Correspondencia Marx-Zasulich, febrero/marzo de 1881

El «Segundo» borrador

I. He mostrado en El Capital que la [transformación] metamorfosis de la producción feudal en producción capitalista tuvo su punto de partida en la expropiación de los productores; y, en particular, que «la expropiación del productor agrícola, del campesino, de la tierra es la base de todo el proceso» (pág. 315 de la edición francesa). Y continúo: «Sólo en Inglaterra se ha llevado a cabo (la expropiación del productor agrícola) de manera radical. … Todos los demás países de Europa Occidental siguen el mismo camino» (loc. cit.).

Por tanto, [al escribir estas líneas] restringí expresamente [el desarrollo en cuestión] esta «inevitabilidad histórica» a «los países de Europa Occidental». Para que no quede la menor duda acerca de mi pensamiento, digo en la pág. 341: «La propiedad privada, como antítesis de la propiedad social, colectiva, sólo existe allí donde … las condiciones externas del trabajo pertenecen a individuos particulares. Pero según si estos individuos particulares son trabajadores o no-trabajadores, la propiedad privada reviste un carácter distinto.»

Así pues, el proceso que yo [describía] analizaba sustituía una forma de propiedad privada fragmentada de los trabajadores —propiedad capitalista(a) de una ínfima minoría (loc. cit., pág. 342)—, sustituía una forma de propiedad por otra. ¿Cómo [podría aplicarse] se aplicaría a Rusia, donde la tierra no es ni nunca ha sido la propiedad privada del productor agrícola? [En todo caso, quienes creen que la disolución de la propiedad comunal es una necesidad histórica en Rusia no pueden, en ningún supuesto, probar tal necesidad a partir de mi relato del curso inevitable de las cosas en Europa Occidental. Por el contrario, tendrían que aducir argumentos nuevos enteramente independientes del curso que yo he descrito. Lo único que pueden aprender de mí es esto:] Por tanto, la única conclusión que estarían autorizados a extraer del curso de las cosas en Occidente es la siguiente: si ha de implantarse la producción capitalista en Rusia, el primer paso ha de ser la abolición de la propiedad comunal y la expropiación de los campesinos, es decir, de la gran masa del pueblo. De todas maneras, ése es el deseo de los liberales rusos [que quieren naturalizar la producción capitalista en su propio país y, de manera consecuente, transformar a la gran masa de los campesinos en simples asalariados], pero ¿prueba su deseo más que el deseo de Catalina II de [injertar] implantar el régimen artesanal medieval de Occidente en suelo ruso?

[Puesto que la tierra de los campesinos rusos es su propiedad común y nunca ha sido su propiedad privada…]

[En Rusia, donde la tierra no es ni nunca ha sido la «propiedad privada» del campesino, la transformación, la metamorfosis de esta, de semejante, propiedad privada en propiedad capitalista carece de sentido, es imposible, queda por tanto descartada. La única conclusión que cabría extraer es que… Todo lo que puede concluirse de los datos occidentales… Si se quiere extraer alguna indicación, lección, de los datos (occidentales)…]

[El observador más simple no podría negar que se trata de dos casos enteramente distintos. En todo caso, el proceso occidental…]

Así pues, [el proceso que he analizado] la expropiación de los productores agrícolas en Occidente sirvió para «transformar la propiedad privada fragmentada de los trabajadores» en la propiedad privada concentrada de los capitalistas. Pero siempre fue la sustitución de una forma de propiedad privada por otra forma de propiedad privada. [¿Cómo, entonces, podría aplicarse ese mismo proceso a la tierra en Rusia, a los productores agrícolas rusos cuya tierra no es y nunca ha sido… cuya propiedad sobre la tierra siempre fue «comunal» y nunca ha sido «privada»? El mismo proceso histórico que [yo analizaba] tal como se realizó en Occidente…] En Rusia, por el contrario, se trataría de sustituir la propiedad comunista por la propiedad capitalista [de los cultivadores de la tierra, un proceso que evidentemente sería del todo…].

¡Sí, en verdad! Si la producción capitalista ha de establecer su dominio en Rusia, entonces la gran mayoría de los campesinos —es decir, del pueblo ruso— tendrá que ser transformada en asalariados y, por consiguiente, ser expropiada mediante la previa abolición de su propiedad comunista. Pero, en cualquier caso, el precedente occidental no probaría absolutamente nada [sobre la «inevitabilidad histórica» de este proceso].

II. Los «marxistas» rusos de los que usted habla me son completamente desconocidos. Hasta donde yo sé, los rusos con los que mantengo vínculos personales sostienen opiniones totalmente opuestas.

III. Desde un punto de vista histórico, el único argumento serio [que puede invocarse] a favor de la inevitable disolución de la propiedad comunal en Rusia es el siguiente: la propiedad comunal existió en todas partes de Europa Occidental y desapareció en todas partes con el progreso de la sociedad; [¿por qué habría de ser diferente su suerte en Rusia?] ¿cómo, pues, podría escapar al mismo destino en Rusia?

Ante todo, en Europa Occidental, la muerte de la propiedad comunal [y la emergencia] y el nacimiento de la producción capitalista están separados por un enorme intervalo [de siglos] que abarca toda una serie de sucesivas revoluciones y evoluciones económicas, [La muerte de la propiedad comunal no dio nacimiento a la producción capitalista,] de las cuales la producción capitalista no es sino [la última] la más reciente. Por un lado, ha desarrollado maravillosamente las fuerzas productivas sociales, pero por otro ha [traicionado] puesto de manifiesto su incompatibilidad con las propias fuerzas que engendra. Su historia no es ya más que una historia de antagonismos, crisis, conflictos y catástrofes. Por último, ha revelado su carácter puramente transitorio a todos excepto a quienes tienen interés en permanecer ciegos. Los pueblos entre los cuales alcanzó su cúspide más alta en Europa y [los Estados Unidos de] América sólo buscan romper sus cadenas reemplazando la producción capitalista por la producción cooperativa, y la propiedad capitalista por una forma superior del tipo arcaico de propiedad, es decir, la propiedad [colectiva] comunista.

Si Rusia estuviera aislada en el mundo, tendría que desarrollar por su propia cuenta las conquistas económicas que Europa Occidental sólo adquirió a través de una larga serie de evoluciones desde sus comunidades primitivas hasta la situación actual. Entonces no habría duda alguna, al menos en mi pensamiento, de que las comunidades rusas están condenadas a perecer con el desarrollo de la sociedad rusa. Sin embargo, la situación de la comuna rusa es absolutamente diferente de la de las comunidades primitivas en Occidente [en Europa Occidental]. Rusia es el único país europeo en el que la propiedad comunal se ha mantenido en una escala vasta, nacional. Pero al mismo tiempo, Rusia existe en un contexto histórico moderno: es contemporánea de una cultura superior y está vinculada a un mercado mundial en el que predomina la producción capitalista.

[Por tanto, es la producción capitalista la que le permite alcanzar resultados sin tener que pasar por sus…]

Así pues, al apropiarse de los resultados positivos de este modo de producción, puede desarrollar y transformar la forma aún arcaica de su comuna rural, en lugar de destruirla. (Señalaré de paso que la forma de propiedad comunista en Rusia es la forma más moderna del tipo arcaico, que a su vez ha pasado por toda una serie de modificaciones evolutivas.)

Si los admiradores del sistema capitalista en Rusia niegan que tal combinación sea posible, ¡que demuestren que Rusia tuvo que pasar por un período de incubación de la producción mecánica para poder emplear la maquinaria! ¡Que me expliquen cómo se las arreglaron, en algo así como unos pocos días, para introducir la maquinaria del cambio (bancos, compañías de crédito, etc.) que fue obra de siglos en Occidente.

[Aunque el sistema capitalista ha pasado su apogeo en Occidente, acercándose al momento en que no será más que un régimen social, una forma regresiva, una formación «arcaica», sus admiradores rusos son…]

IV. La formación arcaica o primaria de nuestro globo contiene en sí misma una serie de estratos de diversas edades, superpuestos unos sobre otros. Análogamente, la formación arcaica de la sociedad presenta una serie de tipos diferentes [que en conjunto forman una serie ascendente], que marcan una progresión de épocas. La comuna rural rusa pertenece al tipo más reciente de esta cadena. Ya el productor agrícola posee en propiedad privada la casa en la que vive, junto con su huerto anexo. Este es el primer elemento, desconocido para los tipos más antiguos, que disuelve la forma arcaica [y que puede servir como transición de la forma arcaica a…]. Por otra parte, todos esos tipos más antiguos descansan sobre relaciones de parentesco natural entre los miembros de la comuna, mientras que el tipo al que pertenece la comuna rusa está emancipado de ese estrecho vínculo. Por esta misma razón, es por tanto capaz de un desarrollo más amplio. El aislamiento de las comunas rurales, la falta de conexión entre la vida de las distintas comunas —ese microcosmos localizado [que habría constituido la base natural de un despotismo central]— no aparece en todas partes como una característica inmanente del tipo primitivo. Pero dondequiera que se encuentra, conduce a la formación de un despotismo central por encima de las comunas. Me parece que en Rusia [la vida aislada de las comunas rurales desaparecerá] este aislamiento, impuesto originariamente por la vasta extensión del país, puede ser superado fácilmente una vez que se eliminen las trabas gubernamentales.

Esto me lleva al meollo de la cuestión. No se puede ocultar que el tipo arcaico, al cual pertenece la comuna rural rusa, encierra un dualismo interno que, dadas ciertas condiciones históricas, puede acarrear su ruina [su disolución]. Existe la propiedad común de la tierra, pero [por otra parte, en la práctica el trabajo de cultivo o producción se realiza en pequeñas parcelas campesinas] cada campesino cultiva y trabaja [su parcela, cosecha los frutos de su campo] su campo por su propia cuenta, como el pequeño campesino occidental.

Propiedad comunal y cultivo en pequeñas parcelas: esta combinación [que solía ser un elemento (fertilizante) de progreso, el desarrollo de la agricultura], útil en tiempos más remotos, se vuelve peligrosa en nuestra propia época. Por un lado, la propiedad mobiliaria, que desempeña un papel cada vez más importante en la agricultura misma, diferencia gradualmente a los miembros de la comuna en términos de riqueza y da lugar a un conflicto de intereses, sobre todo bajo la presión fiscal del Estado; por otro lado, la superioridad económica de la propiedad comunal —como base del trabajo cooperativo y combinado— se pierde, pero no debe olvidarse, sin embargo, que los campesinos rusos ya practican el modo colectivo en el cultivo de sus prados comunes (praderas indivisas); que su familiaridad con la relación del artel podría facilitar enormemente su transición del cultivo en pequeñas parcelas a la agricultura colectiva; que la configuración física de la tierra rusa la hace apta para la agricultura mecánica en gran escala y combinada [con ayuda de máquinas]; y, por último, que la sociedad rusa, que durante tanto tiempo ha vivido a expensas de la comuna rural, le debe los fondos iniciales necesarios para semejante cambio. Lo que está en juego, por supuesto, es sólo un cambio gradual que comenzaría por crear condiciones normales para la comuna sobre su base actual.

V. Dejando a un lado todas las cuestiones de índole más o menos teórica, no tengo que deciros que la existencia misma de la comuna rusa se halla hoy amenazada por una conspiración de intereses poderosos. Un determinado tipo de capitalismo, fomentado por el Estado a costa de los campesinos, se ha alzado contra la comuna y ha encontrado interés en sofocarla. También los terratenientes tienen interés en convertir a los campesinos más o menos acomodados en una clase media agrícola y en transformar a los campesinos pobres —es decir, la masa— en meros asalariados, esto es, en mano de obra barata. ¡Cómo puede resistir una comuna, golpeada como se halla por las exacciones del Estado, saqueada por el comercio, explotada por los terratenientes y minada desde dentro por la usura!

Lo que amenaza la vida de la comuna rusa no es ni una fatalidad histórica ni una teoría; es la opresión estatal y la explotación por parte de intrusos capitalistas a los que el Estado ha hecho poderosos a costa de los campesinos.