El escrito que sigue ha surgido de tres capítulos de mi trabajo: "La revolución de la ciencia del señor E. Dühring", Leipzig, 1878. Los compuse para mi amigo Paul Lafargue con vistas a su traducción al francés y añadí algunas exposiciones más amplias. La traducción francesa, revisada por mí, apareció primero en la "Revue socialiste" y luego de forma independiente con el título: "Socialisme utopique et socialisme scientifique", París, 1880. Una versión al polaco realizada a partir de la traducción francesa acaba de aparecer en Ginebra y lleva el título: "Socyjalizm utopijny a naukowy". Imprimerie de l'Aurore, Genève, 1882.

El sorprendente éxito de la traducción de Lafargue en los países de lengua francesa y señaladamente en la propia Francia hubo de imponerme la pregunta de si no sería también de utilidad una edición alemana por separado de estos tres capítulos. Entonces la redacción del "Sozialdemokrat" de Zúrich me comunicó que dentro del partido socialdemócrata alemán se alzaba de manera generalizada la exigencia de publicar nuevos folletos de propaganda, y me preguntó si yo no querría destinar a tal fin aquellos tres capítulos. Naturalmente, estuve de acuerdo con ello y puse mi trabajo a disposición.

Pero originariamente no había sido escrito en absoluto para la propaganda popular directa. ¿Cómo iba un trabajo en principio puramente científico a prestarse para ello? ¿Qué cambios de forma y de contenido eran necesarios?

En lo que respecta a la forma, solo los muchos extranjerismos podían suscitar reparos. Pero ya Lassalle no era en absoluto parco en extranjerismos en sus discursos y escritos de propaganda, y que yo sepa nadie se ha quejado de ello. Desde aquella época, nuestros obreros han leído periódicos mucho más y con mucha mayor regularidad y por ello se han familiarizado en el mismo grado más con los extranjerismos. Yo me he limitado a eliminar todos los extranjerismos innecesarios. En los inevitables he renunciado a añadir las llamadas traducciones explicativas. Los extranjerismos inevitables, en su mayoría términos científico-técnicos generalmente aceptados, no serían precisamente inevitables si fueran traducibles. La traducción falsea, pues, el sentido; en vez de explicar, confunde. La información oral ayuda aquí mucho más.

En cuanto al contenido, en cambio, creo poder afirmar que planteará pocas dificultades a los obreros alemanes. Difícil es en general solo la tercera sección, pero a los obreros, cuyas condiciones generales de vida resume, mucho menos que a los burgueses "cultos". En las numerosas adiciones explicativas que he hecho aquí, he pensado de hecho menos en los obreros que en los lectores "cultos"; gentes, por ejemplo, como el señor diputado von Eynern, el señor consejero íntimo Heinrich von Sybel y otros Treitschkes, dominados por el irresistible impulso de poner una y otra vez negro sobre blanco, para regocijo general, su espantosa ignorancia y su, por ello comprensible, colosal malentendido del socialismo. Si Don Quijote enristra su lanza contra molinos de viento, eso es propio de su oficio y entra en su papel; pero a Sancho Panza no podemos permitirle en modo alguno algo semejante.

Tales lectores se asombrarán también de topar, en una historia esbozada del desarrollo del socialismo, con la cosmogonía de Kant-Laplace, con la ciencia natural moderna y Darwin, con la filosofía clásica alemana y Hegel. Pero el socialismo científico es, de una vez por todas, un producto esencialmente alemán y solo pudo surgir en la nación cuya filosofía clásica había mantenido viva la tradición de la dialéctica consciente: en Alemania
(1)
. La concepción materialista

de la historia y su aplicación especial a la lucha de clases moderna entre proletariado y burguesía solo fue posible por medio de la dialéctica. Y si los dómines de la burguesía alemana han ahogado el recuerdo de los grandes filósofos alemanes y de la dialéctica sustentada por ellos en el cenagal de un yermo eclecticismo, hasta tal punto que nos vemos forzados a apelar a la ciencia natural moderna como testigo de la confirmación de la dialéctica en la realidad…, nosotros, los socialistas alemanes, estamos orgullosos de descender no solo de Saint-Simon, Fourier y Owen, sino también de Kant, Fichte y Hegel.

Londres, 21 de septiembre de 1882

Friedrich Engels

Notas a pie de página de Friedrich Engels

(1)
"En Alemania" es un lapsus calami. Debe decir: "entre alemanes". Pues así como la dialéctica alemana era ineludible por un lado en la génesis del socialismo científico, igualmente ineludibles eran para ello las desarrolladas relaciones económicas y políticas de Inglaterra y de Francia. La etapa de desarrollo económico y político de Alemania, atrasada a comienzos de los años cuarenta aún mucho más que hoy, solo podía engendrar a lo sumo caricaturas socialistas (cf. "Manif. Comun.", III, l.c.: "El socialismo alemán o 'verdadero'"). Solo cuando las condiciones económicas y políticas engendradas en Inglaterra y en Francia fueron sometidas a la crítica dialéctica alemana, solo entonces pudo obtenerse un resultado real. Por este lado, pues, el socialismo científico no es un producto exclusivamente alemán, sino en igual medida un producto internacional. [Esta nota a pie de página fue introducida por Engels en la tercera edición alemana de 1883.]