[En el décimoquinto aniversario de la Comuna de París]

Escrito el 15 de marzo de 1886.

Del francés.

["Le Socialiste" n.º 31 del 27 de marzo de 1886]

Esta noche, los trabajadores del mundo entero celebran junto con vosotros el aniversario de la etapa más gloriosa y más trágica en el desarrollo del proletariado. En el año 1871, la clase obrera empuñó por vez primera en su historia el poder político en una gran capital. Pero, por desgracia, ¡todo pasó como un sueño! Hostigada por un lado por los mercenarios del ex imperio francés, por el otro por los prusianos, la Comuna fue rápidamente sofocada en un baño de sangre sin parangón que jamás será olvidado. La reacción victoriosa no conoció ya límites; el socialismo pareció ahogado en sangre y el proletariado condenado a la esclavitud eterna.

Quince años han transcurrido desde aquella derrota. En este tiempo, en todos los países, el poder que está al servicio de los señores de la tierra y del capital no ha retrocedido ante nada para acabar hasta con los últimos estremecimientos rebeldes de los trabajadores. ¿Y qué se ha conseguido?

Mirad a vuestro alrededor. El socialismo obrero revolucionario, más vivo que nunca, es hoy una fuerza ante la que tiemblan en todas partes las clases dominantes, tanto los radicales franceses como Bismarck, tanto los reyes de la bolsa de América como el zar de todas las Rusias.

Pero eso no es todo.

Hemos llegado al punto en que todos nuestros adversarios, hagan lo que hagan, trabajan para nosotros contra su voluntad.

Creyeron matar a la Internacional, pero hoy la liga internacional de los proletarios, la hermandad de los obreros revolucionarios de los distintos países, es mil veces más fuerte y más amplia que antes de la Comuna. La Internacional ya no necesita una organización en el sentido

propio; vive y se fortalece mediante la cooperación espontánea y apasionada de los obreros de Europa y América.

En Alemania, Bismarck ha agotado todos los medios, hasta los más infames, para destrozar el movimiento obrero. Resultado: antes de la Comuna, tenía que habérselas con cuatro diputados socialdemócratas; sus persecuciones han provocado que ahora hayan sido elegidos veinticinco. Y los proletarios alemanes se ríen del gran canciller, quien no podría hacer mejor propaganda revolucionaria si le pagaran por ello.

En Francia os han impuesto el escrutinio de lista, una elección burguesa por excelencia, inventada expresamente para asegurar que sean elegidos exclusivamente abogados, periodistas y otros aventureros políticos, portavoces del capital. ¿Y qué ha aportado este sistema electoral a la riqueza de la burguesía? Ha creado en el seno del parlamento francés un partido obrero socialista revolucionario cuyo simple aparecer en el escenario ha bastado para sembrar la confusión en las filas de todos los partidos burgueses.

He aquí, pues, dónde estamos. Todo cuanto acontece se vuelve en nuestro favor. Las medidas más rebuscadas para frenar el avance del proletariado no hacen sino acelerar su marcha triunfal. El enemigo mismo combate y está condenado a combatir por nosotros. Y tan abundante y tan bien lo ha cumplido que hoy, 18 de marzo de 1886, del pecho de miles de obreros, desde los proletarios de las minas de California y del Aveyron hasta los trabajadores forzados de las minas de Siberia, brota el grito:

¡Viva la Comuna! ¡Viva la liga internacional de los trabajadores!