Friedrich Engels

Consejeros Secretos Efectivos Dinamiteros de la Rusia Imperial

["Der Sozialdemokrat" Nr. 5 del 29 de enero de 1887]

Todo el mundo sabe que el gobierno ruso mueve todos los resortes para concertar con los estados de Europa occidental tratados de extradición de los revolucionarios rusos fugitivos.

Todo el mundo sabe también que lo que más le importa es obtener un tratado semejante de Inglaterra.

Todo el mundo sabe, finalmente, que la Rusia oficial no retrocede ante ningún medio, con tal de alcanzar su objetivo.

Pues bien. El 13 de enero de 1885, Bismarck concluye con Rusia un acuerdo en virtud del cual todo fugitivo político ruso debe ser extraditado tan pronto como a Rusia le plazca acusarlo de presunto magnicida o dinamitero.

El 15 de enero, la señora Olga Novikoff lanzó un llamamiento a Inglaterra en la "Pall Mall Gazette", la misma señora Novikoff que en 1877 y 1878, antes y durante la guerra turca, enjabonó tan magníficamente al noble señor Gladstone en interés de Rusia. Se exhorta aquí a Inglaterra a no tolerar por más tiempo que gente como Hartmann, Kropotkin y Stepniak conspiraran en suelo inglés,
"para asesinarnos en Rusia"
, ahora que a los ingleses les quema el asunto de la dinamita en sus propias carnes; ¿y acaso pide Rusia de Inglaterra, respecto a los revolucionarios rusos, otra cosa que lo que la propia Inglaterra debe ahora exigir de América respecto a los dinamiteros irlandeses?

En la mañana del 24 de enero, se publica en Londres el tratado prusiano-ruso.

Y el 24 de enero, a las 2 de la tarde, estallan en el lapso de un cuarto de hora tres explosiones de dinamita en Londres, que causan más devastación que todas

las anteriores juntas y hieren al menos a 7, según otros a 18 personas.

Estas explosiones vienen tan a propósito para que no surja la pregunta: ¿A quién benefician? ¿Quién tiene el mayor interés en estos tiros de intimidación, por lo demás inútiles, no dirigidos contra nadie en particular, de los cuales no sólo fueron víctimas policías subordinados y burgueses, sino también obreros y sus mujeres e hijos? ¿Quién? ¿Los pocos irlandeses, en parte empujados a la desesperación por la brutalidad del gobierno inglés durante su encarcelamiento, que según se presume colocaron la dinamita? ¿O bien el gobierno ruso, que no puede lograr su objetivo —el tratado de extradición— sin ejercer una presión completamente extraordinaria sobre el gobierno y el pueblo en Inglaterra, una presión que debe ser suficiente para poner a la opinión pública en Inglaterra en un estado de ciega furia rabiosa contra los dinamiteros?

Cuando los fugitivos polacos —con muy escasas excepciones— no quisieron prestarse, según el deseo de la diplomacia y la policía rusas, a falsificar papel moneda ruso, el gobierno ruso envió agentes al extranjero, entre otros al consejero de estado Kamenski, para incitarlos a ello; y cuando tampoco esto prosperó, los señores Kamenski y consortes tuvieron que falsificar ellos mismos papel moneda ruso. Como se puede leer con detalle en el folleto "Los falsificadores de moneda o los agentes del gobierno ruso", Ginebra, H. Georg, 1875. — La policía suiza y londinense, probablemente también la de París, puede contar unas cuantas cosas acerca de cómo, al perseguir a los falsificadores de dinero rusos, topaban por regla general con personas cuyo procesamiento rechazaba tenazmente la legación rusa.

De lo que la Rusia oficial es capaz de hacer para eliminar personas estorbosas mediante veneno, puñal, etc., la historia de la península balcánica durante los últimos cien años ofrece ejemplos suficientes. Remito solamente a la célebre "Histoire des principautés danubiennes" par Élias Regnault, París 1855. La diplomacia rusa dispone en todo momento de agentes de toda clase, también de aquellos que se emplean para infamias y luego se repudian.

No vacilo, pues, hasta nuevo aviso, en poner las explosiones de Londres del 24 de enero de 1885 a cuenta de Rusia. Puede que manos irlandesas hayan colocado la dinamita; es más que probable que detrás anduvieran una cabeza rusa y dinero ruso.

A los revolucionarios rusos, su forma de lucha les está dictada por la necesidad, por la acción de sus propios adversarios. De los medios que

emplean, son responsables ante su pueblo y ante la historia. Pero los señores que parodian esta lucha en Europa occidental sin necesidad, como escolares, que buscan rebajar la revolución al nivel de Schinderhannes, que dirigen sus armas ni siquiera contra enemigos reales, sino contra el público en general, estos señores no son en modo alguno sucesores y aliados de los revolucionarios rusos, sino sus peores enemigos. Desde que ha quedado demostrado que fuera de la Rusia oficial nadie tiene interés en el éxito de estas proezas, no queda más cuestión que la de cuáles de ellos son agentes involuntarios y cuáles voluntarios, pagados, del zarismo ruso.

Londres, 25 de enero de 1885

Friedrich Engels