El vicario de Bray

Traducido del inglés por Friedrich Engels

Escrito a principios de septiembre de 1882.

[“Der Sozialdemokrat” núm. 37, del 7 de septiembre de 1882]

En tiempos de Carlos, cuando aún cabía
hallar lealtad,
yo a la Alta Iglesia servía
y obtuve prebendas así.
El rey es puesto por Dios
—decía yo a mis ovejas—
y quien le hace frente, incluso le ofende,
recibe la pena infernal.
Pues esto vale, y permanece,
hasta mi fin ha de ser verdad:
que quienquiera que sea rey en el país,
en Bray quiero ser vicario
yo.

Jacobo ocupó el trono:
el papado fue honrado entonces;
y hubo que mudar
la persecución de católicos en lo contrario.
Ya a mí también, pensé, me venían bien
la Iglesia de Roma y las órdenes;
de no haber venido la revolución,
yo me habría hecho jesuita.
Pues esto vale, y permanece,
hasta mi fin ha de ser verdad:
que quienquiera que sea rey en el país,
en Bray quiero ser vicario
yo.

Cuando llegó el rey Guillermo, el héroe,
y salvó la libertad,
yo orienté mi vela
según la novedad de este viento.
La obediencia servil de tiempos anteriores
quedó pronto despachada:
¡Ofreced resistencia a la tiranía!,
tal se predicaba entonces.
Pues esto vale, y permanece,
hasta mi fin ha de ser verdad:
que quienquiera que sea rey en el país,
en Bray quiero ser vicario
yo.

Cuando Ana fue reina,
la gloria de la Iglesia nacional
tuvo otro sentido,
y entonces me convertí en un tory.
Por la integridad de nuestra Iglesia
se imponía celar ahora,
y a la moderación y a la laxitud
denigrarlas como pecados.
Pues esto vale, y permanece,
hasta mi fin ha de ser verdad:
que quienquiera que sea rey en el país,
en Bray quiero ser vicario
yo.

Cuando el rey Jorge trajo al país
una política moderada, señor mío,
volví a cambiar la casaca
y me convertí en un whig, señor mío.
Esto fue lo que me dio prebendas
y favor ante el regente;
asimismo renegaba casi a diario
tanto del papa como de los pretendientes.
Pues esto vale, y permanece,
hasta mi fin ha de ser verdad:
que quienquiera que sea rey en el país,
en Bray quiero ser vicario
yo.

A la alta dinastía de Hannover
—con exclusión de los papistas—
le juro fidelidad mientras
logre mantenerse en el trono.
Pues mi fidelidad no vacila jamás
—salvo cambios—
y Jorge sea mi príncipe y señor
hasta que otros tiempos lleguen.
Pues esto vale, y permanece,
hasta mi fin ha de ser verdad:
que quienquiera que sea rey en el país,
en Bray quiero ser vicario
yo.

La canción precedente es probablemente la única canción popular política que se ha conservado en favor en Inglaterra desde hace más de ciento sesenta años. Debe esto, en buena medida, también a su espléndida melodía, que aún hoy se canta de manera general. Por lo demás, incluso confrontada a nuestras actuales condiciones alemanas, la canción no está en absoluto anticuada. Solo que, como es debido, entre tanto hemos hecho progresos. El buen vicario original no necesitaba más que cambiar su casaca a cada cambio de trono. Pero nosotros, los alemanes, por encima de nuestros numerosos vicarios políticos de Bray, tenemos un auténtico papa de Bray que demuestra su infalibilidad revolucionando a fondo, y en intervalos cada vez más cortos, toda la doctrina política de fe. Ayer librecambio, hoy aranceles proteccionistas; ayer libertad de industria, hoy gremios forzosos; ayer *Kulturkampf*, hoy marchar a Canossa con banderas desplegadas — ¿y por qué no? *Omnia in majorem Dei gloriam* (Todo para mayor gloria de Dios), lo que en alemán significa: todo para sacar más impuestos y más soldados. Y los pobres vicarios pequeños tienen que seguirles, tienen que, una y otra vez, como ellos mismos lo llaman, “saltar por encima del bastón”, y muy a menudo sin recompensa alguna. ¡Con qué desprecio miraría nuestro viejo y recio vicario a estos diminutos imitadores suyos — él, que se siente todavía orgulloso del coraje con que sostiene su posición a través de todas las tormentas!

Fr. Engels