Estimado Bracke:

Acerca de sus transacciones con B. Becker ya estaba yo informado por sus diversas cartas a Engels, pues nosotros nos comunicamos mutuamente siempre todo lo relativo a los intereses del partido.

Tan pronto como recibí su carta, Engels y yo hemos ventilado la cuestión por todos los lados y hemos llegado a la conclusión de que la consideración hacia Becker no puede colisionar de ningún modo con la publicación por usted de la obra de Lissagaray.

1. Usted ha roto su compromiso con B. Becker por razones puramente comerciales —mucho antes de que se hablara de la obra de Lissagaray—, después de que él rechazara bruscamente sus propuestas. Además, usted ha pagado una indemnización de 300 táleros. Con ello quedó zanjado este asunto, y no podía presumirse de ningún modo que usted renunciara a partir de entonces a editar todos los escritos relativos a la historia de la Comuna.

2. En la medida en que el escrito de Lissagaray hace competencia al de Becker, esta competencia se producirá tanto si el escrito aparece en su editorial como en otro lugar. (Liebknecht nos ha ofrecido precisamente la publicación por la imprenta del «Volksstaat», que nosotros en ningún caso aceptaríamos.) El escrito de Lissagaray aparecerá en Bruselas dentro de pocas semanas, mientras que Becker no estará listo hasta mayo del 77. El perjuicio que de ello pueda resultarle es, de todos modos, inevitable.

3. Aunque las obras de Becker y Lissagaray llevan el mismo título —Historia de la Comuna—, son obras de índole completamente distinta que, de no mediar razones comerciales u otras, habrían podido muy bien ser publicadas por la misma editorial.

La obra de Becker es, en el mejor de los casos, una compilación escrita desde el punto de vista de la crítica alemana del material sobre la Comuna accesible a todo el mundo en París.

La obra de Lissagaray es el escrito de un participante en los acontecimientos expuestos (y tiene, en este sentido, carácter de memorias), quien, además, dispuso de una abundancia de manuscritos no accesibles a nadie más, de los principales personajes del drama, etc.

Ambos escritos sólo tienen la posible conexión de que Becker encuentre en la obra de Lissagaray una nueva fuente que no puede dejar de considerar y que tal vez le obligue a realizar extensas modificaciones de su manuscrito, en lo que ya esté terminado.

El interés de usted en la publicación de la obra de Lissagaray es el mismo que le impulsó a animar a Becker a elaborar el material: el interés del partido, que, según lo dicho en el punto 1., puede usted satisfacer sin la más mínima violación de los compromisos editoriales contraídos originalmente con Becker.

Baste esto sobre este punto.

En lo que respecta al señor Grunzig, me sería deseable que usted recabara informes sobre el carácter de ese hombre a Most. Si esa información es satisfactoria, enviaría al señor Grunzig, a título de prueba, el primer pliego para la traducción, a fin de poder juzgar si está a la altura de este trabajo, nada fácil en modo alguno.

Lissagaray me ha enviado los 5 primeros pliegos de imprenta. Veo por ellos que se trata de una edición de lujo, con sólo 30 líneas por página. Si la edición original francesa tiene 500-600 páginas, la edición alemana corriente apenas excederá de 400 páginas.

Más que de acuerdo con su disposición sobre la división de la ganancia; si no sale nada de ello, tanto Lissagaray como usted mismo tendrán que darse por satisfechos y lo estarán.

En cuanto a los honorarios del traductor, es un asunto sobre el que usted dispondría por sí solo. No concierne al autor francés.

En lo que respecta a todas las demás determinaciones sobre la tirada, la presentación, los precios, usted es el único que decide. (Pues Lissagaray me ha dado plein pouvoir! para concluir por él.)

En el título habría que poner: Traducción autorizada por el autor de la obra.

Lissagaray pondrá en el título del original francés: tous les droits réservés, de modo que usted podrá confiscar cualquier posible traducción alemana de la competencia.

Con saludo amistoso.
Suyo Karl Marx