Karl Marx

Capital Volume One

1886

PREFACIO A LA EDICIÓN INGLESA

La publicación de una versión inglesa de “Das Kapital” no necesita
disculpa. Por el contrario, cabría esperar una explicación de por qué
esta versión inglesa se ha demorado hasta ahora, visto que durante
algunos años las teorías defendidas en este libro han sido constantemente
citadas, atacadas y defendidas, interpretadas y malinterpretadas, en la
prensa periódica y en la literatura corriente tanto de Inglaterra como
de América.

Cuando, poco después de la muerte del autor en 1883, se hizo evidente
que se requería realmente una edición inglesa de la obra, el señor Samuel
Moore, amigo de Marx y del presente autor durante muchos años, y con quien
quizá nadie está más familiarizado con el libro mismo, consintió en
emprender la traducción que los albaceas literarios de Marx estaban
deseosos de presentar al público. Quedó entendido que yo compararía el
manuscrito con la obra original y sugeriría las modificaciones que
estimase aconsejables. Cuando, andando el tiempo, se vio que las
ocupaciones profesionales del señor Moore le impedían terminar la
traducción tan rápidamente como todos deseábamos, aceptamos con gusto
el ofrecimiento del doctor Aveling de hacerse cargo de una parte del
trabajo; al mismo tiempo, la señora Aveling, la hija menor de Marx, se
ofreció a cotejar las citas y a restituir el texto original de los
numerosos pasajes tomados de autores ingleses y de Libros Azules y
traducidos por Marx al alemán. Esto se ha hecho en su totalidad, salvo
unas pocas excepciones inevitables.

Las siguientes partes del libro han sido traducidas por el doctor
Aveling: (1) Capítulos X (La jornada de trabajo) y XI (Tasa y masa de
plusvalía); (2) Parte VI (El salario, que comprende los capítulos XIX a
XXII); (3) desde el Capítulo XXIV, Sección 4 (Circunstancias que, etc.)
hasta el final del libro, abarcando la última parte del Capítulo XXIV,
el Capítulo XXV y toda la Parte VIII (Capítulos XXVI a XXXIII); (4) los
dos prefacios del autor. Todo el resto del libro ha sido hecho por el
señor Moore. Si bien, de este modo, cada uno de los traductores es
responsable únicamente de su parte del trabajo, yo asumo una
responsabilidad solidaria por el conjunto.

La tercera edición alemana, que ha servido de base para toda nuestra
labor, fue preparada por mí en 1883, con la ayuda de notas dejadas por el
autor, en las que se indicaban los pasajes de la segunda edición que debían
ser sustituidos por pasajes señalados del texto francés publicado en 1873.
[1] Las modificaciones así efectuadas en el texto de la
segunda edición coincidieron por lo general con los cambios prescritos por
Marx en un conjunto de instrucciones manuscritas para una traducción
inglesa que se planeó, hace unos diez años, en América, pero que fue
abandonada principalmente por falta de un traductor adecuado y competente.
Este manuscrito fue puesto a nuestra disposición por nuestro viejo amigo
el señor F. A. Sorge, de Hoboken, N. J. En él se señalan algunas
interpolaciones adicionales de la edición francesa; pero, al ser tantos
años anterior a las instrucciones definitivas para la tercera edición, no
me consideré autorizado a utilizarlo sino con parquedad, y principalmente
en los casos en que nos ayudó a superar dificultades. Del mismo modo, se
ha recurrido al texto francés en la mayoría de los pasajes difíciles, como
indicador de aquello que el propio autor estaba dispuesto a sacrificar
siempre que algo del pleno significado del original tuviera que sacrificarse
en la versión.

Existe, sin embargo, una dificultad que no hemos podido ahorrar al
lector: el empleo de ciertos términos en un sentido diferente del que
tienen, no sólo en la vida cotidiana, sino en la Economía Política
corriente. Pero esto era inevitable. Cada nuevo aspecto de una ciencia
implica una revolución en los términos técnicos de la misma. Esto se
demuestra de la mejor manera en la química, donde toda la terminología
cambia radicalmente más o menos una vez cada veinte años, y donde apenas
se encontrará un solo compuesto orgánico que no haya pasado por toda una
serie de nombres diferentes. La Economía Política se ha contentado por
lo general con tomar, tal como eran, los términos de la vida comercial e
industrial, y operar con ellos, sin percatarse en absoluto de que, al
hacerlo así, se confinaba dentro del estrecho círculo de ideas expresadas
por esos términos. De este modo, aunque perfectamente consciente de que
tanto la ganancia como la renta no son sino subdivisiones, fragmentos de
aquella parte no retribuida del producto que el obrero tiene que entregar
a su capitalista (su primer apropiador, aunque no su último propietario
exclusivo), con todo, ni siquiera la Economía Política clásica fue jamás
más allá de las nociones recibidas de ganancia y renta, jamás examinó
esta parte no retribuida del producto (llamada por Marx plusproducto) en
su integridad como un todo, y, por consiguiente, nunca llegó a una
comprensión clara, ni de su origen y naturaleza, ni de las leyes que
regulan la distribución ulterior de su valor. De manera similar, toda
industria que no sea agrícola o artesanal se comprende indiscriminadamente
en el término de manufactura, con lo cual se borra la distinción entre
dos grandes períodos, esencialmente diferentes, de la historia económica:
el período de la manufactura propiamente dicha, basada en la división
del trabajo manual, y el período de la gran industria moderna, basada en
la maquinaria. Es, sin embargo, evidente por sí mismo que una teoría que
considera la producción capitalista moderna como una mera fase pasajera
en la historia económica de la humanidad, tiene que hacer uso de términos
diferentes de los habituales entre aquellos escritores que consideran
esa forma de producción como imperecedera y definitiva.

Una palabra acerca del método de citar del autor quizá no esté
fuera de lugar. En la mayoría de los casos, las citas sirven, del modo
usual, como prueba documental en apoyo de afirmaciones hechas en el
texto. Pero en muchos casos se citan pasajes de escritores económicos
para indicar cuándo, dónde y por quién fue enunciada claramente por
primera vez una determinada proposición. Esto se hace en aquellos casos
en que la proposición citada tiene importancia por ser una expresión más
o menos adecuada de las condiciones de producción e intercambio sociales
imperantes en la época, y con total independencia de que Marx la reconozca
o no como de validez general. Estas citas, por tanto, complementan el
texto con un comentario continuo tomado de la historia de la ciencia.

Nuestra traducción comprende únicamente el primer libro de la obra.
Pero este primer libro es en gran medida un todo en sí mismo, y durante
veinte años ha figurado como una obra independiente. El segundo libro,
publicado por mí en alemán en 1885, es decididamente incompleto sin el
tercero, que no podrá publicarse antes de finales de 1887. Cuando el
Libro III haya sido dado a la luz en el alemán original, será momento
bastante oportuno para pensar en preparar una edición inglesa de ambos.

En el continente se llama a menudo a “Das Kapital” “la Biblia de
la clase obrera”. Que las conclusiones alcanzadas en esta obra se están
convirtiendo cada día más en los principios fundamentales del gran
movimiento de la clase obrera, no sólo en Alemania y Suiza, sino en
Francia, en Holanda y Bélgica, en América, e incluso en Italia y España;
que en todas partes la clase obrera reconoce cada vez más, en estas
conclusiones, la expresión más adecuada de su condición y de sus
aspiraciones, nadie que conozca dicho movimiento lo negará. Y también en
Inglaterra, incluso en este momento, las teorías de Marx ejercen una
poderosa influencia sobre el movimiento socialista que se está extendiendo
tanto en las filas de la gente “culta” como en las de la clase obrera.
Pero eso no es todo. Se aproxima con rapidez el momento en que un examen
a fondo de la posición económica de Inglaterra se impondrá como una
necesidad nacional irresistible. El funcionamiento del sistema industrial
de este país, imposible sin una extensión constante y rápida de la
producción y, por tanto, de los mercados, está llegando a un punto muerto.

El librecambio ha agotado sus recursos; incluso Manchester duda ya
de este su antiguo evangelio económico. [2] La industria
extranjera, que se desarrolla con rapidez, mira de hito en hito a la
producción inglesa por doquier, no sólo en los mercados protegidos, sino
también en los neutrales, e incluso en esta orilla del Canal. Mientras
que la fuerza productiva aumenta en progresión geométrica, la ampliación
de los mercados procede, en el mejor de los casos, en progresión
aritmética. El ciclo decenal de estancamiento, prosperidad,
superproducción y crisis, recurrente sin cesar de 1825 a 1867, parece
ciertamente haber seguido su curso; pero sólo para hundirnos en el lodazal
de la desesperación de una depresión permanente y crónica. El tan
suspirado período de prosperidad no llegará; cuantas veces creemos
percibir sus síntomas anunciadores, otras tantas se desvanecen en el aire.
Mientras tanto, cada invierno que sucede trae de nuevo el gran
interrogante, “qué hacer con los desempleados”; pero mientras el número
de desempleados no cesa de aumentar de año en año, no hay nadie que
responda a esa pregunta; y casi podemos calcular el momento en que los
desempleados, perdiendo la paciencia, tomarán su destino en sus propias
manos. Ciertamente, en tal momento, debería oírse la voz de un hombre
cuya teoría entera es el resultado de un estudio de toda una vida de la
historia y de la condición económica de Inglaterra, y a quien ese estudio
condujo a la conclusión de que, al menos en Europa, Inglaterra es el
único país donde la inevitable revolución social podría efectuarse
enteramente por medios pacíficos y legales. El ciertamente nunca olvidó
añadir que difícilmente esperaba que las clases dominantes inglesas se
sometiesen, sin una “rebelión en favor de la esclavitud”, a esta
revolución pacífica y legal.

Frederick Engels

5 de noviembre de 1886

Notas

[1] “Le Capital”, par Karl Marx. Traduction de M. J. Roy, entièrement revisée par l'auteur. París, Lachâtre. Esta traducción, especialmente en la última parte del libro, contiene considerables modificaciones y adiciones al texto de la segunda edición alemana.

[2] En la reunión trimestral de la Cámara de Comercio de Manchester, celebrada esta tarde, tuvo lugar una acalorada discusión sobre el tema del librecambio. Se propuso una resolución en el sentido de que “habiendo esperado en vano 40 años a que otras naciones siguieran el ejemplo librecambista de Inglaterra, esta Cámara considera que ha llegado el momento de reconsiderar dicha posición”. La resolución fue rechazada por una mayoría de un solo voto, siendo las cifras 21 a favor y 22 en contra. — *Evening Standard*, 1 de noviembre de 1886.