El gobierno republicano francés parece decidido a demostrar, de todas las formas posibles, que es, exactamente igual, el gobierno de los capitalistas como cualquiera de sus predecesores. No contento con tomar partido por la compañía minera de Decazeville, actúa ahora en Lyon con violencia aún mayor. Allí ha estallado una huelga en una fábrica de vidrio; algunos esquiroles siguen trabajando y, para su seguridad, son alojados en la fábrica. Cuando se trasladó allí el mobiliario de uno de ellos —un anarquista alemán llamado Litner—, los huelguistas lo siguieron y lo abuchearon. Apenas el carro con el mobiliario estuvo dentro y las puertas se cerraron, desde las ventanas se hicieron disparos contra la gente de fuera: balas de revólver y perdigones volaron en todas direcciones e hirieron a unas treinta personas. La multitud, naturalmente, se dispersó. Entonces intervinieron la policía y las autoridades judiciales. Pero no para detener al capitalista y a sus mercenarios que habían disparado —¡oh, no!—, ¡detuvieron a un número de huelguistas porque habían perturbado la libertad de trabajo! Este asunto, que acaba de conocerse en este mismo momento, ha provocado una enorme excitación en París. Decazeville había hecho subir en París los votos emitidos a favor de los socialistas de 30.000 a más de 100.000, y el efecto de este hecho sangriento en La Mulatière, cerca de Lyon, será aún mayor.

F. E.