La "Norddeutsche Allgemeine Zeitung", órgano personal del príncipe Bismarck, se halla, en virtud de su posición, por encima no sólo de todas las reglas del decoro, sino también de la lógica y del sentido común. Tiene el privilegio de injuriar, calumniar, mentir y escribir desatinos tanto políticos como apolíticos. Con excepción de algunos lacayos, con uniforme y sin él, que suelen venerar las expectoraciones y excrementos del Dalai Lama como emanaciones de la divinidad y, si es preciso, también engullírselos, todo el mundo sabe que este periódico es el asilo de toda bajeza y estupidez.

Cuando se trata de mancillar a un adversario, de lanzar al mundo una mentira bien gorda, una calumnia bien jugosa, y de hurgar bien hondo en el fango de la calle, entonces es la "Norddeutsche Allgemeine" la elegida para ese cargo honorífico. Y lo desempeña con visible complacencia.

En los últimos tiempos, el limpio periódico, ya que a causa de su torpeza y de su demasiado gran descrédito no pudo ser utilizado en la campaña electoral para el Landtag, se ha dedicado con particular predilección a mancillar a la socialdemocracia y a difundir las mentiras más descabelladas sobre ella.

Determinados acontecimientos ocurridos en Francia son tergiversados de la manera más grotesca y, con los colores más chillones, se emborronan cuadros de horror que ponen los pelos de punta, los cuales habrán de mostrar a la humanidad estremecida que los socialdemócratas son ladrones, asesinos, incendiarios y sabe Dios qué más, y que la república francesa tiene que perecer necesariamente por ser incapaz de defenderse de semejantes monstruos; para lo cual, naturalmente, sólo una monarquía con un mayordomo de palacio (Hausmeier) a la Bismarck está capacitada.

Con ocasión del "atentado de rapiña y asesinato" de Viena, fue la "Norddeutsche" la que con mayor desfachatez lo atribuyó a la socialdemocracia y la que le añadió las denuncias más viles.

Hace catorce días, un ministerio fiscal austríaco cometió la insolencia cretinesca de atribuir los tumultos antijudíos de Hungría a maquinaciones secretas de la socialdemocracia, y la "Norddeutsche Allgemeine" fue el único periódico que jaleó esta jugarreta tan estúpida como vil y que le hizo el corro al idiota del fiscal, pese a que sabe perfectamente —lo sabe por su más cercana vecindad y por su propia experiencia personal— que el llamado "movimiento antisemita" tiene en los socialdemócratas a sus adversarios más resueltos y que en Alemania, especialmente en Berlín, ha fracasado ante la actitud de los socialdemócratas, a pesar del más celoso apoyo por parte del patrón Bismarck de la "Norddeutsche Allgemeine".

La más reciente hazaña mentirosa de la "Norddeutsche" consiste en una nota más bien larga en el sentido de que la cuestión de la prórroga de la ley contra los socialistas habría provocado una "violenta disputa" en el seno de la socialdemocracia alemana.

El "grupo de Liebknecht" —se dice— opina que la persistencia de la ley contra los socialistas redunda en interés del partido, mientras que otros (¿grupos?) combatirían ese punto de vista tachándolo de política de la "frase", "y de suyo se comprende que la disputa así surgida en el seno del partido socialdemócrata se libra con las armas más groseras". Los lectores de "Der Sozialdemokrat" saben a qué atenerse con respecto a esta patraña. Tan poco como existen, en el sentido de la "Norddeutsche", "grupos" dentro del partido socialdemócrata, existe una "disputa" acerca de cuestión alguna y, menos aún, acerca de la prórroga o no prórroga de la ley contra los socialistas.

Somos demasiado buenos "políticos realistas" para preocuparnos de huevos aún no puestos, y afrontamos esta cuestión con un sentimiento de la más absoluta "indiferencia". Si se deroga la ley contra los socialistas, sabemos que no se la deroga por amor a nosotros, y seguimos siendo lo que somos; y si no se la deroga, entonces con mayor razón seguimos siendo lo que somos. En que la ley contra los socialistas ha sido impagable para la formación y el fortalecimiento de nuestro partido y, en general, ha ejercido un excelente efecto educativo, coinciden por lo demás todos los socialdemócratas sin excepción.

La cuestión de si es probable la prórroga o la no prórroga de la ley contra los socialistas ha sido tratada, ciertamente, en el órgano del partido —y sólo allí—, pero, como lo exige la naturaleza del tema, de manera por completo académica. Y ¿dónde está, preguntamos nosotros, la "disputa" que se supone "librada con armas tan groseras"? Ni una sola palabra que justifique la afirmación de la "Norddeutsche". Evidentemente, el periódico personal de Bismarck aún no conoce la regla, tan indispensable para los mentirosos de profesión, de que hay que mentir con verdad, es decir, que la mentira necesita una mezcla de verdad para echar a volar.

De paso, la "Norddeutsche" ha tenido que dejarse decir por la "Liberale Correspondenz" que con esa nota suya ha cometido una colosal estupidez. Pues no podría darse mejor argumento en favor de la derogación de la ley contra los socialistas que el que su persistencia sea deseada por los propios socialdemócratas. Hasta ahí no habían alcanzado, desde luego, las fuerzas intelectuales del periódico personal de Bismarck.