Friedrich Engels

[La ley de excepción contra los socialistas en Alemania - La situación en Rusia]

Del italiano.

["La Plebe" Nº 12 del 30 de marzo de 1879]

 Londres, 21 de marzo

... Los últimos triunfos electorales socialistas en Alemania demuestran que no se puede estrangular el movimiento socialista amordazándole la boca. Más bien, la ley contra los socialistas tendrá para nosotros un resultado excelente. Completará la educación revolucionaria de los obreros alemanes...

Ellos gozaban de ese grado de libertad de prensa, de asociación y de reunión que habían conquistado con grandes esfuerzos y con grandes sacrificios; era una lucha constante, pero al final la victoria quedaba siempre del lado de los obreros. Podían organizarse y, cada vez que había elecciones generales, éstas constituían para ellos un nuevo triunfo.

Esta agitación legal condujo, sin embargo, a que algunos creyeran que no hacía falta hacer nada más para alcanzar la victoria final del proletariado. Esto podía volverse peligroso en un país tan pobre en tradiciones revolucionarias como Alemania. Afortunadamente, la acción brutal de Bismarck y la cobardía de la burguesía alemana, que lo apoya, han cambiado las cosas. Los obreros alemanes han experimentado lo que valen las libertades constitucionales en cuanto el proletariado se permite tomarlas en serio y hacer uso de ellas para combatir la dominación capitalista. Si aún quedaban ilusiones al respecto, el amigo Bismarck las ha disipado sin contemplaciones. Digo
amigo
Bismarck, porque nadie antes que él ha prestado tales servicios al movimiento socialista en Alemania. Después de haber preparado la revolución mediante el militarismo más refinado e insoportable, mediante impuestos en constante aumento, mediante la alianza del Estado con la más desvergonzada usura bursátil, mediante el retorno a las tradiciones del más atroz feudalismo y de la dominación

policial de la vieja Prusia, mediante las persecuciones, tan numerosas como mezquinas, y mediante el envilecimiento y la humillación pública de una burguesía que, por lo demás, no merecía mejor trato, después de haber preparado así la revolución, coronó su obra obligando al proletariado alemán a emprender el camino revolucionario.

El amigo Bismarck puede estar tranquilo. La revolución que tan bien ha preparado, los obreros alemanes ya la harán. Cuando la señal sea dada desde Rusia, ellos estarán listos.

Desde hace algunos años vengo llamando la atención de los socialistas europeos sobre el estado de Rusia, donde se prepara un movimiento decisivo. La lucha entre el gobierno y las sociedades secretas ha adquirido allí un carácter tan violento que no puede prolongarse mucho tiempo. Parece que el movimiento puede estallar de un día para otro. Los agentes del gobierno cometen allí crueldades increíbles. Contra tales bestias feroces hay que defenderse, como mejor se pueda, con pólvora y plomo. En Rusia, el asesinato político es el único medio que tienen las personas inteligentes, honestas y de carácter firme para defenderse de los agentes de un despotismo inaudito.

La poderosa conspiración en el ejército e incluso en la corte imperial, la conciencia nacional humillada por las derrotas diplomáticas después de la guerra, las arcas del Estado vacías, el crédito quebrantado, los banqueros que se niegan a conceder empréstitos si no están garantizados por una Asamblea Nacional, y, por último, la miseria. Éste es el balance de Rusia.

F. Engels