Los mandatos de los posibilistas

Escrito a principios de agosto de 1889.

Los partidarios del Congreso posibilista de París repiten una y otra vez —el inconfundible señor Smith Headungley en el “Star”, el señor H. Burrows y la señora Besant en semanarios— que su congreso fue verdaderamente representativo, mientras que en el congreso marxista tomaron parte personas que solo se representaban a sí mismas y que, por esta razón, no osaron aceptar el desafío de los posibilistas ni presentarles sus mandatos. Los delegados ingleses al congreso marxista buscarán y encontrarán sin duda alguna ocasión para demostrar la falsedad de las acusaciones lanzadas contra ellos; podemos pues, por ahora, dejar de lado esa parte del tema y limitarnos a señalar que los posibilistas difícilmente podían infligir mayor insulto al congreso marxista que exigirle que ignorara el acto de verificación de sus propios mandatos, ya concluido dos (¿o tres?) días antes, y someter sus mandatos a una nueva revisión, mientras que los posibilistas, en su resolución sobre este punto, eludían cuidadosamente toda revisión de sus propios mandatos por los marxistas.

Que lo arriba dicho constituye una apreciación correcta del asunto y que los posibilistas tenían muchas más razones que los marxistas para mostrar sus mandatos solo a sus amigos quedó confirmado por las observaciones del doctor Adler en el congreso marxista, que versaron sobre ciertas informaciones recibidas por él acerca de los delegados “austriacos” de los posibilistas. Por lo característico que resulta este asunto para la manera en que los posibilistas fabricaban delegados verdaderamente representativos, merece ser publicado.

En la lista de delegados de los posibilistas encontramos, bajo “Austria”, representadas las siguientes corporaciones: “Sindicato de los panaderos de Viena”, “Federación de Alta Austria y Salzburgo”, “Federación de los trabajadores de Bohemia, Moravia y Silesia”. El doctor Adler, que durante

los tres últimos años ha reorganizado el movimiento socialista en Austria con maravillosa energía, mucho tacto y perseverancia, y que conoce todas las asociaciones obreras de Austria, contó al congreso que estas diversas sociedades, cualesquiera que fueren sus méritos, presentan un defecto fatal:
no existen
.

Cuando en París se supo que el congreso marxista se había reunido el domingo y que estaban presentes delegados de Austria, ya el lunes llegaron dos austriacos al congreso y hablaron con el doctor Adler. Le contaron que eran panaderos y que trabajaban en París desde hacía algún tiempo. Un panadero húngaro de nombre Dobosy los había invitado en calidad de “delegados” a un congreso obrero; querían saber si se trataba de este congreso. Adler los interrogó más a fondo y descubrió que habían sido invitados al congreso posibilista, para el cual tenían tarjetas de miembros. A los hombres que los invitaron les habrían dicho que no representaban a nadie más que a sí mismos, a lo que les habrían respondido que eso no importaba, que Austria era un país despótico y que, por tanto, no se requerían mandatos regulares. Ahora creían que los verdaderos delegados austriacos se encontraban en el otro congreso. ¿Qué les aconsejaban hacer? Los delegados austriacos les dijeron que no tenían derecho a hacerse pasar por delegados en ningún congreso. Se acordó entonces proseguir la conversación. Al cabo de uno o dos días regresaron, asistieron a la sesión del congreso marxista y declararon luego que ellos mismos habían comprendido que debían salir de esa falsa situación, pero ¿cómo? Se les dijo que devolvieran sus mandatos. No tenían ninguno. Pues devolved vuestras tarjetas de miembros. Prometieron hacerlo y regresaron luego para comunicar que lo habían hecho.

He aquí un ejemplo de lo que los posibilistas y sus partidarios ingleses llaman “estrictamente representativo”. Y la imponente lista de sociedades húngaras, con nombres tan bien disimulados bajo erratas de imprenta que solo en unos pocos resulta reconocible la presunta sede, y que según testimonio de los auténticos delegados húngaros del congreso marxista tampoco existen fuera del país de las maravillas de las invenciones posibilistas —¡cuán transparente es este fraude! “Círculos de estudios sociales y federaciones de Croacia, Eslavonia, Dalmacia, de Trieste y Fiume”: este pomposo título lleva con demasiada evidencia el sello de su origen parisino. ¡Y piénsese que detrás de todo esto no se hallan siquiera los —tres sastres de la Tooley Street!

Se nos dice además que es completamente falso que el congreso posibilista fuera un mero congreso de tradeuniones. El señor Herbert Burrows se muestra muy indignado por semejante calumnia; a excepción de unos pocos tradeunionistas ingleses, “todos los delegados” eran socialistas revolucionarios y representaban como tales a sus respectivas sociedades. Para no dar más que un ejemplo: ¿qué escribe “El Socialista” de Madrid (26 de julio) acerca de los delegados españoles de los posibilistas? Que “dicen representar a 20.000 socialistas, cuando no son más que delegados de sociedades en las que hay tanto lugar para los carlistas como para los socialistas revolucionarios”, es decir, clubes completamente apolíticos o lo que en Inglaterra se llama tradeuniones.