[La situación]

Del francés.

[“Le Socialiste”, núm. 8, 17 de octubre de 1885]

Londres, 12 de octubre de 1885

... No soy de la opinión de que el 4 de octubre sea una derrota, a menos que ustedes se hayan entregado a toda clase de ilusiones. Se trataba de aniquilar a los oportunistas, y han sido aniquilados. Pero para aniquilarlos se necesitaba una presión desde dos lados opuestos, desde la derecha y desde la izquierda. Que la presión desde la derecha haya sido más fuerte de lo que se esperaba es evidente. Pero eso hace la situación mucho más revolucionaria.

El burgués, el grande y el pequeño, ha preferido a los orleanistas y bonapartistas abiertos antes que a los orleanistas y bonapartistas enmascarados; a aquellos que quieren enriquecerse a costa de la nación ha preferido a aquellos que ya se han enriquecido robándola; ha preferido a los conservadores de ayer antes que a los conservadores de mañana. Eso es todo.

La monarquía es imposible en Francia, aunque solo fuera por la multitud de pretendientes al trono; si fuese posible, ello sería un signo de que los partidarios de Bismarck tienen razón cuando hablan de la degeneración de Francia. Pero esta degeneración afecta solo a la burguesía, en Alemania y en Inglaterra lo mismo que en Francia.

La república sigue siendo el gobierno que menos divide a las tres sectas monarquistas, el que les permite unirse en un partido conservador. Cuando la posibilidad de una restauración monárquica se vuelve discutible, el partido conservador se divide inmediatamente en tres sectas, en tanto que los republicanos se verán forzados a agruparse en torno al único gobierno posible, y por el momento éste es probablemente el gabinete Clemenceau.

Clemenceau es, en comparación con Ferry y Wilson, un progreso de todos modos. Es muy importante que no llegue al poder como defensor de la propiedad contra los comunistas, sino como salvador de la república frente a la monarquía. En este caso, se verá más o menos forzado a cumplir lo que ha prometido; en el caso contrario, se comportaría como los otros, que, como Luis Felipe, se tuvieron por «la mejor de las repúblicas»: estamos en el poder, la república puede dormir tranquila; basta con que nos hayamos apoderado de los ministerios, así que dejad de hablarnos de las reformas prometidas.

Creo que los hombres que votaron por los monarquistas el 4 ya se han asustado de su propio éxito y que el 18 dará resultados más o menos en el sentido de Clemenceau, con cierto éxito para los oportunistas, no por respeto, sino por desprecio hacia ellos. El filisteo se dirá: ante tantos realistas y bonapartistas, al fin y al cabo necesito algunos oportunistas. Por lo demás, el 18 decidirá la situación; Francia es el país de lo imprevisto, y me guardaré de emitir una opinión definitiva.

Pero, en cualquier caso, radicales y monarquistas se enfrentarán. La república estará justamente tan amenazada como sea necesario para obligar al pequeño burgués a inclinarse un poco más hacia la extrema izquierda, cosa que de otro modo nunca habría hecho.
Es exactamente la situación que necesitamos nosotros, los comunistas.
Hasta ahora no veo motivo para suponer que el curso tan extraordinariamente lógico del desarrollo político en Francia haya sido perturbado: la lógica de 1792-1794 subsiste aún; solo que el peligro que entonces amenazaba por parte de la coalición amenaza hoy por parte de la coalición de los partidos monarquistas en el interior del país. Vista de cerca, es menos peligrosa de lo que era la otra ...

F. Engels