Friedrich Engels

Observación a la página 29 de la "Histoire de la commune"

(El armisticio del señor Thiers del 30 de octubre de 1870)

Escrito a comienzos de febrero de 1877.

Del francés.

Se necesita toda la estupidez y toda la hipocresía de los hombres del 4 de septiembre para calificar la noticia de este armisticio de “una buena noticia”. Buena, en efecto... para los prusianos.

La capitulación de Metz había devuelto su libertad de acción a 6 cuerpos de ejército prusianos, 120.000 hombres. Había que llamarse Trochu y Jules Favre para pasar por alto que la llegada ineludible de este nuevo ejército al centro de Francia hacía casi imposible cualquier intento de socorrer a París, y que aquél no era el momento de concertar un armisticio, sino de realizar el máximo esfuerzo militar. Sólo se disponía de quince días para ello, pero esos quince días eran preciosos; era el momento crítico de la guerra.

La situación era la siguiente:

Para el bloqueo de París, los alemanes habían tenido que emplear la totalidad de sus tropas, a excepción de 3 divisiones de infantería. No tenían reserva alguna, pues las 3 divisiones habían perdido ese carácter desde que ocupaban Orléans y Châteaudun y se las mantenía en jaque el Ejército del Loira. En el oeste, en el norte y en el este sólo había caballería, que debía vigilar y batir un territorio muy extenso, pero que no estaba en condiciones de afirmarse frente a la infantería. A fines de octubre, la línea alemana que cercaba París se hallaba ya muy fuertemente fortificada por el lado de la ciudad, pero cualquier ataque procedente del exterior habría alcanzado a los prusianos inevitablemente en campo abierto. La aparición de 50.000 hombres, aunque fuesen tropas tan bisoñas como aquellas de que disponía Francia entonces, habría bastado para romper el bloqueo y restablecer la comunicación entre París y el resto del país. Pues bien, hemos visto que era preciso actuar con rapidez; pero lo que ocurrió fue lo siguiente:

El gobierno de París aceptó un armisticio que, aunque de corta duración, proporcionó alivio a las tropas alemanas, agotadas por los trabajos y las vigilias del bloqueo (30 de octubre).

D’Aurelle de Paladines, por su parte, concentra su ejército el 2 de noviembre en Vierzon con la intención de marchar sobre Beaugency, cruzar allí el Loira y avanzar entre los prusianos (22.ª División), que ocupan Châteaudun, y los bávaros, que mantienen Orléans. La marcha de Vierzon a Beaugency es de unos 45 kilómetros y podía realizarse perfectamente en 2 días. Pero, si se puede creer a una fuente alemana (“Militärische Gedanken und Betrachtungen etc.”), Gambetta tuvo la ingenuidad de creer que un ejército de 40.000 hombres viaja por ferrocarril tan deprisa como un simple particular. Ordena, pues, al general que, en lugar de hacer marchar a su ejército, lo transporte por ferrocarril de Vierzon a Tours y de allí a Beaugency. El general protesta, Gambetta insiste. En lugar de una marcha de dos días y 45 kilómetros, el Ejército del Loira realiza, pues, un viaje en ferrocarril de 180 kilómetros, que le cuesta cinco días y que, además, no pudo permanecer oculto al enemigo. Sólo el 7 vuelve a estar concentrado en Beaugency y listo para entrar en acción. Pero se han perdido tres días preciosos, y el enemigo está informado del movimiento realizado.

¡Y qué días! El 3 de noviembre fue el día más crítico: la caballería prusiana, una brigada entera, tuvo que abandonar Mantes y retirarse a Vert ante diez fuertes unidades de franco-tiradores; por otra parte, se observaban considerables fuerzas francesas, compuestas de todas las armas, que marchaban desde Courville en dirección a Chartres. Si el Ejército del Loira hubiera atacado el 4, cosa que estaba perfectamente en condiciones de hacer, en lugar de ir paseándose en vagones; si, lo que no podía resultarle difícil, hubiese avanzado entre los bávaros y la 22.ª División prusiana y hubiese aprovechado su gran superioridad numérica para batirlos por separado, uno tras otro, y luego lanzarse sobre París, entonces París habría sido liberado casi con toda seguridad.

Moltke estaba, además, muy lejos de desconocer el peligro; estaba también decidido, en caso necesario, a obrar como Napoleón ante Mantua: levantar el bloqueo, sacrificar el parque de sitio que se estaba formando en Villecoublay, concentrar su ejército para la acción en campo abierto y reanudar el bloqueo sólo después de la victoria, es decir, tras la llegada del ejército de Metz. El equipaje del cuartel general de Versalles ya estaba cargado, todo estaba dispuesto para la partida, sólo faltaba uncir los caballos (como dice el coronel suizo von Erlach, testigo ocular).

Si los prusianos se hubiesen visto obligados a levantar el bloqueo de París, ello habría podido significar una presión por parte de Europa y una paz honrosa. En todo caso, el efecto moral de semejante hecho habría sido inmenso, primero sobre Europa, luego especialmente sobre Francia y, por último, en sentido negativo, sobre los alemanes. ¡Y las consecuencias materiales de semejante hecho! París habría tenido por lo menos de quince a veinte días para aprovisionarse por todas las líneas de ferrocarril procedentes del sur y del oeste, lo cual habría hecho posible la prosecución de la defensa por uno o dos meses. Además, se habría ganado otro tanto de tiempo para la organización de los ejércitos en las provincias, de manera que en el futuro no hubiera sido necesario lanzarlos contra el enemigo sin disciplina, sin instrucción, sin equipo y casi sin armas. Para devolver a Francia perspectivas de éxito, sólo hacía falta tiempo; la oportunidad de procurárselo se presentó el 3 y el 4 de noviembre; ya hemos visto cómo se desaprovechó esa oportunidad.

Sigamos, no obstante, los acontecimientos.

París no emprendió siquiera una salida. Durante una semana, las fuerzas que se aproximaban a París desde el oeste no intentaron ataque alguno. Esto no es sorprendente. Esas fuerzas debían de ser bastante débiles; ¡el decreto de Gambetta que encargaba al señor de Kératry la organización del Ejército del Oeste lleva fecha del 22 de octubre!

Quedaba el Ejército del Loira, que el 7 de noviembre estaba formado en línea en Beaugency. Pero hasta el 9 no ataca d’Aurelle a los bávaros en Coulmiers; tan pronto como éstos vieron que estaba asegurada la retirada de la 22.ª División prusiana, que marchaba a su encuentro en dirección a Chartres, se replegaron a Toury, donde esa división se unió a ellos al día siguiente, el 10 de noviembre. D’Aurelle ya no se movió. Entretanto, tres cuerpos de ejército, 60.000 hombres, procedentes del ejército de Metz se aproximaban al Sena a marchas forzadas. Otras dos divisiones prusianas (la 3.ª y la 4.ª), transportadas por ferrocarril desde Metz, ya habían llegado ante París. Gracias a ello, Moltke se halló en condiciones de enviar la 17.ª División prusiana a Toury, adonde llegó el 12. Así pues, se hallaban frente al Ejército del Loira, en línea, 4 divisiones alemanas, con una fuerza de unos 35.000 hombres, al que desde entonces habían dejado de inquietar.

Entretanto, el 14 de noviembre, masas considerables de tropas francesas se movían desde Dreux hacia Houdan, situado a dos jornadas de marcha de Versalles. Moltke, que en esa dirección sólo disponía por el momento de su caballería, no estaba en condiciones de enviar destacamentos de reconocimiento suficientemente fuertes para averiguar qué fuerzas se hallaban tras aquella vanguardia. Ese día estuvo nuevamente a punto de abandonar Versalles y levantar el bloqueo (Blume).

Esta vez, sin embargo, ya no decidían días, sino horas. El primero de los cuerpos de ejército de Metz (el IX) llegó ese mismo día a Fontainebleau; el III debía estar entre el 16 y el 18 en Nemours, y el X el 19 en Joigny, a orillas del Yonne. Moltke dirigió la 17.ª División a Rambouillet, la 22.ª a Chartres, los bávaros a Auneau, es decir, entre el Ejército del Loira, al que dejaba expedito el camino hacia París, y las tropas que amenazaban Versalles por el oeste. Esta vez d’Aurelle se salvó gracias a su inactividad; si hubiese avanzado por la brecha que se abría ante él, habría sido aplastado entre las dos columnas alemanas, dispuestas a caer sobre sus flancos. El 19 de noviembre, los tres cuerpos de ejército del II Ejército prusiano ocuparon Fontainebleau y Nemours, con sus reservas en el Yonne; el 20 de noviembre, el I Ejército bajo el mando de Manteuffel se reunió en la línea del Oise, desde Compiègne hasta Noyon; el ejército de Metz protegía el bloqueo de París por el norte y por el sur; la última oportunidad de romperlo se había desaprovechado, gracias a Trochu, Gambetta, d’Aurelle, cuyos errores mutuos se complementaron, casi podría decirse, con la tan celebrada precisión de los batallones prusianos.