Al presidente del mitin eslavo, convocado el 21 de marzo de 1881 con motivo del aniversario de la Comuna de París
Escrito el 21 de marzo de 1881.
Del inglés.

¡Ciudadano!

Con gran pesar tenemos que comunicarle que no estamos en condiciones de estar presentes en su mitin.

Cuando la Comuna de París sucumbió a la horrible masacre organizada por los defensores del «orden», los vencedores difícilmente sospechaban que no transcurrirían diez años sin que en la lejana Petersburgo se desarrollara un acontecimiento que, aunque tal vez tras largas y violentas luchas, habría de conducir finalmente y con seguridad a la instauración de una Comuna rusa.

Tampoco sospechaban que el rey de Prusia, que había preparado la Comuna al sitiar París y obligar con ello a la burguesía dominante a armar al pueblo, que ese mismo rey de Prusia, diez años más tarde, sitiado por los socialistas en su propia capital, solo podría mantener su trono declarando el estado de sitio en su capital Berlín.

Los gobiernos del continente que, tras la caída de la Comuna, obligaron a la Asociación Internacional de los Trabajadores, mediante sus persecuciones, a abandonar su organización formal externa —esos gobiernos que creían poder aniquilar el gran movimiento obrero internacional por medio de decretos y leyes especiales, no sospechaban, por otra parte, que diez años más tarde ese mismo movimiento obrero internacional sería más poderoso que nunca y abarcaría a la clase obrera no solo de Europa, sino también de América, y que la lucha común por intereses comunes contra un enemigo común la uniría en una nueva y más grande Internacional espontánea, que supera cada vez más todas las formas externas de asociación.

Así, la Comuna que las potencias del viejo mundo creían haber exterminado, vive una vida más pujante que nunca, y así podemos unirnos a ustedes en el grito: «¡Vive la Commune!».