Friedrich Engels

La difunta señora Marx

[“The Daily Chronicle”, núm. 9269, del 26 de noviembre de 1891]

Del inglés.

Al director del “Daily Chronicle”

Señor:

En su edición matutina de hoy, su corresponsal en París relata, entre otras inexactitudes acerca de la familia de mi difunto amigo Karl Marx, que el ministro de Justicia francés, después de la Comuna, ordenó la detención del señor Paul Lafargue, recientemente elegido diputado por Lille. Prosigue luego:

«La señora Marx, según se dice, habría revelado entonces a las autoridades el escondrijo de un depósito de armas, a fin de librar a su yerno de persecuciones. Acto seguido, el señor Lafargue traspuso la frontera española.»

Puesto que la señora Aveling, hija de la señora Marx, no se encuentra en este momento en Londres, a mí me incumbe el deber de rechazar la calumniosa acusación arriba formulada contra su madre. He aquí los hechos: cuando el señor Lafargue se hallaba con su esposa [Laura Lafargue] y sus dos cuñadas [Jenny y Eleanor Marx] en Bagnères-de-Luchon, un benévolo agente de policía republicano le advirtió de la detención que le amenazaba. Aquel mismo día, Lafargue huyó a caballo a través de los Pirineos, rumbo a España. La señora Marx, que se encontraba entonces en Londres, no pudo, pues, en modo alguno —aun cuando hubiera tenido el propósito de hacerlo— intervenir en favor de Lafargue revelando al gobierno francés cosa alguna, fuera la que fuese. Toda la historia del supuesto depósito de armas no es más que una patraña inventada para mancillar la memoria de una mujer cuyo carácter noble y abnegado era del todo incapaz de una acción vil.

Quedo de usted, señor, su seguro servidor

Friedrich Engels

122, Regent’s Park Road, N. W., 1

7 de noviembre