crecimiento de esas ramas del sistema capitalista occj.. dental, que sin desarrollar de ninguna manera las condiciones productivas de la agricultura, son las más adecuadas para facilitar y apurar el robo de las cosechas por Jos intennediarios improductivos. El Estado ha Con. tribuido así al enriquecimiento de una nueva plaga ca. pitalista que está chupando la sangre, escasa ya, de la comuna aldeana.

En una palabra, el Estado contribuye al rápido desa. rrollo de los medios técnicos y económicos más aptos para facilitar y acelerar la explotación del agricultor, es decir, de la fuerza productiva más grande de Rusia, y a enriquecer a los «nuevos pilares de la sociedad».

[El enemigo a destruir]

Esta coincidencia de influencias destructoras, conducirá naturalmente a la muerte de la comuna campesina, a menos que el proceso sea interrumpido por una poderosa fuerza que se le oponga. Pero podemos preguntarnos, ¿por qué todos estos intereses (incluso a la gran industria que está bajo tutela del gobierno) que se benefician con el estado actual de la comuna agraria, conspiran a sabiendas para matar la gallina de los huevos de oro? Precisamente porque presienten que este «estado actual» no puede mantenerse; que la moda de] dia, consistente en explotar a la comuna, habrá de pasar. La pobreza del campesino ha infectado a su propia tierra, que se ha vuelto estéril. A las buenas cosechas las compensa el hambre. En general, la producción agrícola de los diez últimos años muestra no ya un estancamiento sino retroceso. Ahora, por vez primera, Rusia tiene que comprar grano en vez de exportarlo. Así que no hay tiempo que perder. Hay que terminar con la comuna. La minoría de campesinos solventes tiene que convertirse en la clase media rural y la mayoría en simples proletarios. Estas son las razones por las que el vocero de los «nuevos pilares de la sociedad» e"'l'lica las heridas que se ha hecho la propia comuna como el síntoma más acabado de su decrepitud.

Lo que amenaza la vida de la comuna rusa no es la necesidad histórica ni una teoría social: es la opresión del Estado Y la explotación de los capitalistas intrusos que con la ayuda del Estado se hicieron poderosos a expensas Y a costa de los campesinos.

por una parte la «comuna aldeana» está en las últimas boqueadas; por otra, hay una conspiración poderosa esperando darle el golpe final. Sólo una revolución puede salvar a la comuna aldeana rusa. Los hombres que detentan el poder social y político, hacen, además, todo 10 posible a fin de preparar a la masas para. este cataclismo. Si la revolución llega a tiempo, si la inteligentzia concentra todas las fuerzas «vivas del país,. para. asegurar el libre desarrollo de la comuna rural, ésta será pronto el elemento regenerador de la sociedad rusa y el factor de su superioridad sobre los países esclavizados por el capitalismo.

La traducción castellana se ha basado en Ja5 versiones francesas e italianas. cotejándola con la versión incluida en Marx y Engels contra Rusia, pp. 229-238.

Del prefacio de Marx y Engels • la edición rusa de 1882 del -Manifiesto comunista1aJt [...] El Manifiesto comunista se propuso como tarea proclamar la desaparición próxima e inevitable de la moderna propiedad burguesa. Pero en Rusia, al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de la propie ~d territorial burguesa en vías de formación, más de la n:utad de la tierra. es poseída en común por los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿podría la comunidad ~ ru.sa. -:-fonna por cierto ya muy desnatura.1izad~ e la primitiva propiedad común de la tierra.- pasar directamente a la fonna superior de la propiedad colectiva, a la forma comuni~ta, o, por el contrano, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente? La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la sigui~nte: SI la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida a una evolución comunista.

Obras Escogidas, t. I, p. 16.

Engels a N. F. Da"lelson Londres, 1i de octubre de 1893 Muchas gracias por los ejemplares de los Ocherki.

('It). He enviado tres a unos amigos que sabrán apreciarlos. He podido comprobar que el libro ha impresionado profundamente a los lectores y que hasta ha causado sensación, por otra parte muy merecida. Es el tema principal de las conversaciones entre los rusos que he visto. Ayer mismo, uno de ellos me decía en su carta: Aquí, en Rusia se debate en torno a Jos destinos del capitalismo» ().

En el Sozial-Politischen Centralblatt (*) de Berlln, cierto P. B. Struve ha publicado un largo artículo dedicado a su libro. Lo único en que me veo obligado a estar de acuerdo con él es en que, también a mi entender, ]a actual fase del desarrollo en Rusia, la fase capitalista, es una consecuencia inevitable de las condiciones históricas creadas por la guerra de Crimea, por el modo en que se llevó a cabo la refonna de las condiciones agrarias en 1861 y, finalmente, por el estancamiento político de toda (.) Nilto1aH>n. Ensayo'. sobre ""ts/ra tcorwmÚJ nllCÚJnaI dupuú 41t ,. rqomuL San Petersbur¡¡o 1893.

(") En ruso en el original.

("') Año Ill. N.O 1, 1 de octubre de 1893. (N de En(cls.] Europa. Pero Struve se equivoca de medio a medio cuando tratando de refutar lo que él llama pesimismo de us~ed en cuanto al futuro, comp~a la a~tual situación de Rusia con la de los Estados Urudos. DIce que las funestas consecuencias del capitalismo moderno serán superadas en Rusia con la misma facilidad que en los Estados Unidos. Aquí olvida por completo que los Estados Unidos son, por su origen mismo, un país moderno y burgués Y que han sido fundados por petéts bourgeois y por campesinos que habían huido de la Europa feudal para establecer una sociedad puramente burguesa.

Mientras que en Rusia tenemos una base de carácter comunista primitivo, una Gentilgesellschaft anterior a la civilización, que si bien se está desmoronando, es, a pesar de todo, la base y el material que maneja Y con el que opera la revolución capitalista (pues se trata de una auténtica revolución social). En los Estados Unidos hace' ya más de un siglo que ha quedado plenamente establecida la Geldwirtschaft, mientras que en Rusia dominaba en todas partes, casi sin excepción, la Naturalwirtfschaft. Se comprende, por tanto, que el cambio habrá de ser en Rusia mucho más violento y tajante y tendrá que ir acompañado de muchos más sufrimientos que en los Estados Unidos.

Sin embargo, y a pesar de todo esto, estimo que usted Ve las cosas en tonos demasiado sombríos, que los hec~os no justifican. Es evidente que el tránsito del comunismo primitivo y agrario al industrialismo capitalista no puede efectuarse sin una terrible dislocación de la ~OCiedad., sin que desaparezcan clases enteras y se trans ~rT?en en otras clases: y ya hemos visto en la Europa occidental, aunque en menores proporciones, los enorfues sufrimientos y el despilfarro de vidas humanas y de p erzas productivas que ello implica necesariamente. ~ro de eso a la ruina completa de un gran pueblo docr:'. ~ tan altas cualidades medra un abismo. El rápido b :ento de ~a población a que están ustedes acostumbra s puede interrumpirse; la tala insensata de los bosques, acompañada de la expropiación de los terratementes, así como de los campesinos puede ocasionar un despilfarro gigantesco de fuerzas productivas; a pesar de ello, una población de más de cien millones de almas habrá de constituir, al fin Y al cabo, un mercado interior suficiente para una grande industria muy respetable. y en su país, lo mismo que en otras partes, todo terminará por volver a su cauce... si el capitalismo dura lo bastante en la Europa occidental.

Usted mismo admite que «las condiciones sociales en .: r· Rusia después de la guerra de Crimea no eran favorables para el desarrollo de la forma de producción que habíamos heredado de nuestra historia pasada». Yo diré aún más: que en Rusia, lo mismo que en cualquier otra parte, l. no se hubiese podido desarrollar a partir del comunismo primitivo y agrario en forma social superior, a menos que esa forma superior existiese ya en otro país y pudiese servir de modelo. Y como esa forma superior -siempre que sea históricamente posibl~ es una consecuencia necesaria de la forma capitalista de producción y del antagonismo dualista social creado por ello, no puede desarrollarse, directamente a partir de la comunidad agraria más que como imitación de un modelo existente en alguna parte. Si la Europa occidental estuviera madura para esa transformación en la década del sesenta, si Inglaterra, Francia, etc., hubiesen iniciado entonces esa transformación, entonces los rusos serían los llamados a demostrar lo que se podría haber hecho a partir de su comunidad, que en aquella época estaba más o menos intacta. Pero el Occidente permaneció estancado y ni siquiera intentó llevar a cabo esa transformación; y mientras tanto, el capitalismo se desarrollaba con creciente rapidez.

Así, pues, a Rusia no le quedaban más que dos caminos : o desarrollar la comuna rural para convertirla en una forma de producción de ]a que estaba separada por varias etapas históricas y para cuyo establecimiento m siquiera en el Occidente habían madurado entonces las condiciones -una tarea evidentemente imposible--, o elegir el camino del desarrollo capitalista. ¿Qué otra cosa podía hacer más que seguir este último camino? por lo que respecta a la comunidad agrícola, ésta sólo es posible mientras las diferencias de bienes entre sus miembros sean insignificantes. En cuapto estas diferencias se acentúan, en cuanto algunos de sus miembros se convierten en deudores esclavos de los miembros más ricos, su existencia ulterior es imposible. Los kulaks y los parásitos de la Atenas presolónica destruyeron la gens ateniense con la misma implacabilidad con que los de su país están destruyendo la comunidad agrícola. Mucho me temo que esa institución esté condenada a desaparecer. Mas, por otra parte, el capitalismo ofrece nuevas perspectivas y nuevas esperanzas. Véase lo que ha hecho y lo que está haciendo en Occidente. Una gran nación como la suya sobrevive a cualquier crisis. Ninguna gran calamidad histórica deja de tener por compensación un progreso histórico. Lo único que varia es el modus operandi. ¡Que les destinées s'accomplissent! (*). Obras Escogidas, t. TI, pp. 534-537.

.POIt scriptum. de 1894 • .La. condiciones social.. en Rusl•• En primer lugar una rectificación: el señor P. Tkachov, para hablar correctamente, no era un bakuninista, esto es un anarquista, sino que más bien se decía «blan· quista». Mi error fue natural ya que este señor se relacionaba estrechamente con todo el grupo de emigrados rusos enfrentados a Occidente, al estilo de los emigrados rusos de entonces. En su folleto, además, defendía a Bakunin y a los suyos de mis ataques, como si estuviesen dirigidos a él mismo. '\! Las opiniones que me opuso sobre las comunidades deanas comunales rusas eran en esencia las de Herzen. (.) Cumplase d de$tinol Este periodista paneslavista, posando de «revoluciona_ rio», se había enterado por las obras de Haxthausen qUe los siervos de la gleba no conocen la propiedad privada de la tierra, sino que más bien se distribuyen periódica_ mente campos y pasturas entre sí. Como periodista, no tema que enterarse de lo que poco después sabría todo el mundo, esto es, que la propiedad comuna) de la tierra era una forma de propiedad predominante en tiempos prehistóricos, entre los germanos, celtas, indios, es decir, entre todos los pueblos indogennanos. Existe aún en la l' India, acal;>a de ser eliminada por la fuerza en Irlanda y Escocia y hasta puede vérsela, todavía, aquí y allá en Alemania, aunque últimamente está desapareciendo. En realidad, es una institución común a todos los pueblos en un momento dado de su evolución.

Pero como era UD paneslavista, y socialista solamente de nombre, encontró en este hecho un nuevo pretexto " para mostrar otra vez a su «santa» Rusia y a su misión -rejuvenecer y fertilizar otra vez al corrompido y degenerado Occidente, por la fuerza si fuese necesario- con luces aún más brillantes al compararlas con los decadentes pueblos occidentales. Lo que no pueden conseguir los decrépitos ingleses y franceses, a pesar de todos sus esfuerzos, los rusos ya lo hicieron en casa. «Mantener la comuna campesina, establecer la libertad individual, extender el autogobierno de la aldea a las ciudades y a todo el Estado, sin dejar de conservar al mismo tiempo la unidad nacional, he aquí toda la cuestión del futuro de Rusia, es decir, la cuestión de las mismas contradicciones sociales cuya solución preocupa y agita las mentes de Occidente.» (Herzen, Cartas a Linton.) De manera que Rusia puede vérselas con una cuestión política, pero la «cuestión social» rusa ya está resuelta.

Su sucesor, Tkachov, trató el problema con la misma ligereza de Herzen. Aunque en 1875 ya no podia sostener que la «cuestión social. estaba resuelta en Rusia, sin embargo, según él, los campesinos rusos son comunistas natos, están incomparablemente más cerca del socialismo además, inconmensurablemente mejor que los pobres y ~letarios de Europa occidental, abandonados de la ~ano de Dios. Si gracias a sus actividades revolucionarias- centenarias ~os rep~?licanos fran~eses considerab~ a Francia la nación políticamente eleg¡da,.muchos Socialistas rusos de entonces declaraban que Rusia era el pueblo socialistamente elegido. El viejo orden económico renacería, no por las luchas del proletariado de Europa occidental sino de lo más profundo del campesinado ruso. Mi ataque estaba dirigido a esta idea infantil. Sm embargo, la comuna n!sa ha recibido la atención y el reconocimiento de hombres que están muy por encima de los Henen y Tkachov. Entre éstos está Nicolás Chemyshevsky, el gran pens<1dor, a quien Rusia debe tanto y cuyo Lento asesinato como resultado de los años de exilio entre los yakutos siberianos será una mancha eterna en la memoria de Alejandro Il el «libertador... Debido al cordon sanitaire intelectual ruso, Chernishevsky no habia conocido las obras de Marx, y cuando apareció El Capital hacía mucho que estaba en Vilyuisk Central, entre los yakutos. Toda su evolución espiritual tuvo lugar en el ambiente creado por este cordOtt sanitaire. 1..0 que el censor no permitía, casi no eXistía para Rusia, o no existía para nada. De ahí que si a veces advertirnos algunos puntos débiles o limitaciones en sus ideas, no podemos dejar de asombrarnos, por cierto, de que no haya más.

. Chernyshevsky ve también en la comunidad campesma rusa un medio de elevarse de la forma social existente a una etapa nueva de evolución más alta que la comuna rusa por un lado ) que la sociedad capitalista europea, con sus conflictos de clase, por el otro. Y ve ~a10mo una ventaja el que Rusia tenga este medio que le ta a Occidente.

. «La introducción de un orden social mejor es espe ~~ente dificil para Europa occidental por lo ilimitado ~ os derechos individuales... nadie renuncia fácilmente IU a una parte pequeña de los derechos de que disfruta. En Europa occidental el individuo está ya acostumbrado al disfrute de derechos personales ilimitados. Solamente la reflexión profunda y la amarga experiencia enseñarán la ventaja y la inevitabilidad de las concesiones recípro. caso En Occidente, un mejor orden de las relaciones eco. nómicas implica sacrificios y así resulta difícil de conseguirlo. Irían contra las costumbres de los campesinos ingleses y franceses.- Pero, elo que parece ser una utopía allá es un hecho acá... esas costumbres, que parecerían muy difícil introducirlas en la vida de los pueblos inglés y francés, existen en realidad en la vida del pueblo ruso... el orden de cosas por el que Occidente tuvo que recorrer un camino largo y difícil ya existe entre nosotros a través de las fuertes costumbres populares de nuestra vida campesina... Vemos los tristes resultados de la desaparición de la propiedad comunal de la tierra en Occidente y lo difícil que será a esos pueblos restituir lo que se perdió. (Chernyshevsky, Obras, vol. V, pp. 16 - 19, Ginebra, citado por Plejanov, Nashi Raznoglasiya [Nuestras controversias] Ginebra, 1885.) Y respecto de los cosacos de los Urales, entre los que persiste el cultivo comunal de la tierra y la distribución posterior del producto, dice: «Si este pueblo de los Urales mantiene sus actuales instituciones hasta el momento de la introducción del cultivo mecanizado, estará muy contento de haber conservado las relaciones de propiedad correspondientes al uso de esas máquinas que suponen unidades agrícolas enormes, de cientos de desiatinas. (ibíd., p. 135.) Pero no hay que olvidar que la agricultura comunal del pueblo de los Urales -preservada de la extinción por razones militares (también tenemos comunismo en nuestros cuarteles)- es una excepción en Rusia, como lo son entre nosotros las comunidades aldeanas a lo largo del Mosela, con su redistribución ocasional de la tierra. y si conservan su sistema actual hasta que estén maduros para la introducción de maquinaria, entonces no serán ellos sin~ el tesoro militar ruso, que los esclaviza, el que se beneficiará.

pe cualquiera manera, la situación era así: cuando la ociedad capitalista de Europa occidental se desintegra ~a y estaba amenazada de muerte como consecuencia de laS contradicciones inevitables de su propio desarrollo, la mitad de la tierra cultivada de Rusia era todavía de propiedad de las comunas campesinas. Si la superación de estas contradicciones en Occidente -por la reorganización de la sociedad- exige como requisito previo la transferencia de todos los medios de producción, incluyendo la tierra, a propiedad común de la sociedad, ¿cuál es la relación de esta propiedad a crearse en Occidente, respecto de la propiedad comunal en Rusia, que ya existe o, mejor dicho, todavía existe? ¿No puede servir de trampolín esta propiedad comunal para una acción nacional que saltando por sobre todo el período capitalista conduzca al comunismo campesino en seguida a la mediana propiedad colectiva socialista de todos los medios de producción. enriqueciéndolo simultáneamente con todas las realizaciones de la era capitalista? O usando las palabras con que Marx resumi6 la posición de Chernyshevsky en una carta, que citaremos en detalle más adelante: «¿Debe Rusia, emplear destruyendo la comuna campesina, como piden los liberales, para pasar al sistema capitalista, o puede, por el contrario, tomar todos los beneficios de este sistema sin sufrir sus males, desarrollando más sus propias condiciones hist6ricas? . El simple hecho de plantear el problema nos está señalando ya la dirección en que hay que buscar la sol,:,ción.La comuna aldeana rusa ha existido durante siglos sm haber producido un estímulo capaz de desarrollar por si una forma de propiedad comunal superior. Esto también sucedia con la Mark alemana. el clan celta. las ~o~uni~des indias y otras comunidades aldeanas' con ~tituclOnes comunistas primitivas. En el curso del tiempo todas fueron perdiendo cada vez más su carácter CO~unista por influencia de la producción de mercancías y e las relaciones de intercambio entre familias particulares e individuos que las rodeaban o se desarrollaban 13.-11. loUJO l1li rROl)UCClÓN en cada una de ellas y gradualmente las penetraban. Se desintegraron en comunidades de propietarios terrate. nientes independientes entre sí. De manera que si puede plantearse la cuestión de si la comuna aldeana rusa tendrá una suerte distinta y mejor, la respuesta no de. pende tan s610 de las virtudes de la comuna en sí, sino también de la circunstancia de que ha sabido mantener una relativa vitalidad en un país europeo hasta el momento en que no solamente la producción de bienes como tal, sino su forma más alta y final, la producción capitalista, ha entrado en contradicción con sus mismas fuerzas productivas y se mantiene cuando el capitalismo de Europa occidental se muestra incapaz de desarrollar 1, más esas fuerzas y cuando amenaza perecer bajo el peso de las contradicciones internas y de los conflictos de clases que de ella nacen. De ahí se deduce, pues, que la iniciativa para esa transformación posible de la comuna aldeana no podría surgir del seno de la comuna rural, sino, únicamente, del proletariado industrial de Occidente. La victoria del proletariado de Europa occidental sobre la burguesía, y el consecuente reemplazo de la producción capitalista por una dirigida socialmente, es la necesaria condición previa para elevar la comuna aldeana rusa al mismo nivel.

En realidad el comunismo agrario, un derivado de la sociedad gentil, no ha desarrollado en ningún lado, con sus propias fuerzas, más que su propia desintegración. La misma comuna aldeana rusa era ya, en 1861, una forma debilitada de este comunismo. El cultivo comunal de la tierra que persiste todavía en algunas regiones de la India y en la comunidad hogareña eslava' del sur (zadruga) -que aparentemente fue la madre de la comuna rusa- ha tenido que ceder al cultivo de la tierra por familias independientes. La propiedad comunal salía a la superficie cuando se redistribuía la tierra, lo que sucedía en distintos lugares en diferentes momentos. Con s610 poner fin a estas redistribuciones mediante un decre , la aldea estará lista para que cada campesino tO cultive SU lote.

pero el simple becho de que junto a la comuna camesina rusa la producción capitalista de Europa occi ~ental se acer'lue simultáneamente al momento en que ella misma apunta a una nueva fonna de producción. en que los medios de producción se usarán como propiedad socialista en la producción planificada. este simple hecho, repetimos. no puede dar a la comuna rusa fuerza suficiente para desarrollar por sí esta nueva forma de sociedad. ¿Cómo podría conseguir las gigantescas fuerzas productivas de la sociedad capitalista occidental con todas sus contradicciones Y conducción, aun antes de que la misma sociedad capitalista haya podido hacer esta revolución? ¿Cómo podrían las comunas rusas mostrar al mundo la manera de dirigir colectivamente la industria pesada cuando olvida cómo cultivar las tierras para su bien común?

Por cierto que hay mucha gente en Rusia que conoce bien la sociedad capitalista occidental con todas sus contradicciones y conflictos irreconciliables, que además sabe perfectamente cuál es la salida de éstos que parecen callejones sin salida. Pero, en primer lugar, los pocos miles de personas que saben esto no viven en las aldeas, y los cincuenta millones de grandes rusos, aproximadamente, que viven en tierras de propiedad comunal, ni s~q~era lo sospechan. La falta de comprensión y conocimiento con que los muchos se oponen a los pocos miles, es. por lo menos, tan grande como la que caracteriza la oposición de los proletarios ingleses de 1800 a 1840 a ~s planes de Robert Owen. De los trabajadores que Roert Owen empleó en su fábrica de New Lamarck, la ~yoría era también gente que había crecido entre las ~tituciones y costumbres de una sociedad gentil comu ~sta, del clan celta escocés; pero no obstante. en los informes de Owen no hay señal alguna de 'lue entre ellos ~~con~rara mayor comprensión. Y en segundo lugar, es lstóncamente imposible que un grado de desarrollo lQ5 económico inferior pueda resolver los misterios y COn. flictos que se han derivado, y sólo podían derivarse, de un estadio muy superior. Todas las fonnas de sociedad gentilicia nacidos antes de la producción de mercancías y del cambio individual de productos. tienen en común este factor respecto de la futura sociedad socialista : que hay ciertos objetos, medios de producción. que son propiedad común y están destinados al uso de ciertos gru. pos. Esta característica común, sin embargo. no hace po. sible que la forma más baja de la sociedad cree de por sí la futura sociedad socialista, extremo éste que es producto final del capitalismo. Cada sistema económico tiene que resolver sus propios problemas, que en él se originan; porque seria tonto que un sistema tratase de resolver los problemas de otro sistema distinto. Y esto va tanto para la obschina rusa como para la zadruga eslava del sur, pa..:a la familia india o para cualquier otro sistema social primitivo o bárbaro caracterizado por la propiedad común de los medios de producción.

Por otra parte. no solamente es posible, sino seguro, que después de la victoria del proletario y el pasaje de los medios de producción a propiedad común de los pueblos de Europa occidental, los países que acaban de entrar en la etapa de la producción capitalista y conservado todavía instituciones de la sociedad gentil, encontrarán en los restos de la propiedad común y de las costumbres populares correspondientes un medio poderoso para acortar apreciablemente su proceso de desarrollo a una so ;iedad socialista y de escapar a la mayor parte de los sufrimientos y luchas por las que hemos tenido que pasar en Europa occidental. Pero para este proceso es inevitable requisito previo el ejemplo y apoyo activo del Occidente hasta entonces capitalista. Sólo cuando se haya superado la economía capitalista en SU patria y en los países en que florece, solamente cuando los países atrasados vean a través de su ejemplo «cómo se hace,., cómo puede hacerse servir a las fuerzas proti\la industriales modernas, a la colectividad en t;cl s de propiedad socialista, solamente entonces poón df!o encarar este proceso abreviado de desarrollo. Pero ton estarán también seguros del éxito. y esto va ces e~ todos los países. no sólo para Rusia, que se encuenfran en una etapa de desarrollo precapitalista. Sin embargo, será relativamente más fácil en Rusia, porque aquí una parte de la población nativa ya ha adquirido los logros intelectuales del desarrollo capitalista Y entonces será posible, en un período revolucionario, lograr la transfonnación social casi simultáneamente con Occidente. Esto ya fue señalado por Marx y por mi el 21 de enero de 1882 en el prefacio a la traducción rusa de Plejano del Manifiesto comunista. Ahí dijimos: «Pero V en Rusia, al lado del florecimiento febril del fraude capitalista Y de la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la tierra es poseída en común por los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿podria la comunidad rural rusa -forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra- pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente?

. La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestIón es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia sí podrá servir de punto de partida a una evolución comunista • P~ro no hay que olvidar que la desintegración de la prop~edad comunal rusa, ya señalada aquí, ha progresado cO~lderablemente.

Las derrotas sufridas en la guerra de ~nmea han indicado en Rusia la n",",sidad de un rápido ~arrono industrial. Hacían falta, sobre todo, ferTocamIes y éstos no son posibles en gran escala sin una industria pesada propia. El requisito previo de todo esto era la llamada liberación de los siervos, con la que em. pezó la era capitalista en Rusia. Pero fue acompañada también por una era de debilitamiento rápido de la Pro. piedad comunal de la tierra. Los pagos de la emancipa_ ción, impuestos a los ex siervos, además de los impuestos más altos y la simultánea disminución del tamaño de las tierras que se les distribuyeron y su deterioro, los entregó inevitablemente a manos de los usureros, que eran en su mayor parte miembros de la comunidad campesina que se habían enriquecido. Los ferrocarriles dieron acceso a muchos lugares remotos al mercado de granos metropolitano, pero también llevaron los producl. tos baratos de la industria en gran escala y así desbarataron las industrias caseras de los mujiks que antes habían hecho productos similares, en parte para su uso y en parte para vender. Las maneras tradicionales de ganarse la vida se desorganizaron, se produjo el desgarramiento que en todas partes acompaña la transición de una economía de trueque (Naturalwirtschaft) a una economía de mercado; surgieron grandes diferencias de riqueza entre los miembros de la comunidad; los pobres se convirtieron en los esclavos endeudados de los ricos. Es decir, que el proceso empezó a destruir la comunidad rusa, fue el mismo que en tiempos de Solón destruyó la gens ateniense, como consecuencia de la introducción de una economía de mercado. Por cierto que So16n podía liberar a los esclavizados por deudas anulándolas simplemente, una medida verdaderamente revolucionaria en el hasta entonces muy reciente derecho privado de propiedad. Pero no podía volver a la vida a la antigua gens ateniense, y es igualmente imposible para cualquier poder de la tierra restablecer la obschina rusa, después de que la disolución llegó a cierto punto. Además, el gobierno ruso ha prohibido la redistribución de la tierra entre los miembros de la comunidad por un lapso no menor de doce años, a fin de que el campesino se desacostuIJl paulatinamente a las prácticas del sistema Y se bre onsidere efectivamente propietario de su porción.

e Marx había expresado esa opinión en 1871 en una carta enviada a Rusia. Un señor Zhukovsky, que como tesorero del Banco del Estado consagra ahora las notas de crédito rusas con su firma, habia escrito tIIl artículo sobre Marx en el Vestnik Evropy [Mensajero europeo1, al que había contestado otro autor en la Otiechestviennie zapiski [El memorial de la patria). Para corregir este artículo Marx escribió una carta al autor de la revista, de la que circularon copias en francés durante mucho tiempo en Rusia, publicándose más tarde, en 1886, en el Vestnik Narodnoi Volí [Mensajero de la Voluntad del pueblo) de Ginebra, Y después de la propia Rusia, traducido al idioma del país. Esta carta, como todo lo que escribió Marx, recibió mucha atención en Rusia, Y fue interpretada de muy distintas maneras. por eso quiero dar cuenta de su contenido esencial.

Marx comienza por rechazar el punto de vista que se le atribuye en la revista, en el sentido de que comparte la opinión de los liberales, a juicio de quienes Rusia no tiene nada más urgente que hacer que terminar con la propiedad comunal de los campesinos Y arrojarse en brazos del capitalismo. Su breve nota sobre Herzen en el apéndice a la primera edición de El Capital no prueba nada. La nota dice: «Dado que en el continente europeo la influencia de la producción capitalista que ha minado a la raza humana... está desarrollándose cada v~ más, mano a mano con la competencia respecto del tamaño de los ejércitos nacionales, las deudas del Estado, los impuestos, la conducción elegante de la guerra, etc., el rejuvenecimiento de Europa por medio del látigo y la transfusión .forzosa de sangre calmuca, pueden resultar inevitables, un rejuvenecimiento profetizado enfáticamente por el medio ruso Y todo moscovita Herren. Debe señalarse al pasar, que este garrapateador hizo ~us des- cubrimientos respecto del "comunismo ruso" no en Rusia, sino en la obra del consejero de Estado Haxthausen. (El Capital, vol. 1, pág. 763, primera edición alemana). Marx continuaba: «Mi juicio acerca de ese escri. tor puede ser correcto o falso, pero de modo alguno puede constituir una clave de mis opiniones sobre los esfuerzos de los rusos para hallar para su país una vía de desarrollo que será diferente de la que transitó Europa occi. dental, etc. [Citado en ruso en el original.] En el post. facio a la segunda edición alemana de El Capital hablo de un gran estudioso y crítico ruso [Chernishevsky] con la alta consideración que se merece. En sus notables articulos, este escritor ha tratado la cuestión de si Rusia, ~ como lo sostienen sus economistas liberales, debe empezar por destruir la commUlle rurale para pasar al régimen capitalista o si, por el contrario, puede - sin experimentar las torturas de este régimen- apropiarse de todos sus hutos dando desarrollo a sus propias condiciones históricas. Dicho escritor se pronuncia en favor de esta última solución... Para terminar, puesto que no me gusta dejar nada que deba adivinarse, iré derecho al grano. Para poder estar autorizado a estimar el desarrollo económico actual de Rusia, estudié el ruso y luego estudié durante muchos años las publicaciones oficiales y otras vin.cuJadas a este asunto. Llegué a esta conclusión: si Rusia sigue por el camino que ha seguido desde 1861, perderá la mejor Oportunidad que le haya ofrecido jamás la historia a una nación, y sufrirá todas las fatales vicisitudes del régimen capitalista. Más tarde Marx aclara otro malentendido de su crítico. El pasaje que corresponde a nuestro tema dice: ..-Ahora bien, ¿qué aplicación a Rusia puede hacer mi crítico de este bosquejo histórico? Unicamente éste ; si Rusia tiende a transformarse en una nación capitalista a ejemplo de los países de Europa occidental _y por cierto que en los últimos años ha hecho esfuerzos crecientes en esta dirección- no ]0 logrará sin transformar primero en proletarios a una buena parte de sus campesinos; y en consecuencia, una vez llegada al corazón del régimen capitalista, experimentará sus despiadadas leyes, como las experimentaron otro pueblos profanos. Eso es todo.!> Así escribió en 1877. Entonces había dos gobiernos en Rusia : el del zar y el del comité ejecutivo secreto (ispolnitel'nyi komitet) de los conspiradores terroristas. La fuerza de este segundo gobierno creció día tras día. La caída del zarismo parecía próxima; una revolución en Rusia hubiera quitado a la reacción europea su apoyo más fuerte, su gran ejército de reserva, y así hubiese dado un ímpetu nuevo y poderoso al movimiento político de Occidente, además de crear condiciones mucho más favorables para la acción (política). No es de extrañarse entonces que Marx aconsejara a los rusos menos apuro por saltar al capitalismo.

No hubo revolución rusa. El zarismo dominó el terrorismo, hecho que por el momento hasta condujo a todas las clases «respetuosas de la ley~ a los brazos del primero. Y durante los diecisiete años que pasaron desde la carta, el capitalismo y la disolución de la comunidad campesina en Rusia, han progresado enormemente. ¿Cómo se plantea la cuestión hoy, en 1894? Frente al despotismo zarista, inalterable después de las derrotas de la guerra de Crimea y del suicidio del zar Nicolás, sólo había un camino posible, esto es, la transición más rápida posible a la industria capitalista. Los ejércitos habían muerto durante las largas marchas por el enorme imperio hacia el teatro de guerra. Las distancias tenían que superarse con una red estratégica de ferrocarriles. Pero los ferrocarriles significan industria capitalista y la transformación del primitivo sistema ~e agri~ltura. Por una parte, los productos agrícolas de as I"eglones más remotas se enviaban directamente al mercado mundial; por ]a otra, un sistema ferroviario extenso no puede mantenerse sin una industria nacional qUe produzca rieles, locomotoras, vagones, etc. Pero no puede introducirse una rama de la industria en gran escala sin aceptar todo el sistema. Una industria textil re .

l~tivamente moderna, que se había arraigado ya en la l"egión de Moscú y Vladimir, así como a lo largo de las tltth costas del Báltico. experimentó un nuevo adelanto. la extensión de los bancos existentes y la fundación de otros nuevos estaba ligada a los ferrocarriles y las fá. bricas. La liberación de los campesinos de la servidumbre creó la movilidad, a la espera de lo q~e de irunediato siguió naturalmente: la desafectación de gran parte de estos campesinos de 13 propiedad de la tierra. De manera pues. que en poco tiempo se dieron en Rusia todas las bases del sistema capitalista de producción. Sin embargo, el hacha había llegado también hasta las raíces de la comunidad aldeana.

Es inútil lamentarlo ahora. Si después de la guerra de Crimea el despotismo zarista hubiese sido reempla. zado por un gobierno parlamentario directo de nobles y burócratas. entonces quizás el proceso podría haberse demorado algo. Si la naciente burguesía hubiese tomado el timón, por cierto que se hubiese acelerado. Estando las cosas como estaban no había otra opción. Junto al Segundo Imperio de Francia. junto al brillante crecimiento de la industria capitalista en Inglaterra. no podía esperarse que Rusia, en razón de sus comunidades campesinas se abandonase sin más a la experimentación socialista estatal iniciada desde arriba. Sucedió lo que sólo era posible que sucediese en esas circunstancias, y como siempre ocurre en todos los países que tienen un sistema de producción de mercancías inconsciente de él en su mayor parte, en forma completamente mecánica sin tener idea de lo que pasa.

Entonces vino el nuevo período de revoluciones manejadas desde arriba, que empezaron en Alemania, y con ellas un período de crecimiento del socialismo en todos los países europeos. Rusia tomó parte en el movimiento general. AqlÚ -como es evidente- este movimiento tomó la forma de un ataque para derrocar el despotismo zarista, para obtener la libertad intelectual y política de la nación. La creencia en la fuerza mágica de la comuna campesina, de la que se suponía que sobrevendría necesariamente este renacimiento social --creencia de la que, I egún vimos, Chenyschevsky me responsable en algún s do--, hizo lo suyo para aumentar el entusiasmo Y la ~rgía de la heroica vanguardia rusa. No discutiremos con el par de cientos de hombres y mujeres que con sus sacrificios y arrojo llevaron al absolutismo zarista al punto en que debió considerar la posibilidad y las con I'i diciones de una capitulación, cuando declaran que su pueblo ruso es el elegido para la revolución social. Pero no por eso tenemos que compartir su ilusión. Pasó para siempre la época de los pueblos elegidos. 1111 pero durante esta lucha, el capitalismo hizo rápidos progresos en Rusia. y consiguió más de lo que el terrorismo había conseguido, esto es llevar al zarismo a capitular. El zarismo necesitaba dinero. No sólo para los lujos de su corte, su burocracia, sobre todo para su ejército y su política exterior que se basa en el soborno, sino también para su lamentable sistema de finanzas públicas y correspondientemente para su torpe política ferroviaria. Los países extranjeros no querían o no podían ya enjugar los déficit del zar; la patria tenía que ayudar. Había que suscribir en el propio país una parte de las acciones ferroviarias y también una parte de los préstamos. La primera victoria de la burguesía rusa fueron las concesiones ferroviarias. que adjudicaron todos los futuros beneficios y los accionistas, pero cargaron al Estado todas las pérdidas. Después vinieron los subsidios y boro \1 ficadones para las empresas industriales, tarifas protectoras para beneficio de las industrias locales que finalmente hicieron virtualmente imposible la importación de muchos artículos. El Estado ruso, por sus deudas ilimitadas y su casi ausencia de crédito exterior, tenía interés fiscal directo en un desarrollo provocado de la industria na ~ional. Necesitaba constantemente oro para pagar los intereses, de su deuda externa. Pero en Rusia no hay oro, ya que no circula más que el papel moneda. Una parte lo proporciona el decreto en virtud del cual parte de las tarifas aduaneras tienen que pagarse en oro, lo que, incidentalmente, aumenta esas tarifas en un cincuenta por ciento. Pero se plantea conseguir la mayor parte con el exceso de exportaciones de materias primas sobre las importaciones de productos de la industria extran}e_ ra. El gobierno compra con papel las divisas extranjeras que proceden de este exceso y recibe oro a cambio. De manera que si el gobierno quiere pagar los intereses de sus deudas externas con medíos que no sean, en verdad, nuevos préstamos del extranjero, debe fomentar el rápido fortalecimiento de la industria rusa como para satisfacer toda la demanda interna. De ahí la insistenda en el sentido de que Rusia debe llegar a ser un país in ~.

dustrial autosuficiente, independiente de los países extranjeros. De ahí los esfuerzos febriles del gobierno para llevar a su cenit el desarrollo capitalista de Rusia. Porque a menos que esto suceda, no queda ya otra cosa que hacer que recurrir a las reservas de guerra de metales preciosos apilados en el Banco del Estado y en la Tesorería del Estado o, peor aún, a la bancarrota nacional. y cualesquiera de estas dos cosas significaría el fin de la política exterior rusa.

Hay algo claro; en esas circunstancias, la joven burguesía tiene por completo al Estado en su poder. En todas las cuestiones económicas importantes el Estado tiene que estar subordinado a la burguesía. Si mientras tanto tolera todavía la autocracia despótica del zar y sus funcionarios, es sólo porque esta autocracia, atemperada hasta ahora por la corrupción de la burocracia, le ofrece más garantías que un cambio -aun con su dirección liberal burguesa- cuyas consecuencias no pueden preverse dada la situación interna de Rusia. De manera, pues, que la transfonnación del país en una nación capitalista industrial, la proletarización de gran parte de sus campesinos y la decadencia de las antiguas comunidades de tipo comunista-primitivo progresan a un ritmo aún más rápido.

No pretendo saber si se ha conservado lo suficiente :04 de esta comunidad, de manera que, como Marx y yo esperábamos, todavía en 1882, pueda servir de punto de partida de una evolución comunista, en consonancia con una revolución en Europa occidental, si ésta sucediese. Sin embargo, lo cierto es que si ha de conservarse un resto de estas comunidades, la primera condición es el derrocamiento del despotismo zarista, la revolución en Rusia Esta revolución no sólo rescataria a la gran masa de la nación, los campesinos, dd aislamiento de sus aldeas, del mir, que es su mundo, y los colocaría en el gran escenario donde podrían aprender a conocer el mundo extranjero Y conocerse con él, conocer su con· dición y los medíos para librarse de su actual pobreza, sino que dará también un ímpetu nuevo al movimiento de la clase trabajadora de Occidente, y la pondrá en mejores condiciones para la lucha. De manera que apurará la victoria del moderno proletariado industrial, sin el cual la Rusia contemporánea no puede escapar de la comuna ni del capitalismo para dirigirse hacia una transformación socialista. Intenratiemales aus dem "Volksstaat» 1884.

Traducción castellana tomada de Marx y Engels contra Rusia, pp. 239·252, Y cotejada con la versión italiana.