en ocho años, 'un embriagador aumento de riqueza y de poder', como observó el señor Gladstone, entera y exclusivamente" etc. — ¡Verdaderamente un procedimiento probatorio espléndido! Se le endilga a alguien, que no conoce nuestra deshonestidad, una afirmación mentirosa, éste la repite de buena fe, ¡y luego uno se remite a ello y a la honestidad del repetidor para probar así la exactitud de aquella afirmación y la propia honestidad! — Marx continúa en su defensa:

"Recurramos luego a una revista especial destinada exclusivamente a la City de Londres, que apareció no sólo antes del Manifiesto Inaugural, sino ya antes de la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Se titula: 'The Theory of Exchanges. The Bank Charter Act of 1844', Londres 1864, editado por T. Cautley Newby, 30, Welbeck Street. El discurso del presupuesto de Gladstone es criticado aquí detalladamente, y en la pág. 134 se cita: 'Este embriagador' etc., textualmente, por tanto, como yo cito. — Con esto queda ya probado irrefutablemente que la Liga de los Fabricantes Alemanes 'ha mentido formalmente' al desacreditar esta 'frase' como 'mi' fabricación... El autor de la 'Theory of Exchanges'", escribe luego Marx, "no ha citado, como yo, por Hansard, sino por un periódico londinense que publicó el discurso del presupuesto del 16 de abril el 17 de abril."

En efecto, el autor de ese libro, que dicho sea de paso es un libelo ordinario, no ha citado por Hansard, como tampoco Marx. Pero Marx, como enseguida mostraremos, ni siquiera ha citado por un periódico londinense. Por de pronto, anotemos aquí que, al decir nosotros que Marx había añadido mintiendo la frase en cuestión al discurso de Gladstone, no hemos afirmado "ni formal ni materialmente" que él mismo la hubiera fabricado también. Esto sería así únicamente si Marx mismo fuera el fabricante de ese libro, que ha quedado muy oscuro, como se sentiría uno tentado a creer, ciertamente, por el estilo espantoso en que está escrito. La fuente de la que Marx citó esa frase es, en realidad, ese libro mismo, ¡y ésta es también la razón por la que, según alega, ha "buscado en vano en sus colecciones de 1863 el extracto correspondiente y, por tanto, también el nombre del periódico del que fue tomado"! Este origen de la cita de Marx se revela claramente, en efecto, por la comparación del pasaje de su libro "El capital", en el que Marx comenta el discurso del presupuesto de Gladstone, con la "Theory of the Exchanges". Allí, en la pág. 639, particularmente en la nota 103, se cita este discurso en la lectura absolutamente carente de sentido que reproduce textualmente aquel libro en la pág. 134. También las glosas, que

Marx acerca de la contradicción contenida en esta lectura enlaza con su reproducción, y ya se encontraba en aquel libro, señaladamente también la cita de Molière dada en la nota 105, pág. 640 de El Capital; y asimismo se hallan en la pág. 135 de ese libro los datos citados por Marx del London Orphan Asylum sobre el encarecimiento de los víveres, de cuya exactitud Marx, sin embargo, no responsabiliza a ese libro, sino a sus fuentes (véase El Capital, pág. 640, nota 104).

Ahora preguntamos: ¿Miente alguien solo cuando él mismo inventa una falsedad, o no miente igualmente cuando la repite a sabiendas o debiendo saberla? Creemos que la respuesta está por encima de toda duda. Y, en segundo lugar, al repetir Marx la falsedad contenida en la Theory of the Exchanges, ¿no lo hizo a sabiendas, o al menos no debió haberlo sabido mejor? También esta respuesta es sencilla. Es la primera regla de toda interpretación, indudablemente bien conocida por el señor Marx, interpretar los pasajes que a primera vista encierran contradicciones y por eso carecen de sentido, de modo que la contradicción desaparezca; y si el texto presente lo hace parecer imposible, recurrir antes a una crítica textual que creer en la existencia de una contradicción. Tanto más era esto obligado en un discurso que había despertado el asombro y la admiración de todo el mundo culto, y precisamente por su dominio de la materia y su claridad. Y, por último, era una ligereza rayana en lo delictivo proceder de otro modo que con semejante exactitud cuando se pretendía arrancar un pasaje que constituye la mitad de la contradicción encerrada en aquella lectura, para lanzarlo como denuncia de los poseedores entre los desposeídos de todo el orbe. Si, por tanto, Karl Marx ya por razones de cultura general, de ciencia y de escrupulosidad hubiera debido escandalizarse de aquella lectura, la punible ligereza con que hizo suya esa mendaz cita es para él tanto más inexcusable, porque el texto del discurso de Gladstone le era completamente accesible. Pues, en primer lugar, los periódicos ingleses reprodujeron este discurso al día siguiente de haber sido pronunciado, si no literalmente, sí con fidelidad de sentido. En segundo lugar, el discurso, inmediatamente después de pronunciado, fue publicado textualmente por Gladstone en su libro que causó gran sensación: Financial Statements, Londres 1863, y en la pág. 403 del mismo figura el discurso exactamente como nosotros lo citamos. Por último, Marx podía consultar el acta taquigráfica de aquel discurso en los Hansard's Parliamentary Debates, y es costumbre citar un discurso parlamentario siempre según el acta taquigráfica, incluso cuando según los necesariamente chapuceros informes periodísticos no contiene contradicción alguna.

Pero aquí llegamos, desde luego, al tercer medio de defensa de Marx, y en descarada mendacidad supera este con mucho todo lo ofrecido hasta ahora. Marx no vacila, en efecto, en remitirse al Times del 17 de abril de 1863 para demostrar la exactitud de su cita. Pero el Times del 17 de abril de 1863, pág. 7, columna 5, línea 17 y siguientes, informa sobre aquel discurso en estos términos:

«Así están las cosas con la riqueza de este país.
Yo, por mi parte, casi contemplaría con preocupación y con pesadumbre este embriagador incremento de

riqueza y poder si creyera que se halla circunscrito a las clases que se encuentran en situación acomodada.
No se ha tomado aquí nota alguna de la situación de la población trabajadora. El incremento que he descrito
y cuyos datos, según creo, se basan en encuestas exactas

(-2-)
está circunscrito únicamente a las clases que poseen propiedad.» (Hasta aquí cita Marx al Times; nosotros seguimos citando.) «Ahora bien, el aumento del capital beneficia indirectamente al obrero, porque abarata la mercancía que en el proceso de producción entra directamente en competencia con el trabajo. (¡Oíd, oíd!) Pero tenemos el profundo y, debo decirlo, inestimable consuelo de que, mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres han llegado a ser menos pobres. – No me atrevería a afirmar que la situación de la extrema pobreza haya mejorado, pero
somos felices sabiendo que la situación media del obrero británico en los últimos 20 años ha mejorado en un grado que es extraordinario y que casi podemos calificar de sin parangón en la historia de cualquier país y de cualquier época.
(Aplausos.)»

La comparación de este informe del Times con el informe según Hansard en la Concordia del 7 de marzo mostrará que ambos informes concuerdan materialmente del todo. El informe del Times ofrece solo, de manera formalmente más condensada, lo que el acta taquigráfica de Hansard recoge literalmente. Pero a pesar de que también el informe del Times contiene lo directamente contrario de aquel infame pasaje del Manifiesto Inaugural, a pesar de que también según el informe del Times dijo Gladstone que él creía no ver aquel embriagador incremento de riqueza y poder
no
circunscrito a las clases acomodadas, tiene Marx la desfachatez de escribir en el Volkstaat del 1 de junio:

«"Formal y materialmente" declaró, pues, el señor Gladstone el 16 de abril de 1863 que "este embriagador incremento de riqueza y poder está entera y totalmente circunscrito a las clases propietarias".»

¡Sí, más aún! Como ya habíamos comunicado al público la letra completa del discurso de Hansard, y esta letra excluye absolutamente cualquier posibilidad de tergiversación, se intenta eliminar esta circunstancia muy fatal con la frase de que «¡en su edición de Hansard, remendada luego a posteriori, el señor Gladstone fue tan listo que escamoteó el pasaje, ciertamente comprometedor en boca de un Canciller del Exchequer inglés!». ¡Solo falta la indicación de que Gladstone hizo esto probablemente en consideración al libelo aparecido en 1864: The Theory of the Exchanges!

Ahora bien, ¿qué decir de semejante proceder? Primero se nos sirve, a partir de un oscuro libelo, una cita que era completamente falsificada y cuyo contenido contradictorio probaba, ya sin confrontación con el original, esa falsificación. Luego, llamado a rendir cuentas, dice Marx que otros han citado igual que él, y para ello se remite a personas a las que él mismo les endilgó la mentira. Sí, va aún más lejos: pretende forjar con el hecho de que su turbia fuente coincida con él un argumento para su excusa y para la exactitud de su cita, como si ambos hubieran bebido de una tercera fuente común y correcta, cuando en realidad uno solo copió del otro. Y, finalmente, tiene todavía la desfachatez de remitirse a informes periodísticos que lo contradicen directamente. En efecto, para calificar estas «prácticas» no sabríamos más que una palabra que el propio Marx conoce muy bien (véase El Capital, pág. 257): son simplemente «infames».

«El enojoso epílogo», concluye Marx su defensa, «ilustrará tal vez a los confederados fabricantes acerca de que, por muy duchos que sean en la falsificación de mercancías, para examinar mercancía literaria sirven como el burro para tocar el laúd.»

Dejamos tranquilamente al lector decidir de qué lado se hallan la falsificación y el enojo en el epílogo. En un artículo ulterior, empero, expondremos al señor Marx qué significado atribuimos al contenido de las palabras de Gladstone.

—————

El segundo artículo, Concordia, n.º 28, 11 de julio de 1872, no aporta absolutamente nada al asunto y, por tanto, se omite aquí.

Notas al pie del artículo de la Concordia

(-1-)
O sea, casi un cuarto de año cabal después de la aparición del artículo en la Concordia. No obstante, el Volkstaat tuvo la desvergüenza, apenas 14 días después de haber publicado la réplica de Marx, de echarnos en cara que nosotros la «manteníamos heroicamente silenciada». Creemos que el Volkstaat no tiene motivo para ansiar tanto la segunda y agravada variante de su señor y maestro. El motivo de la dilación de nuestra réplica radicó, por lo demás, en parte en que una de las fuentes citadas por M. no se podía obtener aquí y hubo de procurarse primero desde Inglaterra, en parte en que para la iluminación justamente de esas citas se requirieron extractos más largos de las fuentes en cuestión y, como consecuencia de ello, el anterior artículo resultó desacostumbradamente largo, de modo que nos vimos forzados por miramientos de espacio a postergarlo algunas veces.
La Redacción de la Concordia.

(-2-)
Marx, en su cita alemana en el Volkstaat, omite la última oración de relativo e intercala en su lugar: «que él» (Gladstone) «acababa de caracterizar como “este embriagador incremento de riqueza y poder”». También tras esta omisión e intercalación subyace la intención de engañar al lector sobre el sentido de las palabras de Gladstone. Como prueban la oración de relativo omitida y, además, el contexto general, el sentido del discurso es el siguiente: el incremento de la riqueza patente por las encuestas del impuesto sobre la renta está ciertamente circunscrito solo a las clases poseedoras (porque para ese impuesto precisamente se recurre solo a las personas que tienen ingresos de 150 libras esterlinas y más), pero en lo que respecta también a las clases trabajadoras, sabemos, etc. [
Nota de Brentano.
]

N.º 6. Segunda respuesta de Marx

Volksstaat, n.º 63, 7 de agosto de 1872

En la Concordia del 4 de julio, la Confederación de Fabricantes Alemanes intenta probarme que sus «sabios» no son menos duchos en examinar mercancía literaria que ella misma en la falsificación de mercancías.

En relación con el pasaje del discurso presupuestario de Gladstone del 16 de abril de 1863, citado en el Manifiesto Inaugural de la Internacional, el órgano de los fabricantes (n.º 10) había dicho:

«Marx ha añadido mintiendo formal y materialmente la frase.»

Declaraba, pues, la frase, en forma y contenido, con pelos y señales, como producto mío. Más aún. Sabía con toda exactitud cómo la había fabricado yo. «El hecho de que Gladstone», exponía, «mencione esto etc.,
lo aprovecha Marx para hacer decir a Gladstone
, etc.» Citando la misma frase de un escrito publicado antes del Manifiesto Inaugural, la Theory of Exchanges, puse de manifiesto la tosca mentira del órgano de los fabricantes.

Este encargó entonces de Londres, como él mismo cuenta, el escrito que le era desconocido y se convenció del hecho. ¿Y cómo salir ahora mintiendo del atolladero? Escúchese:

« Al decir nosotros que Marx había añadido mintiendo la frase en cuestión al discurso de Gladstone, no afirmamos ni formal ni materialmente
que él mismo la hubiera fabricado tampoco
.»

Aquí se produce, evidentemente, una confusión de conceptos peculiar del entendimiento fabricantil. Cuando el estafador de un fabricante, por ejemplo, de acuerdo con sus amigos de negocio, lanza al mundo rollitos de cinta que supuestamente contienen tres docenas, pero en realidad solo dos docenas de varas, ha añadido mintiendo, en efecto, una docena de varas,
precisamente porque no la ha «fabricado»
. ¿Y por qué habría de ocurrir con las frases añadidas mintiendo de otro modo que con las varas añadidas mintiendo? «El espíritu de la gran mayoría de los hombres», dice Adam Smith, «se desarrolla necesariamente a partir de y en sus ocupaciones cotidianas», luego también el espíritu fabricantil.

Mediante el Volkstaat había yo ampliado el material erudito del órgano de los fabricantes, no solo con la cita de la Theory of Exchanges, sino también con las páginas de mi escrito El Capital que se refieren a los discursos presupuestarios de Gladstone. E intenta ahora probar, con el material que yo le he suministrado, que yo no cité el pasaje en litigio de ningún «periódico londinense», sino de la Theory of Exchanges. La demostración es otra muestra de lógica fabricantil.

Conté al periódico de los fabricantes que la "Theory of Exchanges" en la página 134 cita exactamente como yo cito, y descubre —que yo cito exactamente como cita la "Theory of Exchanges" en la página 134.

¡Adelante!

«También las glosas que Marx, a raíz de la reproducción de este pasaje, enlaza con la contradicción contenida en esa versión, se hallan ya en ese libro.»

Esto es sencillamente una mentira. En la pág. 639 de "El Capital", enlazo mis glosas a las palabras del discurso de Gladstone: «Mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres, en todo caso, se han hecho menos pobres. No me atrevo a decir que los extremos de la pobreza se hayan reducido.» Lo que observo a esto es: «¡Qué anticlímax tan cojo! Si la clase obrera ha seguido siendo "pobre", sólo "menos pobre" en la proporción en que producía "un incremento embriagador de riqueza y poder" para la clase propietaria, sigue siendo relativamente igual de pobre. Si los extremos de la

pobreza no se han reducido, se han acrecentado, porque los extremos de la riqueza.» ... Y estas «glosas» no se hallan en ninguna parte de la "Theory of Exchanges".

«También las glosas... se hallan ya en ese libro,
señaladamente también
la cita de Molière que se da en la nota 105, pág. 640 de "El Capital".»

Así pues, ¡yo cito «señaladamente también» a Molière y dejo a los «sabios» de la "Concordia" la tarea de rastrear y revelar al público que esta cita procede de la "Theory of Exchanges"! Pero, de hecho, en la nota 105, pág. 640 de "El Capital", digo expresamente que el autor de la "Theory of Exchanges" «caracteriza las continuas y clamorosas contradicciones en los discursos presupuestarios de Gladstone» mediante
«la siguiente cita
de
Molière»
.

Por último:

«... asimismo se hallan en la pág. 135 de ese libro los datos del Asilo de Huérfanos de Londres, citados por Marx, sobre el encarecimiento de los víveres, de cuya exactitud Marx no se hace responsable frente a ese libro, sino frente a sus fuentes (véase "El Capital", pág. 640, nota 104).»

La "Concordia" se guarda muy bien de decir a sus lectores que «ese libro»
no indica fuentes
. ¿Qué pretendía probar? Que yo tomo del «libro» un pasaje del discurso de Gladstone sin conocer su fuente, ¿y cómo lo prueba? ¡Por el hecho de que yo controle una cita real de ese libro, independientemente de él, mediante las fuentes originarias!

Sobre mi cita del artículo del Prof. Beesly en la
"Fortnightly Review"
(número de noviembre de 1870) observa la "Concordia":

«Aquel artículo del Prof. Beesly trata, en efecto, de la historia de la Internacional y está escrito, como el autor mismo dice a todo el que se lo pregunta, sobre la base de material que le ha suministrado el propio
Marx
.»

El Prof. Beesly dice:

«A nadie se debe tanto el éxito de la Asociación como al Dr. Karl Marx, el cual, en su conocimiento de la historia y la estadística del movimiento industrial en todas las partes de Europa, no tiene, a mi juicio, rival. Le estoy en gran medida (largely) obligado por la información contenida en este artículo.»

Todo el material que suministré al Prof. Beesly se refería exclusivamente a la historia de la Internacional, y en modo alguno al contenido del Manifiesto Inaugural, que él conocía desde su publicación. El contexto en que se halla la observación arriba citada no dejaba sobre esto la menor duda, hasta el punto de que la
"Saturday Review"
, en una crítica de su

artículo, más que insinuar,
afirma que él mismo
es el autor del Manifiesto Inaugural.
(-1-)

La "Concordia" sostiene que el Prof. Beesly no cita el pasaje en disputa del discurso de Gladstone, sino que se limita a mencionar
«que el Manifiesto Inaugural contiene esa cita»
. Veamos.

El Prof. Beesly dice:

«El Manifiesto es probablemente la exposición más contundente y poderosa de la causa de los obreros contra la clase media que jamás se haya condensado en una docena de pequeñas páginas. Desearía tener espacio para abundantes extractos del mismo.»

Después de mencionar la «terrible estadística de los libros azules» en que se apoya el Manifiesto, continúa:

«De esta estadística espantosa pasa el Manifiesto a los datos oficiales sobre el impuesto sobre la renta, de los que se desprendía que la renta imponible del país había aumentado en ocho años un 20%, "un incremento embriagador de riqueza y poder",
tal como lo observó el Sr. Gladstone
, "íntegramente limitado a las clases poseedoras".»

El Prof. Beesly coloca las palabras:
«tal como lo observó el Sr. Gladstone»
fuera de comillas, las dice en su propio nombre, y precisamente con ello demuestra a la "Concordia", de manera irrefutable, que conoce el discurso presupuestario de Gladstone —¡sólo por la cita del Manifiesto Inaugural! El amigo comercial londinense de la Liga de los fabricantes alemanes, él solo conoce los discursos presupuestarios de Gladstone, así como también él solo sabe: «Las personas con una renta inferior a 150 libras esterlinas no pagan en Inglaterra impuesto sobre la renta.» (Véanse los números 10 y 27 de la "Concordia".) En cambio, los recaudadores de impuestos ingleses padecen la idea fija de que dicho impuesto cesa sólo a partir de rentas inferiores a
100
libras esterlinas.

Acerca del pasaje en disputa del Manifiesto Inaugural, el periódico de los fabricantes había dicho:

«Pero esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone.» Yo probé lo contrario mediante una cita del
informe del "Times"
del 17 de abril de 1863. Di la cita en el "Volksstaat" en inglés y en alemán, porque la aseveración de Gladstone de que «casi miraría con recelo y con pesar
este incremento embriagador de riqueza y poder
si lo creyera limitado a las
classes who are in easy circumstances
», necesitaba un comentario. Remitiéndome a Wakefield, expliqué que las «classes who are in
easy circumstances» —
expresión a la que no corresponde exactamente ninguna palabra

alemana— significan la parte «realmente rica», la «verdaderamente acomodada», de las clases poseedoras. Wakefield llama incluso directamente a la auténtica clase media
«the uneasy class»
, aproximadamente, en alemán: «la clase incómoda».
(-2-)

El cándido órgano de los fabricantes no sólo escamotea mi explicación. Al citar el pasaje por mí citado con las palabras: «Hasta aquí cita Marx al "Times"», da a entender a sus lectores que cita según mi traducción, mientras que en realidad traduce «classes who are in easy circumstances», apartándose de mí, no por «clases acomodadas», sino por «clases que se hallan en
circunstancias agradables
». Todavía confía en que sus lectores tengan suficiente entendimiento para comprender que no todos los componentes de la clase poseedora son «acomodados», mientras que para ellos siempre es una «circunstancia agradable» poseer propiedad. Pero incluso en la traducción de mi cita, tal como la da la "Concordia", Gladstone califica el progreso de la riqueza capitalista por él descrito como
«este incremento embriagador de riqueza y poder»
, y observa que al hacerlo no ha «
tomado nota alguna
de la situación de la población obrera», y concluye que este
«incremento está únicamente limitado a las clases que poseen propiedad»
. Después de que el «sabio» de la Liga de los fabricantes alemanes ha hecho decir así a Gladstone en el informe del "Times" del 17 de abril de 1863 «formal y materialmente» lo mismo que yo le hice decir en el Manifiesto Inaugural, se golpea el pecho henchido de convicción y truena:

«
Pero a pesar de todo... Marx tiene la osadía
de escribir en el "Volksstaat" del 1 de junio:
"¡Formal y materialmente
declaró, pues, el señor Gladstone el 16 de abril de 1863 en la Cámara de los Comunes, según el informe de su propio órgano, el "Times" del 17 de abril de 1863, que:
este incremento embriagador de riqueza y poder está íntegramente limitado a las clases propietarias
!"»

¡El «sabio» de la Liga de los fabricantes alemanes sabe evidentemente muy bien lo que puede ofrecer a su público lector!

En el "Volksstaat" del 1 de junio señalé que la "Concordia" intenta hacer creer a sus lectores que yo escamoteo en el Manifiesto Inaugural las frases de Gladstone sobre la elevación de la clase obrera británica, cuando precisamente allí pongo el mayor énfasis en la clamorosa contradicción de esta declamación con los hechos oficialmente establecidos. En su respuesta del 4 de julio, el periódico de los fabricantes repite la misma maniobra. «Hasta aquí», dice, «cita Marx al "Times"; nosotros citamos

más allá.» Frente a él, en efecto, sólo tenía que citar el pasaje en disputa. Pero examinemos un momento «lo de más allá».

Después de que Gladstone haya entonado su himno al incremento de la riqueza capitalista, se vuelve hacia la clase obrera. No dice, ni mucho menos, que haya participado del
«incremento embriagador de riqueza y poder»
. Antes bien, según el informe del "Times", continúa de inmediato con las palabras: «
El incremento del capital es,
sin embargo, de ventaja indirecta para el obrero, etc.»
Se consuela
además con que «mientras los ricos se han hecho
más ricos
, los pobres se han hecho
menos pobres
». Finalmente, asegura que él y sus enriquecidos amigos parlamentarios «son tan
felices
de saber», aquello de lo que las investigaciones parlamentarias y las pruebas estadísticas saben lo contrario, a saber:

«que la situación media del obrero británico ha mejorado durante los últimos 20 años en un grado que sabemos extraordinario, y que casi podemos calificar de sin parangón en la historia de todos los países y de todos los tiempos».

Antes del Sr. Gladstone, todos sus antecesores en el cargo eran «tan
felices
» de complementar en sus discursos presupuestarios la descripción del aumento de la riqueza capitalista con frases autocomplacientes sobre la mejora de la situación de la clase obrera. A pesar de ello, los castiga a todos por mentirosos, ya que el reino milenario no ha despuntado sino desde la introducción de la legislación librecambista. Pero no se trata aquí de la exactitud o inexactitud de los motivos de consuelo o congratulación de Gladstone. Se trata simplemente de que, desde su punto de vista, la pretendida mejora «extraordinaria» en la situación de la clase obrera no está en absoluto en contradicción con el «incremento embriagador de riqueza y poder, que está íntegramente limitado a las clases poseedoras». Al revés. Es la doctrina ortodoxa de los portavoces del capital —y uno de sus portavoces mejor pagados es el Sr. Gladstone—, que el medio más probado para que los obreros se beneficien a sí mismos consiste en —
enriquecer
a sus explotadores.

La desvergonzada estupidez o estúpida desvergüenza del órgano de los fabricantes culmina en la afirmación: «El informe del "Times" no da sino, formalmente, más resumido, lo que el informe taquigráfico de Hansard da
al pie de la letra
.»
(-3-)
Véase ahora este cuadro y aquel:

I

II

Del discurso de Gladstone del 16 de abril de 1863, impreso en el "Times" del 17 de abril de 1863.

Del discurso de Gladstone del 16 de abril de 1863, impreso en el Hansard, tomo 170, debates parlamentarios del 27 de marzo al 28 de mayo de 1863.

«Tal es la situación de la riqueza de este país. Yo, por mi parte, debo decir que casi miraría con recelo y con pesar
este incremento embriagador de riqueza y poder
si lo creyera limitado a las clases verdaderamente acomodadas (classes who are in easy circumstances). Aquí no se ha tomado nota alguna de la situación de la población trabajadora.
El incremento que he descrito... es un incremento íntegramente limitado a las clases propietarias.
Pero el incremento del capital es una ventaja indirecta para los obreros, etc.»

«Tal es la situación del progreso general de la acumulación; pero yo, por mi parte, debo decir que miraría
con un cierto grado de pesar
y con mucho recelo
este extraordinario y
casi...

Sobre el embriagador crecimiento, si lo creyese limitado a la categoría de personas que pueden describirse como en circunstancias desahogadas (the class of persons who may be described as in easy circumstances). Las cifras que he citado no toman poca o ninguna nota de la situación de quienes no pagan impuesto sobre la renta, o, en otras palabras, con suficiente exactitud para la verdad en general (!), no toman nota de la propiedad (!) de la población obrera ni (!) del aumento de su ingreso. Indirectamente, en efecto, el mero incremento del capital es del mayor provecho para la clase obrera, etc.”

Dejo al lector mismo la tarea de comparar el estilo ampuloso, enrevesado y embrollado, propio del Circumlocution Office —(Oficina de los circunloquios)— de la edición de Hansard con el informe del “Times”.

Baste aquí dejar sentado el hecho de que las palabras del informe del “Times”: “Este embriagador aumento de riqueza y poder..., el aumento que he descrito..., es un aumento entera y totalmente limitado a las clases poseedoras de propiedad” aparecen en Hansard en parte mutiladas y en parte completamente suprimidas. Su enfático “tenor literal” no escapó a ningún testigo auricular. Por ejemplo:

“Morning Star”, 17 de abril de 1863 (discurso presupuestario de Gladstone del 16 de abril de 1863).

“Por mi parte, debo decir que miraría con preocupación y pesar este embriagador aumento de riqueza y poder, si lo creyese limitado a las clases realmente acaudaladas (classes who are in easy circumstances). Este gran incremento de riqueza (this great increase of wealth) no toma nota alguna de la situación de la población obrera. El aumento es un aumento (the augmentation is an augmentation), entera y totalmente limitado a las clases que poseen propiedad (entirely confined to the classes possessed of property). Pero este aumento (But that augmentation) debe redundar en ventaja indirecta para la población obrera, etc.”

“Morning Advertiser”, 17 de abril de 1863 (discurso presupuestario de Gladstone del 16 de abril de 1863).

“Por mi parte, debo decir que miraría casi con preocupación y alarma (alarm) este embriagador aumento de riqueza y poder, si lo creyese limitado a las clases realmente acaudaladas (classes who are in easy circumstances). Este gran incremento de riqueza no toma nota alguna de la situación de la población obrera. El aumento mencionado (The augmentation stated) es un aumento, entera y totalmente limitado a las clases que poseen propiedad (classes possessed of property). Este aumento (This augmentation) debe redundar en ventaja indirecta para la clase obrera, etc.”

Gladstone, pues, ha escamoteado posteriormente en la edición semioficial de su discurso en Hansard las palabras que había pronunciado en la Cámara de los Comunes el 16 de abril de 1863: “Este embriagador aumento de riqueza y poder... es un aumento entera y totalmente limitado a las clases poseedoras”. La “Concordia” no las encontró, por tanto, en el extracto remitido por el corresponsal comercial londinense y tocó a rebato:

“Pero esta frase no se halla en parte alguna del discurso de Gladstone. Marx ha añadido la frase, falsificándola formal y materialmente.”

¡No es de extrañar que ahora me venga lloriqueando que es “uso” crítico citar los discursos parlamentarios tal como están oficialmente falsificados y no como realmente fueron pronunciados! Semejante “uso” corresponde, en efecto, a la “cultura general” berlinesa y al limitado entendimiento prusiano de súbdito de la federación alemana de fabricantes. La falta de tiempo me obliga a interrumpir de una vez por todas mi ameno trato con él, aunque, como despedida, aún he de cascar una nuez para sus “sabios”. ¿En qué artículo, y cómo se llamaba el individuo, que a un adversario por lo menos tan digno como el de la “Concordia” le espetó las profundas palabras: “Asinus manebis in secula seculorum” (-4-)?

Londres, 28 de julio de 1872

Karl Marx

Notas a pie de página de Marx en el "Volksstaat"

(-1-)
El profesor Beesly me hizo notar por escrito este quid pro quo.

(-2-)
“The middle or uneasy class” (“England and America”, Londres 1833, vol. I, p. 185).

(-3-)
El periódico de los fabricantes parece creer efectivamente que los grandes periódicos londinenses no emplean a ningún estenógrafo para sus informes parlamentarios.

(-4-)
“Asno seguirás siendo por los siglos de los siglos”.

Núm. 7. La réplica del anónimo.

“Concordia”, núm. 34, 22 de agosto de 1872

Nuevos rasgos para caracterizar a Karl Marx

El señor Marx ha respondido en el “Volksstaat” del 7 de agosto al artículo del núm. 27 de la “Concordia” “Cómo se defiende Karl Marx”. La tenaz mendacidad con la que se aferra a la cita falseada del discurso presupuestario de Gladstone del 16 de abril de 1863 resulta asombrosa incluso en alguien para quien, en sus planes subversivos, ningún medio es demasiado vil. En realidad, solo se explica por el temor al efecto harto penoso que la confesión de que esa cita, el efecto fulminante del Manifiesto Inaugural, es falsa, tendría que provocar para su autor dada la gran circulación del mismo.

En su primera defensa, Marx había reconocido notoriamente que el informe estenográfico del discurso de Gladstone en Hansard no contiene esa cita. Solo que el motivo era: ¡el señor Gladstone había escamoteado el pasaje comprometedor para él! Primera prueba: el profesor Beesly, en un artículo de la “Fortnightly Review”, había citado ese discurso de la misma manera que el Manifiesto Inaugural.

Esto podía despertar en el lector la idea de que el profesor Beesly hubiera citado ese discurso de Gladstone en un ensayo sobre algún otro tema histórico que la Internacional. Por eso observamos, en primer lugar, que aquel artículo trata de la historia de la Internacional y fue escrito sobre la base de materiales que el propio Marx suministró al autor. Marx no niega esto ahora. Pero asegura que el material por él suministrado no se refería en absoluto al contenido del Manifiesto Inaugural, conocido por el profesor Beesly desde su publicación. Sin embargo, nosotros no habíamos dicho ni insinuado tal cosa. Y creemos al señor Marx su palabra sin reservas. Si él hubiera mostrado al señor Beesly la “Theory of the Exchanges” como comprobante de su cita, este ciertamente se habría abstenido de reproducirla. En segundo lugar, replicamos —y esta es la objeción principal—: no es Beesly quien cita el pasaje en cuestión del discurso de Gladstone, sino que solo lo reproduce en un análisis del Manifiesto Inaugural. Citamos textualmente la frase correspondiente del artículo de Beesly, como puede verse en el núm. 27 de la “Concordia”. La circunstancia de que Beesly, en su análisis, pusiera las palabras:
“wie Herr Gladstone bemerkte”
sin comillas (-1-), la aprovecha ahora Marx para hacer creer a sus lectores que ¡¡Beesly dijo esas palabras, interrumpiendo súbitamente su análisis, en nombre propio!!

Una segunda prueba de que Gladstone escamoteó posteriormente las palabras en cuestión de su discurso la buscaba Marx en que un escrito aparecido ya antes del Manifiesto Inaugural, “The Theory of the Exchanges”, cita el discurso presupuestario de Gladstone textualmente de la misma manera que el Manifiesto. Examinamos el libro y

comprobamos que esto era correcto, pero que, en cambio, todo indica que el mismo Marx tomó su cita de este libro. El indicio principal era que “El Capital” de Marx, en la pág. 639, particularmente en la nota 103, cita este discurso en la lección
absolutamente absurda
que la “Theory of the Exchanges” da literalmente en la pág. 134. Esta alusión a la “Theory of the Exchanges” como fuente de la cita de Marx fue apoyada además por el hecho de que Marx, en aquel pasaje de su libro “El Capital”, donde cita el discurso de Gladstone de la misma manera que la “Theory of the Exchanges” en la pág. 134, aduce otras citas que se encuentran en el mismo pasaje de este libro, añadiendo glosas como este hace. ¿Y qué objeta a esto el señor Marx? Por un lado, que él añadió glosas que la “Theory of the Exchanges” no contiene. Pero esto no excluye nuestra observación. Luego, que como autor de la cita de Molière nombró expresamente al autor de la “Theory of the Exchanges”. Pero nosotros no hemos dicho lo contrario. Finalmente, en lo que atañe a los datos del London Orphan Asylum, que Marx cita en la pág. 640 de su libro de la misma manera que la “Theory of the Exchanges” en la pág. 135, el propio Marx admite que los tomó literalmente de este libro, pero que luego verificó su exactitud mediante las fuentes originales. Marx mismo atestigua ahora, pues, que una parte de las glosas con las que acompaña la cita del discurso de Gladstone procede de la “Theory of the Exchanges”. Él mismo atestigua, por tanto, la exactitud de los puntos con los que apoyamos nuestro principal argumento de que también la cita del discurso de Gladstone la había tomado de la “Theory of the Exchanges”. Pero contra este argumento principal, a saber, contra la observación de que él, al igual que la “Theory of the Exchanges”, cita el discurso de Gladstone en la
misma lección, absolutamente absurda
, no aduce nada.

Finalmente, en tercer lugar, Marx intentó probar su afirmación de que Gladstone había falsificado posteriormente su propio discurso presupuestario en el informe estenográfico de Hansard, remitiéndose al informe sobre este discurso en el “Times” del 17 de abril de 1863. Pero este informe muestra precisamente lo contrario, puesto que el “Times” y Hansard concuerdan materialmente por completo. Para oscurecer esta evidencia a sus lectores, Marx había puesto en práctica diversos medios.
El primer medio
, que al mismo tiempo debía despertar en los lectores del “Volksstaat” una nueva admiración por la sabiduría de su oráculo, fue una excursión filológica. Gladstone, también según el informe del “Times”, en la medida en que Marx lo citó, había dicho expresamente que él creía que el embriagador aumento de riqueza y poder del que había hablado
no
estaba limitado “to the classes who are in easy circumstances”, es decir, a las clases que se encuentran en circunstancias desahogadas. Apelando a Wakefield, que escribió un libro titulado “The middle or uneasy class”, Marx afirmó ahora que Gladstone había dicho que no creía ese aumento limitado a “la parte propiamente rica”, a la “parte realmente acaudalada” de las clases poseedoras, y como no tomamos nota de toda esta exposición, nos acusa ahora de supresión. Pero si callamos sobre este nuevo intento de falsificación, fue solo porque, en efecto, era demasiado evidente. Pues cualquiera que haya sido la idea de Wakefield cuando llamó a la clase media the uneasy class, el contexto completo del discurso de Gladstone, también tal como lo reproduce el informe

del “Times”, muestra que Gladstone en ese pasaje entendía por “classes who are in easy circumstances”
las clases que no pertenecen a la población obrera, ya que las contrapone a esta
.

El segundo medio para oscurecer el informe del «Times» consistió en que Marx, en «una traducción alemana de dicho informe, simplemente suprimió la oración de relativo de la cual se desprendía que Gladstone sólo había dicho que el aumento de la riqueza, que se desprende de las encuestas sobre el impuesto sobre la renta, se limitaba a las clases poseedoras, porque las clases trabajadoras no están sujetas al impuesto sobre la renta, y que, por consiguiente, de las encuestas sobre el impuesto sobre la renta nada podía inferirse acerca del aumento del bienestar de las clases trabajadoras; pero no que las clases trabajadoras quedaran excluidas en realidad del extraordinario aumento de la riqueza nacional. Marx, quien, como acabamos de ver, de manera muy innecesaria acusó a la «Concordia» de supresión, suprime, a pesar de que le hemos echado en cara su deformación, tranquilamente de nuevo aquella oración de relativo. Más aún. Puesto que nosotros, conforme a la verdad, habíamos dicho que el informe del «Times» reproduce, sólo formalmente de modo más condensado, lo que el informe taquigráfico de Hansard da según el tenor literal, él lo niega y se atreve a imprimir uno al lado del otro el informe según el «Times» y el según Hansard,
omitiendo,
naturalmente,
una vez más aquella oración de relativo.
Pero, ¿qué importa? Los lectores del «Volksstaat», a los que a él le interesa, ¡no pueden controlarlo!

En tercer lugar, finalmente, Marx intentó ocultar la coincidencia del informe del «Times» con el informe de Hansard, no citando las frases en las que, también según el «Times», Gladstone testimoniaba directa y expresamente la elevación de la clase obrera británica. Hicimos una observación al respecto y citamos el pasaje en cuestión del informe del «Times» íntegramente. A pesar de ello, Marx miente a sus lectores, diciéndoles que nosotros habríamos querido dar a entender que citábamos el «Times» según su traducción. En cambio, suprime naturalmente nuestra prueba (en el núm. 28) de que la gritante contradicción en la que, según Marx, se encuentran las afirmaciones de Gladstone sobre la elevación de la clase obrera británica con los hechos oficialmente establecidos, en realidad no existe, y repite, en cambio, esta acusación de nuevo.

Además, Marx aduce en su respuesta en el «Volksstaat» del 7 de agosto dos nuevos testigos en favor de la exactitud de su lectura del discurso presupuestario de Gladstone, el «Morning Star» y el «Morning Advertiser» del 17 de abril de 1863. Pero no necesitamos siquiera controlar si Marx ha citado ambos periódicos sin nueva falsificación.
(-2-)
Pues estos periódicos, incluso tal como él los da, hablan en favor nuestro. Después de que, según ambos periódicos, Gladstone hubiera dicho que él
no
creía que
este
embriagador aumento de riqueza y poder estuviera limitado a las clases que se hallan en circunstancias acomodadas, continúa: «
Este
gran incremento de riqueza

no toma en cuenta en absoluto
la situación de la población trabajadora. El
mencionado
aumento es un aumento entera y completamente limitado a clases que poseen propiedad.» El contexto y el uso de la expresión
«tomar en cuenta»
muestran claramente que por
este
incremento y por el mencionado aumento se entiende el incremento y la mención que se dejan reconocer por las encuestas sobre el impuesto sobre la renta.

Pero la aducción de estos nuevos supuestos testigos no es más que una manifestación de la ostentación de minuciosidad, mediante la cual ha de mantenerse la fe de los lectores del «Volksstaat» en su oráculo. El artículo de Marx en el «Volksstaat» del 7 de agosto es un modelo de tal cosa y digno de que nuestros lectores lo vean por sí mismos. Sólo un ejemplo de la misma tenemos que citar aún, para quitar al señor Marx el reproche de que quisiéramos ocultar a nuestros lectores que nos ha corregido en un punto subordinado. Habíamos dicho que las personas con un ingreso inferior a 150 libras esterlinas no pagaban en Inglaterra ningún impuesto sobre la renta. El señor Marx se burla de nosotros, diciendo que no sabíamos que este impuesto sólo cesa en los ingresos inferiores a 100 libras esterlinas. Ahora bien, la ley de 1842 dejaba realmente todos los ingresos inferiores a 150 libras esterlinas completamente exentos de impuestos; en cambio, el impuesto fue extendido en el año 1853 hacia abajo hasta 100 libras esterlinas, si bien los nuevos ingresos comprendidos fueron tratados de manera más suave, en la medida en que se les impuso un porcentaje impositivo menor que a aquellos de 150 libras esterlinas y más. En el año 1863 se extendió luego la clase favorecida hacia arriba hasta 200 libras esterlinas exclusive, y la reducción del impuesto se concedió de tal modo que en cada ingreso desde esa cifra hacia abajo hasta 100 libras esterlinas inclusive, siempre pudieran deducirse 60 libras esterlinas como exentas de impuestos.

El señor Marx concluye su artículo diciéndonos que la falta de tiempo le obliga a romper de una vez por todas su trato ameno con nosotros. Comprendemos que al señor Marx no le resulta inoportuna la ocasión de evitar a alguien que le demuestra sus falsificaciones. Si el señor Marx finalmente prorrumpe en injurias, podemos asegurarle que nada más deseable para sus adversarios que la confesión de su convictividad contenida en ello. La injuria es el arma de aquel cuyos restantes medios de defensa han llegado a su fin.

Notas a pie de página de Brentano en la «Concordia»

(-1-)
Nota adicional con motivo de la reedición: El profesor Beesly transcribió el pasaje por él citado de la Alocución Inaugural exactamente tal como figura en ésta. Pero en ésta, la oración incidental se halla, naturalmente, sin comillas. [
Observación de Brentano.
]

(-2-)
Nota adicional con motivo de la reedición: También aquí suprime Marx las mismas frases que suprimió en su reproducción del informe del «Times». Véanse los dos informes al principio. [
Observación de Brentano.
]

III

Sedley Taylor y Eleanor Marx

(En traducción alemana)

Núm. 8. El ataque de S. Taylor

«Times», 29 de noviembre de 1883

Al redactor en jefe del «Times»

Permítame usted señalar en el «Times» que el origen de la cita engañosa del discurso presupuestario del señor Gladstone del 16 de abril de 1863, que un publicista tan eminente como el profesor Émile de Laveleye se ha visto inducido a reproducir confiando en fuentes alemanas, y respecto a la cual inserta en el «Times» de hoy una rectificación, data ya de 1864 y se encuentra en una alocución que el Consejo de la famosa Asociación Internacional de los Trabajadores ha publicado.

Lo que parece sumamente extraño es que haya estado reservado al profesor Brentano (entonces en Breslau, ahora en Estrasburgo), ocho años más tarde, en una revista alemana, desvelar la mala fides que aparentemente había dictado la cita del discurso de Gladstone en la alocución.

El señor Karl Marx, quien, como reconocido autor de la alocución, intentó defender la cita, tuvo la osadía, en las convulsiones de muerte a las que los magistralmente dirigidos ataques de Brentano lo redujeron rápidamente, de afirmar que el señor Gladstone había remendado el informe de su discurso en el «Times» del 17 de abril de 1863, antes de que apareciera en Hansard, para escamotear un pasaje ciertamente comprometedor para un Canciller del Exchequer inglés. Cuando Brentano demostró mediante una detallada comparación de textos que los informes del «Times» y de Hansard coincidían en la exclusión absoluta del sentido que una cita hábilmente aislada había atribuido fraudulentamente a las palabras de Gladstone, ¡Marx se retiró con el pretexto de la «falta de tiempo»!

Toda la correspondencia Brentano-Marx es en grado sumo digna de ser exhumada de las colecciones de periódicos que la sepultan y reeditada en forma inglesa, ya que arroja una luz sobre la medida de la honradez literaria del último nombrado de los contendientes, luz que es sólo difícilmente prescindible en una época en que su obra principal se nos presenta nada menos que como un nuevo evangelio de regeneración social.

Soy, señor mío,

su seguro servidor

Sedley Taylor

Trinity College, Cambridge, 26 de noviembre (1883)

El anterior artículo apareció en el «Times» del 29 de noviembre de 1883. El 30, la hija menor de Marx, Eleanor, envió su respuesta al «Times». La respuesta no fue publicada. Una segunda carta al redactor en jefe fue igualmente infructuosa. E. Marx se dirigió entonces al «Daily News», nuevamente en vano. Publicó entonces tanto la acusación del señor Sedley Taylor como su respuesta en el número de febrero de 1884 de la revista mensual socialista «To-Day». La respuesta sigue aquí.

Núm. 9. La respuesta de Eleanor Marx

«To-Day», febrero de 1884

Al redactor en jefe del «Times»

En el «Times» del 29 de noviembre, el señor Sedley Taylor menciona una cierta cita de un discurso de Gladstone, que

«data ya de 1864 y se encuentra en una alocución que el Consejo de la famosa Asociación Internacional de los Trabajadores ha publicado».

Luego continúa (cito aquí la carta del señor Taylor desde «Lo que parece sumamente extraño» hasta «falta de tiempo»).

El hecho es, en breve, el siguiente. La cita mencionada consiste en algunas frases del discurso presupuestario del señor Gladstone del 16 de abril de 1863. Después de que el señor Gladstone hubiera descrito el inmenso aumento de riqueza que había tenido lugar en este país entre 1853 y 1861, se le ponen en boca las palabras:

«Este embriagador aumento de riqueza y poder está enteramente limitado a clases que poseen propiedad.»

Un escritor anónimo, que ahora resulta ser el profesor Brentano, publicó en una revista alemana, «Concordia», del 7 de marzo de 1872, una respuesta en la que se decía:

«Esta frase no se encuentra en ninguna parte del discurso de Gladstone. Marx ha añadido la frase formal y materialmente mintiéndola.»

Éste era el único punto en litigio entre mi padre y su anónimo adversario.

En sus respuestas en el «Volksstaat» de Leipzig del 1 de junio y del 7 de agosto de 1872, Marx cita los siguientes informes del discurso de Gladstone.

«Times», 17 de abril:

«El aumento que he descrito más arriba y que, según creo, se basa en datos exactos, es un aumento enteramente limitado a clases que poseen propiedad.»

«Morning Star», 17 de abril:

«Este aumento es un aumento que está enteramente limitado a clases poseedoras de propiedad.»

«Morning Advertiser», 17 de abril:

«El aumento indicado está por completo limitado a clases poseedoras de propiedad.»

El anónimo Brentano «en las convulsiones de muerte a las que» sus «magistralmente dirigidos ataques lo habían reducido rápidamente», buscó ahora amparo en la afirmación, usual en tales circunstancias, de que, si la cita no era ninguna falsificación, era en todo caso «engañosa», «in mala fides», «hábilmente aislada», etc. Me temo que usted no me concedería el espacio para responder a esta acusación de Brentano, repetida ahora, después de 11 años, por el señor Taylor. Quizá esto tampoco será necesario, ya que el señor Taylor dice:

«Toda la correspondencia Brentano-Marx es en grado sumo digna de ser exhumada de las colecciones de periódicos que la sepultan y reeditada en forma inglesa.»

Estoy completamente de acuerdo con ello. La memoria de mi padre sólo podría ganar con ello. En cuanto a las divergencias de los informes periodísticos sobre el discurso en cuestión respecto al informe en Hansard, debo dejar su resolución a los más interesados en ello.

De los miles y miles de citas en los escritos de mi padre, ésta es la única cuya exactitud ha sido jamás impugnada. El hecho de que este aislado y no precisamente afortunado ejemplo sea siempre desenterrado una y otra vez por los economistas profesionales es bastante significativo. Hablando con el señor Taylor,

«arroja una luz sobre la medida de la honradez literaria del último nombrado de los contendientes» (Marx), luz que es sólo difícilmente prescindible en una época en que su obra principal se nos presenta nada menos que como un nuevo evangelio de regeneración social».

Soy, señor mío, su segura servidora

Eleanor Marx

Londres, 30 de noviembre de 1883

Núm. 10. La réplica de S. Taylor

"To-Day", marzo de 1884

A la redacción de
"To-Day"

Señores míos. Nadie puede lamentar más que yo que se haya negado a la señorita Marx la publicidad a la que tan manifiesto derecho tenía. Pero disto mucho de compartir su opinión de que "el único punto controvertido" entre el Dr. Marx y el profesor Brentano haya sido si determinada frase aparecía o no en el discurso de Gladstone. A mi juicio, esta cuestión ha sido de una importancia muy secundaria comparada con la de si la cita en cuestión se hizo con el propósito de exponer el sentido del señor Gladstone o de tergiversarlo.

Huelga decir que me sería imposible discutir en esta comunicación el contenido de la extensa controversia entre Brentano y Marx sin abusar inadmisiblemente de vuestro espacio. No obstante, puesto que la señorita Marx ha calificado en vuestras columnas una opinión expresada públicamente por mí de "calumnia" y "libelo" (3), me veo obligado a rogaros la publicación, en columnas paralelas, de las dos citas siguientes, tras lo cual vuestros lectores podrán juzgar por sí mismos si el Dr. Marx, en su gran obra "El Capital", ha citado el discurso presupuestario de 1863 de manera honesta o deshonesta. La razón por la que empleo el informe del "Times" en lugar del de Hansard resultará evidente para los lectores de las cartas de Marx en su correspondencia con Brentano.

"Times", 17 de abril de 1863

"El Capital", 2.ª ed., pág. 678, nota 103

"En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, la renta imponible del país, hasta donde podemos determinarlo con exactitud, ha crecido un 6%; pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país ha vuelto a crecer un 20% sobre la base tomada como referencia. Es un hecho tan asombroso que resulta casi increíble...

...
Yo, por mi parte, debo decir que miraría con casi temor y dolor este embriagador acrecentamiento de riqueza y poder si fuese mi parecer que se limitara a las clases que se hallan en circunstancias acomodadas. Esto no toma en cuenta en absoluto la situación de la población trabajadora.
El acrecentamiento que he descrito y que, creo, se basa en indagaciones precisas, es un acrecentamiento por completo limitado a las clases poseedoras. Ahora bien, el acrecentamiento del capital es de ventaja indirecta para el obrero, porque abarata la mercancía que, en el negocio de la producción, entra en competencia directa con el trabajo. Pero tenemos este profundo y, debo decirlo, inestimable consuelo: que mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han vuelto menos pobres. No me atrevo a afirmar que los extremos de la pobreza sean menos extremos que antes, pero la situación media del obrero británico, según tenemos la fortuna de saber, ha mejorado durante los últimos 20 años en un grado que sabemos extraordinario y del que casi podemos decir que carece de ejemplo en la historia de ningún país ni de ninguna época."

"De 1842 a 1852, la renta imponible de este país creció en un 6% ...

... En los ocho años de 1853 a 1861 creció, si partimos de la base de 1853, en un 20%. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble ...

... Este embriagador acrecentamiento de riqueza y poder...

... está por completo limitado a las clases poseedoras, pero ... pero debe ser de ventaja indirecta para la población obrera, porque abarata los artículos de consumo general ...

... mientras los ricos se hacen más ricos, los pobres, en todo caso, se han vuelto menos pobres. No me atrevo a afirmar que los extremos de la pobreza hayan cambiado." – "Gladstone en la Cámara de los Comunes, 16 de abril de 1863."

Ruego una atención especial al sentido de los pasajes del informe del "Times" que he subrayado. La frase:
*"Yo, por mi parte ... en circunstancias acomodadas"*
nos comunica la opinión del orador de que el embriagador acrecentamiento de riqueza y poder que acaba de describir *no* se limita a personas en circunstancias acomodadas. Aquí hay, es cierto, una contradicción en las palabras con respecto a la frase posterior: "El acrecentamiento ... poseedoras", pero las palabras intermedias "esto no toma en cuenta ... población trabajadora" muestran, sin que quepa error posible, lo que el señor Gladstone quería decir, a saber: que las cifras aducidas por él, por basarse en las indagaciones del impuesto sobre la renta, sólo comprendían las rentas no exentas de impuesto (-1-) y, por tanto, no indicaban en modo alguno en qué medida el ingreso total de la población trabajadora había aumentado durante el período examinado. La frase final desde "pero la situación media" hasta el final declara en el lenguaje más terminante que, sobre la base de pruebas independientes de las indagaciones del impuesto sobre la renta, el señor Gladstone reconocía como indudable una mejora extraordinaria y casi sin ejemplo en la situación media del obrero británico.

¿Con qué fin fueron suprimidos casi por completo estos pasajes esenciales en el procedimiento mediante el cual el informe periodístico quedó reducido a la notable forma en que aparece en la obra del Dr. Marx? Evidentemente, a mi entender, para que el mosaico arbitrariamente construido, remendado con las palabras del señor Gladstone que aún se dejaron, sea entendido como si se afirmara que los ingresos de la población trabajadora sólo habían hecho progresos insignificantes, mientras que las rentas de las clases poseedoras habían aumentado enormemente, opinión que los pasajes omitidos rechazan expresamente en favor de una afirmación muy distinta.

Tampoco debo pasar por alto el hecho de que a la traducción alemana de esta cita mutilada en el texto de "El Capital" sigue inmediatamente la expresión del desdeñoso asombro de Marx ante el "cojo anticlímax" que forman las palabras que aquí figuran como conclusión de la frase de Gladstone, en comparación con su anterior descripción del incremento de la riqueza entre las clases poseedoras.

Soy, señores míos, sinceramente

Trinity College, Cambridge, 8 de febrero de 1884

vuestro

Sedley Taylor

Notas al pie del artículo en "To-Day"

(-1-)
Estaban exentas de impuestos las rentas de hasta 150 libras esterlinas de 1842 a 1853, y de hasta 100 libras esterlinas desde 1853 en adelante. [Nota de la redacción de "To-Day".]

N.º 11. Segunda respuesta de Eleanor Marx

"To-Day", marzo de 1884

A la redacción de "To-Day"

Señores míos,

El señor Sedley Taylor impugna mi afirmación de que, cuando el calumniador anónimo se abalanzó sobre el Dr. Marx, el único punto en litigio era si el señor Gladstone había empleado o no ciertas palabras. Según él, la verdadera cuestión era

"si la cita en cuestión se hizo con el propósito de exponer el sentido del señor Gladstone o de tergiversarlo".

Tengo ante mí el artículo de la "Concordia" (n.º 10, 7 de marzo de 1872) "Cómo cita Karl Marx". Allí el autor anónimo cita primero el Discurso Inaugural de la Internacional; luego el pasaje del discurso del señor Gladstone, el texto íntegro según Hansard; a continuación resume el pasaje a su manera y a su propia satisfacción; y finalmente concluye:

"El hecho de que Gladstone aduzca esto simplemente para la justa apreciación de su criterio es utilizado por Marx para hacer decir a Gladstone:
'Este embriagador acrecentamiento de riqueza y poder está por completo limitado a las clases poseedoras.'
Pero esta frase no se encuentra en parte alguna del discurso de Gladstone. Precisamente se dice en él lo contrario.
¡Marx ha añadido la frase, formal y materialmente, de su propia cosecha!
"

Ésta es la acusación, y la única acusación que se formula contra Marx. En efecto, se le acusa de tergiversar el sentido de Gladstone "añadiendo" una frase entera. Ni una palabra de citas "engañosas" o "astutamente aisladas". La cuestión es sencillamente "si determinada frase aparecía o no en el discurso de Gladstone".

De dos cosas, una. O bien el señor Taylor ha leído los ataques de Brentano y las respuestas de mi padre, y entonces su afirmación está en contradicción directa con aquello de lo que no puede menos que saber que es la verdad. O bien no los ha leído. ¿Y entonces? He aquí un hombre que fecha sus cartas desde el Trinity College, Cambridge; que sin motivo alguno se toma la especial molestia de atacar la probidad literaria de mi difunto padre de una manera que necesariamente desemboca en una "calumnia", a menos que pueda probarla; que formula esta acusación basándose en una controversia literaria de 1872 entre un escritor anónimo (quien, según el señor Taylor, era el profesor Brentano) y mi padre; que describe en fogoso lenguaje la "magistral dirección" del ataque por San Jorge Brentano y las "convulsiones de muerte" con que derribó prestamente al dragón Marx; que puede comunicarnos con todo detalle los aplastantes éxitos que dicho San Jorge alcanzó "mediante una comparación pormenorizada de textos"; y que, después de todo ello, me coloca en la delicada situación de tener que suponer, en interés de la filantropía general, que jamás ha leído una línea de aquello de lo que habla.

Si el señor Taylor hubiera leído los "magistrales" artículos de su amigo anónimo, habría encontrado en ellos lo siguiente:

"Ahora preguntamos nosotros: ¿Miente alguien sólo cuando urde por sí mismo una falsedad, o no miente acaso igualmente cuando la repite a sabiendas o debiendo saberlo?"

Así se expresa el "magistral", tan rígido en la virtud como anónimo Brentano en su réplica a la primera respuesta de mi padre ("Concordia", n.º 27, 4 de julio de 1872, pág. 210). Y en la misma página afirma, pese a todo, ante el mundo, que

"también según el informe del 'Times' dijo Gladstone que no creía que aquel embriagador acrecentamiento de riqueza y poder estuviera limitado a las clases acomodadas".

Si Brentano parece ignorar por completo cuál era el verdadero punto en litigio, ¿acaso está el señor Sedley Taylor en mejor situación? En su carta al "Times" se trataba de una cita hecha en el Discurso Inaugural de la Internacional. En su carta a "To-Day" se trata de una cita en "El Capital". El terreno se cambia de nuevo, pero no por ello me quejo. El señor Taylor nos ofrece ahora el pasaje de Gladstone tal como se cita en las páginas 678 y 679 de "El Capital", en paralelo con el mismo pasaje según el informe, no de Hansard, sino del "Times".

"La razón por la que empleo el informe del 'Times' en lugar del de Hansard resultará evidente para los lectores de las cartas de Marx en su correspondencia con Brentano."

Pero ya hemos visto que el señor Taylor no figura entre esos "lectores". La razón por la que procede así puede resultarles, pues, evidente a otros, pero difícilmente a él mismo, si damos crédito a su propia argumentación.

En cualquier caso, hemos descendido ahora desde Hansard, el Infalible, al mismo informe por cuya utilización el anónimo Brentano ("Concordia", la misma página 210) reprocha a mi padre que empleara "forzosamente sólo chapuceros informes periodísticos". Una cosa es segura: el "porqué" del señor Taylor debe resultar "evidente" para su amigo Brentano.

Para mí el porqué es, en efecto, muy evidente. Las palabras que se acusaba a mi padre de haber añadido de su cosecha ("un acrecentamiento por completo limitado a las clases poseedoras"), esas palabras figuran en el informe del "Times" lo mismo que en el de los demás diarios, mientras que en el de Hansard no sólo están "remendadas", sino completamente "esfumadas". Este hecho lo ha constatado Marx; el señor Taylor, en su carta al "Times" todavía horrorizado ante tan imperdonable "audacia", se ve ahora obligado él mismo a abandonar al Hansard, incapaz de todo pecado, y a buscar refugio bajo el informe del "Times", informe que, según Brentano, es "forzosamente sólo chapucero".

Ahora, a la cita misma. El señor Taylor reclama nuestra atención especial sobre dos pasajes que ha destacado. En el primero, concede:

«
Aquí hay, es cierto, una contradicción en las palabras
frente a la frase posterior:

“El aumento ... de la propiedad”, pero las palabras intermedias “esto no toma ... población” muestran, sin que quepa equívoco posible, lo que el señor Gladstone quería decir» etc.

Y aquí nos hallamos, manifiestamente, en terreno teológico. Es el bien conocido estilo de la exégesis bíblica ortodoxa. El pasaje se contradice, en realidad, a sí mismo; pero si se lo interpreta en consonancia con la verdadera fe del cristiano, se encontrará que su sentido no contradice esa verdadera fe. Si el señor Taylor explica al señor Gladstone del mismo modo que el señor Gladstone explica la Biblia, no puede contar con secuaces, salvo entre los ortodoxos.

Ahora bien, el señor Gladstone, en aquella ocasión especial, o habló en inglés o no habló. Si no habló, de nada nos sirve citar o interpretar. Si habló, entonces dijo: le pesaría mucho que ese embriagador aumento de poder y riqueza estuviera limitado a las clases que se hallan en circunstancias acomodadas, pero está entera y completamente limitado a las clases de la propiedad. Y eso es lo que Marx ha citado. El segundo pasaje es una de esas fórmulas estereotipadas que, con leve modificación, se repiten en todo discurso presupuestario británico, excepción hecha únicamente de los tiempos de malos negocios. Lo que Marx pensaba de él, y de todo el discurso, lo muestra el siguiente extracto de su segunda respuesta al anónimo difamador: «Después de que Gladstone ha entonado su himno al aumento de la riqueza capitalista, se vuelve hacia la clase obrera. No dice, ni mucho menos, que ella haya participado del “embriagador aumento de riqueza y poder”. Según el informe del “Times”, continúa de inmediato, más bien, con las palabras: “Pero el aumento del capital es de ventaja indirecta para el obrero, etc.” Se consuela, además, con que “mientras los ricos se han vuelto más ricos, los pobres se han vuelto menos pobres”. Finalmente, asegura que él y sus enriquecidos amigos parlamentarios “son tan felices de saber” aquello de lo cual las investigaciones parlamentarias y las pruebas estadísticas saben lo contrario, a saber,

“que la situación media del obrero británico ha mejorado, durante los últimos 20 años, en un grado que sabemos es extraordinario – y que casi podemos declarar sin ejemplo en la historia de todos los países y de todas las épocas”.

Antes del señor Gladstone, todos sus predecesores en el cargo eran “tan felices” de complementar en sus discursos presupuestarios la descripción del aumento de la riqueza capitalista con frases autocomplacientes sobre la me-

jora de la situación de la clase obrera. A pesar de ello, los castiga a todos por mentirosos, pues el reino milenario no ha despuntado sino desde la introducción de la legislación librecambista. Pero aquí no se trata de la justeza o falsedad de los motivos de consuelo o de congratulación de Gladstone. Se trata sencillamente de que, desde su punto de vista, la pretendida mejora “extraordinaria” en la situación de la clase obrera no contradice en modo alguno el “embriagador aumento de riqueza y poder que está entera y completamente limitado a las clases poseedoras”. Es la doctrina ortodoxa de los portavoces del capital —y uno de sus portavoces mejor pagados es el señor Gladstone— que el medio más probado para que los obreros se hagan bien a sí mismos consiste en enriquecer a sus explotadores.» ("Volksstaat", n.º 63, 7 de agosto de 1872.)

Además, para complacer al señor Taylor, el susodicho pasaje del discurso del señor Gladstone está citado íntegramente en la Alocución Inaugural, página 5, inmediatamente antes de la cita en litigio. ¿Y qué otra cosa sino esta Alocución había acusado originalmente el señor Taylor? ¿Es acaso tan imposible sonsacarle una remisión a las fuentes originales como sacarle razones a Dogberry?

«Las flagrantes contradicciones, que en escala siempre creciente campean en los discursos presupuestarios de Gladstone» constituyen el objeto de la nota 105 en la misma página (679) de "El Capital" a la que el señor Taylor nos remite. ¡En efecto, es muy probable que Marx se hubiera esforzado expresamente en suprimir, por "mala fides", una de estas contradicciones! Todo lo contrario. Marx ni ha suprimido nada digno de cita ni ha añadido la menor mentira. Pero ha restituido y sustraído al olvido una cierta frase de un discurso de Gladstone que sin duda alguna fue pronunciada, pero que, de uno u otro modo, ha encontrado su camino —fuera del Hansard.

Eleanor Marx

IV

Engels y Brentano

N.º 12. Del
prólogo de Engels
a la 4.ª edición de "El Capital" de Marx, tomo I

Una revisión completa de las numerosas citas se había hecho necesaria a causa de la edición inglesa aparecida entretanto. Para ésta, la hija menor de Marx, Eleanor, se había tomado la molestia de comparar todos los pasajes aducidos con los originales, de modo que en las citas, con mucho predominantes, procedentes de fuentes inglesas no aparece allí una retraducción del alemán, sino el propio texto original inglés. A mí me correspondía, pues, consultar este texto en la cuarta edición. Se encontraron en él diversas pequeñas inexactitudes. Remisiones a números de página incorrectos, en parte equivocados al copiar de los cuadernos, en parte errores de imprenta acumulados en el curso de tres ediciones. Comillas o puntos suspensivos mal colocados, como es inevitable cuando se cita en masa a partir de cuadernos de extractos. Acá y acullá, algún vocablo de traducción elegido con menos acierto. Algunos pasajes citados de los viejos cuadernos de París de 1843-1845, cuando Marx aún no sabía inglés y leía a los economistas ingleses en traducción francesa; allí donde, a la doble traducción, correspondía una ligera alteración del matiz, como, por ejemplo, en Steuart, Ure y otros —allí donde ahora había que emplear el texto inglés—. Y otras pequeñas inexactitudes y negligencias por el estilo. Si se compara ahora la cuarta edición con las anteriores, se convencerá uno de que todo este penoso proceso de rectificación no ha cambiado en el libro absolutamente nada que merezca la pena mencionar. Sólo una cita no ha podido ser hallada, la de Richard Jones (4.ª ed., pág. 562, nota 47); Marx se equivocó probablemente en el título del libro. Todas las demás conservan su plena fuerza probatoria o la refuerzan en la actual forma exacta.

Pero aquí me veo obligado a volver sobre una vieja historia.

Sólo conozco, en efecto, un caso en que la exactitud de una cita de Marx haya sido puesta en duda. Pero como este caso se ha seguido arrastrando hasta más allá de la muerte de Marx, mal puedo pasarlo por alto aquí.

En la "Concordia" de Berlín, órgano de la Liga de Fabricantes Alemanes, apareció el 7 de marzo de 1872 un artículo anónimo: "Cómo cita Karl Marx." Aquí, con un derroche superabundante de indignación moral y de expresiones antiparlamentarias, se pretendía que la cita del discurso presupuestario de Gladstone del 16 de abril de 1863 (en la Alocución Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores de 1864, y repetida en "El Capital", I, pág. 617, cuarta ed., página [670-]671, tercera ed.) estaba falseada. La frase: «Este embriagador aumento de riqueza y poder ... está entera y completamente limitado a las clases poseedoras», no se encuentra ni en una sola palabra en el informe taquigráfico (cuasi-oficial) de Hansard. «Esa frase no se halla, empero, en lugar alguno del discurso de Gladstone. En el mismo se dice precisamente lo contrario.» (En negrita.)
«¡Marx ha añadido la frase formal y materialmente, mintiendo!»

Marx, a quien este número de la "Concordia" le fue remitido en mayo siguiente, respondió al anónimo en el "Volksstaat" del 1 de junio. Como ya no recordaba según qué referencia periodística había citado, se limitó a demostrar la cita textual primeramente en dos publicaciones inglesas, y luego a citar la referencia del "Times", según la cual Gladstone dice:

"That is the state of the case as regards the wealth of this country. I must say for one, I should look almost with apprehension and with pain upon this intoxicating augmentation of wealth and power, if it were my belief that it was confined to classes who are in easy circumstances. This takes no cognizance at all of the condition of the labouring population. The augmentation I have described and which is founded, I think, upon accurate returns, is an augmentation entirely confined to classes of property."

Así pues, Gladstone dice aquí que le pesaría que así fuera, pero que así es: que este embriagador aumento de poder y riqueza está entera y completamente limitado a las clases poseedoras. Y en lo que respecta al cuasi-oficial Hansard, Marx prosigue diciendo: «En su edición, chapuceramente remendada a posteriori, el señor Gladstone fue lo bastante listo para escamotear, zurciendo, el pasaje que en boca de un Canciller de la Hacienda inglés resulta por cierto comprometedor. Es éste, por lo demás, un uso parlamentario inglés tradi-

cional, y en modo alguno un invento de Lasker contra Bebel.»

El anónimo se va enfureciendo cada vez más. Apartando a un lado, en su respuesta ("Concordia", 4 de julio), las fuentes de segunda mano, insinúa con gazmoñería que es de "uso" citar los discursos parlamentarios por el informe taquigráfico; pero que tanto la reseña del "Times" (en la que se halla la frase "añadida mintiendo") como la de Hansard (en la que falta) «concuerdan materialmente por entero», y asimismo que la reseña del "Times" contiene «lo directamente contrario de aquel infame pasaje de la Alocución Inaugural», callando el hombre cuidadosamente que, junto a esa supuesta «contrario», ¡contiene explícitamente, precisamente, «aquel infame pasaje»! A pesar de todo, el anónimo siente que está atrapado y que sólo un nuevo ardid puede salvarlo. Así, mientras espeta su artículo, que rebosa, como se acaba de demostrar, de «descarada mendacidad», llenándolo de edificantes improperios tales como: "mala fides", "falsedad", "afirmación mentirosa", "aquella cita mentirosa", "descarada mendacidad", "una cita que estaba completamente falseada", "esta falsificación", "simplemente infame", etc., considera necesario desplazar la cuestión litigiosa a otro terreno, y promete por tanto «exponer en un segundo artículo qué significado atribuimos nosotros» (el anónimo no «mentiroso») «al contenido de las palabras de Gladstone». ¡Como si esta su opinión, no autorizada, tuviera algo que ver con el asunto! Este segundo artículo aparece en la "Concordia" del 11 de julio.

Marx respondió una vez más en el "Volksstaat" del 7 de agosto, aportando ahora también las reseñas del pasaje en cuestión del "Morning Star" y del "Morning Advertiser" del 17 de abril de 1863. Según ambos, Gladstone dice que contemplaría con preocupación, etc., ese embriagador aumento de riqueza y poder si lo creyera limitado a las clases realmente acomodadas (classes in easy circumstances). Pero ese aumento está limitado a las clases que poseen propiedad (entirely confined to classes possessed of property). Así pues, también estas reseñas traen literalmente la frase supuestamente «añadida mintiendo». Además, volvió a constatar, mediante la comparación de los textos del "Times" y de Hansard, que la frase, corroborada como realmente pronunciada por tres reseñas periodísticas textualmente coincidentes, independientes entre sí y aparecidas a la mañana siguiente, falta en la reseña de Hansard revisada según el conocido «uso», que Gladstone la ha «escamoteado a posteriori», en palabras de Marx, y declara por último que no tiene tiempo de seguir tratando con el anónimo.

También éste parece haber tenido bastante, al menos Marx no recibió ningún otro número de la "Concordia" que se le hubiera enviado.

Con esto, el asunto parecía muerto y enterrado. Ciertamente, desde entonces nos llegaron una o dos veces, de boca de personas en relación con la Universidad de Cambridge, rumores misteriosos acerca de un indecible crimen literario que Marx debía haber cometido en *El Capital*; pero, a pesar de todas las indagaciones, no se pudo averiguar absolutamente nada más concreto. Hasta que, el 29 de noviembre de 1883, ocho meses después de la muerte de Marx, apareció en el *Times* una carta fechada en el Trinity College, Cambridge, y firmada por Sedley Taylor, en la cual, con un pretexto traído por los pelos, ese hombrecillo entregado al más manso cooperativismo nos procuró por fin esclarecimiento, no sólo acerca de los cuchicheos de Cambridge, sino también acerca del anónimo de la *Concordia*.

«Lo que resulta en extremo singular», dice el hombrecillo del Trinity College, «es que haya estado reservado al
profesor Brentano
(entonces en Breslau, hoy en Estrasburgo) … desenmascarar la *mala fides* que, evidentemente, había dictado la cita del discurso de Gladstone en el Manifiesto (inaugural). El señor Karl Marx, que … intentó defender la cita, tuvo la osadía de afirmar, en los estertores de muerte (*deadly shifts*) a los que los magistrales ataques de Brentano lo redujeron a toda prisa, que el señor Gladstone había zurcido a su manera el informe de su discurso en el *Times* del 17 de abril de 1863, antes de que apareciera en el *Hansard*, para escamotear un pasaje que, ciertamente, resultaba comprometedor para un Canciller del Exchequer inglés. Cuando Brentano demostró, mediante una pormenorizada comparación de textos, que los informes del *Times* y del *Hansard* coincidían en excluir de modo absoluto el sentido que una cita astutamente aislada había atribuido subrepticiamente a las palabras de Gladstone, ¡Marx se retiró con el pretexto de la falta de tiempo!»

¡He ahí, pues, el meollo del asunto! ¡Y de modo tan glorioso se reflejaba en la fantasía cooperativista de Cambridge la campaña anónima del señor Brentano en la *Concordia*! ¡Así yacía, y así esgrimía su espada, en «magistral ataque», este San Jorge de la Liga de Fabricantes alemana, mientras el dragón infernal Marx, a sus pies, agonizaba «a toda prisa en estertores de muerte»!

Sin embargo, toda esta descripción ariostesca de la lucha sólo sirve para encubrir los subterfugios de nuestro San Jorge. Aquí ya no se habla de «mentir añadiendo», de «falsificación», sino de «cita astutamente aislada» (*craftily isolated Quotation*). Toda la cuestión había sido desplazada, y San Jorge y su escudero de Cambridge sabían muy bien por qué.

Eleanor Marx contestó, puesto que el *Times* se negó a insertar su respuesta, en la revista mensual *To-Day*, de febrero de 1884, retrotrayendo el debate al único punto de que se trataba: ¿Había Marx «añadido mintiendo» aquella frase o no? A ello replica el señor Sedley Taylor:

«La cuestión de si determinada frase había figurado o no en el discurso del señor Gladstone», era, en su opinión, «de importancia muy subordinada» en la disputa entre Marx y Brentano, «comparada con la cuestión de si la cita había sido hecha con la intención de reproducir el sentido de Gladstone o de desfigurarlo».

Y luego concede que el informe del *Times* «contiene en efecto una contradicción en las palabras», pero, pero que el resto del contexto, correctamente interpretado, es decir, en sentido liberal-gladstoniano, muestra lo que el señor Gladstone había *querido* decir. (*To-Day*, marzo de 1884.) Lo más cómico del caso es que nuestro hombrecillo de Cambridge insiste ahora en citar el discurso *no* según el *Hansard*, como es «costumbre» según el anónimo Brentano, sino según el informe del *Times*, calificado por el mismo Brentano de «necesariamente chapucero». ¡Naturalmente, la frase fatal falta, en efecto, en el *Hansard*!

Eleanor Marx lo tuvo fácil para disolver en humo esta argumentación en el mismo número de *To-Day*. O bien el señor Taylor había leído la controversia de 1872. Entonces, ahora había «mentido», no sólo añadiendo, sino también omitiendo. O bien no la había leído. En ese caso, estaba obligado a callar la boca. En todo caso, quedaba firme que no se atrevía a sostener ni un instante la acusación de su amigo Brentano de que Marx había «mentido añadiendo». Por el contrario, se dice ahora que Marx no añadió mintiendo, sino que omitió una frase importante. Pero esa misma frase está citada en la página 5 del Manifiesto inaugural, unas pocas líneas antes de la supuestamente «añadida con mentira». Y en lo tocante a la «contradicción» en el discurso de Gladstone, ¿no es precisamente Marx quien, en *El Capital*, p. 618 (3.ª ed., p. 672), nota 105, habla de las «continuas, flagrantes contradicciones en el discurso presupuestario de Gladstone de 1863 y 1864»? Sólo que él no se arroga, a la manera de Sedley Taylor, disolverlas en beatitud liberal. Y el resumen final de la respuesta de E. Marx reza así: «Por el contrario, Marx no ha suprimido nada digno de mención ni ha añadido mintiendo lo más mínimo. Pero ha restablecido y arrancado al olvido determinada frase de un discurso de Gladstone que,

indudablemente, fue pronunciada, pero que, de un modo u otro, ha encontrado su camino — fuera del *Hansard*.»

Con esto, el señor Sedley Taylor ya tuvo bastante, y el resultado de toda aquella camarilla profesoral, urdida a lo largo de dos décadas y a través de dos grandes países, fue que ya nadie se ha atrevido a poner en tela de juicio la escrupulosidad literaria de Marx, pero que, desde entonces, el señor Sedley Taylor depositará probablemente tan poca confianza en los boletines de batalla literarios del señor Brentano como el señor Brentano en la infalibilidad papal del *Hansard*.

Londres, 25 de junio de 1890

F. Engels

Nr. 13. Respuesta de Brentano

*«Mi polémica con Karl Marx»*, Berlín, 1890, págs. 3-5

El 28 de septiembre de 1864 tuvo lugar en St. Martin's Hall, Long Acre, Londres, una asamblea pública en la que estuvieron representados ingleses, alemanes, franceses, polacos e italianos. A esta asamblea presentó Karl Marx los Estatutos provisionales de una organización obrera internacional que había de fundarse, así como el Manifiesto inaugural de la misma, redactado por él. Ambos fueron aprobados por unanimidad, y el Manifiesto inaugural dio la vuelta al mundo. En él se encontraba una cita del discurso presupuestario de Gladstone del 16 de abril de 1863, que causó más sensación que todos los demás datos contenidos en él: «Cegado por el “Progreso de la nación”, fascinado por las cifras de la estadística, el Canciller del Exchequer exclama en salvaje enajenación: “En los años 1842-1852, la renta imponible del país ha aumentado en un 6 por ciento; en los ocho años 1853-1861, ha aumentado, en proporción a la renta de 1853, en un 20 por ciento. Este hecho es tan asombroso que resulta casi increíble… Este embriagador aumento de riqueza y poder —añade Mr. Gladstone— está exclusivamente circunscrito a las clases poseedoras.”»

En el invierno de 1871/72, ocupado en la elaboración del segundo tomo de mis *Gremios obreros del presente*, tuve que investigar (véase ibid., II, 241) en qué medida la objeción, aún hoy tan a menudo escuchada, de que un aumento de salarios reduciría la demanda futura de trabajo correspondía a los hechos. Esa objeción se había esgrimido una y otra vez en los decenios anteriores contra los sindicatos obreros ingleses cada vez que éstos reclamaban un aumento de salarios. Entonces me acordé de aquella cita del discurso presupuestario de Gladstone. Pero me pareció inadecuado, como habían hecho muchos otros, remitirme para ello al Manifiesto de la Internacional y al pasaje correspondiente de Marx, *El Capital*, I, 1867, pág. 639; consulté el informe estenográfico del discurso presupuestario de Gladstone y

encontré que éste mostraba, ciertamente, que los aumentos salariales en el período 1842-1861 no habían frenado en lo más mínimo el aumento de la renta de los poseedores de manera que perjudicara su demanda de trabajo, pero que, en cambio, Gladstone, en directa oposición a la afirmación de Karl Marx, había dicho: «Las cifras que he rozado apenas toman en cuenta, o no toman en cuenta en absoluto, la situación de quienes no pagan impuesto sobre la renta, … la propiedad de la población obrera ni el aumento de su renta … Pero si consideramos la situación media del trabajador británico, sea campesino o minero, trabajador no cualificado o cualificado, sabemos, por múltiples e inequívocos testimonios, que en los últimos veinte años ha tenido lugar un tal aumento de sus medios de vida, que casi podemos declararlo sin parangón en la historia de cualquier país y de cualquier época.»

Dada la gran importancia que la cita de Gladstone tenía para la afirmación socialdemócrata de que, dentro del orden estatal y social existente, los ricos se vuelven necesariamente cada vez más ricos y los pobres necesariamente cada vez más pobres, señalé a la redacción de la *Concordia, Zeitschrift für die Arbeiterfrage*, que entonces aparecía en Berlín, la falsificación allí realizada. Ésta me animó a escribir un artículo al respecto, que apareció en la *Concordia* del 7 de marzo de 1872. El artículo no fue firmado por mí; por un lado, a petición de la redacción, en interés del prestigio de su periódico; por otro lado, tanto menos tenía yo que objetar cuanto que, en vista de las pasadas disputas literarias promovidas por Marx, era de esperar que también esta vez colmara de vituperios personales a su adversario y, por tanto, sólo podía resultar divertido dejarlo a oscuras acerca de la persona de su antagonista.

Transcurrido un trimestre, Marx respondió en el *Volksstaat*. De la polémica, tal como se desarrolló a continuación, se desprendió que Marx no había cometido la falsificación por sí mismo, sino que había tomado la cita falseada de un libelo anónimo aparecido en 1864. Éste, titulado *The Theory of the Exchanges. The Bank Charter Act of 1844. The abuse of the metallic principle to depreciation. Parliament mirrored in Debate, supplemental to 'The Stock Exchange and the Repeal of Sir J. Bamard's Act'*, Londres: T. Cautley Newby, 30, Welbeck Street, 1864, es obra de un Tersites excéntrico y consiste, en gran parte, en citas mutiladas de escritos y discursos de economía política, entre las que se intercalan versos latinos, ingleses y franceses y otras glosas destinadas a la mofa. Con tales características, el libro ha permanecido, como es comprensible, en la más completa oscuridad.

Si Marx hubiera reconocido simplemente que el mencionado libro lo había inducido a error y hubiera reproducido desde entonces la cita correctamente, sin duda uno se habría sorprendido de que se hubiera fiado de semejantes fuentes, pero al menos el error habría sido subsanado. Mas de eso no se habló con él. Además, con la gran difusión que el Manifiesto inaugural había alcanzado, la eliminación de esa pieza brillante por vía de rectificación habría sido harto penosa para la agitación. Pues uno de los principales medios de agitación de la socialdemocracia

... en que sus representantes se presentan como en posesión exclusiva de la verdadera ciencia, y, como mostró el congreso del partido en Halle, se prefiere acusarse de haber empleado la férrea ley del salario con consciente mendacidad meramente como medio de agitación, antes que admitir que se ha sido convencido de un error. En lugar de retractarse, Marx se esforzó, por tanto, en demostrar que Gladstone había manipulado a posteriori el informe taquigráfico de su discurso presupuestario; las groserías de su polémica estrafalaria se dirigieron entonces contra el supuesto fabricante que, con ayuda de un socio comercial inglés, había querido perjudicarle, y cuando se demostró que también el "Times", en su número aparecido la mañana siguiente a la noche en que Gladstone pronunció su discurso, había reproducido ese discurso en un sentido coincidente con el informe taquigráfico, obró, como escribió la redacción de la "Concordia", "como la sepia, que enturbia el agua con un líquido negro para dificultar a su adversario la persecución, es decir, procuró con todas sus fuerzas oscurecer el objeto de la disputa, aferrándose a circunstancias accesorias totalmente indiferentes; y finalmente se puso a salvo con la declaración de que, por 'falta de tiempo', no podía entrar en nada más." También ha quedado a deber para siempre la respuesta a mi esclarecimiento de su dúplica, publicado en la "Concordia" del 22 de agosto de 1872.

El hecho de que yo fuera el autor de los artículos en la "Concordia" del 7 de marzo, del 4 y 11 de julio y del 22 de agosto de 1872 era conocido por muchos, y en la segunda edición de la "Historia de la socialdemocracia" de Mehring, que apareció aún en vida de Marx, fui nombrado públicamente como tal. Alertado por esto, el señor Sedley Taylor, del Trinity College, Cambridge, estudió la polémica y escribió una carta al respecto al "Times". Esta hizo entrar en liza a la hija del entretanto fallecido Marx, Miss Eleanor Marx, quien, en la revista mensual socialista "To-Day" de marzo de 1884, no sólo defendió la lealtad de su padre, sino que concluyó con la observación de que su padre había restituido y arrancado al olvido una frase particular de uno de los discursos de Gladstone, una frase que había sido pronunciada indudablemente, pero que de una u otra manera había desaparecido del informe taquigráfico de Hansard.

Ya entonces pensé en responder a esta obstinada insistencia en la cita falsa con la reproducción literal de toda la polémica. Pero las redacciones tienen a menudo su propio criterio; la revista especializada que yo consideraba más adecuada que ninguna otra para ello rechazó la reproducción, declarando que la disputa carecía de interés general. De otra opinión era manifiestamente Engels. En el prólogo a la 4ª edición del primer tomo de "El Capital", preparada por él, ha vuelto sobre la polémica, pero ha informado sobre ella de una manera en la que, comprensiblemente, no queda clara la mendacidad con que Marx la condujo; además, ha mantenido sin modificar el pasaje en "El Capital", I, 4ª ed., p. 617, donde Marx hace decir a Gladstone lo contrario de lo que realmente dijo; es más, mientras que Marx en la primera edición remitía para su cita simplemente a "Gladstone en la Cámara de los Comunes, 16 de abril de 1863", la cuarta edición ha añadido a esta referencia "Morning Star, 17 de abril de 1863", ¡como si el informe de este periódico

contuviera la cita tal como la reproduce Marx! Pero también el informe del "Morning Star" contiene todas aquellas frases omitidas por "The Theory of the Exchanges" y, a partir de ésta, por Marx, las cuales muestran que Gladstone, en el lugar de su discurso presupuestario donde habla de los resultados del impuesto sobre la renta, contrapone meramente el ingreso de aquellos que pagan este impuesto al de aquellos que, por tener un ingreso menor, están exentos de él; que constata un embriagador aumento de riqueza y poder a partir de las listas del impuesto sobre la renta y al mismo tiempo observa que el aumento del ingreso constatado a partir de estas listas se refiere sólo a los acaudalados – muy naturalmente, ya que el ingreso de los demás no está registrado en estas listas; pero que él
no
cree que este aumento esté limitado a estas clases, pues por otras fuentes se sabe que al mismo tiempo la situación del trabajador británico ha mejorado en una medida como nunca antes en ningún otro país o en ninguna época anterior...

(El resto no tiene nada que ver con la acusación y es mera "contribución a la cuestión", etc. – F. Engels.)

Nº 14. De los apéndices a la respuesta de Brentano

a) De la "Theory of the Exchanges", Londres 1864, p. 134. "From 1842 to 1852, the taxable income of the country increased by 6 per cent ... in the eight years from 1853 to 1861, it had increased from the basis taken in 1853, 20 per cent! My honourable friend says, it is owing to Australian gold. I am sorry to see that he is lost in the depths of heresy upon the subject of gold. This intoxicating augmentation of wealth and power is entirely confined to classes of property, but must be of indirect benefit to the labouring population, because it cheapens the commodities of general consumption – while the rich have been growing richer, the poor have been growing less poor! at any rate, whether the extremes of poverty are less, I do not presume to say."

"Voilà l'homme en effet. Il va du blanc au noir.
Il condamne au matin ses sentiments du soir.
Importun à tout autre, à lui même incommode,
Il change à tous moments d'esprit comme de mode."

"The average condition of the British labourer, has improved during the last twenty years in a degree we know to be extraordinary and unexampled in the history of any country or any age, a matter of the greatest thankfulness, because, etc. ... hardly have earnings given a sufficiency of prime necessaries; ..."

Es notable para la conexión entre "The Theory of the Exchanges" y las exposiciones aquí discutidas en Marx, "El Capital", I, 1ª ed., p. 639, también lo siguiente. Después de que Marx, en ese lugar, haya esgrimido contra la frase de Gladstone: "whether the extremes of poverty are less extreme than they were, I do not presume to say" los datos del London Orphan Asylum aquí reproducidos de "The Theory of the Exchanges", se vuelve contra el discurso presupuestario de Gladstone del 7 de abril de 1864; "The Theory of the Exchanges" tiene un apéndice en el cual, como anexo a las páginas que aquí se acaban de reproducir, se glosa asimismo el presupuesto de 1864. El estilo en que esto se hace es el mismo que ahora se conoce suficientemente por lo precedente. En este excursus se encuentra el siguiente pasaje (p. 234):

"But the Chancellor is eloquent upon 'poverty' ... 'Think of those who are on the border of that region ...', upon 'wages ... in others it is true not increased ... human life is, but, in nine cases out of ten, a struggle for existence'."

Compárese ahora con esto Marx, I, 1ª ed., p. 640, 4ª ed., p. 618. También aquí, en lugar de la reproducción del verdadero discurso presupuestario, literalmente el mismo mosaico de frases arrancadas de contexto que en "The Theory of the Exchanges". También aquí no se remite de nuevo a ésta como fuente, sino simplemente a Gladstone, Cámara de los Comunes, 7 de abril de 1864. Pero luego se dice más adelante: "Las continuas y flagrantes contradicciones en los discursos presupuestarios de Gladstone de 1863 y 1864 son caracterizadas por un escritor inglés mediante la siguiente cita de Molière" (ahora vienen los versos de Molière que se acaban de reproducir).

Resulta evidente que Marx no sólo ha tomado esta cita de Molière, sino también las "continuas y flagrantes contradicciones en los discursos presupuestarios de Gladstone" inventadas por el autor de la "Theory of the Exchanges", de su libro.

b)
Engels, como ya se dijo en la introducción a esta reimpresión, ha añadido en la cuarta edición del primer tomo de "El Capital", de Marx, p. 617, a la cita del discurso presupuestario de Gladstone, reproducida de manera falsa ahora como antes, la referencia "Morning Star, 17 de abril de 1863". El pasaje en cuestión de este discurso fue reproducido arriba, pp. 8 y 9, ya según el informe taquigráfico de Hansard. Aunque en la p. 13 también se ha hecho esto ya para el informe del "Times", que coincide exactamente con su sentido y

sólo está comprimido en la redacción al modo periodístico, se presentan aquí de nuevo, sin embargo, ese informe y el del "Morning Star", nombrado por Engels, y el tenor de la cita en Marx, uno al lado del otro:

"The Times",

17 de abril de 1863

"The Morning Star",

17 de abril de 1863

"El Capital",

I, 1ª ed., p. 639, nota 103

"En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, el ingreso imponible del país, hasta donde podemos calcular, aumentó en un 6 por ciento; pero en ocho años, de 1853 a 1861, el ingreso del país aumentó nuevamente, desde la base tomada, en un 20 por ciento. Ese es un hecho tan extraño que resulta casi increíble...
Debo decir por mi parte, que miraría casi con aprensión y con dolor este embriagador aumento de riqueza y poder, si creyera que se limitaba a las clases que están en circunstancias acomodadas.
Esto no toma en cuenta en absoluto la condición de la población trabajadora. El aumento que he descrito, y que se basa, creo, en datos precisos, es un aumento enteramente limitado a las clases propietarias. Ahora bien, el aumento del capital es de beneficio indirecto para el trabajador,

porque abarata la mercancía que en el proceso de producción entra en competencia directa con el trabajo. (¡Oíd, oíd!) Pero tenemos este profundo, y debo decir, inestimable consuelo: que mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres. Si los extremos de la pobreza son menos extremos que antes, no me atrevo a decirlo,
pero la condición media del trabajador británico, tenemos la dicha de saber, ha mejorado durante los últimos veinte años en un grado que sabemos ser extraordinario, y que casi podemos calificar de sin ejemplo en la historia de cualquier país y de cualquier época.
(Aplausos.)"

"De 1842 a 1852 el ingreso imponible del país

aumentó en un 6 por ciento. ¡En los ocho años de 1853 a 1861 había

aumentado, desde la base tomada en 1853, un 20 por ciento! El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble...

"
D
ebo
decir, por mi parte, que miraría con aprensión y con dolor este embriagador aumento de riqueza y poder, si creyera que se limitaba a las clases que están en circunstancias acomodadas.
Este gran aumento de riqueza no toma en cuenta en absoluto la condición de la población trabajadora. El aumento es un aumento enteramente limitado a las clases propietarias. Pero ese aumento debe ser de beneficio indirecto para la población trabajadora, porque abarata las mercancías que van al consumo general. De modo que tenemos este profundo, y casi diría, inestimable consuelo – mientras los ricos se han hecho más ricos, los pobres se han hecho menos pobres. (¡Oíd, oíd!) En todo caso, si los extremos son menos extremos que antes, no me atrevo a decirlo,
pero la condición media del trabajador británico, tenemos la dicha de saber que es extraordinaria, y que casi podemos calificar de sin ejemplo en la historia de cualquier país o época.
(Aplausos.)"

Este embriagador aumento de riqueza y poder

se limita enteramente a las clases propietarias,

pero debe ser de beneficio indirecto para la población trabajadora, porque abarata las mercancías de consumo general –

mientras los ricos se han hecho más ricos, ¡los pobres se han hecho menos pobres! En todo caso, si los extremos de la pobreza son menores, no me atrevo a decirlo."

Aquí, en medio de una oración, tal como muestra la reproducción anterior, se interrumpe «The Theory of the Exchanges» para insertar una cita de Molière; Marx, quien, como muestra la yuxtaposición precedente, no ha tomado la cita en absoluto del «Morning Star», sino —con omisión de un pasaje que él mismo señala con puntos— textualmente de «The Theory of the Exchanges», hace que Gladstone concluya a mitad de la frase...

De la comparación anterior se desprende que el mosaico arbitrariamente amalgamado de frases arrancadas de su contexto, que Marx presenta como el discurso presupuestario de Gladstone, no se encuentra ni en el «Morning Star», ni en el «Times», ni en el Hansard; en cambio, se encuentra única y exclusivamente en «The Theory of the Exchanges». Los enunciados reproducidos a continuación en letra espaciada [aquí en cursiva] son aquellos que Henry Roy y —compárese la última frase— aún más Karl Marx han omitido, para hacer decir a Gladstone lo contrario de lo que dijo.

N.º 15. De las crónicas parlamentarias de la prensa londinense del 17 de abril de 1863

«Morning Herald».
I may say that I for one would look with fear and apprehension at this intoxicating increase of wealth if I were of opinion that it is confined to the

classes in easy circumstances. This great increase of wealth which I have described, and which is founded on accurate returns is confined entirely to the augmentation of Capital, and takes no account of the poorer classes.

«Morning Post». I may say, I for one, would look with fear and apprehension when I consider this great increase of wealth if I believed that its benefits were confined to the classes in easy circumstances. This augmentation of wealth which I have described, and which is founded on accurate returns is confined entirely to the augmentation of capital, and takes no account of the augmentation of wealth of the poorer classes.

«Daily Telegraph». I may say for one, that I should look almost with apprehension and alarm on this intoxicating augmentation of wealth and power if it were my belief that it was confined to the masses who are in easy circumstances. This question to wealth takes no cognisanze at all of the condition of the labouring population. The augmentation stated is an augmentation entirely confined to the classes possessed of property.

«Daily News». I may say that I for one would look with fear and apprehension when I consider this great increase of wealth if I believed that its benefits were confined to the classes in easy circumstances. This augmentation of wealth which I have described, and which is founded upon accurate returns, is confined entirely to the augmentation of capital, and takes no account of the augmentation of wealth of the poorer classes.

«Standard». I may say that I for one would look with fear and apprehension at this intoxicating increase of wealth if I were of the opinion that it was confined to the classes in easy circumstances. This great increase of wealth which I have described, and which is founded on the accurate returns is confined entirely to the augmentation of capital, and takes no account of the poorer classes.

N.º 16. Gladstone a Brentano

«Deutsches Wochenblatt», n.º 49, 4 de diciembre de 1890

Comunicación

En el número 45 del «Deutsches Wochenblatt», el Prof. Dr. Lujo Brentano ha publicado un artículo «Meine Polemik mit Karl Marx», que sirvió al mismo tiempo como introducción a una reedición de esta polémica en forma de folleto. En esta polémica se trata principalmente de un discurso parlamentario que Gladstone pronunció en 1863 y que Marx reprodujo, en forma desfigurada, en su Manifiesto Inaugural con motivo de la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Evidentemente, nadie está más autorizado para decidir esta disputa sobre el tenor literal del discurso de Gladstone que el propio Gladstone. Por ello reviste especial interés el que Gladstone, a raíz de la reedición de la polémica de Brentano con Marx, haya dirigido dos cartas a Brentano. El 22 de noviembre escribe Gladstone a Brentano:

«Usted tiene toda la razón y Marx está completamente equivocado», y el 28 de noviembre: «No he introducido modificación alguna.» Con ello, este asunto, que arroja una luz característica sobre la argumentación socialdemócrata, debe considerarse zanjado definitivamente en contra de la interpretación socialdemócrata.

Brentano ha prestado un servicio al descubrir el engaño, y ha sido muy oportuno que refresque ahora mismo el recuerdo de esta disputa.

O. A.

N.º 17. Respuesta de Engels al n.º 16

«Neue Zeit», n.º 13, 1891, pág. 425

En el asunto Brentano contra Marx

En mi prólogo a la cuarta edición del «Capital» de Marx, tomo I, me vi obligado a relatar el curso de la campaña anónima que el señor Lujo Brentano tuvo a bien dirigir en su día contra Marx, una campaña basada en la acusación de que Marx había falsificado una cita de un discurso de Gladstone.

El señor Brentano ha respondido a ello en un folleto: «Meine Polemik mit Karl Marx». Por Lujo Brentano. Berlín, Walter y Apolant, 1890. No quedaré a deberle la respuesta.

Entre tanto, el n.º 49 del 4 de diciembre de 1890 del «Deutsches Wochenblatt» publica una nota adicional sobre este asunto, en la que se dice:

«Evidentemente, nadie está más autorizado para decidir esta disputa sobre el tenor literal del discurso de Gladstone que el propio Gladstone. Por ello reviste especial interés el que Gladstone, a raíz de la reedición de la polémica de Brentano con Marx, haya dirigido dos cartas a Brentano. El 22 de noviembre escribe Gladstone a Brentano: “Usted tiene toda la razón y Marx está completamente equivocado”, y el 28 de noviembre: “No he introducido modificación alguna.”»

¿Qué significa eso? ¿En qué «tiene usted toda la razón» y en qué «Marx está completamente equivocado»? ¿En qué «no he introducido modificación alguna»? Tal como aparece, puede significar cualquier cosa o nada. ¿Por qué se limita la comunicación del señor Brentano a estas dos breves frases?

O bien el señor Gladstone no le ha permitido publicar las cartas completas. En ese caso, ello es prueba suficiente de que no prueban nada.

O bien el señor Gladstone ha escrito las cartas desde un principio para el público y ha permitido al señor Brentano hacer de ellas el uso que quisiera. Entonces, la publicación precisamente de esos extractos insignificantes demuestra con mayor razón que la declaración del señor Gladstone en su conjunto es inutilizable para el señor Brentano y, por ello mismo, fue «apañada» como antes se dijo.

Para saber lo que valen esas dos frasecitas, necesitamos tener ante nosotros no solo las dos cartas del señor Gladstone, sino también las correspondientes del señor Brentano. Y mientras no se haya publicado íntegra, en la lengua original, toda la correspondencia habida entre ambos sobre este asunto, los fragmentos citados son absolutamente insignificantes para la cuestión en litigio y no valen el papel en que están impresos.

F. Engels

Notas a pie de página de Friedrich Engels

(1) He aquí algunos otros pasajes de este discurso según el Hansard: el número de paupers habría bajado a 840.000. «Esto no incluye a aquellos que dependen de establecimientos benéficos o que son socorridos por limosnas privadas... Además de todo esto, piensen ustedes en los que se encuentran en el límite de esa región, y en cuántos trabajadores luchan con viril valor, aunque también con dificultad, para mantenerse por encima de la situación de paupers.» En la parroquia de un clérigo del East End londinense, de 13.000 almas, 12.000 estarían constantemente al borde de la más literal estrechez; un conocido filántropo declaraba que había barrios enteros en el East End donde nunca se ve un ómnibus ni un coche de alquiler, nunca música callejera ni siquiera un mendigo callejero... Los medios para librar la lucha por la existencia serían, ciertamente, algo mejores que antes (!)... En muchos lugares los salarios habrían subido, en muchos otros no, etc. ¡Y esta jeremiada un año después del pomposo anuncio de la «inaudita» mejora!

(2) Las cifras están tomadas en parte del censo de 1861, en parte de los informes de la Children’s Employment Commission de 1863-1867.

(3) En la carta de envío, no reproducida aquí, a la redacción de «To-Day».

Traducciones

«Este embriagador aumento de riqueza y poder está limitado por completo a las clases poseedoras.»

«El aumento que he descrito»

«este embriagador aumento de riqueza y poder»

«y que, según creo, se basa en datos exactos, es un aumento, a saber, limitado a las clases que poseen propiedad.»

Clases en circunstancias acomodadas (para la traducción de esta expresión, véase la nota de Marx en la pág. 143 y la pág. 153)

Sobre gustos no hay nada escrito.

Así es el hombre: salta de una meta a otra.
Lo que ensalzó por la tarde, lo condena por la mañana.
Molesto para los demás, apenas es capaz de soportar ni siquiera sus propias flaquezas;
muda de vestido, muda de juicio.

«De 1842 a 1852, la renta imponible del país creció un 6 por ciento... ¡en los ocho años de 1853 a 1861 había crecido, si partimos de la base de 1853, en un 20 por ciento! Mi honorable amigo dice que esto se debe al oro australiano. Lamento mucho que haya caído en una herejía abismal en la cuestión del oro. Este embriagador aumento de riqueza y poder está limitado por completo a las clases poseedoras, pero ha de redundar en ventaja indirecta para la población trabajadora, porque abarata los artículos de consumo general —mientras los ricos se hacen más ricos, ¡los pobres, en todo caso, se han vuelto menos pobres! No me atrevo a afirmar que los extremos de la pobreza se hayan reducido.»

«La situación media del trabajador británico ha mejorado en los últimos veinte años en un grado que sabemos es extraordinario y sin precedentes en la historia de cualquier país y de cualquier época, motivo de la mayor satisfacción, porque etc. ... los salarios apenas han proporcionado una cantidad suficiente de los medios de vida más indispensables; ...»

«Pero el canciller es elocuente sobre la “pobreza”... “Pensad en quienes se encuentran al borde de esa región...”; sobre “salarios... que, es verdad, no han subido en otros [ramos de los negocios]...”, sobre “la vida humana, que en nueve de cada diez casos es una lucha por la existencia”.»