[Conspecto del debate del Reichstag

sobre la ley contra los socialistas]

Sesión del Reichstag del 16 y 17 de septiembre de 1878

El vice-Bismarck —von Stolberg— habló 4 minutos, 7 segundos.

¡Del informe estenográfico!

Reichstag. 4.ª sesión. Lunes, 16 de septiembre de 1878.

Presidente: Forckenbeck.

(Se abre la sesión a las 11 y 30 minutos. Se levanta a las 3 y 40 minutos.)

El representante del Canciller del Reich, ministro de Estado conde de Stolberg-Wernigerode:

«Se tratará... de que se procure que en lo futuro no pueda proseguirse esta agitación bajo cualquier apariencia de legalidad.»

De los discursos de la sesión del 16 de septiembre.
¡Atentado!

Bebel: «Señores, al comienzo de la reunión de hoy, tanto por parte del representante del Canciller del Reich como, hace unos días, en el discurso del trono y asimismo en los motivos de la ley que se nos presenta, se ha señalado de manera especial los atentados; todos los oradores de hoy han tocado también, en mayor o menor medida, los atentados, y todos los han calificado como la ocasión más inmediata para esta ley de excepción, y nada hay más evidente que el hecho de que ellos fueron la causa. — Pues bien, señores, era de esperar razonablemente que el gobierno se expresase de manera clara y precisa al respecto, que demostrase qué descubrimientos había hecho, qué hechos incriminatorios se habían sacado a la luz contra nosotros, que probasen una relación, aunque solo fuera ideal, de los autores de los atentados con la socialdemocracia. Pero hasta hoy no ha ocurrido nada semejante; todo ha quedado en palabras vacías e imputaciones. Sin embargo, se ha seguido repitiendo la consigna: “La socialdemocracia es culpable de los atentados.” La imputación es: “La socialdemocracia es el partido de los asesinos del Emperador”, etc. ... No estamos dispuestos en absoluto a tolerar que hoy todavía

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se guarde silencio ... Nos interesa en primer lugar vivamente saber qué contienen los numerosos protocolos que se han levantado con motivo de los atentados. Queremos saber, sobre todo, qué ha salido a la luz en los extraordinariamente numerosos interrogatorios que han tenido lugar en las más diversas regiones de Alemania, con correligionarios nuestros y con personas no afiliadas, con gentes de las más distintas tendencias que, aun remotamente, han estado en relación con los autores de los atentados. Nosotros, sobre quienes se quiere cargar la culpa y la responsabilidad, exigimos por fin claridad. Especialmente también en lo tocante al último atentado, que fue la ocasión más inmediata para la nueva elección del Reichstag y para la presentación de esta ley... Me retiré» (de “Vorwärts”, donde se había informado sobre el Dr. Nobiling, esto el 2 de junio [1878] a altas horas de la noche), «muy satisfecho de lo oído, y pocos minutos después, al pasar por una tienda, encontré con la mayor sorpresa un despacho fijado que decía:

“Berlín, 2 de la madrugada. En el ulterior interrogatorio judicial, el autor del atentado Nobiling ha confesado que simpatiza con tendencias socialistas, que también ha asistido repetidamente aquí a reuniones socialistas y que ya desde hacía ocho días tenía la intención de disparar contra Su Majestad el Emperador, porque consideraba provechoso para el bien del Estado eliminar al jefe del Estado.”

... El despacho que lanzó al mundo esta noticia está calificado expresamente de oficial. Tengo aquí en la mano el despacho que fue remitido oficialmente a la redacción de la “Kreuz-Zeitung”, con notas de puño y letra del redactor de la “Kreuz-Zeitung”. No cabe la menor duda sobre el carácter oficial de este despacho. Ahora bien, por medio de diversas informaciones fidedignas

se ha demostrado que no se practicó en absoluto ningún interrogatorio judicial a Nobiling el día del atentado ni en la noche siguiente, que no se ha comprobado nada que de algún modo pudiera considerarse como un punto de apoyo serio para los motivos del asesino y su orientación política. Cada uno de ustedes, señores, sabe cómo funciona la agencia telegráfica de Wolff» (asentimiento), «cada uno sabe que tales despachos no pueden pasar en absoluto sin haber sido aprobados oficialmente. Para mayor abundamiento, a este despacho se le añadió expresamente, con carácter oficial, la palabra “oficial”. Por consiguiente, a mi juicio, no cabe duda alguna de que ese despacho fue falsificado consciente y deliberadamente desde instancias oficiales y lanzado como tal al mundo.» (¡Oíd, oíd!) «El despacho contiene una de las calumnias más infames que jamás se hayan lanzado al mundo desde instancias oficiales, y ello con la intención de infamar del modo más vergonzoso a todo un gran partido y estigmatizarlo como cómplice de un crimen ... Pregunto además cómo fue posible que los órganos gubernamentales, toda

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la prensa oficiosa y oficial, y casi toda la restante prensa a continuación, pudieran, apoyándose en el citado despacho, arremeter contra nosotros de continuo, semanas y meses enteros, día tras día, de la manera más inaudita y calumniosa; que pudieran lanzar al mundo, día tras día, las informaciones más horripilantes e inquietantes sobre supuestos complots descubiertos, cómplices, etc., sin que ni una sola vez por parte del gobierno, etc. ... Por el contrario, por parte del gobierno se ha hecho todo

«para difundir y afianzar más y más, en la opinión pública, la fe en la veracidad de las afirmaciones falsas; y hasta este momento los representantes oficiales del gobierno ni siquiera se han dignado dar la más mínima aclaración sobre las oscuridades existentes...» Bebel se refiere luego (pág. 39, columna II) a las insidias. «Es evidente que se ha recurrido a todo para provocar desórdenes; se quería irritarnos al extremo, para que nos dejáramos arrastrar a cualquier tipo de actos violentos. Manifiestamente, no se tenía bastante con los atentados. En ciertos sectores se habrían alegrado sin duda alguna si estas insidias nos hubieran llevado a actos de violencia, a fin de poseer entonces un material tanto más abundante y de mayor peso para proceder contra nosotros con la máxima severidad, etc.» A continuación, Bebel exige que por fin se saquen a la luz los protocolos, que se presenten impresos al Reichstag y, en especial, a la comisión que ha de examinar este proyecto de ley. «Formulo aquí una exigencia semejante a la que hace unos días se planteó, con todo derecho, con el acuerdo de casi todas las partes de la Cámara, con motivo de la discusión del accidente del “Großer Kurfürst”, y cuya concesión reconoció expresamente el ministro de Marina» (von Stosch) «en la medida en que de él dependía (!).» (¡La exigencia de Bebel fue acogida por el Reichstag con “¡Muy correcto! ¡Muy bien!”)

{¿Qué responde ahora el gobierno prusiano a esta acusación demoledora? Responde, por boca de Eulenburg, que no presentará los protocolos y que no existe en absoluto material acusatorio.}

Ministro del Interior, conde de Eulenburg: «En lo que respecta al primer punto» {información de los representantes de los gobiernos federales «sobre la investigación practicada contra el criminal Nobiling, fallecido entretanto»}...

I. «En lo que respecta al primer punto, debo declarar que, sobre la posibilidad o admisibilidad de la comunicación de las actuaciones del proceso que se ha incoado contra Nobiling, tendría que pronunciarse la autoridad judicial prusiana, si se exigiera la presentación. Pero, señores, sí puedo decirles que ha tenido lugar un interrogatorio de Nobiling y que en ese interrogatorio, por cuanto me ha sido dado conocer, ha declarado que ha participado en asambleas socialdemócratas y que ha encontrado agrado en las doctrinas allí expuestas.

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Más que esto, debo abstenerme de comunicar, en consideración a la circunstancia de que sobre la presentación de las actuaciones ha de decidir la autoridad judicial prusiana.»

{Lo único positivo que dice Eulenburg es: 1. que ha tenido lugar “un” interrogatorio; se guarda de decir: un interrogatorio “judicial”. Tampoco dice cuándo tuvo lugar ese interrogatorio (¿acaso después de que, a consecuencia de la bala que le atravesó la cabeza, hubiera perdido parte de su cerebro?).} Ahora bien, lo que Eulenburg hace decir a Nobiling en ese “único” interrogatorio (suponiendo que Nobiling se hallase en estado de imputabilidad), prueba, en primer lugar: que no se hacía pasar por socialdemócrata, no se consideraba miembro del partido socialdemócrata; tan solo dijo que había asistido a algunos meetings del mismo, como cualquier mísero filisteo, y que “había encontrado agrado en las doctrinas allí expuestas”. Las doctrinas no eran pues las suyas. Se comportaba respecto a ellas como un neófito. En segundo lugar, prueba que no puso su “atentado” en relación alguna con los meetings ni con las doctrinas allí expuestas.

Pero todavía no han terminado las rarezas. Ese “cuanto” que puede decir el señor Eulenburg lo convierte él mismo en problemático cuando dice: “que en ese interrogatorio, por cuanto me ha sido dado conocer, ha declarado”. Así pues, el señor Eulenburg no ha visto nunca el protocolo; lo conoce solo de oídas y únicamente puede decir “cuanto le ha sido dado conocer” por esa vía. Mas, acto seguido, se desmiente a sí mismo. Acaba de decir todo “cuanto le ha sido dado conocer”. Pero en la frase inmediatamente posterior se dice: “Más que esto, debo abstenerme de comunicar, en consideración a la circunstancia de que sobre la presentación de las actuaciones ha de decidir la autoridad judicial prusiana.” Dicho en otras palabras: comprometería al gobierno si “comunicase” lo que sabe.

Dicho sea de paso: si solo ha tenido lugar un interrogatorio, sabemos también “cuándo”, a saber, el día en que Nobiling fue detenido con balas en la cabeza y un sablazo en la cabeza, esto es, el día, el mismo día en que se soltó el infame telegrama, a las 2 de la madrugada del 2 de junio. Pero después el gobierno buscó hacer responsable del atentado de Nobiling al partido ultramontano. El interrogatorio no había arrojado, pues, en modo alguno, nexo alguno del atentado de Nobiling con la socialdemocracia.

Pero Eulenburg aún no ha terminado con sus confesiones. Tiene que “señalar expresamente que ya en mayo declaré desde este mismo lugar que la afirmación no iba en el sentido de que estos hechos hubieran sido instigados directamente por la socialdemocracia; tampoco ahora estoy en situación de plantear tal afirmación ni, en general, de añadir nada nuevo en ese sentido”. ¡Bravo! ¡Eulenburg confiesa paladinamente que toda la vergonzosa cacería policial y judicial que ha tenido lugar desde el atentado de Hödel hasta la reunión del Reichstag no ha proporcionado ni un átomo de hecho para la “teoría” de los atentados que el gobierno ha querido propalar!

Eulenburg y consortes, que tan delicada «consideración» guardan hacia las atribuciones de la «autoridad judicial prusiana», hasta el punto de hallar en ella un obstáculo presunto para presentar al Reichstag las «actas», una vez que Hödel ha sido decapitado y Nobiling ha muerto, es decir, cuando la investigación está cerrada de una vez para siempre, no tienen empacho en, al comienzo de la investigación contra Nobiling, el mismo día de su atentado, provocar el delirium tremens del filisteo alemán mediante un «telegrama» tendenciosamente coloreado sobre el supuesto primer interrogatorio de Nobiling, ¡y dejar que su prensa erija sobre ello un edificio de mentiras! ¡Qué respeto por la autoridad judicial y, en particular, también por los coacusados por el gobierno!

Después de que el señor Eulenburg ha declarado así que no existe hecho alguno que fundamente la acusación contra la socialdemocracia sobre la base de estos atentados –y de que, por tanto, también se niega a presentar las actas que pondrán de relieve, con luz grotesca, esa circunstancia nauseabunda–, prosigue diciendo que el proyecto de ley se apoya, en realidad, solo en una «teoría», la teoría gubernamental, «de que las doctrinas de la socialdemocracia, tal como son difundidas en una agitación apasionada, serían muy apropiadas para hacer madurar, en ánimos envilecidos, frutos tan tristes como los que, para nuestro más profundo pesar, hemos tenido que experimentar». {Los tristes frutos como Sefeloge, Tschech, Schneider, Becker, Kullmann, Cohen (¿alias Blind?).} «Y en esta afirmación, señores míos, creo encontrarme, en concordancia con toda la prensa alemana» (es decir, en la medida en que está reptilizada, es decir, con la sola excepción de los periódicos independientes de todas las tendencias), «con la sola excepción de la socialdemócrata, también hoy todavía.» (¡Otra vez puras mentiras!)

{Las asambleas a las que asistió Nobiling se celebraron, como todas, bajo la vigilancia policial de un agente; así pues, nada de sospechoso; las doctrinas que oyó solo pueden haberse referido a los temas que figuraban en el orden del día.}

Después de estas afirmaciones fácticas falsas sobre «toda la prensa alemana», el señor Eulenburg está «seguro de no encontrar contradicción alguna en este sentido».

Frente a Bebel, tiene que «recordar qué posición ha adoptado la prensa socialdemócrata frente a estos acontecimientos», para demostrar «que la socialdemocracia no “aborrece” el asesinato, bajo cualquier forma que se presente», como ella afirma.

Prueba: I. «En los órganos de la socialdemocracia se intentó, en primer lugar, aportar la prueba de que los atentados habían sido obra por encargo.» (Alusión al príncipe heredero.)

{Quejas de la «Norddeutsche Allgemeine Zeitung» sobre el carácter legal de la agitación socialdemócrata alemana.}

2. «Cuando se comprendió que por este camino no se podía avanzar, se pasó a afirmar la irresponsabilidad de los dos criminales,

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presentándolos como idiotas aislados y sus actos como fenómenos que, de tiempo en tiempo, se han producido siempre y en todas partes» {¿acaso no es así?} «y de los que no se puede hacer responsable a nadie más.» {(Prueba amor por el «asesinato».) (Lo hicieron muchos periódicos no socialdemócratas.)}

El señor Eulenburg, en vez de presentar las «actas», de las que, según su anterior declaración, nada sabe –o lo que sabe, por consideración hacia la «autoridad judicial prusiana», tiene que «abstenerse» de revelar–, exige ahora que, sobre la base de esas «actas» retenidas, se le crea lo siguiente: «Señores míos, la investigación que se ha llevado a cabo no ha proporcionado el menor punto de apoyo para suponer que ambos hombres no hayan estado en modo alguno en condiciones de ponderar las consecuencias y el significado de sus actos. Por el contrario, todo lo que se ha podido constatar es que se ha actuado con plena imputabilidad y, en el último caso, con una malvada y astuta premeditación» {o sea, ¿no en el caso del decapitado Hödel?} «como rara vez se ha visto».

3. «En muchos órganos de la socialdemocracia se ha pasado a disculpar estos actos, a exculpar a los autores. No se ha hecho responsable a ellos, sino a la sociedad» {el gobierno los ha exculpado al no hacer responsables a ellos, sino a «las doctrinas de la socialdemocracia» y a los agitadores de la clase obrera –es decir, a una parte de la sociedad y de sus «doctrinas»–} «de los crímenes» {por tanto, no se exculpaban los actos, pues de lo contrario no se los habría considerado como «crímenes» y ni siquiera se habría discutido la cuestión de la «culpa»}, «que se habían cometido.» (Cita al «Vorwärts», se refería a Hödel, con pleno derecho.)

Después de toda esta jerigonza:

4. «Paralelamente a ello, señores míos, corrían las manifestaciones sobre los actos criminales que en Rusia se han intentado y, respectivamente, perpetrado contra altos funcionarios. En relación con el atentado de Vera Zasulich» {¡el día de Petersburgo y la prensa de todo el mundo!} «y el asesinato del general von Mesenzow»⁵⁰ (¡sobre esto más tarde, a propósito de Bismarck!) «han leído ustedes en un periódico que aparece aquí la pregunta: “Bueno, ¿qué les quedaba, pues, a aquellos? ¿De qué otro modo podían ayudarse?”»

5. «Finalmente, la socialdemocracia en el extranjero ha expresado expresa y directamente su simpatía por estos actos. El congreso de la Federación del Jura, que se ha reunido en Friburgo en julio de este año, ha declarado expresamente que los actos de Hödel y Nobiling eran actos revolucionarios que gozaban de toda su simpatía, etc.»⁵⁹¹

Pero, ¿es «responsable» la socialdemocracia alemana por las manifestaciones y movimientos¹ de una camarilla hostil a ella, que hasta ahora, en Italia, Suiza, España {también en Rusia: Necháyev}, solo ha cometido asesinatos alevosos contra miembros de la «tendencia Marx»?

{Anteriormente ya había dicho el señor Eulenburg, con referencia a esos mismos anarquistas, que se había tenido que abandonar la opinión de que «los atentados eran obra por encargo», «cuando incluso órganos de la socialdemocracia –luego daré una muestra de ello– declararon en el extranjero que estaban convencidos de que no era el caso»; olvida dar la «muestra».}

Sigue ahora el hermoso pasaje sobre la «tendencia Marx» y la «tendencia de los llamados anarquistas» (p. 50, columna I). Son diferentes, pero «no se puede negar que todas estas agrupaciones se hallan en cierta» (¿cuál? hostil) «conexión unas con otras», al igual que esa cierta conexión existe de hecho entre todos los fenómenos de una misma época. Si se quiere hacer de esta «conexión» un cas pendable², hay que demostrar ante todo su carácter determinado y no contentarse con una frase que se ajusta a todo y a cualquier cosa en el universo, donde todo está en «cierta» conexión con todo. La «tendencia Marx» ha demostrado que existe una determinada «conexión» entre las doctrinas y los actos de los «anarquistas» y los de la «policía» europea. Cuando en la publicación «L’Alliance»³, etc., se reveló detalladamente esta conexión, calló toda la prensa reptil y bienintencionada. Estas «revelaciones» no encajaban en su «conexión». (¡Esta camarilla solo ha perpetrado atentados de asesinato contra miembros de la tendencia «Marx».)

Después de este faux fuyant⁴, el señor Eulenburg empalma, mediante un insignificante «y», una frase que intenta demostrar esta «conexión» por medio de un falso locus communis⁵, pronunciado además en una forma particularmente «crítica»:

«…y», prosigue, «y es una experiencia en tales movimientos, que descansa sobre la ley de la gravedad» {un movimiento puede descansar sobre la ley de la gravedad, por ejemplo, el movimiento de caída, pero la experiencia descansa prima facie⁶ sobre el fenómeno de la caída}, «que las tendencias extremas» {¡en el cristianismo, por ejemplo, la automutilación!} «van ganando paulatinamente la preponderancia y que las más moderadas no pueden sostenerse frente a ellas.» Primero: es un falso locus communis que, en los movimientos históricos, las llamadas tendencias extremas del movimiento de la época ganen la preponderancia, Lutero contra Thomas Münzer, los puritanos contra los levellers, los jacobinos contra los hebertistas. La historia demuestra justamente lo contrario. Segundo: la tendencia «anarquista» no es ningún «extremo» de la socialdemocracia alemana, cosa que Eulenburg debe probar, en lugar de darlo por supuesto. Allí se trata del movimiento histórico real de la clase obrera; la otra es una imagen fantasmagórica de la jeunesse sans issue⁷ que quiere hacer la historia, y muestra solo cómo las ideas del socialismo francés se caricaturizan en los hommes déclassés⁸ de las clases superiores. En consonancia con ello, el anarquismo ha sucumbido de hecho en todas partes y solo vegeta allí donde aún no existe un verdadero movimiento obrero. Este es el hecho.

El señor Eulenburg solo demuestra cuán peligroso es cuando la «policía» se pone a «filosofar».

Véase la frase que sigue a continuación (columna I, pág. 51), donde Eulenburg habla quasi re bene gesta⁹.

Quiere ahora probar lo nocivo para el bien común de «las doctrinas y los fines de la socialdemocracia». Pero, ¿cómo? Mediante 3 citas.

Aunque antes, todavía, la brillante frase de transición:

«Y si ustedes enfocan un poco más de cerca estas doctrinas y fines de la socialdemocracia, entonces, no es, como se ha dicho antes, el desarrollo pacífico la meta, sino que el desarrollo pacífico es solo una etapa que debe conducir a los fines últimos, los cuales no pueden ser alcanzados por otro camino que el de la violencia.» {Como la «Asociación Nacional»⁸² fue una «etapa» para conducir a la violenta prusianización de Alemania, así se imagina el señor Eulenburg la cosa con «sangre y hierro».}

Si se toma la primera parte de la frase, solo enuncia una tautología o una necedad: si el desarrollo tiene una «meta», unos «fines últimos», esos «fines» son sus «fines» y no el carácter del desarrollo, «pacífico» o «no pacífico». Lo que Eulenburg quiere decir en realidad es: El desarrollo pacífico hacia la meta es solo una etapa que debe conducir al desarrollo violento de la meta, y esta posterior transformación del desarrollo «pacífico» en «violento» radica, según el señor Eulenburg, en la naturaleza de la meta misma que se persigue. La meta en el caso dado es la emancipación de la clase obrera y la subversión (transformación) de la sociedad contenida en ella. «Pacífico» solo puede seguir siendo un desarrollo histórico mientras no le salgan al paso obstáculos violentos por parte de los detentadores del poder social de turno. Si, por ejemplo, en Inglaterra o en los Estados Unidos la clase obrera gana la mayoría en el Parlamento o en el Congreso, podría eliminar por la vía legal las leyes e instituciones que se interponen en el camino de su desarrollo, y ello también solo en la medida en que el desarrollo social lo exigiera. Sin embargo, el movimiento «pacífico» podría trocarse en «violento» mediante la rebelión

de los interesados en el antiguo estado de cosas; si se les combate por la fuerza (como en la guerra civil americana y en la Revolución francesa), entonces ellos clamarán contra la «violencia» de la «clase obrera». Si la clase obrera emplea la violencia, lo hace en defensa contra la violencia de los enemigos de la clase obrera, no para realizar sus «fines últimos», que solo pueden alcanzarse mediante una transformación social. Pero el señor Eulenburg, que en la misma sesión había declarado que «la socialdemocracia alemana no es republicana», que «sus doctrinas no son antimonárquicas», y que incluso si obtuviera la mayoría, «no aboliría la monarquía ni la constitución federal, sino que obraría dentro de sus límites», que, por tanto, la «revolución» es una mentira inventada por la policía, se aferra ahora a esa mentira policial para extraer el derecho a medidas de excepción.

Hasta aquí la traducción de la parte visible. El texto continúa, pero me detengo aquí porque el fragmento proporcionado en la consulta termina con la página 498-499, y la última línea que aparece es: "Karl Marx - Konspekt der Reichstagsdebatte über das Sozialistengesetz 499 _". El texto alemán que se me ha dado incluye hasta la página 499 y una última línea suelta. Ya he traducido todo el contenido hasta esa línea, incluyendo la frase sobre el desarrollo pacífico y la nota al pie de página sobre Marx y Engels. No omito nada.

rechazo de los interesados en el viejo estado de cosas; si se les aplasta por la violencia (como la Guerra Civil norteamericana y la Revolución Francesa), se les considera rebeldes contra la violencia “legal”.

Pero lo que Eulenburg predica es reacción violenta por parte de los detentadores del poder contra el desarrollo que se halla en “etapa pacífica”, y precisamente para impedir posteriores conflictos “violentos” (por parte de la clase social en ascenso); grito de guerra de la contrarrevolución violenta contra el desarrollo de hecho “pacífico”; en realidad, el gobierno intenta aplastar violentamente un desarrollo que le es mal visto, pero legalmente inatacable. Tal es el preludio necesario de las revoluciones violentas. Es una vieja historia, pero siempre nueva.

El señor Eulenburg demuestra ahora las teorías de la violencia de la socialdemocracia mediante 3 citas:

l. Marx dice en su escrito sobre el capital: “Nuestros fines, etc.”  {Pero “nuestros” fines está dicho en nombre, no de la socialdemocracia alemana, sino del partido comunista.}  El pasaje no se encuentra en “El Capital”, que apareció en 1867, sino en el “Manifiesto Comunista”, que había aparecido en “1847”, es decir, 20 años antes de la formación real de la “socialdemocracia alemana” 183

2. Y en otro pasaje, que se cita en el escrito del señor Bebel, “Nuestros fines”, se dice como una sentencia de Marx: {Él mismo, que cita de “El Capital” un pasaje que no se encuentra en él, cita naturalmente un pasaje que sí se encuentra en él como una sentencia citada en otra parte (compárese el pasaje en “El Capital”, 2ª edición).} Pero el pasaje en Bebel dice:

“Vemos, pues, cómo en los diversos períodos históricos la violencia desempeña su papel, y no sin razón exclama K. Marx (en su libro ‘El Capital’, donde describe el proceso de desarrollo de la producción capitalista): ‘La violencia es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas una nueva. Ella misma es una potencia económica.’”*

3. Cita de Bebel: “Nuestros fines” (columna I, pág. 51), a saber: “El curso de este desarrollo depende de la intensidad (fuerza) con que los círculos implicados capten el movimiento; depende de la resistencia que el movimiento encuentre en sus adversarios. Una cosa es segura: cuanto más violenta sea la resistencia, tanto más violenta será la instauración del nuevo estado de cosas. Con aspersiones de agua de rosas no se resolverá en ningún caso la cuestión.” {Esto lo cita Eulenburg de Bebel, “Nuestros fines”. Se encuentra en la pág. 16, véase el pasaje señalado 16 e ídem /5; cfr. ídem el pasaje señalado pág. 43.}  De nuevo “falseado”, por citar fuera de contexto.

Después de estas enormes hazañas, véase la tontería infantil y que se desmorona por sí misma que desvaría sobre las “tomas de contacto” bismarckianas con los “dirigentes de la socialdemocracia” (pág. 51, columna II)F*,

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En la misma sesión:

Después de Stolberg habla Reichensperger. Su principal temor: que la ley, que somete todo a la policía, sea aplicable también a otros partidos mal vistos por el gobierno; además, eterno gimoteo católico. (Véanse los pasajes señalados, págs. 30-35.)

Después de Reichensperger habla von Helldorf-Bedra. Lo más ingenuo: “Señorías, la presente ley se caracteriza como una ley preventiva en el sentido más eminente de la palabra; no contiene disposiciones penales, sino que solo otorga la facultad de dictar prohibiciones policiales y vincula penas a las infracciones de estas prohibiciones externamente reconocibles” (pág. 36, columna I). {Solo permite a la policía prohibirlo todo, y no castiga la infracción de ley alguna, sino la “infracción” de los ukases policiales. Una manera muy lograda de hacer superfluas las leyes penales.}

La “amenaza”, confiesa el señor von Helldorf, reside en los éxitos electorales de los socialdemócratas, ¡que ni siquiera se han visto afectados por la agitación por los atentados! ¡Por ello hay que castigar! ¡Aplicación del sufragio universal de una manera mal vista por el gobierno! (36, columna II.)

El mozo da, sin embargo, la razón a Reichensperger en que la “instancia de apelación”, la “Comisión del Consejo Federal”, es un desvarío. “Se trata simplemente de la decisión de una cuestión policial, y rodear a una instancia semejante de garantías jurídicas: decididamente falso”; contra el abuso sirve “la confianza en funcionarios políticamente encumbrados” (37, I y II). Exige “corrección de nuestro derecho electoral” (38, I).

Escrito a finales de septiembre de 1878.

B. Once cartas de Marx a terceros,

cuyo contenido se reproduce de manera incompleta según fuentes secundarias,

así como una

comunicación de Engels en el “Vorwärts”

y una

entrevista que Marx concedió a la “Chicago Tribune”

503

l

Reproducción del contenido

de algunas cartas de Marx a Carl Hirsch

en París !585!

31 de enero de 1875. K. Marx envía a Hirsch una carta relativa a un trabajo “Misère de la philosophie”, que había sido impreso a sus expensas (1 500 ejemplares) por un tal señor Vogler, editor en Bruselas. En esta carta dice además que Vernouillet, que le envía correspondencias, es un hombre muy sensato; finalmente le pregunta si hace mucho que ha visto a su amigo Mesa. La última dirección de Freund que conocía era: 53, route de Versailles (Auteuil).

10 de diciembre de 1875. Karl Marx, 41, Maitland Park Road, London N. W., escribe a Hirsch sobre su libro “Le Capital”, habla de Lachätre en Vevey (Suiza) y de Kaub.

16 de febrero de 1876. Karl Marx invita a Hirsch a visitar a su buen amigo Lopatin, 25, rue Gay Lussac, y le aconseja hacer su conocimiento.

4 de mayo de 1876. Karl Marx informa a C. Hirsch de que un tal Henri Oriol, 177, rue St. Denis, empleado de la librería Lachätre, le ha escrito diciéndole que el “Rappel” le ha pedido una recensión del trabajo “Le Capital”, y el señor Oriol me ruega, dice Marx, un artículo sobre esta obra, una especie de clave que pudiera servir de introducción. K. Marx pide al mismo tiempo noticias sobre Kaub.

23 de septiembre de 1876. K. Marx escribe a Hirsch: Desde ayer estoy de vuelta de Karlsbad.!126! A mi llegada encontré una carta de Lavrov sobre el libro “Le Capital”, cuya difusión en Francia ha sido prohibida, según le ha comunicado su comisionista parisino Guyot, del Palais Royal.2 Le transmite saludos para la familia Kaub.

10 de abril de 1877. K. Marx pide a Hirsch informaciones sobre el asunto Galliffet y Madame de Beaumont.2 Añade que el “Vorwärts” llama a Galliffet un “canalla”.9 Le pregunta también cómo ha terminado el escandaloso proceso del “pobre infeliz” Louis Blanc contra el ruso Panajew.

14 de mayo de 1877. K. Marx escribe una carta a Hirsch, en la que habla de la gente[?] Kaub y que es hostil al zar, a quien llama “perro de niños”* (verdugo de niños). Pero la guardia personal lo protege.

1 ° de agosto de 1877. K. Marx escribe a Hirsch una carta socialista, en la que se mencionan los nombres de Höchberg, Engel[s?], Élisée Reclus, Arnould, y arremete contra los pastores protestantes en Alemania.

El 20 de febrero de 1878, Karl Marx informa a Hirsch de que Lissagaray le comunica que un gran número de personas, partidarios de la “Commune” de F. Pyat, trabajan de nuevo por la rehabilitación de este arlequín de Thiers, que tantos sufrimientos ha causado a la Comuna; añade: Louis Blanc tiene al menos el valor de no lamer las botas al señor Thiers, como hacen J. Favre, Simon, etc. ...

Según el expediente de C. Hirsch

en la Prefectura de Policía de París.

* así en el expediente policial