Artículos de Engels en el _Labour Standard_ 1881

Two Model Town Councils

Hemos prometido a nuestros lectores mantenerlos informados acerca de los movimientos de los obreros, tanto en el extranjero como en nuestro propio país. De cuando en cuando hemos podido dar algunas noticias de América, y hoy estamos en condiciones de comunicar algunos hechos de Francia; hechos de tal importancia que bien merecen ser discutidos en nuestras columnas principales.

En Francia no conocen los numerosos sistemas de votación pública que todavía están en uso en este país. En lugar de tener un tipo de sufragio y modo de votación para las elecciones parlamentarias, otro para las municipales, un tercero para las de las juntas parroquiales, etc., el sufragio universal simple y la votación secreta son la regla en todas partes. Cuando se formó el Partido Obrero Socialista en Francia, [1] se resolvió presentar candidatos obreros no solo para el Parlamento, sino también para todas las elecciones municipales; y, en efecto, en la última renovación de los Ayuntamientos de Francia, que tuvo lugar el 9 de enero pasado, el joven partido salió victorioso en un gran número de ciudades fabriles y de comunas rurales, especialmente mineras. No solo consiguieron candidatos individuales; en algunas partes lograron obtener la mayoría en los ayuntamientos, y al menos un ayuntamiento, como veremos, estaba compuesto únicamente por obreros. [2]

Poco antes de la fundación del _Labour Standard_, hubo una huelga de obreros fabriles en la ciudad de Roubaix, cerca de la frontera belga. El gobierno envió de inmediato tropas para ocupar la ciudad y, bajo el pretexto de mantener el orden (que jamás se vio amenazado), intentó provocar a los huelguistas a cometer actos que pudiesen servir de pretexto para la intervención de las tropas. Pero la gente permaneció tranquila, y una de las principales razones que les hizo resistir todas las provocaciones fue la actuación del Ayuntamiento. Este estaba compuesto, en su mayoría, por obreros. El asunto de la huelga se llevó ante él y fue ampliamente discutido. El resultado fue que el Ayuntamiento no solo declaró que los huelguistas tenían razón, sino que votó efectivamente la suma de 50.000 francos, o 2.000 libras esterlinas, en apoyo de los huelguistas. Ese subsidio no pudo pagarse, pues según la ley francesa el prefecto del departamento tiene derecho a anular cualesquiera resoluciones de los Ayuntamientos que considere que exceden sus atribuciones. Pero, no obstante, el fuerte apoyo moral así brindado a la huelga por la representación oficial del municipio fue de un valor inmenso para los obreros.

El 8 de junio, la Compañía Minera de Commentry, en el centro de Francia (departamento de Allier), despidió a 152 hombres que se negaron a someterse a condiciones nuevas y más desfavorables. Siendo esto parte de un sistema empleado desde hacía algún tiempo para introducir gradualmente peores condiciones de trabajo, la totalidad de los mineros, alrededor de 1.600, se declaró en huelga. El gobierno envió de inmediato las tropas de costumbre para intimidar o provocar a los huelguistas. Pero también aquí el Ayuntamiento tomó partido inmediatamente por la causa de los obreros. En su reunión del 12 de junio (un domingo, por cierto) aprobaron resoluciones en los siguientes términos: --

1. Considerando que es deber de la sociedad asegurar la existencia de aquellos que, con su trabajo, posibilitan la existencia de todos; y considerando que si el Estado se niega a cumplir este deber, las comunas están obligadas a cumplirlo, este Ayuntamiento resuelve obtener un préstamo de 25.000 francos (1.000 libras esterlinas) con el consentimiento de los habitantes de mayor contribución, suma que se destinará en beneficio de los mineros a quienes el injustificable despido de 152 de sus compañeros ha obligado a declararse en huelga.

Aprobada por unanimidad, contra el veto del Alcalde únicamente.

2. Considerando que el Estado, al vender la valiosa propiedad nacional de las minas de Commentry a una sociedad anónima, ha entregado con ello a los obreros allí empleados a la despiadada merced de dicha compañía; y considerando que, por consiguiente, el Estado está obligado a cuidar de que la opresión ejercida por la compañía sobre los mineros no llegue a un grado que amenace su propia existencia; considerando, sin embargo, que el Estado, al poner tropas a disposición de la compañía durante la presente huelga, ni siquiera ha conservado su neutralidad, sino que ha tomado partido por la compañía,

Este Ayuntamiento, en nombre de los intereses de la clase obrera que es su deber proteger, exhorta al subprefecto del distrito:

A retirar de inmediato las tropas, cuya presencia, totalmente innecesaria, no es más que una provocación; y

A intervenir ante el gerente de la compañía e inducirlo a revocar la medida que ha causado la huelga.

Aprobada por unanimidad.

En una tercera resolución, también aprobada por unanimidad, el Ayuntamiento, temiendo que la pobreza de la comuna frustre el préstamo votado más arriba, abre una suscripción pública en ayuda de los huelguistas y apela a todos los demás concejos municipales de Francia para que envíen subsidios con el mismo objeto.

He aquí, pues, una prueba contundente de la presencia de obreros, no solo en el Parlamento, sino también en los municipios y en todos los demás cuerpos locales. ¡Cuán diferentemente terminarían muchas huelgas en Inglaterra si los obreros tuvieran el Ayuntamiento de la localidad para respaldarlos! Los Ayuntamientos ingleses y las Juntas Locales, elegidos en gran medida por obreros, se componen en la actualidad casi exclusivamente de patronos, de sus agentes directos e indirectos (abogados, etc.) y, en el mejor de los casos, de tenderos. Apenas estalla una huelga o un cierre patronal, todo el poder moral y material de las autoridades locales se emplea a favor de los patronos y contra los obreros; incluso la policía, pagada del bolsillo de los obreros, se utiliza exactamente como en Francia se usan las tropas, para provocarlos a actos ilegales y perseguirlos. Las autoridades de la Ley de Pobres, en la mayoría de los casos, niegan la ayuda a hombres que, en su opinión, podrían trabajar si quisieran. Y es natural. A los ojos de esta clase de hombres, a quienes los trabajadores toleran que formen las autoridades locales, una huelga es una rebelión abierta contra el orden social, un ultraje contra los sagrados derechos de la propiedad. Y por lo tanto, en cada huelga o cierre patronal, todo el enorme peso moral y físico de las autoridades locales se arroja en la balanza de los patronos, ¡mientras la clase obrera consienta en elegir para los cuerpos electivos locales a patronos y representantes de los patronos!

Esperamos que la actuación de los dos Ayuntamientos franceses abra los ojos de muchos. ¿Se dirá por siempre, y también de los obreros ingleses, que «estas cosas las hacen mejor en Francia»? La clase obrera inglesa, con su antigua y poderosa organización, sus inmemoriales libertades políticas y su larga experiencia de acción política, posee inmensas ventajas sobre las de cualquier país continental. Sin embargo, los alemanes pudieron llevar doce representantes de la clase obrera al Parlamento, [3] y tanto ellos como los franceses tienen la mayoría en numerosos Ayuntamientos. Cierto es que el sufragio en Inglaterra está restringido; pero aún ahora la clase obrera tiene mayoría en todas las grandes ciudades y distritos fabriles. No tienen más que quererlo, y esa mayoría potencial se convierte de inmediato en efectiva, en un poder en el Estado, en un poder en todas las localidades donde se concentran los trabajadores. Y una vez que tengáis obreros en el Parlamento, en los Ayuntamientos y en las Juntas Locales de Guardianes, [4] etc., ¿cuánto tiempo pasará hasta que haya también magistrados obreros, capaces de poner trabas a esas pandillas de Dogberries que ahora tan a menudo pisotean al pueblo?